Desde
el 26 de diciembre de 2004, Gunasana y su familia apenas han
tenido un motivo para sonreír. Han pasado casi ocho meses
desde que su familia y miles de otras familias que viven en
la costa de Sri Lanka fueran víctimas del desastre que
causó el tsunami.
Cuando el maremoto golpeó la zona, su casa, situada a
apenas 50 metros del mar, fue arrasada junto con el barco pesquero
de Gunasana. Por raro que parezca, los seis miembros de la familia
sobrevivieron, y buscaron refugio en un templo budista, donde
vivieron en una tienda de campaña durante dos meses antes
de ser trasladados a un campo de refugiados de una ONG local
dirigida por el Cónsul de Bélgica en Sri Lanka,
la “Fundación Solideal Loadstar para la Rehabilitación”
(SLRT).
Aquí viven apretados en una cabaña de madera pequeña
pero limpia.
La vida parece haber recobrado la normalidad ahora que las dos
hijas de Gunasana van a la escuela todos los días y su
esposa trae a casa algo de dinero, fruto de los trabajos de
bordado que realiza.
Sin embargo, al quedarse sin barco, Gunasana se ha visto obligado
a tener que comprar el pescado a los pescadores locales para
poder llegar a fin de mes. Todas las mañanas se pasea
con su motocicleta por la carretera principal que pasa junto
al campamento de refugiados, vendiendo su mercancía a
las familias de la localidad.
Situado a un par de kilómetros al norte de la ciudad
de Weligama, en el Distrito sureño de Matara, el refugio
provisional acoge a 248 supervivientes del tsunami. El campamento,
levantado sobre un par de hectáreas de tierra cedidas
por el Gobierno, está compuesto de varias filas de cabañas
sin apenas espacio entre ellas.
En el día de hoy, una delegación de la Cruz Roja
de Bélgica-Flandes junto con sus homólogos de
la Cruz Roja de Sri Lanka ha llegado para poner las piedras
fundacionales de la primera casa permanente que se construirá
en este campamento.
Para algunas familias como la de Gunasana la incertidumbre sobre
su futuro puede acabar pronto. Mientras los residentes en el
campo esperan sentados pacientemente, Peter Ophoff, Coordinador
Nacional de la CR de Bélgica-Flandes en Sri Lanka, y
Birgit Vaes, Delegada responsable de las construcciones de la
Cruz Roja de Bélgica, dan un paso adelante para encender
la antorcha ceremonial. Los monjes budistas cantan el Sethpirith,
la antigua bendición budista, y a las 10.58 de la mañana
exactamente, momento que los monjes consideran auspicioso, se
ponen las primeras piedras sobre el cemento.
Después de la ceremonia, Peter y Brigit, se ponen a conversar
sobre el proyecto de construcción con los residentes
del campamento. «Es importante hacer participar al mayor
número de personas posible en el proyecto, y escuchar
sus preocupaciones» -explica Peter, que es un veterano
de la Cruz Roja Internacional que ha participado durante 12
años en misiones en África y Asia.
«Lo que hemos aprendido hoy aquí es que entre la
gente de este campamento, procedente de cuatro pueblos devastados
por el tsunami, se ha tejido una malla de afectos difícil
de deshacer. Somos muy conscientes de que no estamos simplemente
construyendo casas, sino que estamos construyendo una comunidad».
Después del tsunami, el Gobierno de Sri Lanka decretó
una franja de protección de 100 metros a lo largo de
la costa sur del país que ha supuesto que ahora haya
que buscar nuevas tierras para construir 34.000 nuevas casas
para familias como la de Gunasana que tuvieron que abandonar
sus hogares por quedar estos dentro de la franja de protección.
El equipo de la CR de Bélgica-Flandes espera a que los
funcionarios gubernamentales locales confeccionen una lista
de las familias que se desplazarán a sus nuevas viviendas
una vez se hayan terminado. Dado que en el campamento solo hay
espacio para 36 viviendas permanentes, algunos de los residentes
de Weligama tendrán que ser realojados en alguna otra
parte.
