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Las mujeres de Kreung Raya
12 de agosto de 2005
por Virgil Grandfield, en Aceh, Indonesia
El tsunami del 26 de diciembre de 2004, destruyó completamente el puerto de Malahayati e Inong Balee (viudas guerreras) volviendo a crear una tierra de viudas, viudos y huérfanos, al igual que en toda la costa de la provincia de Aceh. En el desastre murieron 800 personas de los tres poblados de Kreung Raya y sólo nueve casas quedaron en pie.

La Cruz Roja Canadiense construirá más de 700 viviendas en esta zona y la Cruz Roja Estadounidense prestará apoyo en la esfera de agua y saneamiento. De las 200 viviendas permanentes que financiará la Cruz Roja Neerlandesa, en asociación con una ONG Indonesia, ya hay muchas prácticamente terminadas.

Hace más de 400 años, el sultán Alauddin, marido de Malahayati, ganó una batalla decisiva contra los portugueses, pero a costo de la vida de miles de sus mejores guerreros de Aceh. Esa pérdida creó un vacío enorme y, aparentemente, dejó a Aceh indefensa y vulnerable frente a una cualquier invasión.

El sultán le pidió Malahayati que formara y comandara una nueva marina. Malahayati, que había prestado servicios de comandanta de palacio, creó una brigada con las viudas de los guerreros del sultán.

Unos cuantos supervivientes del tsunami viven en chabolas que forman una hilera al pie de las escalinatas que llevan a la tumba de Malahayati en la cumbre de la colina. Sawihya, está apocada porque perdió los dientes de adelante cuando la ola aplastó su casa, la dejó inconsciente y la arrastró hasta el pie de esa colina. También perdió a su madre y durante una horas de ese día espantoso, pensó que se había quedado viuda.

Pero no fue así, Sawihya encontró a su esposo vivo y, casi inmediatamente, los dos empezaron a juntar lo que podía rescatarse de aquel destrozo para construirse un refugio de fortuna a unos metros del lugar donde la había dejado la ola.

Sawihya comenta que, finalmente, cocina tan seguido como antes del tsunami, pero: “esta no es mi casa. El terreno pertenece a otros y eso te impide sentirte a tus anchas.”

Calle abajo, a menos de 50 metros de la colina, algunos hombres del pueblo de Sawihya trabajan duro y parejo construyendo viviendas de ladrillos. Una de esas viviendas, terreno incluido, será para ella y su marido.

Vidas que se reconstruyen

La Cruz Roja Neerlandesa costea la construcción de las viviendas por conducto de la sección de Yakarta de Soroptimist International, una organización de mujeres.

Lily Kasoem, empresaria indonesia que forma parte de esa sección, llegó a la ciudad de Banda Aceh, cuatro días después del desastre.

La Sra. Kasoem decidió centrar sus esfuerzos en un poblado de Kreung Raya. Entonces, organizó distribuciones de alimentos y casi enseguida empezó a buscar fondos y a procurarse autorizaciones para ayudar a reconstruirlo.

La primera fase del proyecto abarca la construcción de 195 viviendas, 80 en terrenos asignados al proyecto en la alta colina cercana al puerto y las otras 115, tierra adentro, a los pies de Malahayati Hill. Una vez terminadas, probablemente a finales de octubre, las casas serán atribuidas por sorteo para evitar querellas.

Mientras espera que llegue ese día, Sawihya dice que la vida vuelve a la normalidad porque ha vuelto a cocinar. Y con una sonora carcajada se pregunta si la Cruz Roja podrá ayudarle a ponerse los dientes que le faltan.

Las viudas guerreras

Sobre un puente y también en lo alto de otra colina, se ven las ruinas cubiertas de maleza de lo que fuera la fortaleza de Malahayati y sus viudas guerreras, según cuenta la historia.

Desde esa fortaleza con una amplia vista al mar, Malahayati y sus viudas guerreras comandaron cientos de barcos y dominaron las olas del estrecho de Malaca por años.

Malahayati cautivó imaginaciones y se ganó un lugar imperecedero en la historia de Aceh, porque el 21 de junio de 1599, frente al puerto de Kreung Raya, ella y sus 2.000 viudas guerreras libraron batalla a la marina holandesa y se alzaron con la victoria. Posteriormente, Malahayati recibió oficialmente al emisario de paz del monarca holandés, liberó a los cautivos y firmó el tratado de paz.

Sudarna es viuda y vive con sus cuatro hijos pequeños en una chabola de 3x3 metros del campamento de fortuna situado al pie de la colina de la fortaleza. Cerca de allí, hay una escuela provisoria donde Sudarna es maestra de tercer grado.

El marido de Sudarna solía llevar sus vacas a pastar en los alrededores de las ruinas de la fortaleza. La mañana del tsunami, había bajado temprano para ir al funeral de un amigo.

