Pensar
que por una gotita de agua, Howard Arfin tuvo tantos problemas!
Enviado a Indonesia por la Federación Internacional inmediatamente
después del tsunami del pasado 26 de diciembre, Arfin
vivió días duros y peligrosos de largas jornadas
de trabajo, junto a los equipos internacionales de intervención
de urgencia y los voluntarios locales, en medio de la indescriptible
devastación provocada por el peor tsunami de la historia
moderna: una pared de agua tan enorme que modificó la
geografía, despedazó comunidades enteras y dejó
un saldo de millares de muertos.
" Era como si una enorme guadaña hubiera segado
toda la costa", recordaba Arfin el mes pasado, cuando volvió
a su Canadá natal.
Inmediatamente después de un desastre de grandes proporciones,
la Federación envía un equipo de evaluación
y coordinación al terreno. Arfin, que formaba parte del
equipo enviado a Indonesia, se esmeraba por respetar casi todas
las consignas de salud.
Por ejemplo, bebía únicamente agua purificada
y si durante las largas jornadas de la etapa de emergencia tenía
un momento para lavarse los dientes, sólo lo hacía
con agua embotellada.
Cuando se bañaba al estilo Indonesia, es decir, echándose
jarras de agua por la cabeza, cerraba bien la boca, porque sabía
que el agua podía estar contaminada: el caño maestro
se había roto y las aguas residuales corrían junto
a la tubería del agua potable, que tenía fisuras
por donde podían filtrarse.
A pesar de todas las precauciones que tomó, Arfin tuvo
giardisis (enfermedad diarreica ocasionada por el parásito
Giardia intestinalis) y estuvo enfermo cinco días. Con
toda probabilidad, la contrajo simplemente por haberse lavado
con agua contaminada por el citado parásito.
Terminada la fase de emergencia de la operación, la Federación
Internacional redobla sus esfuerzos para que la población
de Aceh, la provincia más afectada, vuelva a tener agua
potable.
Igualmente importante es su compromiso de enseñar a esas
comunidades a utilizar el agua correctamente y dotarlas de otras
herramientas de saneamiento para que su vida sea más
saludable y con menos riesgos.
El tsunami no sólo destruyó obras sanitarias y
sistemas de abastecimiento de agua, también dejó
los pozos de hogares y comunidades llenos de escombros, fango,
aguas residuales y agua salada. Pocos días después
del desastre, la gente que no encontraba alguna fuente de agua
en las montañas ni podía ir a buscar agua potable
a la casa de algún pariente porque quedaba muy lejos,
no tuvo más remedio que utilizar agua contaminada para
el consumo y el baño.
Poco después del desastre, la Federación Internacional
envió a Indonesia cuatro unidades de intervención
de urgencia (UIU), especializadas en agua y saneamiento. Estas
unidades, integradas por delegados de las Sociedades Nacionales
de la Cruz Roja de Alemania, Austria, España, Francia,
Macedonia y Suecia, y la Sociedad Nacional de la Media Luna
Roja de Malasia, contribuyeron a prevenir un segundo desastre,
el que hubieran provocado brotes de enfermedades causadas por
el agua, pues abastecieron de agua potable a millares de personas
cada día.
Una sola de estas unidades, instalada en un convento que se
encuentra en la acera de enfrente de un centro comercial en
ruinas, suministró más de 3.000.000 de litros
de agua a los habitantes de Banda Aceh. Durante todo el día,
se llenan con gruesas mangueras los camiones cisterna que parten
hacia todos los lugares de la ciudad, mientras que los habitantes
van en bicicleta o en motocicleta a llenar bidones a la bomba
manual de agua más próxima.
Ardi Sofimar, voluntario de la Cruz Roja Indonesia que estuvo
trabajando en la ciudad de Meulaboh después del desastre,
comentaba que el agua que la gente consumía antes de
que llegara la UIU era una especie de mezcla de aceite y té.
El servicio prestado por estas UIU es tan importante, afirma
Sofimar, que mucha gente tiene pavor a que la Cruz Roja se vaya.
Disponer de agua potable sin tener que pagar, también
le permite utilizar el poco dinero que tienen para solventar
otras necesidades.
La Federación no va a cerrar ninguna bomba de agua. Las
unidades de urgencia, cuya misión era de cuatro meses,
han ido traspasando sus equipos a otros delegados de sus propias
Sociedades Nacionales para que prosigan la labor a más
largo plazo, o bien, han impartido formación directamente
a voluntarios de la Cruz Roja Indonesia (PMI) para que tomen
el relevo y que algunas plantas potabilizadoras funcionen permanentemente.
