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Un faro de luz en la remota Aceh
18 de enero de 2005
Ian Woolverton en Teunom, provincia de Ache
En un extenso campo verde a cinco kilómetros de la costa de la provincia de Aceh, arrasada por el tsunami, a la luz del sol relucen nueve tiendas blancas. Cerca de ellas, en la punta de un mástil de diez metros, la brisa hace flamear suavemente la bandera de la Cruz Roja.

Esto es Teunom, un lugar tan remoto que incluso a los pilotos de helicóptero locales les resulta difícil ubicarlo. Pero ello no es extraño; en diciembre, Teunom fue borrada del mapa por olas gigantescas que se cobraron la vida de 4.000 personas y dejaron a miles sin hogar.

“Teunom ha desaparecido. No queda nada”, dice Richard Munz, un cirujano de la Cruz Roja Alemana de pelo canoso y barba igual, cuyo equipo ha instalado una unidad de atención básica de salud. Una especie de hospital improvisado, ubicado a las afueras de Teunom.

"Sólo hay un camino de tierra desde la costa que lleva al bosque y a la falda de las montañas a 18 kilómetros. Después de eso, es todo selva", agrega.

Antes del tsunami, Teunom tenía una población de 23.000 habitantes. Se trataba de una pujante comunidad de pescadores que vivían del mar. Ahora, la ciudad está destruida.

La mayoría de los edificios han quedado en ruinas, incluso el centro de salud pública. La enorme avalancha de agua, lodo y arena también costó la vida a 16 miembros del personal de ese centro, entre ellos médicos y enfermeras.

En los días que siguieron al desastre, los trabajadores de la salud que sobrevivieron, trabajaron largas jornadas atendiendo las necesidades de la población local. Pero la situación los superó y se recurrió a la ayuda de la Cruz Roja.

En un espectáculo impresionante, helicópteros de la Armada de los Estados Unidos realizaron 22 salidas desde la capital de la provincia, Banda Aceh, para trasladar a Teunom toneladas de material, así como al médico, tres enfermeras, un técnico de laboratorio y personal sanitario.

La unidad de salud llegó embalada en cajas de metal y fue armada en el lugar, tiene capacidad para atender las necesidades de alrededor de 20.000 personas y cuenta con una maternidad, farmacia, sala de espera, sala de operaciones y laboratorio.

"Fue una verdadera pesadilla descargar el equipo pues estamos en la estación de lluvias y durante los tres primeros días no cesó de llover", dice Richard.

Veintiocho miembros del personal local del centro de salud pública, destruido por el tsunami, trabajan con la Cruz Roja Alemana. “Hay cuatro parteras, cuatro médicos y nueve enfermeras, además del personal administrativo de apoyo”, explica.

La Dra. Nursanty, de 31 años de edad, forma parte del equipo. Casada y con dos hijas jóvenes, vivía en Teunom desde hacía cinco años y perdió su casa durante el desastre. “Mi casa está destruida”, solloza con la cabeza baja. “Ahora vivo en casa de mi enfermera, a cinco kilómetros de aquí.”

Está terriblemente preocupada por los familiares que tiene en Banda Aceh. “Desde que ocurrió el tsunami, no he tenido noticias de mi familia. No sé nada de mis padres, que vivían en Banda. Faltan mi suegro y mi suegra. No tengo forma de ponerme en contacto con ellos”, dice entre lágrimas.

Pero a pesar de su dolor, se niega a irse de Teunom, la ciudad que ha sido su hogar durante más de cinco años, dice mientras se encuentra a bordo de uno de los muchos helicópteros que traen pacientes y suministros al dispensario.

"Tengo una responsabilidad con mi pueblo en Teunom. Me gustaría irme, pero al mismo tiempo tengo que atender a mi gente. No podría irme dejándolos en esta situación", dice la Dra. Nursanty.

Desde que abrió el dispensario, la Cruz Roja ha atendido a 170 pacientes por día. Sin embargo, el equipo dirigido por el Dr. Munz prevé que llegarán más pacientes a medida que se corra la voz y la gente se entere de que hay un centro de salud en la zona.

"Pienso que vamos a tener hasta 200 pacientes por día, al menos durante las próximas tres o cuatro semanas. He empezado a realizar pequeñas intervenciones quirúrgicas en heridas infectadas", indica.

"Tratamos enfermedades infeccionas, problemas respiratorios, diarrea y enfermedades relacionadas con traumas ocasionados por la catástrofe, además de muchos abscesos y heridas infectadas."

Cuando mayor trabajo tenemos es por la mañana, entre las nueve y las diez y a últimas horas de la tarde. Los pacientes hacen cola para recibir medicamentos esenciales de la farmacia. Otros aguardan con paciencia sentados en la sala de espera para ser atendidos por un médico o una enfermera.

Alrededor de las once, Richard Munz visita a los pacientes. Arrodillado junto a un hombre que casi no puede caminar, con la ayuda de un intérprete indonesio, le pregunta cómo se siente.

