La
pequeña ciudad de Chalang, en la costa noroccidental
de Sumatra, es una casi isla que se adentra en el océano
Índico. Rodeada de colinas cubiertas de palmeras, la
ciudad con su puerto y su mercado de pescado era un verdadero
paraíso. Pero la mañana del 26 de diciembre de
2004, el tsunami arrasador embistió la ciudad y su fuerza
destructora no dejó ningún edificio en pie. Se
supone que de sus 12.000 habitantes, sólo sobrevivieron
3.500.
Suherman, voluntario de la Cruz Roja Indonesia (PMI), tiene
16 años y es uno de los supervivientes del cataclismo.
Alertado por el terremoto que precedió el tsunami, se
refugió con sus padres, hermanas y hermanos, en un pueblo
situado en medio de las colinas. Cinco días después,
logró volver a su ciudad destruida y encontró
a los primeros socorristas de la PMI que habían logrado
abrirse camino hasta allí desde Banda Aceh, que se encuentra
a 120 kilómetros, a pesar de que las carreteras estuvieran
destrozadas.
Novel integrante de la Cruz Roja de la Juventud, fundada recientemente,
Suherman puso todo su empeño y abnegación en las
tareas de rescate y desescombro. “Los primeros días
y semanas, recogimos cadáveres y ayudamos a los damnificados
a encontrar un lugar donde instalar un refugio de fortuna con
mantas y láminas de plástico”, explica serenamente.
Luego, señala el lugar donde estaba su liceo del que
no queda nada. Sabe que murieron por lo menos 15 de sus 56 compañeros
de clase. El número exacto de víctimas aún
se desconoce porque muchas familias partieron después
de la catástrofe.
Actualmente, Suherman forma parte del grupo de voluntarios de
la Cruz Roja de la Juventud que comparte con voluntarios más
veteranos, la barraca de madera donde se instaló transitoriamente
la sección local de la Cruz Roja. Juntos organizan la
distribución de suministros de socorro para 15.000 personas
repartidas entre 31 pueblos y diversos campamentos de Chalang
y alrededores.
Hengky G. Alvarez, Delegado de la Federación Internacional
nos muestra los suministros almacenados con esmero en dos enormes
tiendas de campaña que sirven de depósito. El
día de nuestra visita, se preparaba la distribución
para el campamento de Deah Baru, situado a la salida de Chalang,
no muy lejos de la costa, donde viven 256 familias en barracas
provisorias. Antes del tsunami, Deah Baru tenía 1.900
habitantes. Sólo un tercio de esa cifra sobrevivió.
El Sr. Satria, de 45 años, jefe del pueblo, ahora tiene
el campamento a su cargo y nos explica por qué la ayuda
de la Cruz Roja sigue siendo importante: “Antes de la
catástrofe, las familias de aquí se dedicaban
principalmente a la agricultura y la pesca o tenían un
pequeño comercio. Como perdieron todo, aún no
disponen de ingresos fijos y, por lo tanto, están muy
contentas de recibir alimentos, artículos de higiene
y otros artículos de primera necesidad que la Cruz Roja
distribuye una vez por mes.” La reparación de los
canales de riego y el desalado de los arrozales arruinados por
el agua de mar sigue adelante, en el marco de los programas
“dinero por trabajo”. No obstante, y en el mejor
de los casos, la primera cosecha de arroz recién será
dentro de unos meses.
Suherman participa activamente en la distribución de
artículos de primera necesidad a los habitantes del campamento.
Todo se preparó con minucia: nombre y apellido de los
256 jefes de familia figuran en la lista establecida de antemano.
También se lleva un inventario detallado de los suministros
distribuidos – sal, aceite, azúcar, jabón,
sábanas y bidones de agua – y los beneficiarios
acreditan la entrega con su firma.
El gobierno decidió reconstruir la ciudad de Chalang
y rehabilitarla en cuanto capital de distrito. Hoy en día,
lo que más sorprende al visitante es la cantidad de tiendas
de campaña y barracas prefabricadas que se erigen cerca
del puerto viejo y sirven de oficina a organismos de ayuda indonesios
o internacionales. La sección española de Médicos
del Mundo instaló un hospital de campaña bien
equipado que incluye servicios de maternidad. Las barracas de
madera que albergan a más de 3.000 damnificados sin techo
están en la periferia. Un bullicioso mercado con puestos
y pequeños restaurantes ha vuelto a invadir la calle.
La Cruz Roja también participará en la reconstrucción
de viviendas e infraestructuras sociales.
Chalang renacerá de sus cenizas, gracias en parte, al
denuedo y la determinación de Suherman y otros jóvenes
de su generación.
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Suherman
e Isvandi, integrantes de la Cruz Roja de la Juventud
de Chalang, en Aceh, Indonesia. Foto: Federación
Internacional (p13051)
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Puesta
del sol en Chalang, en el primer plana algunas de las
primeras casas previstas en la fase de reconstrucción.
Foto: Federación Internacional (p13052)
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Distribución
de suministros de socorro entre 31 pueblos y diversos
campamentos de Chalang y alrededores. Foto: Federación
Internacional (p13056)
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