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Agua potable: Abastecimiento de emergencia y a largo plazo en Indonesia
22 de marzo de 2005
Virgil Grandfield, Banda Aceh
Pensar que por una gotita de agua, Howard Arfin tuvo tantos problemas!

Enviado a Indonesia por la Federación Internacional inmediatamente después del tsunami del pasado 26 de diciembre, Arfin vivió días duros y peligrosos de largas jornadas de trabajo, junto a los equipos internacionales de intervención de urgencia y los voluntarios locales, en medio de la indescriptible devastación provocada por el peor tsunami de la historia moderna: una pared de agua tan enorme que modificó la geografía, despedazó comunidades enteras y dejó un saldo de millares de muertos.

" Era como si una enorme guadaña hubiera segado toda la costa", recordaba Arfin el mes pasado, cuando volvió a su Canadá natal.

Inmediatamente después de un desastre de grandes proporciones, la Federación envía un equipo de evaluación y coordinación al terreno. Arfin, que formaba parte del equipo enviado a Indonesia, se esmeraba por respetar casi todas las consignas de salud.

Por ejemplo, bebía únicamente agua purificada y si durante las largas jornadas de la etapa de emergencia tenía un momento para lavarse los dientes, sólo lo hacía con agua embotellada.

Cuando se bañaba al estilo Indonesia, es decir, echándose jarras de agua por la cabeza, cerraba bien la boca, porque sabía que el agua podía estar contaminada: el caño maestro se había roto y las aguas residuales corrían junto a la tubería del agua potable, que tenía fisuras por donde podían filtrarse.

A pesar de todas las precauciones que tomó, Arfin tuvo giardisis (enfermedad diarreica ocasionada por el parásito Giardia intestinalis) y estuvo enfermo cinco días. Con toda probabilidad, la contrajo simplemente por haberse lavado con agua contaminada por el citado parásito.

Terminada la fase de emergencia de la operación, la Federación Internacional redobla sus esfuerzos para que la población de Aceh, la provincia más afectada, vuelva a tener agua potable.

Igualmente importante es su compromiso de enseñar a esas comunidades a utilizar el agua correctamente y dotarlas de otras herramientas de saneamiento para que su vida sea más saludable y con menos riesgos.

El tsunami no sólo destruyó obras sanitarias y sistemas de abastecimiento de agua, también dejó los pozos de hogares y comunidades llenos de escombros, fango, aguas residuales y agua salada. Pocos días después del desastre, la gente que no encontraba alguna fuente de agua en las montañas ni podía ir a buscar agua potable a la casa de algún pariente porque quedaba muy lejos, no tuvo más remedio que utilizar agua contaminada para el consumo y el baño.

Poco después del desastre, la Federación Internacional envió a Indonesia cuatro unidades de intervención de urgencia (UIU), especializadas en agua y saneamiento. Estas unidades, integradas por delegados de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja de Alemania, Austria, España, Francia, Macedonia y Suecia, y la Sociedad Nacional de la Media Luna Roja de Malasia, contribuyeron a prevenir un segundo desastre, el que hubieran provocado brotes de enfermedades causadas por el agua, pues abastecieron de agua potable a millares de personas cada día.

Una sola de estas unidades, instalada en un convento que se encuentra en la acera de enfrente de un centro comercial en ruinas, suministró más de 3.000.000 de litros de agua a los habitantes de Banda Aceh. Durante todo el día, se llenan con gruesas mangueras los camiones cisterna que parten hacia todos los lugares de la ciudad, mientras que los habitantes van en bicicleta o en motocicleta a llenar bidones a la bomba manual de agua más próxima.

Ardi Sofimar, voluntario de la Cruz Roja Indonesia que estuvo trabajando en la ciudad de Meulaboh después del desastre, comentaba que el agua que la gente consumía antes de que llegara la UIU era una especie de mezcla de aceite y té.

El servicio prestado por estas UIU es tan importante, afirma Sofimar, que mucha gente tiene pavor a que la Cruz Roja se vaya. Disponer de agua potable sin tener que pagar, también le permite utilizar el poco dinero que tienen para solventar otras necesidades.

La Federación no va a cerrar ninguna bomba de agua. Las unidades de urgencia, cuya misión era de cuatro meses, han ido traspasando sus equipos a otros delegados de sus propias Sociedades Nacionales para que prosigan la labor a más largo plazo, o bien, han impartido formación directamente a voluntarios de la Cruz Roja Indonesia (PMI) para que tomen el relevo y que algunas plantas potabilizadoras funcionen permanentemente.

