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Camino a la recuperación de Sri Lanka
11 de marzo de 2005
Alice Kociejowski, Galle
Son las ocho de la mañana y el equipo de socorro de la Federación Internacional que se encuentra en Galle, Sri Lanka meridional, salió hace dos horas al frente de un convoy de camiones cargados de suministros de socorro destinados a los numerosos campamentos instalados cerca de la costa que alojan a 500.000 damnificados cuyas casas fueron arrasadas por el maremoto de hace dos meses.

Charles Blake, jefe del equipo de socorro de la Cruz Roja que empezó a prestar asistencia de urgencia pocos días después del desastre, se ocupa de planificar las distribuciones de la semana en su “oficina”: una carpa calurosa y polvorienta, instalada en el depósito de la administración de puertos de Galle.

Allí es donde se organizan las operaciones de socorro en esta zona del país y donde los integrantes del equipo luchan con los mosquitos y los constantes cortes de electricidad para garantizar que los más necesitados reciban las donaciones que llegan del resto del mundo.

“Es una labor ardua, pero gratificante”, afirma Charles, que llegó el 6 de enero y, desde entonces, prácticamente, no ha tenido un solo día de descanso. “Los visitantes que vienen a esta zona se sobrecogen ante tal devastación, pero, día tras día, veo una recuperación rápida y constato que, a pesar de todo, la población se va recobrando.”

Medios de subsistencia destrozados

El equipo que encabeza Charles está integrado por personal de la Cruz Roja Estadounidense con formación en situaciones de emergencia y también por colaboradores locales que, en muchos casos, se vieron afectados directamente por el tsunami.

La suya es una de las siete UIU enviadas a Sri Lanka inmediatamente después del desastre. Cada uno de estos equipos autónomos ofrece servicios que salvan vidas, pues están especializados en diversas disciplinas tales como agua y saneamiento o atención básica de salud. La UIU de Charles está especializada en socorro.

Hablo con el Sr. Richard que tiene 52 años y es de Galle. Actualmente, trabaja en la cocina del depósito que sirve de apoyo a la operación de socorro, pero es orfebre y, antes del terremoto, vendía sus joyas hechas a mano en el centro turístico de una playa que se encuentra al oeste de Galle.

Las olas se llevaron cuanto tenía, incluidos sus medios de subsistencia que se había ido procurando a lo largo de 20 años. El Sr. Richard aprecia mucho la posibilidad de trabajar con la Cruz Roja y se enorgullece de participar en los enormes esfuerzos de recuperación que se están haciendo.

Pero cuando le pregunto por su futuro, se encoge de hombros y dice: “Tendré que encontrar algún otro trabajo. Sin dinero, no sé cómo voy a hacer para volver a mi oficio. Mi vida se vino abajo, sabe.”

Miles de personas se encuentran en una situación similar y la Cruz Roja pone todo su empeño en facilitarles el camino a la recuperación.

Volver a levantar cabeza

Estamos de regreso en la tienda de campaña y el equipo se dispone a iniciar y supervisar las distribuciones que hoy realizará la sección local de la Cruz Roja de Sri Lanka (CRSL). Charles y los instructores de socorro dejan al personal del depósito cargando los camiones para la distribución de mañana temprano y parten por la costa hacia el este en dirección de Unawatuna, donde se hará la distribución.

Por el camino vemos casas en ruinas y ciudades de tiendas de campaña en terrenos de un verde frondoso. Por todas partes hay signos de reconstrucción y recuperación de todo lo que se puede salvar: pilas de ladrillos y tejas se erigen junto a las casas de las cuales sólo quedaron los cimientos.

Llegamos a un templo que se encuentra a 10 kilómetros camino abajo y muy cerca de una playa que figura entre las 10 más hermosas del mundo. La playa luce serena todo su esplendor que contrasta con las tiendas y las casas destrozadas a lo largo de la costa.

En el templo, las familias forman una fila ordenada y un equipo de voluntarios de la CRSL inscribe a cada beneficiario en el registro y apila a la sombra calentadores de keroseno, esterillas de dormir y mosquiteros.

Según las autoridades locales, la gente de aquí es muy vulnerable. Todos los vecinos se han quedado sin casa y muchos también han perdido familiares y medios de subsistencia.

Los voluntarios, columna vertebral de la Cruz Roja

El Sr. Lokku es voluntario de la CRSL desde las inundaciones que aquejaron al país en 2003. Cuando sobrevino el maremoto, estaba trabajando en un hotel y salvó muchas vidas llevando a los turistas escaleras arriba.

Dejó su empleo para dedicarse por completo al voluntariado y, actualmente, se encarga de mantener vivo el ánimo y el entusiasmo de los voluntarios sin que por ello olviden que necesitan también un buen descanso reparador.

El Sr. Lokku y Charles ultiman detalles del plan de distribución de hoy: saber cuanta gente ha llegado, si hay familias que no están inscritas en las listas de distribución y, en ese caso, qué les sucedió, quién evaluará su situación actual y cómo se les ayudará.

Los otros voluntarios guían a las familias de un puesto de distribución a otro; una vez que han pasado por todos tienen una buena cesta familiar que mejorará sus condiciones de vida y ayudará un poco al sostén de la familia.

El sol aprieta y Charles sale corriendo a comprar una buena cantidad de helado para que los voluntarios se relajen.

“Los primeros días, estuvieron trabajando por turnos las 24 horas. Son una parte invalorable de esta operación. Sin esas manos, jamás hubiéramos podido ayudar a tanta gente como lo hicimos. Me gusta demostrarles mi aprecio, personalmente”, me cuenta..

En esta distribución no hay problema alguno y Charles salta en el jeep de la Cruz Roja para ir al siguiente lugar de distribución que está a 40 kilómetros.

Otro día que termina


Al final del día, más de 1.000 familias de las zonas siniestradas por el tsunami han recibido mosquiteros, enseres de cocina y otros artículos de primera necesidad que les ayudarán a levantar cabeza.

Sumada esa cifra, Charles y su equipo habrán prestado asistencia a más de 180.000 damnificados, aparte de la incontable cantidad de beneficiarios de otros programas de la Cruz Roja, que abarcan el 70 por ciento de esta zona costera y comprenden: suministro de agua, atención de salud, socorro y recuperación.

De regreso a la tienda de campaña, el equipo del depósito se dispone a terminara la jornada y Charles toma contacto con la sede central para confirmar en pocos minutos que las operaciones del día se desarrollaron sin ninguna dificultad.

Luego, él y su equipo vuelven al hotel para pasar una velada tranquila bajo las estrellas, contentos de saber que aunque otro día se va, Sri Lanka sigue avanzando por el camino de la recuperación.
Charles Blake, jefe del equipo de socorro de la Cruz Roja, que llegó a Sri Lanka pocos días después del maremoto, supervisa la distribución de suministros de socorro en un templo cerca de Galle. (p12697)
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Los voluntarios de la Cruz Roja de Sri Lanka ayudan en las distribuciones de socorro para garantizar que las familias que lo necesitan reciban artículos de primera necesidad. (p12700)
El Sr. Richard trabaja en la cocina del depósito porque perdió sus medios de subsistencia; es orfebre y, antes del maremoto, vendía joyas hechas a mano a los turistas. (p12699)
Niños en la cola de un punto de distribución. Más de 180.000 damnificados se han beneficiado de estas distribuciones de la Cruz Roja en zonas siniestradas de Sri Lanka. (p12698)
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