En
la calle, cuesta abajo, aparece un camión cisterna de
color blanco y azul, su conductor, Irvan, hace sonar la bocina.
Desde sus casas, la gente viene corriendo con una asombrosa
variedad de recipientes: vasijas, tazas, bidones y cubos de
plástico.
Irvan, de 30 años de edad, salta de la cabina, abre un
grifo y el agua limpia y fresca fluye a chorros de una manguera.
¡La Cruz Roja lleva agua a los hogares de Meulaboh!
De un pequeño recipiente color rojo, una madre brinda
a su bebé un trago del líquido fresco y agradable.
A lo largo de esta calle urbana, angosta y polvorienta de Meulaboh,
niños y adultos se congregan esperando ansiosos su turno
para recoger parte del preciado cargamento de Irvan, hombre
que se ha vuelto muy conocido en Meulaboh.
"Reparto agua casa por casa", dice Irvan con orgullo,
vestido con una camiseta blanca y una “cofía”,
el cubrecabeza tradicional que usan los musulmanes del lugar.
La gente puede quedarse con la cantidad de agua que desee, pueden
servirse cuanta puedan acarrear. “Damos toda el agua que
podemos”, agrega.
Con la ayuda de la compañía de agua local, cuyos
camiones utiliza la Cruz Roja para distribuir agua, Irvan y
otros conductores como él entregan agua fresca y limpia
apta para cocinar, beber y lavar a 4.000 familias por día.
El equipo de la Cruz Roja de Meulaboh, coordinado por el equipo
español de ingenieros hídricos, cuenta con la
ayuda de voluntarios de la Cruz Roja Indonesia.
Juntos proporcionan agua al hospital, a decenas de miles de
personas que quedaron sin hogar a raíz del tsunami y
se encuentran alojadas en campamentos para desplazados y a todos
cuantos necesiten agua limpia, como los organismos del sistema
de las Naciones Unidas y demás organizaciones humanitarias
que operan en la ciudad.
“La Cruz Roja es la única organización en
Meulaboh que hace llegar agua a la población”,
dice Iñigo Villa, bañado en sudor y con una barba
de dos semanas. Con 32 años de edad, este joven dirige
un equipo de 11 especialistas en tratamiento de agua de la Cruz
Roja Española, entre los que se cuenta un geólogo,
un químico y un biólogo.
Antes de purificar el agua, el equipo español tuvo que
encontrarla, lo hizo en un profundo pozo, a unos 150 metros
de la superficie. La Cruz Roja también purifica agua
que extrae del río, no lejos de la compañía
del agua en la que tienen su base.
"Extraemos el agua del pozo y la almacenamos en depósitos
flexibles en los que se la somete a un proceso de purificación
que dura unas pocas horas", dice Iñigo. “Luego
almacenamos el agua y, con nuestros colegas de la Cruz Roja
Indonesia, la distribuimos a los habitantes de la ciudad.”
Sin embargo, la sed de agua en Meulaboh no se aplaca, así
pues, en los próximos días llegarán de
España dos enormes camiones cisterna de 15.000 litros
de capacidad que permitirán entregar más cantidad
de agua a miles de personas en esa ciudad.
Desde hace dos semanas, una flotilla de ocho camiones cisterna
de 3.000 litros reparte agua en toda la ciudad. Desde que amanece
hasta las 10:30 de la noche, los camiones hacen el reparto por
todas partes. En promedio, cada día realizan hasta 60
entregas, lo cual equivale a distribuir al menos a 180.000 litros
de agua, apta para el consumo humano, los siete días
de la semana entre decenas de miles de personas.
Sin embargo, la Cruz Roja está purificando más
agua de la que puede distribuir. Hace tres días produjo
260.000 litros de agua en un solo día y cada vez más
aumenta la producción. Así pues, el problema no
consiste en encontrar el agua sino en llevársela a la
población y esa es la
razón por la cual la Cruz Roja Española pidió
que se enviaran a Meulaboh camiones cisternas más grandes.
"Hasta el momento hemos purificado y repartido mucho más
de dos millones de litros de agua limpia, pero nos entusiasma
la idea de poder suministrar tanta agua como sea posible a la
población. Lo que se extraiga, nunca será suficiente",
agrega Iñigo con una sonrisa.
Mientras tanto en el hospital, ubicado al otro lado de la ciudad,
un equipo de cuatro cirujanos y enfermeras de la Cruz Roja Japonesa
y la Cruz Roja Indonesia están por operar, por segunda
vez, a un hombre con una herida muy infectada en su pierna y
pie. La primera operación fue realizada hace diez días.
Syafari, de 56 años de edad, fue tragado por la marejada
y despedido por la tremenda fuerza de las olas, ahora puede
caminar, cosa que hubiese sido imposible de no haber sido por
la cirugía. Su nieta no tuvo la misma suerte, barrida
por las aguas, hoy sigue desaparecida y se presume que ha muerto.
La casa de Syafari también quedó destruida.
"Este paciente tenía una gran herida muy infectada
en la pierna", dice el médico de la Cruz Roja Japonesa,
Akira Miyata, de Kumamoto. “Hemos quitado un poco de hueso
y un tendón. Se trataba de un procedimiento complicado,
si se quita muy poco, se puede dejar parte de la infección.
