Las
olas que arrasaron la isla se llevaron a dos hijos de Mohammed
Ahmed: un niño de cinco años y una niñita
de siete meses. El niño estaba con su mamá y la
niña en brazos de una hermana mayor cuando toda la familia
fue arrastrada hacia mar.
A pesar de tener una pierna herida, Mohammed logró salvar
a su hija mayor, pero los otros dos perecieron. El cadáver
del niño fue encontrado tres días después,
pero el de la niña pequeña no apareció.
“Ahora va mejor”, dice Mohammed y nos muestra los
cicatrices de su pierna. “Pero mi mujer todavía
no puede dormir por las noches y yo me desvelo pensando o tengo
pesadillas.”
Casi tres meses después del maremoto que arrasó
el archipiélago de las Maldivas, la reconstrucción
de viviendas está bien encaminada, las heridas físicas
van cicatrizando, pero las lesiones mentales tardarán
mucho más en desaparecer.
Miles de maldivos vivieron dramas similares al de Mohammed.
Dos tercios de los 300.000 habitantes repartidos entre las 199
islas fueron afectados por el desastre. Hubo más de 80
muertos, 1.313 heridos y casi 30.000 desplazados.
Las secuelas de aquel día fatídico se manifiestan
de varias maneras. Hay niños que vuelven a mojar la cama,
algunos están menos inquietos o más agresivos
que de costumbre y otros lloran o no pueden dormir.
En un campamento de desplazados de la isla Gan, atolón
de Laamu, una niñita deambula con una pelota de fútbol
en los brazos. Siempre está seria y no se relaciona con
los otros niños. Algunos adultos no quieren hablar ni
que le saquen fotos. Las miradas perdidas en el vacío
dejan traslucir experiencias dolorosas de las que todavía
cuesta mucho hablar.
El tsunami arrasó con todo
“Estuvimos en varias islas del atolón de Laamu,
20 días después del desastre. Había gente
sentada en medio de las ruinas con la mirada perdida en el vacío”,
recuerda Anthu Ismail que es asesor de la juventud y participa
en el programa de apoyo psicológico que lleva a cabo
la Cruz Roja Estadounidense con respaldo del Centro Nacional
de Gestión de Desastres, de Maldivas.
Aunque es difícil evaluar cuánta gente sufre trastornos
psicológicos después del desastre, los expertos
concuerdan en que toda la población fue afectada en mayor
o menor medida. La superficie del país es enorme, pero
la población es escasa y existe una gran cohesión
social entre las comunidades. Quienes no fueron afectados directamente
tienen familiares o amigos que sí lo fueron.
El Dr. Satya Brata Dash, psiquiatra de la India que dirige el
programa psicosocial de la Cruz Roja Estadounidense en Maldivas,
insiste en que organizaciones como la Cruz Roja y la Media Luna
Roja traten de cubrir las necesidades psicológicas de
los maldivos y se aseguren que los damnificados no “pierdan
el tino”.
"Cuando se establece un diagnóstico psiquiátrico,
habitualmente, se deriva al paciente al sistema de salud. Ahora
bien, quienes están angustiados, pero no presentan síntomas
acordes con los criterios de diagnóstico psiquiátrico,
quedan fueran de ese sistema, y tal podría ser el caso
de muchos afectados por el maremoto", explica el Dr. Satya.
Afirma que esta gente tiene problemas porque sufre en carne
propia las consecuencias del tsunami: pérdida de seres
queridos; desplazamiento; dificultades financieras; pérdida
de medios de subsistencia o sentimiento de culpa.
El Dr. Satya piensa que sin ayuda muchos acabarán con
trastornos psiquiátricos y la infraestructura local no
podrá hacer frente a la situación; riesgo muy
real, cuando se sabe que en el sistema de salud de Maldivas
hay un solo psiquiatra diplomado.
Volver a la rutina cotidiana
El equipo de atención psicosocial de la Cruz Roja Estadounidense
llegó a las Maldivas 10 días después del
desastre para poner en marcha un programa de apoyo psicológico,
centrado en la comunidad, que abarcara todo el país.
