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El agua, un tesoro que fluye en Meulaboh
25 de enero de 2005
Desde Meulaboh, provincia de Aceh, Ian Woolverton; fotografías de Ian Woolverton y Craig Wood
En la calle, cuesta abajo, aparece un camión cisterna de color blanco y azul, su conductor, Irvan, hace sonar la bocina. Desde sus casas, la gente viene corriendo con una asombrosa variedad de recipientes: vasijas, tazas, bidones y cubos de plástico.

Irvan, de 30 años de edad, salta de la cabina, abre un grifo y el agua limpia y fresca fluye a chorros de una manguera. ¡La Cruz Roja lleva agua a los hogares de Meulaboh!

De un pequeño recipiente color rojo, una madre brinda a su bebé un trago del líquido fresco y agradable. A lo largo de esta calle urbana, angosta y polvorienta de Meulaboh, niños y adultos se congregan esperando ansiosos su turno para recoger parte del preciado cargamento de Irvan, hombre que se ha vuelto muy conocido en Meulaboh.

"Reparto agua casa por casa", dice Irvan con orgullo, vestido con una camiseta blanca y una “cofía”, el cubrecabeza tradicional que usan los musulmanes del lugar.

La gente puede quedarse con la cantidad de agua que desee, pueden servirse cuanta puedan acarrear. “Damos toda el agua que podemos”, agrega.

Con la ayuda de la compañía de agua local, cuyos camiones utiliza la Cruz Roja para distribuir agua, Irvan y otros conductores como él entregan agua fresca y limpia apta para cocinar, beber y lavar a 4.000 familias por día.

El equipo de la Cruz Roja de Meulaboh, coordinado por el equipo español de ingenieros hídricos, cuenta con la ayuda de voluntarios de la Cruz Roja Indonesia.

Juntos proporcionan agua al hospital, a decenas de miles de personas que quedaron sin hogar a raíz del tsunami y se encuentran alojadas en campamentos para desplazados y a todos cuantos necesiten agua limpia, como los organismos del sistema de las Naciones Unidas y demás organizaciones humanitarias que operan en la ciudad.

“La Cruz Roja es la única organización en Meulaboh que hace llegar agua a la población”, dice Iñigo Villa, bañado en sudor y con una barba de dos semanas. Con 32 años de edad, este joven dirige un equipo de 11 especialistas en tratamiento de agua de la Cruz Roja Española, entre los que se cuenta un geólogo, un químico y un biólogo.

Antes de purificar el agua, el equipo español tuvo que encontrarla, lo hizo en un profundo pozo, a unos 150 metros de la superficie. La Cruz Roja también purifica agua que extrae del río, no lejos de la compañía del agua en la que tienen su base.

"Extraemos el agua del pozo y la almacenamos en depósitos flexibles en los que se la somete a un proceso de purificación que dura unas pocas horas", dice Iñigo. “Luego almacenamos el agua y, con nuestros colegas de la Cruz Roja Indonesia, la distribuimos a los habitantes de la ciudad.”

Sin embargo, la sed de agua en Meulaboh no se aplaca, así pues, en los próximos días llegarán de España dos enormes camiones cisterna de 15.000 litros de capacidad que permitirán entregar más cantidad de agua a miles de personas en esa ciudad.

Desde hace dos semanas, una flotilla de ocho camiones cisterna de 3.000 litros reparte agua en toda la ciudad. Desde que amanece hasta las 10:30 de la noche, los camiones hacen el reparto por todas partes. En promedio, cada día realizan hasta 60 entregas, lo cual equivale a distribuir al menos a 180.000 litros de agua, apta para el consumo humano, los siete días de la semana entre decenas de miles de personas.

Sin embargo, la Cruz Roja está purificando más agua de la que puede distribuir. Hace tres días produjo 260.000 litros de agua en un solo día y cada vez más aumenta la producción. Así pues, el problema no consiste en encontrar el agua sino en llevársela a la población y esa es la
razón por la cual la Cruz Roja Española pidió que se enviaran a Meulaboh camiones cisternas más grandes.

"Hasta el momento hemos purificado y repartido mucho más de dos millones de litros de agua limpia, pero nos entusiasma la idea de poder suministrar tanta agua como sea posible a la población. Lo que se extraiga, nunca será suficiente", agrega Iñigo con una sonrisa.

Mientras tanto en el hospital, ubicado al otro lado de la ciudad, un equipo de cuatro cirujanos y enfermeras de la Cruz Roja Japonesa y la Cruz Roja Indonesia están por operar, por segunda vez, a un hombre con una herida muy infectada en su pierna y pie. La primera operación fue realizada hace diez días.

