El
velo negro que cubre su rostro sólo deja ver los ojos
de Rohil Al Azizah de 15 años. A primera vista, parecen
tristes y, un momento después, indican que sonríe.
Hace dos meses, Rohil se matriculó en el pensionado islámico
para jovencitas de Montasik, cerca de Banda Aceh y, desde entonces,
se siente más serena respecto a la devastación
y el sufrimiento que causó el tsunami a su familia. Los
integrantes de los equipos de apoyo psicosocial de la Cruz Roja
Estadounidense y la Media Luna Roja Turca, que recibieron formación
para cumplir esa función inmediatamente después
de un desastre, estuvieron allí para ayudarle a volver
a divertirse y sonreír
Rohil estuvo acondicionando y pegando palitos, como los que
se usan para los helados, que le proporcionó el equipo
asesor. Esa tarea forma parte del enfoque basado en la actividad
que dicho equipo utiliza en escuelas y orfanatos con los supervivientes
del tsunami. Tras haber fabricado un cuenco y una caja de lápices,
Rohil está dispuesta a contar su experiencia.
Después del violento terremoto del 26 de diciembre, Rohil
y su familia oyeron a la gente gritando: “¡Se viene
el agua!” Ella, su hermano y su hermana mayores se subieron
al coche y escaparon. Sus padres, su hermano y su hermana menores
no lo lograron y la ola gigante los arrastró junto con
todo el pueblo.
“Vi a mi padre y a mi madre flotando frente a mí,
pero no pude hacer nada”, recuerda Rohil con los ojos
llenos de lágrimas.
Cuando las aguas remitieron y el coche dejó de flotar,
Rohil se bajó para socorrer a su mamá. Puesto
que le habían encontrado viva, la familia pensó
que el padre también había sobrevivido y siguieron
buscándole. Rohil creyó haber oído a su
padre pidiendo auxilio.
“Grité lo más fuerte que pude, llamándole”,
prosigue la adolescente.
Rohil encontró a su padre inerte en el tejado de la casa.
Después de haber pedido auxilio varias veces, finalmente,
un hombre le ayudó a bajarlo. Entonces, lo llevó
al centro de salud más cercano.
“Había tragado demasiada agua”, dice apenada
y añade que su padre falleció al día siguiente
del tsunami. También vivió la tragedia de haber
perdido a su hermana menor, pero su otro hermano fue rescatado.
Ahora, que estudia y aprende el Corán en el pensionado,
Rohil trata de realizar el último sueño de su
padre. La compañía de 80 compañeras y 15
docentes le ofrece la posibilidad de compartir lo que siente
y le ayuda a sobrellevar la pérdida sufrida.
La semana pasada, a Rohil le dio mucha alegría ver llegar
a su escuela al equipo de apoyo psicosocial de la Cruz Roja
Estadounidense y la Media Luna Roja Turca. Estos expertos en
salud mental propusieron a las alumnas actividades creativas
(cocinar, amasar y hacer manualidades) que les permitieron expresarse.
Dichas actividades también alentaron un intercambio fluido
y natural entre las chicas que compartieron sus sentimientos
por la pérdida de seres queridos. La asistente de la
directora le comentó a un voluntario de la PMI que nunca
había visto a las muchachas tan contentas como cuando
habían cocinado y preparado caramelos todas juntas.
“Por regla general, a estas jovencitas no se les permite
salir, así que su vida se limita a estudiar. Tampoco
comparten lo que sienten porque saben que la mayoría
sufrió el trauma del tsunami; de ahí que las actividades
en grupo les ayuden a desenvolverse con sus sentimientos y a
sobreponerse”, explica Meric Gozden, asistente social
de la Media Luna Roja Turca.
Además de las actividades terapéuticas para niños
y adolescentes, la Cruz Roja distribuye artículos para
ayudarles a ellos y a quienes les cuidan. La PMI decidió
ofrecerles colchones, almohadas y ropa de cama.
La Cruz Roja Estadounidense y la Media Luna Roja Turca proporcionaron
catres y material a las escuelas: cuadernos, lápices,
crayolas, pinturas y pinceles.
“Los niños pintaron su propia escuela para que
recobren el sentimiento de pertenencia, ya que algunos quedaron
huérfanos, no tienen hogar y se les ha desplazado de
su comunidad”, señala Sujata Bordoloi de la Cruz
Roja Estadounidense.
Bordoloi agrega que las actividades ampliaron el horizonte de
las chicas. “Cuando los equipos de apoyo psicosocial iban
saliendo del pensionado les oyeron comentar que ahora tenían
nuevos amigos.”
El tsunami sembró destrucción en la vida de quienes
lo perdieron todo, pero programas terapéuticos y de asesoramiento
como los que llevan a cabo los equipos de la Cruz Roja y de
la Media Luna Roja son un soplo de esperanza en la vida de los
niños y los seguirán siendo en los años
venideros.
Los planes de recuperación a largo plazo de la Cruz Roja
Estadounidense incluyen programas de salud mental en 30 escuelas
y 30 comunidades de dos distritos de Aceh que ayudarán
a miles de personas a sobreponerse de la experiencia traumática
del terremoto y el tsunami.
Paralelamente, dichos programas contribuirán a que muchos
otras chicas como Rohil no se expresen solamente con la mirada.
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Rohil
Al Azizah, superviviente del tsunami, se sobrepone de
la pérdida de su padre y su hermana menor. Foto:
Federación Internacional (p12995)
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Una
joven superviviente prepara caramelos en una escuela de
niñas cerca de Banda Aceh; esta es una de las numerosas
actividades previstas por los equipos de apoyo psicosocial
de la Cruz Roja Estadounidense y la Media Luna Roja Turca
para ayudarles a compartir y superar el dolor y el estrés.
Foto: Federación Internacional (p12996)
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Sujarta
Bordoloi, de la Cruz Roja Indonesia* entrega libros a
la directora del orfanato de niñas cercano a Banda
Aceh. Foto: Federación Internacional (p12997)
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En
el marco del programa común de la Cruz Roja Indonesia,
la Cruz Roja Estadounidense y la Media Luna Roja Turca
en Aceh, se impartió formación en apoyo
psicosocial a un grupo de voluntarios. Foto: Federación
Internacional (p12998)
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