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La Cruz Roja: un oasis seguro en el mar de escombros

12 de enero de 2005
Till Mayer, desde Pottuvil
El cartel está perdido en el mar de escombros. En el, escrito a grandes letras “Hotel Tsunami”, junto a la frase, una foto de una gran ola que rompe. Hasta el 26 de diciembre, ese hotel era el lugar favorito de estancia de surfistas de todo el mundo.

Hoy, el cartel se levanta al cielo como un monumento. Resulta paradójico que el tsunami haya barrido este hotel de su mismo nombre.

A paso lento, entre las ruinas del hotel avanza Mohammed Ali, un hombre de 52 años envejecido por el desastre. La ola arrastró su casa como si fuese un castillo de arena, y su cuñado ya nunca regresará de pescar en su bote.

El pescador tiene el cuerpo cubierto de contusiones y le cuesta trabajo respirar. Sin embargo, en lo más profundo de su corazón hay algo que duele mucho más y que quedará largo tiempo. Mohammed Ali lo sabe demasiado bien.

A ambos lados del camino hay largas hileras de casas destruidas. Hasta no hace mucho, solían ser pensiones, pequeños bares y tiendas. Pottuvil era un célebre paraíso entre los vacacionantes.
Mohammed Ali siente que eso fue hace mucho tiempo.

"A veces, no sé si este mar de escombros es real o si sólo estoy soñando. Tal vez, cuando me despierte esté en la próspera ciudad llena de turistas y propietarios de restaurantes que me compraban pescado", dice en voz muy baja.

La pierna de una muñeca de plástico asoma entre la basura que arrastró el tsunami; justo al lado, una mamadera. En una pared cercana, la pintura de un surfista sobre una ola.

Mohammed trata de apretar el paso. Procura no pensar en algo sobre lo que no encuentra explicación.

Un hombre joven lo saluda con la mano desde el techo de una casa destrozada.

"¿Todo bien?", pregunta. Mohammed Ali asiente y el hombre continúa retirando las tejas que se preservaron y pasándoselas a otro que las coge con cuidado.

En Pottuvil, como en todas partes a lo largo de la costa de Sri Lanka, la gente está comenzando a limpiar, e incluso, a reconstruir.

Marie Mauret, psicóloga de la Unidad de atención básica de salud de la Cruz Roja Francesa en Pottuvil, está impresionada por los mecanismos de reacción de la comunidad local.

"Esta gente es muy valiente; además, hay muchísimos voluntarios que nos ayudan. A pesar de la tristeza, todos trabajan arduamente para sobrellevar esta época terrible; son dinámicos y no esperan a que otros vengan en su ayuda", señala.

La Cruz Roja ha instalado un puesto de atención básica de salud en un hotel. Se han cubierto los agujeros que ha dejado el tsunami en las paredes con láminas de plástico. Mohammed Ali se sienta en una silla tambaleante. Al igual que muchas otras personas, aguarda su turno pacientemente.

La noticia de que existe este puesto sanitario ha corrido de boca en boca. Un oasis seguro en un mar de escombros. La Cruz Roja también ha establecido un equipo médico itinerante que se ocupa de los refugios provisionales esparcidos al sur de Pottuvil y que presta servicios a pacientes a los que les resultaría difícil acercarse al puesto.

Mauret sostiene que el impacto psicológico que ha dejado esta catástrofe en los miembros de la comunidad nunca podrá ser resaltado lo suficiente. “Muchos han sufrido un profundo trauma. A los niños les resulta particularmente difícil comprender lo que ha ocurrido”, dice.

Los pequeños tienen problemas para dormir, y cuando lo hacen, tienen pesadillas. Puesto que no pueden entender lo que les ha pasado a ellos y a su familia, reaccionan llorando, como la niña que solloza, a quien un médico está atendiendo en el centro. El trabajador de la Cruz Roja le sonríe y le habla suavemente.

En los confines de la ciudad de Pottuvil, se extiende un paraíso de color verde hasta donde llega la vista. A la luz del sol, resplandecen arrozales lozanos entre los que crecen palmeras y enormes árboles.

Atravesando ese paisaje se ve un camino al borde del cual hay dos grandes depósitos de agua de color azul. En ese lugar, la Unidad de Intervención de Urgencia de la Cruz Roja Alemana purifica, por día, hasta 120.000 litros de agua que se destinan a más de 15.000 personas afectadas.

"Si no fuera por nuestros amigos de la Cruz Roja de Sri Lanka, hubiésemos tenido muchas dificultades para funcionar. Gracias a que contamos con un grupo de jóvenes de la Cruz Roja, pudimos instalar todo rápidamente. Uno se siente bien cuando trabaja con un equipo fuerte junto con colegas y amigos del lugar", afirma Dieter Matthes, el experimentado jefe del equipo de la Cruz Roja Alemana.

A raíz de las lluvias torrenciales que tienen lugar en esta región desde que ocurrió el tsunami, para llegar hasta las bombas de extracción de agua es preciso avanzar en medio del barro. Muchos centros para personas desplazadas están ubicados alrededor de la planta potabilizadora de agua. Algunas de las familias de pescadores que escaparon de la playa se refugiaron aquí y reciben agua de esta unidad.

A pocos kilómetros, se encuentran las grandes tiendas blancas de campaña del centro de atención básica de salud establecido por la Cruz Roja Finlandesa. El personal de la Unidad también realiza visitas domiciliarias y, junto con el centro, presta unos servicios de salud imprescindibles a las comunidades afectadas.

"Además de prestar servicios de atención básica de salud, estamos impartiendo conocimientos de higiene y educación sanitaria, fundamental para estas personas que lo han perdido todo", señala Ilkka Mikkonen, médico de la Cruz Roja.
Ha comenzado la operación de limpieza en Pottuvil, ciudad golpeada por el tsunami.
(p-LKA0076)

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