Syafari, de 56 años de edad, fue tragado por la marejada y despedido por la tremenda fuerza de las olas, ahora puede caminar, cosa que hubiese sido imposible de no haber sido por la cirugía. Su nieta no tuvo la misma suerte, barrida por las aguas, hoy sigue desaparecida y se presume que ha muerto. La casa de Syafari también quedó destruida.

"Este paciente tenía una gran herida muy infectada en la pierna", dice el médico de la Cruz Roja Japonesa, Akira Miyata, de Kumamoto. “Hemos quitado un poco de hueso y un tendón. Se trataba de un procedimiento complicado, si se quita muy poco, se puede dejar parte de la infección. Si se quita demasiado, se corre el riesgo de que no pueda caminar”, dice el cirujano vestido de la cabeza a los pies con su indumentaria azul y una máscara colgando del cuello.

La operación de hoy es un injerto y posiblemente tome 60 minutos. El Dr. Miyata y su equipo prevén quitar piel del muslo del hombre y ponerla en su pie. Una hora más tarde, lleno de satisfacción y con las mangas arremangadas, el Dr. Miyata declara que la operación ha sido un éxito. "Estamos 99.9 por ciento seguros de que se recuperará plenamente."

A pocos pasos del hospital se encuentra la sede de la Cruz Roja Indonesia en Meulaboh. El voluntario La’Abibin, de 28 años y procedente de Irian Jaya está a punto de comer una comida sencilla a base de arroz y pollo, envuelta en papel marrón.

La’Abibin, un agricultor, se hallaba en la Cruz Roja de Yakarta participando en una sesión de ejercicios de capacitación, cuando el terremoto y el tsunami devastaron muchas zonas costeras de la Provincia de Aceh. Lo enviaron a Meulaboh, junto con muchos otros voluntarios de la Cruz Roja de todo el país, se ha pasado los últimos tres días recogiendo cadáveres en estado de descomposición de entre los escombros.

Mañana vuelve al campo y a su casa en Irian Jaya. Han sido semanas muy difíciles para él, nunca creyó que este viaje a Yakarta tendría semejante final.

"He sido coordinador de la evacuación de los cuerpos sin vida", dice La’Abibin, que lleva puesta una camiseta de mangas largas de la Cruz Roja y una gorra de béisbol color gris. “El trabajo es muy duro. En realidad, no tenemos material suficiente y las bolsas de plástico para los cadáveres no son suficientes.”

"Todos los que nos ocupamos de esta tarea nos sentimos mal. Es muy duro, pero queremos ayudar a la población de Meulaboh", agrega.

Es una labor espantosa, sin embargo, La’Abibin ha encontrado la forma para afrontar esta tarea de recoger los cadáveres. “Pienso que se trata de algo bonito, pienso que se trata de una persona. En realidad, hago de cuenta que se trata de amigos míos.”

La’Abibin ha visto muchísimos cuerpos sin vida. Hasta el momento, los voluntarios de la Cruz Roja de Meulaboh han recogido más de 3.400. No obstante, la ciudad se empeña en rehusarse a entregar a sus muertos, casi un mes después del desastre, muchos cuerpos siguen enterrados bajo pilas de escombros.

Indonesia tiene razón al estar orgullosa de los voluntarios de la Cruz Roja pues han realizado enormes sacrificios personales, han hecho frente a condiciones terribles y se han esforzado durante largas horas, con buen o mal tiempo, a fin de ayudar a los vivos y los muertos de la Provincia de Aceh. Representan el poder de la humanidad.

Al día siguiente, poco después de las siete de la mañana, el portal de la compañía del agua se abre de par en par. Sale el primer camión cisterna de la Cruz Roja a repartir su carga de agua limpia a los pobladores de Meulaboh.

Cuando llegue la hora de la puesta del sol en esta ciudad destruida de la costa occidental de la Provincia de Aceh, decenas de miles de personas habrán bebido, cocinado, se habrán bañado y limpiado con agua proporcionada por la Cruz Roja.

Para Iñigo, Irvan y el resto del equipo, sólo se trata de un día más en la oficina, pero para los habitantes de Meulaboh, el acceso al agua potable significa la diferencia entre la vida y la muerte.
Irvan, voluntario de la Cruz Roja Indonesia reparte agua potable entre las personas afectadas por el tsunami en Meulaboh. (p12535)
Foto: Federación Internacional/Ian Woolverton

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El cirujano de la Cruz Roja Japonesa, Akira Miyata, opera a un afectado por el mtsunami, en el hospital de Meulaboh. (p12540)
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Akira Miyata realiza un injerto de piel a Syafari, de 56 años de edad, herido durante el tsunami. (p12536)
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Foto: Federación Internacional/Ian Woolverton


El equipo de abastecimiento de agua y saneamiento de la Cruz Roja Española atiende las necesidades de cientos de miles de residentes de Meulaboh. (p12539)
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