Cuando vio venir la ola gigante, Sudarna le dijo a sus dos hijos mayores que corrieran y, luego, con los dos más pequeños en brazos subió a paso firme la colina donde los restos de la fortaleza de Malahayati ofrecían relativa seguridad.

Después, encontraría el cadáver de su esposo entre unos matorrales. Mientras lo lavaba y oraba, Sudarna le murmuró al oído su amor y se disculpó diciéndole: “Estamos todos vivos, yo y los niños.”

Sudarna muestra una entereza tan grande como su dolor. Al igual que sus vecinos y los demás damnificados de las costas de Aceh siniestradas por el tsunami, se tiene la impresión que sabe muy bien que sobrevivir al tsunami fue toda una proeza. Y cuando la ola desapareció, ella, al igual que los demás damnificados, recompuso lo mejor que pudo el mosaico de lo que quedaba de su vida y salió adelante.

Mientras supervivientes del tsunami como las mujeres de Kreung Raya tratan de retomar el curso de su vida, y Sociedades Nacionales como la Cruz Roja Canadiense trabajan con ellos para hacer planes, construir viviendas permanentes, y cimentar comunidades, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja está al frente de las tareas destinadas a mejorar sus condiciones de vida en este período de transición.

En los dos próximos meses, la Federación Internacional distribuirá 27.000 tiendas de campaña familiares y ampliará sus actividades para mejorar el abastecimiento de agua y el saneamiento en los campamentos temporales del Estado.

Los propios damnificados llevan a cabo la mayor parte de esa labor y organizaciones como la Federación Internacional les ofrecen apoyo, materiales y asesoramiento.

Los socorristas suelen maravillarse de la entereza, la determinación y la resiliencia del pueblo de Aceh y, en particular, de sus mujeres. Unos se preguntan si se deben a su fe o algún otro factor cultural y otros, si lo llevan en la sangre. Sea cual fuere el motivo, no cabe duda que la colaboración entre las comunidades siniestradas y la comunidad internacional supone un aporte positivo para reconstruir las vidas que destruyera el tsunami.




Esta joven superviviente del tsunami descansa durante un « lebana » - canción tradicional a los tambores – cerca del campo de Kreung Raya, en el norte de la provincia de Aceh.
Esta joven superviviente del tsunami descansa durante un « lebana » - canción tradicional a los tambores – cerca del campo de Kreung Raya, en el norte de la provincia de Aceh. Foto: Virgil Grandfield/Federación Internacional (p-IDN0395)

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Mariam (a la izquierda) y Zulbaida (a la derecha) supervivientes del tsunami, son viudas que residen en un campo de la costa norte de la provincia de Aceh.
Mariam (a la izquierda) y Zulbaida (a la derecha) supervivientes del tsunami, son viudas que residen en un campo de la costa norte de la provincia de Aceh. Foto: Virgil Grandfield/Federación Internacional
(p-IDN0387)

Lily Kasoem, empresaria indonesia de la sección de Yakarta de Soroptimist International, decidió centrar sus esfuerzos en un poblado de Kreung Raya.
Lily Kasoem, empresaria indonesia de la sección de Yakarta de Soroptimist International, decidió centrar sus esfuerzos en un poblado de Kreung Raya. Foto: Virgil Grandfield/Federación Internacional (p13063)

Sudarna quedó viuda después de que el tsunami matara a su marido. La Cruz-Roja Neerlandesa y la Cruz-Roja Americana con el apoyo de la sección de Yakarta de Soroptimist International, una organización de mujeres, van a construir 750 casas en el pueblo de Sudarna.
Sudarna quedó viuda después de que el tsunami matara a su marido. La Cruz-Roja Neerlandesa y la Cruz-Roja Americana con el apoyo de la sección de Yakarta de Soroptimist International, una organización de mujeres, van a construir 750 casas en el pueblo de Sudarna. Foto: Virgil Grandfield/Federación Internacional
(p-IDN0411)

Sudarna enseña en esta carpa-escuela de un pueblo de la costa norte de la provincia de Aceh. El proyecto común de Soroptimist y de la Cruz Roja Neerlandesa incluye la reconstrucción de escuelas, librerías y 750 casas en la región, pero también se ocupará de reestablecer medios de subsistencia para las mujeres.
Sudarna enseña en esta carpa-escuela de un pueblo de la costa norte de la provincia de Aceh. El proyecto común de Soroptimist y de la Cruz Roja Neerlandesa incluye la reconstrucción de escuelas, librerías y 750 casas en la región, pero también se ocupará de reestablecer medios de subsistencia para las mujeres. Foto: Virgil Grandfield/Federación Internacional (p13060)
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