Si se quita demasiado, se corre el riesgo de que no pueda caminar”,
dice el cirujano vestido de la cabeza a los pies con su indumentaria
azul y una máscara colgando del cuello.
La operación de hoy es un injerto y posiblemente tome
60 minutos. El Dr. Miyata y su equipo prevén quitar piel
del muslo del hombre y ponerla en su pie. Una hora más
tarde, lleno de satisfacción y con las mangas arremangadas,
el Dr. Miyata declara que la operación ha sido un éxito.
"Estamos 99.9 por ciento seguros de que se recuperará
plenamente."
A pocos pasos del hospital se encuentra la sede de la Cruz Roja
Indonesia en Meulaboh. El voluntario La’Abibin, de 28
años y procedente de Irian Jaya está a punto de
comer una comida sencilla a base de arroz y pollo, envuelta
en papel marrón.
La’Abibin, un agricultor, se hallaba en la Cruz Roja de
Yakarta participando en una sesión de ejercicios de capacitación,
cuando el terremoto y el tsunami devastaron muchas zonas costeras
de la Provincia de Aceh. Lo enviaron a Meulaboh, junto con muchos
otros voluntarios de la Cruz Roja de todo el país, se
ha pasado los últimos tres días recogiendo cadáveres
en estado de descomposición de entre los escombros.
Mañana vuelve al campo y a su casa en Irian Jaya. Han
sido semanas muy difíciles para él, nunca creyó
que este viaje a Yakarta tendría semejante final.
"He sido coordinador de la evacuación de los cuerpos
sin vida", dice La’Abibin, que lleva puesta una camiseta
de mangas largas de la Cruz Roja y una gorra de béisbol
color gris. “El trabajo es muy duro. En realidad, no tenemos
material suficiente y las bolsas de plástico para los
cadáveres no son suficientes.”
"Todos los que nos ocupamos de esta tarea nos sentimos
mal. Es muy duro, pero queremos ayudar a la población
de Meulaboh", agrega.
Es una labor espantosa, sin embargo, La’Abibin ha encontrado
la forma para afrontar esta tarea de recoger los cadáveres.
“Pienso que se trata de algo bonito, pienso que se trata
de una persona. En realidad, hago de cuenta que se trata de
amigos míos.”
La’Abibin ha visto muchísimos cuerpos sin vida.
Hasta el momento, los voluntarios de la Cruz Roja de Meulaboh
han recogido más de 3.400. No obstante, la ciudad se
empeña en rehusarse a entregar a sus muertos, casi un
mes después del desastre, muchos cuerpos siguen enterrados
bajo pilas de escombros.
Indonesia tiene razón al estar orgullosa de los voluntarios
de la Cruz Roja pues han realizado enormes sacrificios personales,
han hecho frente a condiciones terribles y se han esforzado
durante largas horas, con buen o mal tiempo, a fin de ayudar
a los vivos y los muertos de la Provincia de Aceh. Representan
el poder de la humanidad.
Al día siguiente, poco después de las siete de
la mañana, el portal de la compañía del
agua se abre de par en par. Sale el primer camión cisterna
de la Cruz Roja a repartir su carga de agua limpia a los pobladores
de Meulaboh.
Cuando llegue la hora de la puesta del sol en esta ciudad destruida
de la costa occidental de la Provincia de Aceh, decenas de miles
de personas habrán bebido, cocinado, se habrán
bañado y limpiado con agua proporcionada por la Cruz
Roja.
Para Iñigo, Irvan y el resto del equipo, sólo
se trata de un día más en la oficina, pero para
los habitantes de Meulaboh, el acceso al agua potable significa
la diferencia entre la vida y la muerte.
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Irvan,
voluntario de la Cruz Roja Indonesia reparte agua potable
entre las personas afectadas por el tsunami en Meulaboh.
(p12535)
Foto: Federación Internacional/Ian Woolverton
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Irvan
y los demás conductores de la Cruz Roja reparten
agua apta para cocinar, beber y lavar a unas 4.000 familias
por día. Pueden entregar tanta agua como la gente
les pida, no hay límites. (p12536)
Foto: Federación Internacional/Craig Wood
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El
cirujano de la Cruz Roja Japonesa, Akira Miyata, opera
a un afectado por el mtsunami, en el hospital de Meulaboh.
(p12540)
Foto: Federación Internacional/Craig Wood
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Akira
Miyata realiza un injerto de piel a Syafari, de 56 años
de edad, herido durante el tsunami. (p12536)
Foto: Federación Internacional/Ian Woolverton
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La'Abibin
es de Irian Jaya. Al igual que muchos voluntarios de la
Cruz Roja Indonesia fue trasladado rápidamente
a Aceh, para prestar asistencia en las actividades humanitarias.
Su tarea principal ha sido recoger cuerpos descompuestos
de entre los escombros en Meulaboh. (p12538)
Foto: Federación Internacional/Ian Woolverton
El equipo de abastecimiento de agua y saneamiento de la
Cruz Roja Española atiende las necesidades de cientos
de miles de residentes de Meulaboh. (p12539)
Foto: Federación Internacional/Craig Wood
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