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Isleños de Nias ya tienen un hogar
25 de julio de 2005
Ian Woolverton, Cruz Roja Australiana, isla de Nias
“Les deseo muchos años felices en su nueva casa familiar”, les dijo Robert Tickner, Gerente de la Cruz Roja Australiana, a Joshua, Rosinta, su esposa, y sus tres hijos, al entregarles la llave plateada de su nuevo hogar en el pueblo de Sirombu.

Situado en una angosta península de la costa sudoccidental de la isla de Nias, Sirombu fue arrasado por las olas del tsunami que barrieron muchas aldeas costeras y destruyeron comunidades enteras.

En el desastre perecieron 300 habitantes de Nias, frente a la costa occidental de Sumatra, y gran parte de la infraestructura resultó dañada. A pesar de todo, la familia de Joshua tuvo suerte porque su casa se salvó de la peor furia de la naturaleza y sólo sufrió daños menores.

Pero lo peor quedaba por venir. En marzo, un violento terremoto de 8,7 grados en la escala de Richter, sacudió la isla de Nias. Iglesias, escuelas, tiendas y pequeños negocios fueron destruidos. Enteras comunidades quedaron en ruinas.

En toda la isla, las carreteras dan testimonio de la fuerza destructora del terremoto. Llenas de baches y resquebrajadas son meras huellas rocosas que se parecen más a lechos secos de ríos que a caminos.

Y a ambos lados de esas carreteras, las familias viven apiñadas bajo toldos de plástico azul que ondean levemente o en tiendas de campaña, donados por los organismos de ayuda, que se alzan cerca de sus casas destruidas. Las estructuras de tela y plástico, siempre fueron un alojamiento temporal para personas sin hogar.

Según las Naciones Unidas, en el terremoto de marzo murieron más de 1.000 personas y centenares de familias perdieron su hogar; entre ellas la de Joshua, cuando se derrumbaron los edificios que el terremoto del primer día laborable después de Navidad ya había debilitado.

Joshua estaba en su casa cuando el segundo y violento terremoto la redujo a un montón de escombros, vigas y vidrios rotos. “Estaba triste por haber perdido mi casa, pero gracias a dios, mi esposa y mis hijos estaban a salvo”, comenta Joshua.

Como no querían alejarse demasiado de su casa, la familia vivió tres meses en una tienda de campaña instalada en el pasto sucio del borde de un camino, cerca de su casa destruida.

Tres meses después del terremoto de marzo, damnificados como Joshua y Rosinta tienen oportunidad de iniciar el proceso de reconstruir su vida.

En Nias, la Cruz Roja Australiana trabaja con la Fundación Zero to One para ayudar a construir 254 casas, nueve puentes, dos escuelas, tres plantas potabilizadoras y un centro de primeros auxilios.

La familia de Joshua fue la primera que recibió el regalo de una nueva casa, en el marco de un proyecto por valor de 600.000 dólares australianos. En los próximos meses, centenares de familias se mudarán a casas construidas con las donaciones que el pueblo australiano hizo a la Cruz Roja.

Aún quedan muchas casas por construir, pero en un gran predio verde cerca al pueblo destruido de Sirombu, se ven claramente los cimientos y el encofrado de las casas en construcción. Aunque se trate de viviendas modestas según los niveles occidentales, aquí en Sirombu, la comunidad las aprecia.

“Soy oriundo de Sirombu,” dice afablemente Fona Marundrury, que vestido con una camiseta blanca y pantalones oscuros transpira bajo el sol del mediodía. Este corredor de bolsa de 39 años, es un miembro respetado de la comunidad; vive en Yakarta y cuando un primo de Nias lo llamó para decirle que la isla había sido siniestrada por el tsunami, se vino enseguida para ayudar a su gente.

“Cuando supe del desastre de Nias, me preocupé mucho. Me resultaba difícil imaginar lo que le había ocurrido a mi gente. Nadie podía decirme nada, entonces, tenía que venir”, explica.

Al otro día, el 27 de diciembre, voló a Nias. Alquiló una motocicleta en el aeropuerto Binaka, en la costa oriental de la isla. Sirombu queda a 50 kilómetros de allí y recorrerlos le llevó tres horas, pero fue una de las primeras personas que llegó a la comunidad devastada.