La Cruz Roja Estadounidense lleva a cabo un programa similar
en Sri Lanka y tiene previsto uno en la India y otro en Indonesia.
Mediante el apoyo psicológico, este programa ayuda a
superar el estrés y a desarrollar la capacidad de resistencia.
También se ayuda a la gente a “procesar”
la experiencia, pidiéndole que cuente lo que vivió
y que trate de volver a su rutina cotidiana. A los niños,
se les alienta a expresarse mediante el dibujo o el modelado
en arcilla.
El equipo impartió cursos acelerados para capacitar a
57 asesores de primeros auxilios psicológicos que luego
estuvieron en siete de los atolones más afectados. Durante
esas visitas se crearon “brigadas de apoyo emocional”
integradas por voluntarios a quienes también se impartió
formación para que prosigan las actividades a escala
local.
Además, se instruyó a 321 maestros de todo el
país que, actualmente, realizan actividades en las escuelas
de sus respectivas islas. Paralelamente a las actividades escolares,
los docentes organizan ejercicios para ayudar a los niños.
"Muchos maestros no lograron manejar el cambio de comportamiento
de los niños; decían que todo iba bien, pero cuando
vieron los dibujos se dieron cuenta que no era así. Ahora,
comprenden que llevará mucho tiempo", comenta Fathimath
Zeeshan Latheef que también es maestra.
Abdul Zamad, otra maestra de una escuela de la isla Fonador,
piensa que la formación fue muy oportuna: “Cuando
retomamos las clases después del tsunami, algunos niños
estaban gravemente afectados. En el cursillo nos enseñaron
técnicas para ayudarles a reducir el estrés y
superar los problemas. Ahora hacemos ejercicios de dibujo para
que expresen sus temores y lo que vivieron a raíz de
este desastre.”
Necesidades a largo plazo
El programa cumple la importante tarea de detectar las necesidades
inmediatas desde el punto de vista psicológico y las
autoridades locales aprecian la rápida intervención
de la Cruz Roja. Arif Rashid, Coordinador de la Unidad de Apoyo
Psicológico del Centro Nacional de Gestión de
Desastres, considera que la asistencia fue muy importante.
“Ninguno de nuestros asesores tenía experiencia
en esta clase de traumas. Nunca nos habíamos encontrado
en una situación similar. Maldivas siempre había
sido una zona exenta de desastres. Tampoco contábamos
con la capacidad ni la experiencia previa que son imprescindibles
frente a un desastre de tales proporciones”, explica.
No obstante, sabe muy bien que el apoyo psicológico debe
continuar. Ahora, que la fase de emergencia está a punto
de terminar, Arif Rashid y el Dr. Satya hacen hincapié
en que existen necesidades a largo plazo que exigen un empeño
a largo plazo.
La Cruz Roja Estadounidense y el Centro Nacional de Gestión
de Desastres se disponen a iniciar un programa bienal de apoyo
psicosocial en escuelas y comunidades. La experiencia adquirida
durante la fase de emergencia se utilizará para crear
una unidad nacional de intervención de urgencia.
“De esta manera, los damnificados ya no serán víctimas
sino vencedores. El programa a largo plazo les ayudará
a superar el desastre y a idear mecanismos para abordar futuros
problemas de la comunidad”, afirma el Dr. Satya.
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| En
un campamento de desplazados de la isla de Gan, esta pequeña
deambula con una pelota en los brazos. Muchos niños
se han vuelto retraídos, después del desastre.
(p12722) |
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| Dos
niños modelan arcilla; la Cruz Roja Estadounidense
utiliza está técnica para ayudar a los niños
a “procesar” lo que han vivido. (p12723)
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| Un
elemento importante de la labor de la Cruz Roja Estadounidense
en las Maldivas consiste en organizar actividades recreativas
para ayudar a los niños a superar sus traumas.
(p12724) |
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| Anthu
Ismail, una de las maestras que recibió instrucción
de la Cruz Roja, transmite lo aprendido a sus colegas
de una de las islas siniestradas. (p12725) |
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| Los
dibujos infantiles revelan el terror que sintieron los
niños durante el tsunami. (p12726) |
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