El
tsunami del 26 de diciembre de 2004, destruyó completamente
el puerto de Malahayati e Inong Balee (viudas guerreras) volviendo
a crear una tierra de viudas, viudos y huérfanos, al
igual que en toda la costa de la provincia de Aceh. En el desastre
murieron 800 personas de los tres poblados de Kreung Raya y
sólo nueve casas quedaron en pie.
La Cruz Roja Canadiense construirá más de 700
viviendas en esta zona y la Cruz Roja Estadounidense prestará
apoyo en la esfera de agua y saneamiento. De las 200 viviendas
permanentes que financiará la Cruz Roja Neerlandesa,
en asociación con una ONG Indonesia, ya hay muchas prácticamente
terminadas.
Hace más de 400 años, el sultán Alauddin,
marido de Malahayati, ganó una batalla decisiva contra
los portugueses, pero a costo de la vida de miles de sus mejores
guerreros de Aceh. Esa pérdida creó un vacío
enorme y, aparentemente, dejó a Aceh indefensa y vulnerable
frente a una cualquier invasión.
El sultán le pidió Malahayati que formara y comandara
una nueva marina. Malahayati, que había prestado servicios
de comandanta de palacio, creó una brigada con las viudas
de los guerreros del sultán.
Unos cuantos supervivientes del tsunami viven en chabolas que
forman una hilera al pie de las escalinatas que llevan a la
tumba de Malahayati en la cumbre de la colina. Sawihya, está
apocada porque perdió los dientes de adelante cuando
la ola aplastó su casa, la dejó inconsciente y
la arrastró hasta el pie de esa colina. También
perdió a su madre y durante una horas de ese día
espantoso, pensó que se había quedado viuda.
Pero no fue así, Sawihya encontró a su esposo
vivo y, casi inmediatamente, los dos empezaron a juntar lo que
podía rescatarse de aquel destrozo para construirse un
refugio de fortuna a unos metros del lugar donde la había
dejado la ola.
Sawihya comenta que, finalmente, cocina tan seguido como antes
del tsunami, pero: “esta no es mi casa. El terreno pertenece
a otros y eso te impide sentirte a tus anchas.”
Calle abajo, a menos de 50 metros de la colina, algunos hombres
del pueblo de Sawihya trabajan duro y parejo construyendo viviendas
de ladrillos. Una de esas viviendas, terreno incluido, será
para ella y su marido.
Vidas que se reconstruyen
La Cruz Roja Neerlandesa costea la construcción de las
viviendas por conducto de la sección de Yakarta de Soroptimist
International, una organización de mujeres.
Lily Kasoem, empresaria indonesia que forma parte de esa sección,
llegó a la ciudad de Banda Aceh, cuatro días después
del desastre.
La Sra. Kasoem decidió centrar sus esfuerzos en un poblado
de Kreung Raya. Entonces, organizó distribuciones de
alimentos y casi enseguida empezó a buscar fondos y a
procurarse autorizaciones para ayudar a reconstruirlo.
La primera fase del proyecto abarca la construcción de
195 viviendas, 80 en terrenos asignados al proyecto en la alta
colina cercana al puerto y las otras 115, tierra adentro, a
los pies de Malahayati Hill. Una vez terminadas, probablemente
a finales de octubre, las casas serán atribuidas por
sorteo para evitar querellas.
Mientras espera que llegue ese día, Sawihya dice que
la vida vuelve a la normalidad porque ha vuelto a cocinar. Y
con una sonora carcajada se pregunta si la Cruz Roja podrá
ayudarle a ponerse los dientes que le faltan.
Las viudas guerreras
Sobre un puente y también en lo alto de otra colina,
se ven las ruinas cubiertas de maleza de lo que fuera la fortaleza
de Malahayati y sus viudas guerreras, según cuenta la
historia.
Desde esa fortaleza con una amplia vista al mar, Malahayati
y sus viudas guerreras comandaron cientos de barcos y dominaron
las olas del estrecho de Malaca por años.
Malahayati cautivó imaginaciones y se ganó un
lugar imperecedero en la historia de Aceh, porque el 21 de junio
de 1599, frente al puerto de Kreung Raya, ella y sus 2.000 viudas
guerreras libraron batalla a la marina holandesa y se alzaron
con la victoria. Posteriormente, Malahayati recibió oficialmente
al emisario de paz del monarca holandés, liberó
a los cautivos y firmó el tratado de paz.