"Dice que tiene dolor de cabeza y se siente mareado", dice Richard asintiendo y repitiendo lo que dice el intérprete. “Se le pasará. Puede y debe beber mucho líquido.”
Richard está deseoso de ver caminar a ese hombre. “Quiero que se ponga de pie. Tiene que caminar un poco. Será más fácil una vez que se ponga de pie.”

Así pues, el médico toma al hombre suavemente de la mano y lo ayuda a pararse. “Si lo hace, hoy adquirirá más fuerzas.” Sin ganas, el hombre se pone de pie, cojeando y con la ayuda de unas muletas, da unos pocos pasos. “Mejorará”, agrega Richard, mostrando al hombre sus pulgares en alto.

Más entrado el día, dos enfermeras de la Cruz roja Alemana retiran una astilla de la mano derecha de una pequeña con una herida muy infectada. “Ha tenido esa herida durante dos semanas, desde que ocurrió el tsunami. Necesita una buena limpieza y un vendaje limpio. Mejorará”, afirma Sonja Jahns, una de las enfermeras.

Los miembros del personal de enfermería de Alemania e Indonesia ven muchas lesiones como esa. Se sienten bien trabajando en equipo. Los alemanes proporcionan suministros y material médico, así como personal. Pero son los indonesios quienes realizan el trabajo médico más directamente.

“Están realizando un gran trabajo, como siempre lo han hecho. Nosotros estamos aquí solo para prestarles apoyo”, dice el Dr. Munz.

Se trata sólo de atención básica de salud, pero se evitan las infecciones graves que podrían dar lugar a otras complicaciones o incluso a amputaciones.

Mientras tanto, se ha organizado la presencia de “personal de guardia” de ambos sexos para los pacientes internados. En este lugar, el enfermero Bernd Kentsch, de la Cruz Roja Alemana, ha improvisado una central de aire acondicionado para refrescar a los pacientes.

A todo a lo ancho de la tienda de campaña hay cajas de cartón colgando de sogas, de cada una de ellas cuelga un largo trozo de cuerda que amigos o familiares de los pacientes postrados tiran provocando una agradable brisa.

A corta distancia, a través del patio, los médicos y enfermeras locales entregan medicamentos esenciales, como analgésicos y antibióticos de la farmacia. Todo ha sido ideado expresamente para que no sea complicado.

"En el 95 por ciento de los casos, la población necesita este tipo de asistencia médica", indica Richard.

Pero en otra tienda de campaña de la Cruz Roja, cuatro pacientes, incluida una niña, yacen en cama. Uno de ellos padece malaria, sus seres queridos lo abanican par mantener a raya a las moscas y aliviarlo un poco del tremendo calor.

"Tres de ellos estuvieron verdaderamente bajo la ola del tsunami", explica Richard. “Tragaron bastante agua salada. Los tenemos descansando. La niña necesita antibióticos y otras dos personas tienen diarrea.”

El hombre que tiene diarrea ingresó ayer. Su situación era grave, pero ha recibido tratamiento y se prevé que se recuperará completamente. “Podremos darle de alta mañana”, asegura Richard.

Al anochecer, apiñados contra la ventana de una de las tiendas, un gran grupo de habitantes del lugar se disputan un buen puesto desde donde mirar a dos enfermeras alemanas que limpian de pus la oreja infectada de un hombre joven. Se trata de un espectáculo inusual, pero para algunas personas de esta ciudad destrozada, significa un entretenimiento. Por un momento olvidan sus problemas.

Hacia las ocho de la noche, comienza a cerrarse la jornada. A lo lejos puede verse una tormenta que ilumina el cielo oscuro. No sopla ni la más mínima brisa, la bandera de la Cruz Roja está inerte en la quietud de la noche clara, mientras mil estrellas parpadean en el cielo.

Como único ruido, se oye el rumor de un generador eléctrico que alimenta la luz blanca.

La unidad de atención básica de salud es, literalmente, un faro de luz – y de confort – en este húmedo atardecer en la remota Aceh.

La Cruz Roja Alemana permanecerá en Teunom el tiempo que sea necesario. Pero a fin de mes, Richard y su equipo serán reemplazados por otro equipo de especialistas sanitarios de la Cruz Roja Alemana.

Sentado cómodamente en una silla plegable, Richard fuma y se muestra satisfecho con el trabajo del día; mientas exhala el humo agrega: “La situación en este lugar mejora día a día. Estamos progresando.”
El Dr. Richard Munz, médico de la Cruz Roja Alemana, conversa con un paciente de la unidad de atención básica de salud en la ciudad de Teunom, asolada por el tsunami. (p12500)

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La enfermera Sonja Jahns, una de los seis integrantes de la Unidad de intervención de urgencia de la Cruz Roja Alemana que trabajan en Teunom. (p12499)

Bernd Kentsch, de la Cruz Roja Alemana, venda la herida de una persona lastimada durante el tsunami que se abatió en la provincia de Aceh. (p12502)

Una voluntaria de la Cruz Roja Indonesia atiende a un paciente en la farmacia de la Unidad de atención básica de salud. (p12503)

Richard Munz dijo que en la mayoría de los casos, lo que la población necesita es atención básica de salud. (p12501)

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