Lo que vio le conmovió profundamente. La mayoría de las casas estaban destruidas, pero el desastre se había cobrado menos de 40 vidas en su pueblo.

“Sirombu se encuentra en una península minúscula. Por lo tanto, fue azotada en dos direcciones. La tierra estaba prácticamente bajo el agua. Sirombu fue una de las zonas más siniestradas por el tsunami”, señala el Sr. Fona.

En Sirombu, el proyecto de construcción de viviendas de la Cruz Roja Australiana es uno de los esfuerzos de socorro más exitosos hasta la fecha. La fase de emergencia terminó hace sólo tres meses y ya hay familias instaladas en sus nuevas casas.

Aunque se quería responder rápidamente a las necesidades de vivienda de Nias, la planificación minuciosa y la consulta con la comunidad eran cruciales. Antes de echar los cimientos o poner una sola viga, colaboradores de la Cruz Roja y de la Fundación Zero to One trabajaron con dirigentes de la comunidad para definir esas necesidades.

Ancianos, líderes comunitarios y jefes de familia se reunieron en una iglesia sin techo y dañada por el terremoto donde sentados en bancos destartalados y pedazos de madera trataron el asunto. Según el Sr. Fona, participaron unas 200 familias.

“Nos sentamos a charlar sobre cuestiones tales como la elección de materiales. Se preguntó a los vecinos si preferían casas de madera o de cemento; si estaban de acuerdo en que las casas se construyeran lejos del mar y las carreteras. ¿Querían proponer ideas sobre los planos de las viviendas? Se hicieron muchas preguntas, pero fue un buen procedimiento”, afirma el Sr. Fona.

Su actividad profesional en Yakarta mantiene al Sr. Fona alejado de Sirombu más de lo que quisiera. Pero en los seis últimos meses, todos los fines de semana hace el largo e incómodo viaje de la capital de Indonesia a la isla de Nias. Está muy satisfecho de la función que cumple para ayudar a rehabilitar la tierra de su infancia.

“Estoy muy agradecido de estar aquí y participar. Le doy gracias a dios que la gente de la Cruz Roja quiera ayudar.”

Del otro lado del camino, la esposa de Joshua y sus tres hijos – Joshua de 11 años, Ekwivalen de siete y Obina de cinco – exploran alegremente su nueva casa de un solo piso. Los vecinos vinieron a darles la bienvenida y la habitación del frente de la casa resulta pequeña para acoger a docenas de personas que sentadas sobre tapices saborean el té y comparten el plato de arroz y pollo.

El proyecto de construcción de vivienda terminará dentro de algunos meses y, por lo tanto, muchas familias de Sirombu tendrán que seguir soportando el alojamiento temporal por algún tiempo, pero muy pronto, las familias de este hermoso pueblo destruido volverán a tener su propio hogar.

“Para mí significa mucho tener un lugar que puedo llamar mi hogar”, dice Joshua reteniendo las lágrimas.
Robert Tickner, Gerente de la Cruz Roja Australiana, entrega a Joshua y Rosinta la llave de su nueva casa en el pueblo de Sirombu. Debilitada por el terremoto y el tsunami del 26 de diciembre de 2004, su casa se derrumbó en el violento terremoto que sacudió Nias el pasado mes de marzo.
Robert Tickner, Gerente de la Cruz Roja Australiana, entrega a Joshua y Rosinta la llave de su nueva casa en el pueblo de Sirombu. Debilitada por el terremoto y el tsunami del 26 de diciembre de 2004, su casa se derrumbó en el violento terremoto que sacudió Nias el pasado mes de marzo. Foto: Cruz Roja Australiana (p13030)

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El Sr. Fona, corredor de bolsa, vive en Yakarta y todos los fines de semana vuelve a su Sirombu natal para ayudar a la comunidad damnificada por los desastres. Foto: Cruz Roja Australiana (p13031)

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Las obras siguen adelante en Nias, donde la Cruz Roja Australiana y la Fundación Zero to One construyen 254 casas, nueve puentes, dos escuelas, tres plantas potabilizadoras y un centro de primeros auxilios. Foto: Cruz Roja Australiana (p13032)

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