Sudarna es viuda y vive con sus cuatro hijos pequeños
en una chabola de 3x3 metros del campamento de fortuna situado
al pie de la colina de la fortaleza. Cerca de allí, hay
una escuela provisoria donde Sudarna es maestra de tercer grado.
El marido de Sudarna solía llevar sus vacas a pastar
en los alrededores de las ruinas de la fortaleza. La mañana
del tsunami, había bajado temprano para ir al funeral
de un amigo.
Cuando vio venir la ola gigante, Sudarna le dijo a sus dos hijos
mayores que corrieran y, luego, con los dos más pequeños
en brazos subió a paso firme la colina donde los restos
de la fortaleza de Malahayati ofrecían relativa seguridad.
Después, encontraría el cadáver de su esposo
entre unos matorrales. Mientras lo lavaba y oraba, Sudarna le
murmuró al oído su amor y se disculpó diciéndole:
“Estamos todos vivos, yo y los niños.”
Sudarna muestra una entereza tan grande como su dolor. Al igual
que sus vecinos y los demás damnificados de las costas
de Aceh siniestradas por el tsunami, se tiene la impresión
que sabe muy bien que sobrevivir al tsunami fue toda una proeza.
Y cuando la ola desapareció, ella, al igual que los demás
damnificados, recompuso lo mejor que pudo el mosaico de lo que
quedaba de su vida y salió adelante.
Mientras supervivientes del tsunami como las mujeres de Kreung
Raya tratan de retomar el curso de su vida, y Sociedades Nacionales
como la Cruz Roja Canadiense trabajan con ellos para hacer planes,
construir viviendas permanentes, y cimentar comunidades, la
Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja
y de la Media Luna Roja está al frente de las tareas
destinadas a mejorar sus condiciones de vida en este período
de transición.
En los dos próximos meses, la Federación Internacional
distribuirá 27.000 tiendas de campaña familiares
y ampliará sus actividades para mejorar el abastecimiento
de agua y el saneamiento en los campamentos temporales del Estado.
Los propios damnificados llevan a cabo la mayor parte de esa
labor y organizaciones como la Federación Internacional
les ofrecen apoyo, materiales y asesoramiento.
Los socorristas suelen maravillarse de la entereza, la determinación
y la resiliencia del pueblo de Aceh y, en particular, de sus
mujeres. Unos se preguntan si se deben a su fe o algún
otro factor cultural y otros, si lo llevan en la sangre. Sea
cual fuere el motivo, no cabe duda que la colaboración
entre las comunidades siniestradas y la comunidad internacional
supone un aporte positivo para reconstruir las vidas que destruyera
el tsunami.
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Esta
joven superviviente del tsunami descansa durante un «
lebana » - canción tradicional a los tambores
– cerca del campo de Kreung Raya, en el norte de
la provincia de Aceh. Foto: Virgil Grandfield/Federación
Internacional (p-IDN0395)
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Mariam
(a la izquierda) y Zulbaida (a la derecha) supervivientes
del tsunami, son viudas que residen en un campo de la
costa norte de la provincia de Aceh. Foto: Virgil Grandfield/Federación
Internacional
(p-IDN0387)
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Lily
Kasoem, empresaria indonesia de la sección de Yakarta
de Soroptimist International, decidió centrar sus
esfuerzos en un poblado de Kreung Raya. Foto: Virgil Grandfield/Federación
Internacional (p13063)
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Sudarna
quedó viuda después de que el tsunami matara
a su marido. La Cruz-Roja Neerlandesa y la Cruz-Roja Americana
con el apoyo de la sección de Yakarta de Soroptimist
International, una organización de mujeres, van
a construir 750 casas en el pueblo de Sudarna. Foto: Virgil
Grandfield/Federación Internacional
(p-IDN0411)
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Sudarna
enseña en esta carpa-escuela de un pueblo de la
costa norte de la provincia de Aceh. El proyecto común
de Soroptimist y de la Cruz Roja Neerlandesa incluye la
reconstrucción de escuelas, librerías y
750 casas en la región, pero también se
ocupará de reestablecer medios de subsistencia
para las mujeres. Foto: Virgil Grandfield/Federación
Internacional (p13060)
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