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Los arrozales de Aceh siguen dando una cosecha macabra
17 de febrero de 2005
Yrsa Grüne, Aceh, fotos de Yoshi Shimizu
El camión se abre paso lentamente por el camino irregular a través de los escombros de lo que fuera el pueblo de Gle Gurah en la provincia indonesia de Aceh.

Los voluntarios de la Cruz Roja Indonesia (PMI), que están de pie en la caja, se esfuerzan por mantener el equilibrio. La PMI continuará recogiendo cadáveres por otros cinco meses.

Temprano en la mañana, salimos del edificio que comparten la PMI y la Federación Internacional en Banda Aceh y después de hora y media de viaje llegamos al destino de ese día. Más de seis semanas después que el maremoto azotara las costas de Sumatra septentrional y occidental, los voluntarios de la PMI siguen encontrando docenas de cadáveres día tras día.

Mientras verifican sus guantes y mascarillas, conmueve ver cómo estos voluntarios jóvenes y denodados controlan el estrés que les debe causar esta tarea.

Proseguimos hacia el mar y hablamos de todo un poco – tenis, fútbol y carreras de formula 1 –salvo del lugar donde nos dirigimos.

Tras haber pasado sólo unas pocas horas con ellos, uno se percata que asumen retos mucho más grandes que el estrés.

Con los trajes blancos y las botas de goma verdes que nos pusimos para atravesar los campos anegados, parecemos astronautas. Paradójicamente, los escombros que cubren esta amplia zona nos ayudan a no hundirnos en el barro, aunque no siempre.

De tanto en tanto, hay que agarrar las botas con las dos manos y tirar fuerte para sacar el pie, lo que requiere gran habilidad para no perder el equilibrio y evitar el riesgo de caer en las aguas negras de barro.

Llegamos al pueblo de Gle Gurah, en las afueras de Banda Aceh y saltamos de la caja del camión. Pasamos por docenas de fosas recién cavadas donde se ven las bolsas con cadáveres, pues aún no han terminado de recubrirlas de tierra.
La pestilencia es inconfundible y, desdichadamente, muy común aquí.

Los voluntarios de la PMI se despliegan por la zona, de dos en dos. A penas 15 minutos después, uno de ellos silva y hace señas al resto del equipo. Acaba de encontrar otro cadáver. En menos de tres horas, encontraremos otros 10.

Andar por aquí no es nada fácil; exige mucha energía y suma concentración para no caer en la gruesa capa de barro. Concentrarse en donde poner los pies ayuda a no pensar demasiado en los cadáveres.

Los voluntarios de la PMI recogen los restos en bolsas de plástico negras y bolsas para cadáveres blancas o amarillas. Todos los cuerpos yacen a la intemperie. En un lugar encontramos cuatro. Todavía no habían sido recogidos porque las aguas remiten lentamente. Aún hay cantidad de bolsones de agua en esta enorme ciénaga llena de escombros donde es difícil entrar.

Esto también permite constatar las dificultades puede haber para distribuir suministros de socorro. A los supervivientes del maremoto pueden tener las mismas dificultades para llegar hasta aquí.

Encontramos un carné de conducir y un voluntario lo pone en una bolsa de plástico.

El esfuerzo físico que conlleva esta actividad permitirá olvidarse del estrés por algunas horas.

Al anochecer, cuando los voluntarios vuelven y entran en el edificio donde se les desinfectará, muchos rostros denotan agotamiento.

Por largo tiempo, todos ellos recordarán los barrosos arrozales de Aceh.
Un voluntario de la Cruz Roja Indonesia se pone la mascarilla antes de iniciar la macabra tarea de recuperar cadáveres en avanzado estado de descomposición. (p-IDN0256)

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