“Les
deseo muchos años felices en su nueva casa familiar”,
les dijo Robert Tickner, Gerente de la Cruz Roja Australiana,
a Joshua, Rosinta, su esposa, y sus tres hijos, al entregarles
la llave plateada de su nuevo hogar en el pueblo de Sirombu.
Situado en una angosta península de la costa sudoccidental
de la isla de Nias, Sirombu fue arrasado por las olas del tsunami
que barrieron muchas aldeas costeras y destruyeron comunidades
enteras.
En el desastre perecieron 300 habitantes de Nias, frente a la
costa occidental de Sumatra, y gran parte de la infraestructura
resultó dañada. A pesar de todo, la familia de
Joshua tuvo suerte porque su casa se salvó de la peor
furia de la naturaleza y sólo sufrió daños
menores.
Pero lo peor quedaba por venir. En marzo, un violento terremoto
de 8,7 grados en la escala de Richter, sacudió la isla
de Nias. Iglesias, escuelas, tiendas y pequeños negocios
fueron destruidos. Enteras comunidades quedaron en ruinas.
En toda la isla, las carreteras dan testimonio de la fuerza
destructora del terremoto. Llenas de baches y resquebrajadas
son meras huellas rocosas que se parecen más a lechos
secos de ríos que a caminos.
Y a ambos lados de esas carreteras, las familias viven apiñadas
bajo toldos de plástico azul que ondean levemente o en
tiendas de campaña, donados por los organismos de ayuda,
que se alzan cerca de sus casas destruidas. Las estructuras
de tela y plástico, siempre fueron un alojamiento temporal
para personas sin hogar.
Según las Naciones Unidas, en el terremoto de marzo murieron
más de 1.000 personas y centenares de familias perdieron
su hogar; entre ellas la de Joshua, cuando se derrumbaron los
edificios que el terremoto del primer día laborable después
de Navidad ya había debilitado.
Joshua estaba en su casa cuando el segundo y violento terremoto
la redujo a un montón de escombros, vigas y vidrios rotos.
“Estaba triste por haber perdido mi casa, pero gracias
a dios, mi esposa y mis hijos estaban a salvo”, comenta
Joshua.
Como no querían alejarse demasiado de su casa, la familia
vivió tres meses en una tienda de campaña instalada
en el pasto sucio del borde de un camino, cerca de su casa destruida.
Tres meses después del terremoto de marzo, damnificados
como Joshua y Rosinta tienen oportunidad de iniciar el proceso
de reconstruir su vida.
En Nias, la Cruz Roja Australiana trabaja con la Fundación
Zero to One para ayudar a construir 254 casas, nueve puentes,
dos escuelas, tres plantas potabilizadoras y un centro de primeros
auxilios.
La familia de Joshua fue la primera que recibió el regalo
de una nueva casa, en el marco de un proyecto por valor de 600.000
dólares australianos. En los próximos meses, centenares
de familias se mudarán a casas construidas con las donaciones
que el pueblo australiano hizo a la Cruz Roja.
Aún quedan muchas casas por construir, pero en un gran
predio verde cerca al pueblo destruido de Sirombu, se ven claramente
los cimientos y el encofrado de las casas en construcción.
Aunque se trate de viviendas modestas según los niveles
occidentales, aquí en Sirombu, la comunidad las aprecia.
“Soy oriundo de Sirombu,” dice afablemente Fona
Marundrury, que vestido con una camiseta blanca y pantalones
oscuros transpira bajo el sol del mediodía. Este corredor
de bolsa de 39 años, es un miembro respetado de la comunidad;
vive en Yakarta y cuando un primo de Nias lo llamó para
decirle que la isla había sido siniestrada por el tsunami,
se vino enseguida para ayudar a su gente.
“Cuando supe del desastre de Nias, me preocupé
mucho. Me resultaba difícil imaginar lo que le había
ocurrido a mi gente. Nadie podía decirme nada, entonces,
tenía que venir”, explica.
Al otro día, el 27 de diciembre, voló a Nias.
