Son
las ocho de la mañana y el equipo de socorro de la Federación
Internacional que se encuentra en Galle, Sri Lanka meridional,
salió hace dos horas al frente de un convoy de camiones
cargados de suministros de socorro destinados a los numerosos
campamentos instalados cerca de la costa que alojan a 500.000
damnificados cuyas casas fueron arrasadas por el maremoto de
hace dos meses.
Charles Blake, jefe del equipo de socorro de la Cruz Roja que
empezó a prestar asistencia de urgencia pocos días
después del desastre, se ocupa de planificar las distribuciones
de la semana en su “oficina”: una carpa calurosa
y polvorienta, instalada en el depósito de la administración
de puertos de Galle.
Allí es donde se organizan las operaciones de socorro
en esta zona del país y donde los integrantes del equipo
luchan con los mosquitos y los constantes cortes de electricidad
para garantizar que los más necesitados reciban las donaciones
que llegan del resto del mundo.
“Es una labor ardua, pero gratificante”, afirma
Charles, que llegó el 6 de enero y, desde entonces, prácticamente,
no ha tenido un solo día de descanso. “Los visitantes
que vienen a esta zona se sobrecogen ante tal devastación,
pero, día tras día, veo una recuperación
rápida y constato que, a pesar de todo, la población
se va recobrando.”
Medios de subsistencia destrozados
El equipo que encabeza Charles está integrado por personal
de la Cruz Roja Estadounidense con formación en situaciones
de emergencia y también por colaboradores locales que,
en muchos casos, se vieron afectados directamente por el tsunami.
La suya es una de las siete UIU enviadas a Sri Lanka inmediatamente
después del desastre. Cada uno de estos equipos autónomos
ofrece servicios que salvan vidas, pues están especializados
en diversas disciplinas tales como agua y saneamiento o atención
básica de salud. La UIU de Charles está especializada
en socorro.
Hablo con el Sr. Richard que tiene 52 años y es de Galle.
Actualmente, trabaja en la cocina del depósito que sirve
de apoyo a la operación de socorro, pero es orfebre y,
antes del terremoto, vendía sus joyas hechas a mano en
el centro turístico de una playa que se encuentra al
oeste de Galle.
Las olas se llevaron cuanto tenía, incluidos sus medios
de subsistencia que se había ido procurando a lo largo
de 20 años. El Sr. Richard aprecia mucho la posibilidad
de trabajar con la Cruz Roja y se enorgullece de participar
en los enormes esfuerzos de recuperación que se están
haciendo.
Pero cuando le pregunto por su futuro, se encoge de hombros
y dice: “Tendré que encontrar algún otro
trabajo. Sin dinero, no sé cómo voy a hacer para
volver a mi oficio. Mi vida se vino abajo, sabe.”
Miles de personas se encuentran en una situación similar
y la Cruz Roja pone todo su empeño en facilitarles el
camino a la recuperación.
Volver a levantar cabeza
Estamos de regreso en la tienda de campaña y el equipo
se dispone a iniciar y supervisar las distribuciones que hoy
realizará la sección local de la Cruz Roja de
Sri Lanka (CRSL). Charles y los instructores de socorro dejan
al personal del depósito cargando los camiones para la
distribución de mañana temprano y parten por la
costa hacia el este en dirección de Unawatuna, donde
se hará la distribución.
Por el camino vemos casas en ruinas y ciudades de tiendas de
campaña en terrenos de un verde frondoso. Por todas partes
hay signos de reconstrucción y recuperación de
todo lo que se puede salvar: pilas de ladrillos y tejas se erigen
junto a las casas de las cuales sólo quedaron los cimientos.
Llegamos a un templo que se encuentra a 10 kilómetros
camino abajo y muy cerca de una playa que figura entre las 10
más hermosas del mundo. La playa luce serena todo su
esplendor que contrasta con las tiendas y las casas destrozadas
a lo largo de la costa.
En el templo, las familias forman una fila ordenada y un equipo
de voluntarios de la CRSL inscribe a cada beneficiario en el
registro y apila a la sombra calentadores de keroseno, esterillas
de dormir y mosquiteros.
Según las autoridades locales, la gente de aquí
es muy vulnerable. Todos los vecinos se han quedado sin casa
y muchos también han perdido familiares y medios de subsistencia.
Los voluntarios, columna vertebral de la Cruz Roja
El Sr. Lokku es voluntario de la CRSL desde las inundaciones
que aquejaron al país en 2003. Cuando sobrevino el maremoto,
estaba trabajando en un hotel y salvó muchas vidas llevando
a los turistas escaleras arriba.
Dejó su empleo para dedicarse por completo al voluntariado
y, actualmente, se encarga de mantener vivo el ánimo
y el entusiasmo de los voluntarios sin que por ello olviden
que necesitan también un buen descanso reparador.
El Sr. Lokku y Charles ultiman detalles del plan de distribución
de hoy: saber cuanta gente ha llegado, si hay familias que no
están inscritas en las listas de distribución
y, en ese caso, qué les sucedió, quién
evaluará su situación actual y cómo se
les ayudará.
Los otros voluntarios guían a las familias de un puesto
de distribución a otro; una vez que han pasado por todos
tienen una buena cesta familiar que mejorará sus condiciones
de vida y ayudará un poco al sostén de la familia.
El sol aprieta y Charles sale corriendo a comprar una buena
cantidad de helado para que los voluntarios se relajen.
“Los primeros días, estuvieron trabajando por turnos
las 24 horas. Son una parte invalorable de esta operación.
Sin esas manos, jamás hubiéramos podido ayudar
a tanta gente como lo hicimos. Me gusta demostrarles mi aprecio,
personalmente”, me cuenta..
En esta distribución no hay problema alguno y Charles
salta en el jeep de la Cruz Roja para ir al siguiente lugar
de distribución que está a 40 kilómetros.
Otro día que termina
Al final del día, más de 1.000 familias de las
zonas siniestradas por el tsunami han recibido mosquiteros,
enseres de cocina y otros artículos de primera necesidad
que les ayudarán a levantar cabeza.
Sumada esa cifra, Charles y su equipo habrán prestado
asistencia a más de 180.000 damnificados, aparte de la
incontable cantidad de beneficiarios de otros programas de la
Cruz Roja, que abarcan el 70 por ciento de esta zona costera
y comprenden: suministro de agua, atención de salud,
socorro y recuperación.
De regreso a la tienda de campaña, el equipo del depósito
se dispone a terminara la jornada y Charles toma contacto con
la sede central para confirmar en pocos minutos que las operaciones
del día se desarrollaron sin ninguna dificultad.
Luego, él y su equipo vuelven al hotel para pasar una
velada tranquila bajo las estrellas, contentos de saber que
aunque otro día se va, Sri Lanka sigue avanzando por
el camino de la recuperación.
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Charles
Blake, jefe del equipo de socorro de la Cruz Roja, que
llegó a Sri Lanka pocos días después
del maremoto, supervisa la distribución de suministros
de socorro en un templo cerca de Galle. (p12697)
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Los
voluntarios de la Cruz Roja de Sri Lanka ayudan en las
distribuciones de socorro para garantizar que las familias
que lo necesitan reciban artículos de primera necesidad.
(p12700)
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El
Sr. Richard trabaja en la cocina del depósito porque
perdió sus medios de subsistencia; es orfebre y,
antes del maremoto, vendía joyas hechas a mano
a los turistas. (p12699)
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Niños
en la cola de un punto de distribución. Más
de 180.000 damnificados se han beneficiado de estas distribuciones
de la Cruz Roja en zonas siniestradas de Sri Lanka. (p12698)
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