Pero antes de que comience la construcción, el siguiente
paso será realojar provisionalmente a la población
en otro campamento cercano que también dirige la SLRT.
Los ingenieros consultores supervisarán el lugar, terminarán
de confeccionar el proyecto arquitectónico y, después,
se construirá una casa modelo cuya conclusión
se espera para octubre.
Al mismo tiempo, se empezarán a sacar a licitación
los contratos para las empresas que se encargarán de
la construcción de los edificios, lo cual supone calcular
el volumen y los costos de materiales como ladrillos, arena
y madera.
Esta es la primera misión de Brigit en el extranjero
con la CR de Bélgica-Flandes, un desafío muy distinto
al que realizaba en Anveres como arquitecta de proyectos de
gran escala, como apartamentos con servicios para los ancianos,
reconstrucción de hospitales y viviendas sociales:
«Lo que es distinto no es el trabajo, sino el entorno,
porque aquí las cosas tienden a ir más lentamente.
Pensé que, como mujer, encontraría difícil
trabajar en el mundo de la construcción aquí,
pero el trato es bastante similar al que recibo en Bélgica».
La CR de Bélgica-Flandes ha presupuestado cuatro millones
de euros para el programa de realojamiento y construcción
en Sri Lanka, que se extenderá a cuatro campamentos de
Weligama y a dos de Dikwella, al sur de la ciudad de Matara.
Además de viviendas familiares, el equipo también
se encargará de reconstruir el Hospital del Distrito
en Weligama, así como un dispensario en el pueblo de
Mirissa, situado a unos pocos kilómetros en la costa,
un proyecto cuyo costo total asciende aproximadamente a 500.000
euros.
La Sección flamenca de la Cruz Roja de Bélgica,
que forma parte de la Cruz Roja belga, ha ofrecido 1.750.000
euros para un programa de construcción que será
gestionado por la Sección francesa de la CR de Bélgica,
que actualmente construye viviendas en el norte del país,
en las ciudades costeras de Beruwala y Kalutara.
Han pasado ocho meses desde que golpeó el tsunami, y
las tareas de reconstrucción avanzan con mayor rapidez.
«Durante los primeros meses, la Cruz Roja se centró
prioritariamente en ofrecer atención sanitaria de emergencia,
suministrar material para los refugios y objetos de uso doméstico
a quienes lo habían perdido todo» -explica Peter-.
«Dependemos del Gobierno por lo que respecta a la provisión
de tierras para la construcción, así que cuando
nos dieron los primeros lotes de tierra en julio, ya estábamos
listos para actuar con rapidez».
El objetivo de la Cruz Roja de Bélgica-Flandes es la
construcción de 300 casas, que formarán parte
de un esfuerzo más amplio de reconstrucción, coordinado
por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz
Roja y de la Media Luna Roja, la cual prevé construir
15.000 viviendas para los supervivientes del tsunami.
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A
exactamente las 10.58 de la mañana, las fundaciones
de las nuevas casas son cementadas.
Foto: Patrick Fuller/Federación Internacional (p13231)
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Los
refugios temporales de madera son simples pero limpios.
Foto: Patrick Fuller/Federación Internacional (p13232)
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El
sentimiento de incertidumbre de las familias viviendo
en refugios temporarios se terminará muy pronto.
Foto: Patrick Fuller/Federación Internacional (p13234)
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| Peter
Ophoff de la Cruz Roja de Bélgica sabe que consultando
a las populaciones locales el resultado sera una mejor
vivienda permanente. Foto: Patrick Fuller/Federación
Internacional (p13235) |
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Las
familias viviendo en refugios temporarios estan contentas
de saber que los proyectos de reconstrucción siguen
su curso.
Foto: Patrick Fuller/Federación Internacional (p13237) |
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