Uli Jaspers, Jefe del Departamento de Agua y Saneamiento de la Federación Internacional, dice que “cada día hay más necesidades que cubrir”. La Federación aceptó proseguir las operaciones allí donde las unidades de ejércitos extranjeros que ayudaban en la distribución de agua empiezan a retirarse para volver a su país.

El gobierno de Indonesia también pidió ayuda a la PMI y a la Federación para mejorar el sistema de agua y saneamiento en más de 60 campamentos construidos por el Estado que sirven de refugio temporal.

En el plan general de reconstrucción, pendiente de la aprobación del gobierno, la Federación tiene previsto ayudar a la PMI para que preste apoyo en agua y saneamiento a 110 pueblos de la provincia de Aceh. El Comité Internacional de la Cruz Roja hará una labor similar en otros 90 pueblos.

Ahora bien, encontrar nuevos recursos hídricos, reparar las obras de saneamiento y construir nuevos pozos es sólo la mitad del trabajo, explica Jaspers y añade: “la gente suele pensar que todo se resume en bombas y tuberías. Pero esa es únicamente la parte visible. La parte que no se ve, es decir, la educación y la promoción de la higiene, es igualmente importante.”

Ena Kuang, delegada de agua y saneamiento, que al igual que Arfin forma parte de la Cruz Roja Canadiense y participó en la operación de la Federación a favor de los damnificados por el tsunami, cumple esa tarea didáctica.

Hace poco, anduvo de expedición por la selva, durmiendo en embarcaciones de pesca y esquivando cobras para evaluar las necesidades de las comunidades y localizar manantiales de agua pura en la isla Simelue de Aceh. No obstante, el objetivo principal es ayudar a la gente para que aprenda a utilizar el agua y las letrinas correctamente y evitar enfermedades.

Parte de la propuesta de esta afable mujer chino-canadiense consiste en respaldar una iniciativa de la PMI para formar instructores. En el marco de su programa participativo de formación en higiene y saneamiento, la PMI selecciona hombres, mujeres y niños de las comunidades quienes, mediante el trabajo y los debates en grupo, descubren por sí solos los vínculos que existen entre costumbres y enfermedades y establecen planes para mejorar las prácticas de higiene.

“De nada sirve construir una letrina, si la gente no sabe usarla ni qué hacer para que siga funcionando”, explica Ena Kuang.
Opina que para superar un desastre de tal magnitud, es imprescindible capacitar a la propia gente de allí.

“Quienes se ocupaban de agua y saneamiento en algunas comunidades, perecieron en el desastre y, además, en la PMI aún no había una estructura oficial de agua y saneamiento.”

A Uli Jaspers se le planteó un desafío similar en la República Democrática Popular de Corea, hace siete años. Desde entonces, con ayuda de la Federación, señala Jaspers, “la Cruz Roja de la RDPC pasó de ninguno a 10 miembros de personal a tiempo completo en este sector.”

La esperanza y el plan en Indonesia consisten en ayudar a la Sociedad Nacional de la misma manera; en definitiva, todo se resume a producir más agua potable para más gente, gotita a gotita.
Michael Hodges, delegado de agua y saneamiento de la Federación Internacional, en comisión de servicios de la Cruz Roja Australiana, examina los pozos de lo que fuera la ciudad de Lamno. El maremoto destruyó incontables pozos de hogares y comunidades que, como éste, quedaron llenos de escombros y agua salada. (p12737)
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Leer el comunicado de prensa
Operación tsunami
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Habitantes de Banda Aceh se abastecen de agua potable en la “Estación de bombeo”. La UIU austriaca instalada en lo que antes era el centro de aguas de la ciudad, destruido por el tsunami, bombea el agua de un depósito subterráneo y, cada día, suministra agua a miles de personas. (p12735)
Werner Meisinger, jefe del equipo de la Cruz Roja Austriaca y Atik Amburwati, su homólogo de la Cruz Roja Indonesia, trabajan juntos en este tanque de agua que se encuentra cerca de una escuela y es uno de los 23 puntos de abastecimiento de agua, cuyo servicio y mantenimiento dependen de las plantas potabilizadoras de la Federación y la PMI, en Banda Aceh. (p12734)
Ena Kuang, delegada de agua y saneamiento, visita la “Estación de bombeo” con Ole Hauge, Jefe de la Delegación de la Federación en Indonesia. Kuang se ocupa de la parte didáctica del plan de agua de la Federación: enseñar a utilizar el agua y las letrinas correctamente. (p12736)
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