Uli Jaspers, Jefe del Departamento de Agua y Saneamiento de
la Federación Internacional, dice que “cada día
hay más necesidades que cubrir”. La Federación
aceptó proseguir las operaciones allí donde las
unidades de ejércitos extranjeros que ayudaban en la
distribución de agua empiezan a retirarse para volver
a su país.
El gobierno de Indonesia también pidió ayuda a
la PMI y a la Federación para mejorar el sistema de agua
y saneamiento en más de 60 campamentos construidos por
el Estado que sirven de refugio temporal.
En el plan general de reconstrucción, pendiente de la
aprobación del gobierno, la Federación tiene previsto
ayudar a la PMI para que preste apoyo en agua y saneamiento
a 110 pueblos de la provincia de Aceh. El Comité Internacional
de la Cruz Roja hará una labor similar en otros 90 pueblos.
Ahora bien, encontrar nuevos recursos hídricos, reparar
las obras de saneamiento y construir nuevos pozos es sólo
la mitad del trabajo, explica Jaspers y añade: “la
gente suele pensar que todo se resume en bombas y tuberías.
Pero esa es únicamente la parte visible. La parte que
no se ve, es decir, la educación y la promoción
de la higiene, es igualmente importante.”
Ena Kuang, delegada de agua y saneamiento, que al igual que
Arfin forma parte de la Cruz Roja Canadiense y participó
en la operación de la Federación a favor de los
damnificados por el tsunami, cumple esa tarea didáctica.
Hace poco, anduvo de expedición por la selva, durmiendo
en embarcaciones de pesca y esquivando cobras para evaluar las
necesidades de las comunidades y localizar manantiales de agua
pura en la isla Simelue de Aceh. No obstante, el objetivo principal
es ayudar a la gente para que aprenda a utilizar el agua y las
letrinas correctamente y evitar enfermedades.
Parte de la propuesta de esta afable mujer chino-canadiense
consiste en respaldar una iniciativa de la PMI para formar instructores.
En el marco de su programa participativo de formación
en higiene y saneamiento, la PMI selecciona hombres, mujeres
y niños de las comunidades quienes, mediante el trabajo
y los debates en grupo, descubren por sí solos los vínculos
que existen entre costumbres y enfermedades y establecen planes
para mejorar las prácticas de higiene.
“De nada sirve construir una letrina, si la gente no sabe
usarla ni qué hacer para que siga funcionando”,
explica Ena Kuang.
Opina que para superar un desastre de tal magnitud, es imprescindible
capacitar a la propia gente de allí.
“Quienes se ocupaban de agua y saneamiento en algunas
comunidades, perecieron en el desastre y, además, en
la PMI aún no había una estructura oficial de
agua y saneamiento.”
A Uli Jaspers se le planteó un desafío similar
en la República Democrática Popular de Corea,
hace siete años. Desde entonces, con ayuda de la Federación,
señala Jaspers, “la Cruz Roja de la RDPC pasó
de ninguno a 10 miembros de personal a tiempo completo en este
sector.”
La esperanza y el plan en Indonesia consisten en ayudar a la
Sociedad Nacional de la misma manera; en definitiva, todo se
resume a producir más agua potable para más gente,
gotita a gotita.
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Michael
Hodges, delegado de agua y saneamiento de la Federación
Internacional, en comisión de servicios de la Cruz
Roja Australiana, examina los pozos de lo que fuera la
ciudad de Lamno. El maremoto destruyó incontables
pozos de hogares y comunidades que, como éste,
quedaron llenos de escombros y agua salada. (p12737)
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Habitantes
de Banda Aceh se abastecen de agua potable en la “Estación
de bombeo”. La UIU austriaca instalada en lo que
antes era el centro de aguas de la ciudad, destruido por
el tsunami, bombea el agua de un depósito subterráneo
y, cada día, suministra agua a miles de personas.
(p12735)
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Werner
Meisinger, jefe del equipo de la Cruz Roja Austriaca y
Atik Amburwati, su homólogo de la Cruz Roja Indonesia,
trabajan juntos en este tanque de agua que se encuentra
cerca de una escuela y es uno de los 23 puntos de abastecimiento
de agua, cuyo servicio y mantenimiento dependen de las
plantas potabilizadoras de la Federación y la PMI,
en Banda Aceh. (p12734)
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Ena
Kuang, delegada de agua y saneamiento, visita la “Estación
de bombeo” con Ole Hauge, Jefe de la Delegación
de la Federación en Indonesia. Kuang se ocupa de
la parte didáctica del plan de agua de la Federación:
enseñar a utilizar el agua y las letrinas correctamente.
(p12736)
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