Domingo,
4 de septiembre de 2005. Gereld Sibely, un ciudadano nacido
en Nueva Orleans, ha encontrado refugio en el Astrodome de Houston.
Su historia es una entre otras muchas.
Sibely, de 32 años, vivía en Nueva Orleans con
su esposa, su madre y sus seis hijos, de edades comprendidas
entre los 14 y los 2 años. Ellos son una de las familias
afortunadas. Su automóvil compacto tenía un tamaño
demasiado reducido para transportar a toda su familia en un
solo viaje.
Cuando se dio la orden de evacuación obligatoria ante
la llegada del huracán Katrina, Sibely decidió
que puesto que no podía garantizar la evacuación
de toda su familia en un solo traslado, era preferible que se
quedaran todos en la ciudad: todos juntos aguantarían
el embate del huracán.
Cuando se desató la tormenta, hacia las 6 de la tarde
del domingo, Sibely agrupó a su familia al completo en
el primer piso de su casa. El viento que soplaba a más
de 225 km. por hora sacudió violentamente la casa, y
todos se pusieron a rezar temiendo que el viento la destrozase
o la hiciese volcar.
El temporal amainó pero, entonces, el agua abrió
una brecha en el dique de la 17 Canal Street y el nivel empezó
a subir a razón de 5 cm. cada hora. La familia subió
hasta la buhardilla de su casa, pero el agua no tardó
en empezar a filtrarse en el interior. Ante el temor de que
su familia pudiera ahogarse, Sibely se lanzó al agua
y nadó unos 400 metros en busca de ayuda.
El salvamento se produjo con la aparición de un desconocido
con una embarcación con motor fuera borda. Pero rescatar
a la familia de Sibely supuso llenar la barca hasta el límite
de la capacidad de ésta. Por el camino, fueron pasando
junto a una familia tras otra que les suplicaba que les rescataran
también, pero algunas personas que estaban en los tejados,
al ver que en la barca no quedaba más espacio para ellos
y que tenían que esperar, se enfadaron y comenzaron a
disparar a los rescatadores por abandonarlos.
La barca dejó a Sibely y su familia en el cruce de la
Interstate-10 con Arlene & Clayborne. Era uno de los puntos
favoritos de los rescatadores porque era el lugar en el que
los rescatados tenían mayores probabilidades de ser recogidos
por un autobús para ser evacuados. Esa misma noche, un
poco más tarde, apareció un autobús fletado
para la evacuación que se llenó hasta los topes
en cuestión de minutos.
«Tuve que apurar a mi familia para mantenernos juntos»
–afirma Sibely- «tenía miedo de que si nos
separábamos, no volveríamos a vernos nunca más.
Se rompió el corazón cuando vi cómo los
demás se quedaban atrás en aquel cruce. Mientras
nos alejábamos de allí, recé por ellos».
Hasta que llegaron al Astrodome no sintieron que podían
relajarse un rato. «Seguimos juntos: y estamos vivos»
-dijo- «La Cruz Roja nos ha proporcionado mantas y unos
catres. Los servicios y el trato han sido excelentes. Nos han
acogido con los brazos abiertos; nos han dado alimentos. El
Astrodome está atestado de gente, pero es un lugar seguro.
La intervención de la Cruz Roja ha sido un sueño
hecho realidad. No sabemos lo que nos espera ahora, pero lo
importante es que estamos juntos.
¡Es un alivio estar a salvo!»Glenda Plunkett trabaja
con la Sección de Illinois Central de la Cruz Roja Americana.
Es miembro del Equipo de Intervención Rápida de
la Cruz Roja que acaba de desplazarse hasta Houston.
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1
de septiembre de 2005. Una de las muchas remesas de víveres
que llegan para los evacuados de Nueva Orleans alojados
en el Astrodome de Houston. (Fotógrafo: Daniel
Cima/Cruz Roja Americana)
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1
de septiembre de 2005. Un trabajador de la Cruz Roja conduce
a un evacuado de Nueva Orleans, con aspecto cansado, hasta
uno de los catres libres. (Fotógrafo: Daniel Cima/Cruz
Roja Americana)
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