Alquiló una motocicleta en el aeropuerto Binaka, en la
costa oriental de la isla. Sirombu queda a 50 kilómetros
de allí y recorrerlos le llevó tres horas, pero
fue una de las primeras personas que llegó a la comunidad
devastada.
Lo que vio le conmovió profundamente. La mayoría
de las casas estaban destruidas, pero el desastre se había
cobrado menos de 40 vidas en su pueblo.
“Sirombu se encuentra en una península minúscula.
Por lo tanto, fue azotada en dos direcciones. La tierra estaba
prácticamente bajo el agua. Sirombu fue una de las zonas
más siniestradas por el tsunami”, señala
el Sr. Fona.
En Sirombu, el proyecto de construcción de viviendas
de la Cruz Roja Australiana es uno de los esfuerzos de socorro
más exitosos hasta la fecha. La fase de emergencia terminó
hace sólo tres meses y ya hay familias instaladas en
sus nuevas casas.
Aunque se quería responder rápidamente a las necesidades
de vivienda de Nias, la planificación minuciosa y la
consulta con la comunidad eran cruciales. Antes de echar los
cimientos o poner una sola viga, colaboradores de la Cruz Roja
y de la Fundación Zero to One trabajaron con dirigentes
de la comunidad para definir esas necesidades.
Ancianos, líderes comunitarios y jefes de familia se
reunieron en una iglesia sin techo y dañada por el terremoto
donde sentados en bancos destartalados y pedazos de madera trataron
el asunto. Según el Sr. Fona, participaron unas 200 familias.
“Nos sentamos a charlar sobre cuestiones tales como la
elección de materiales. Se preguntó a los vecinos
si preferían casas de madera o de cemento; si estaban
de acuerdo en que las casas se construyeran lejos del mar y
las carreteras. ¿Querían proponer ideas sobre
los planos de las viviendas? Se hicieron muchas preguntas, pero
fue un buen procedimiento”, afirma el Sr. Fona.
Su actividad profesional en Yakarta mantiene al Sr. Fona alejado
de Sirombu más de lo que quisiera. Pero en los seis últimos
meses, todos los fines de semana hace el largo e incómodo
viaje de la capital de Indonesia a la isla de Nias. Está
muy satisfecho de la función que cumple para ayudar a
rehabilitar la tierra de su infancia.
“Estoy muy agradecido de estar aquí y participar.
Le doy gracias a dios que la gente de la Cruz Roja quiera ayudar.”
Del otro lado del camino, la esposa de Joshua y sus tres hijos
– Joshua de 11 años, Ekwivalen de siete y Obina
de cinco – exploran alegremente su nueva casa de un solo
piso. Los vecinos vinieron a darles la bienvenida y la habitación
del frente de la casa resulta pequeña para acoger a docenas
de personas que sentadas sobre tapices saborean el té
y comparten el plato de arroz y pollo.
El proyecto de construcción de vivienda terminará
dentro de algunos meses y, por lo tanto, muchas familias de
Sirombu tendrán que seguir soportando el alojamiento
temporal por algún tiempo, pero muy pronto, las familias
de este hermoso pueblo destruido volverán a tener su
propio hogar.
“Para mí significa mucho tener un lugar que puedo
llamar mi hogar”, dice Joshua reteniendo las lágrimas.
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Robert
Tickner, Gerente de la Cruz Roja Australiana, entrega
a Joshua y Rosinta la llave de su nueva casa en el pueblo
de Sirombu. Debilitada por el terremoto y el tsunami del
26 de diciembre de 2004, su casa se derrumbó en
el violento terremoto que sacudió Nias el pasado
mes de marzo. Foto: Cruz Roja Australiana (p13030)
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El
Sr. Fona, corredor de bolsa, vive en Yakarta y todos los
fines de semana vuelve a su Sirombu natal para ayudar
a la comunidad damnificada por los desastres. Foto: Cruz
Roja Australiana (p13031)
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Las
obras siguen adelante en Nias, donde la Cruz Roja Australiana
y la Fundación Zero to One construyen 254 casas,
nueve puentes, dos escuelas, tres plantas potabilizadoras
y un centro de primeros auxilios. Foto: Cruz Roja Australiana
(p13032)
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