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Un futuro incierto para los sobrevivientes del tsunami en Tailandia
31 de enero de 2005
Maude Froberg, desde Baan Naem Khem y playa de Kamala: fotografías de Yoshi Shimizu
Lentamente va saliendo la luna al sur de Tailandia, un fuerte recuerdo de que ha pasado un mes desde que la franja costera fuera azotada por el tsunami. Al final del día las familias alojadas en los refugios provisionales de Ao Bo Tho se preparan para la noche.

Las tareas cotidianas han terminado y se tienden los colchones sobre el piso de las 50 viviendas de láminas de acero, construidas por la Sociedad de la Cruz Roja Tailandesa y otras muchas organizaciones.

Sin embargo, a la luz de una lámpara, hábiles dedos pintan algunos pañuelos con diseños multicolores.

“Acabamos de aprender esta técnica. Si deseamos regresar a nuestra aldea, necesitamos ganarnos la vida”, explica Panwara Kunsorn, una de las artesanas, mientras sostiene uno de los coloridos retazos de tela.

“Estos se venderán a los turistas.”
En este lugar, los planes para el futuro conviven con el dolor y la preocupación.

En la casa de Udom y Jongrak, la familia ya no es la misma, sólo uno de sus dos hijos se reunirá con ellos esta noche. El menor ha sido trasladado a otra provincia que no fue afectada por el tsunami.

“No quiero que esté viendo cada día las escenas de devastación”, dice Udom. “Hemos de hacer lo que podamos para que olvide, el pequeño sigue atemorizado.”

Antes de ir a dormir, Udom y Jongrak se sientan un rato al final de las escaleras a contemplar la noche. Esta noche no son los únicos; mas abajo, en la calle, los monjes del templo Ban Muang, una de las dos morgues improvisadas de la provincia de Phangnga, también van finalizando las actividades diarias.

Durante semanas, este apacible lugar, en el que imperaban la oración y la meditación, ha servido de hogar a víctimas del tsunami.

Después del desastre comenzaron a llegar un sinnúmero de cadáveres y, con los cuerpos sin vida, llegaron los familiares, la policía, el ejército, los periodistas y el público. Aquí se depositaron más de 1.400 cadáveres y todavía quedan alrededor de1.000.

“La muerte forma parte de la vida y velar por los cadáveres era algo que teníamos que aceptar”, dice el reverendo Chalermchon Chanatthathammo. “Ahora espero que podamos recuperar el templo, pero ello tomará varios meses.”

Una de las razones por la que la restauración del templo es importante, explica, es que ello facilitará el apoyo que los monjes están prestando a la población local. En estos días la mayoría de las personas evitan venir a visitarnos por temor a contraer enfermedades.

En su lugar, los monjes se desplazan a los refugios provisionales y a las aldeas a consolar a la población y alentarlos a ser fuertes. “Muchos sobrevivientes todavía se resisten a asumir lo ocurrido”, afirma el monje.

No obstante, se están logrando avances en relación con las necesidades en materia de salud mental de las personas afectadas. El Departamento de Salud Mental de Tailandia ha instalado un centro de servicios psicosociales en Surat Thani. También se encuentran visitando las zonas afectadas por la catástrofe equipos de psicólogos y orientadores locales.

De pie, en el portal de la pequeña casa blanqueada, en las montañas ubicadas detrás de la playa de Kamala en Phuket, Lerd Koysakul, de 90 años de edad, se sujeta al portal de hierro con sus dedos deformados.

Con aire vacilante mira el panorama de su exuberante y verde jardín, donde en unas 10 pequeñas tiendas de campaña de colores vivos ahora da alojamiento a 50 sobrevivientes del tsunami, cuyas viviendas estaban a la orilla del mar y fueron gravemente dañadas por la marejada.

“Por supuesto que hemos tenido que ayudar a nuestra familia y amigos”, explica su nieta, Aew Kantangkul, que comparte la única mesa que hay con los residentes temporales. “Pero nos las arreglamos con medios muy limitados, compartiendo lo que tenemos y cocinando en la única cocina. Algunos días escasea el agua potable.”

"Además, sólo hay un baño y dos lavabos. De repente nos encontramos haciendo cola", dice, con una sonrisa forzada con la que no logra ocultar su obvia preocupación.

Un mes después del desastre sigue siendo importante la inseguridad con respecto al porvenir de los pobladores de la aldea de Baan Huakuan. ¿Están seguros de se que les incluirá en los planes futuros de rehabilitación? Esto es, ¿podrán ganar su sustento gracias al turismo? ¿Su vida será verdaderamente rehabilitada?

"Todo lo que podemos hacer es esperar", admite Aew Kantangkul. “Sin embargo, no todos los días sentimos esperanza.”

Para los adultos el alojamiento y el trabajo constituyen sin duda las principales prioridades tras el tsunami, pero Maneepan Asawarangkoon, Jefe de la sección local de la Cruz Roja Tailandesa, recalca la importancia de que los niños regresen a la escuela cuanto antes.

"Puesto que muchos padres lo han perdido todo, no pueden pagar la cuota escolar. Por consiguiente, la Cruz Roja Tailandesa concederá becas a los niños damnificados", señala. “En el proceso de rehabilitación no debemos olvidarnos de los más pequeños.”
La Cruz Roja Tailandesa ha ayudado a proporcionar 60 hogares temporales a personas desplazadas en Ban Muang  (fotografía de Yoshi Shimizu
La Cruz Roja Tailandesa ha ayudado a proporcionar 60 hogares temporales a personas desplazadas en Ban Muang. (p-THA0065)

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fotografía de Yoshi Shimizu
Los monjes budistas del templo Ban Muang no sólo han rezado por las víctimas del tsunami, también se ofrecen como orientadores a los sobrevivientes de los refugios provisionales.
(p-THA0076)

(fotografía de Yoshi Shimizu)
Cientos de ataúdes se apilan en el patio del templo Ban Muang. Todavía quedan unos 1.000 cadáveres en este lugar. (p-THA0067)

(fotografía de Yoshi Shimizu)
Lerd Koysakul, de 90 años, ha convertido su jardín en campamento para alojar a 50 residentes cuyas casas, ubicadas a la orilla del mar, fueron gravemente dañadas por la marejada. (p-THA0058)

(fotografía de Yoshi Shimizu)
Una bandera de la Cruz Roja Tailandesa con la inscripción “Despejar y limpiar” flamea en la destruida aldea pesquera de Ban Naem Khem. (p-THA0069)

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