El
cartel está perdido en el mar de escombros. En el, escrito
a grandes letras “Hotel Tsunami”, junto a la frase,
una foto de una gran ola que rompe. Hasta el 26 de diciembre,
ese hotel era el lugar favorito de estancia de surfistas de
todo el mundo.
Hoy, el cartel se levanta al cielo como un monumento. Resulta
paradójico que el tsunami haya barrido este hotel de
su mismo nombre.
A paso lento, entre las ruinas del hotel avanza Mohammed Ali,
un hombre de 52 años envejecido por el desastre. La ola
arrastró su casa como si fuese un castillo de arena,
y su cuñado ya nunca regresará de pescar en su
bote.
El pescador tiene el cuerpo cubierto de contusiones y le cuesta
trabajo respirar. Sin embargo, en lo más profundo de
su corazón hay algo que duele mucho más y que
quedará largo tiempo. Mohammed Ali lo sabe demasiado
bien.
A ambos lados del camino hay largas hileras de casas destruidas.
Hasta no hace mucho, solían ser pensiones, pequeños
bares y tiendas. Pottuvil era un célebre paraíso
entre los vacacionantes.
Mohammed Ali siente que eso fue hace mucho tiempo.
"A veces, no sé si este mar de escombros es real
o si sólo estoy soñando. Tal vez, cuando me despierte
esté en la próspera ciudad llena de turistas y
propietarios de restaurantes que me compraban pescado",
dice en voz muy baja.
La pierna de una muñeca de plástico asoma entre
la basura que arrastró el tsunami; justo al lado, una
mamadera. En una pared cercana, la pintura de un surfista sobre
una ola.
Mohammed trata de apretar el paso. Procura no pensar en algo
sobre lo que no encuentra explicación.
Un hombre joven lo saluda con la mano desde el techo de una
casa destrozada.
"¿Todo bien?", pregunta. Mohammed Ali asiente
y el hombre continúa retirando las tejas que se preservaron
y pasándoselas a otro que las coge con cuidado.
En Pottuvil, como en todas partes a lo largo de la costa de
Sri Lanka, la gente está comenzando a limpiar, e incluso,
a reconstruir.
Marie Mauret, psicóloga de la Unidad de atención
básica de salud de la Cruz Roja Francesa en Pottuvil,
está impresionada por los mecanismos de reacción
de la comunidad local.
"Esta gente es muy valiente; además, hay muchísimos
voluntarios que nos ayudan. A pesar de la tristeza, todos trabajan
arduamente para sobrellevar esta época terrible; son
dinámicos y no esperan a que otros vengan en su ayuda",
señala.
La Cruz Roja ha instalado un puesto de atención básica
de salud en un hotel. Se han cubierto los agujeros que ha dejado
el tsunami en las paredes con láminas de plástico.
Mohammed Ali se sienta en una silla tambaleante. Al igual que
muchas otras personas, aguarda su turno pacientemente.
La noticia de que existe este puesto sanitario ha corrido de
boca en boca. Un oasis seguro en un mar de escombros. La Cruz
Roja también ha establecido un equipo médico itinerante
que se ocupa de los refugios provisionales esparcidos al sur
de Pottuvil y que presta servicios a pacientes a los que les
resultaría difícil acercarse al puesto.
Mauret sostiene que el impacto psicológico que ha dejado
esta catástrofe en los miembros de la comunidad nunca
podrá ser resaltado lo suficiente. “Muchos han
sufrido un profundo trauma. A los niños les resulta particularmente
difícil comprender lo que ha ocurrido”, dice.
Los pequeños tienen problemas para dormir, y cuando lo
hacen, tienen pesadillas. Puesto que no pueden entender lo que
les ha pasado a ellos y a su familia, reaccionan llorando, como
la niña que solloza, a quien un médico está
atendiendo en el centro. El trabajador de la Cruz Roja le sonríe
y le habla suavemente.
En los confines de la ciudad de Pottuvil, se extiende un paraíso
de color verde hasta donde llega la vista. A la luz del sol,
resplandecen arrozales lozanos entre los que crecen palmeras
y enormes árboles.
Atravesando ese paisaje se ve un camino al borde del cual hay
dos grandes depósitos de agua de color azul. En ese lugar,
la Unidad de Intervención de Urgencia de la Cruz Roja
Alemana purifica, por día, hasta 120.000 litros de agua
que se destinan a más de 15.000 personas afectadas.
"Si no fuera por nuestros amigos de la Cruz Roja de Sri
Lanka, hubiésemos tenido muchas dificultades para funcionar.
Gracias a que contamos con un grupo de jóvenes de la
Cruz Roja, pudimos instalar todo rápidamente. Uno se
siente bien cuando trabaja con un equipo fuerte junto con colegas
y amigos del lugar", afirma Dieter Matthes, el experimentado
jefe del equipo de la Cruz Roja Alemana.
A raíz de las lluvias torrenciales que tienen lugar en
esta región desde que ocurrió el tsunami, para
llegar hasta las bombas de extracción de agua es preciso
avanzar en medio del barro. Muchos centros para personas desplazadas
están ubicados alrededor de la planta potabilizadora
de agua. Algunas de las familias de pescadores que escaparon
de la playa se refugiaron aquí y reciben agua de esta
unidad.
A pocos kilómetros, se encuentran las grandes tiendas
blancas de campaña del centro de atención básica
de salud establecido por la Cruz Roja Finlandesa. El personal
de la Unidad también realiza visitas domiciliarias y,
junto con el centro, presta unos servicios de salud imprescindibles
a las comunidades afectadas.
"Además de prestar servicios de atención
básica de salud, estamos impartiendo conocimientos de
higiene y educación sanitaria, fundamental para estas
personas que lo han perdido todo", señala Ilkka
Mikkonen, médico de la Cruz Roja.
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Ha
comenzado la operación de limpieza en Pottuvil,
ciudad golpeada por el tsunami.
(p-LKA0076)
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En
Pottuvil, paraíso de los surfistas, el tsunami
arrasó el hotel que llevaba su mismo nombre. (p12463)
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Niños
reciben atención médica en una unidad de
atención básica de salud de la Cruz Roja
Finlandesa en Komari, al norte de Pottuvil. (p12464)
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Un
aldeano recibe atención médica en la unidad
de atención básica de salud de la Cruz Roja
Francesa en Pottuvil. (p12465)
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Voluntarios
de la Cruz Roja de Sri Lanka ayudan a un miembro de la
unidad de respuesta de emergencia de la Cruz Roja Alemana
a fijar una instalación de abastecimiento de agua
y saneamiento en Pottuvil. (p12466)
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