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Sentar los cimientos en Matara
7 September 2005
Patrick Fuller, desde Sri Lanka
Desde el 26 de diciembre de 2004, Gunasana y su familia apenas han tenido un motivo para sonreír. Han pasado casi ocho meses desde que su familia y miles de otras familias que viven en la costa de Sri Lanka fueran víctimas del desastre que causó el tsunami.

Cuando el maremoto golpeó la zona, su casa, situada a apenas 50 metros del mar, fue arrasada junto con el barco pesquero de Gunasana. Por raro que parezca, los seis miembros de la familia sobrevivieron, y buscaron refugio en un templo budista, donde vivieron en una tienda de campaña durante dos meses antes de ser trasladados a un campo de refugiados de una ONG local dirigida por el Cónsul de Bélgica en Sri Lanka, la “Fundación Solideal Loadstar para la Rehabilitación” (SLRT).

Aquí viven apretados en una cabaña de madera pequeña pero limpia.
La vida parece haber recobrado la normalidad ahora que las dos hijas de Gunasana van a la escuela todos los días y su esposa trae a casa algo de dinero, fruto de los trabajos de bordado que realiza.

Sin embargo, al quedarse sin barco, Gunasana se ha visto obligado a tener que comprar el pescado a los pescadores locales para poder llegar a fin de mes. Todas las mañanas se pasea con su motocicleta por la carretera principal que pasa junto al campamento de refugiados, vendiendo su mercancía a las familias de la localidad.

Situado a un par de kilómetros al norte de la ciudad de Weligama, en el Distrito sureño de Matara, el refugio provisional acoge a 248 supervivientes del tsunami. El campamento, levantado sobre un par de hectáreas de tierra cedidas por el Gobierno, está compuesto de varias filas de cabañas sin apenas espacio entre ellas.

En el día de hoy, una delegación de la Cruz Roja de Bélgica-Flandes junto con sus homólogos de la Cruz Roja de Sri Lanka ha llegado para poner las piedras fundacionales de la primera casa permanente que se construirá en este campamento.

Para algunas familias como la de Gunasana la incertidumbre sobre su futuro puede acabar pronto. Mientras los residentes en el campo esperan sentados pacientemente, Peter Ophoff, Coordinador Nacional de la CR de Bélgica-Flandes en Sri Lanka, y Birgit Vaes, Delegada responsable de las construcciones de la Cruz Roja de Bélgica, dan un paso adelante para encender la antorcha ceremonial. Los monjes budistas cantan el Sethpirith, la antigua bendición budista, y a las 10.58 de la mañana exactamente, momento que los monjes consideran auspicioso, se ponen las primeras piedras sobre el cemento.

Después de la ceremonia, Peter y Brigit, se ponen a conversar sobre el proyecto de construcción con los residentes del campamento. «Es importante hacer participar al mayor número de personas posible en el proyecto, y escuchar sus preocupaciones» -explica Peter, que es un veterano de la Cruz Roja Internacional que ha participado durante 12 años en misiones en África y Asia.

«Lo que hemos aprendido hoy aquí es que entre la gente de este campamento, procedente de cuatro pueblos devastados por el tsunami, se ha tejido una malla de afectos difícil de deshacer. Somos muy conscientes de que no estamos simplemente construyendo casas, sino que estamos construyendo una comunidad».

Después del tsunami, el Gobierno de Sri Lanka decretó una franja de protección de 100 metros a lo largo de la costa sur del país que ha supuesto que ahora haya que buscar nuevas tierras para construir 34.000 nuevas casas para familias como la de Gunasana que tuvieron que abandonar sus hogares por quedar estos dentro de la franja de protección.

El equipo de la CR de Bélgica-Flandes espera a que los funcionarios gubernamentales locales confeccionen una lista de las familias que se desplazarán a sus nuevas viviendas una vez se hayan terminado. Dado que en el campamento solo hay espacio para 36 viviendas permanentes, algunos de los residentes de Weligama tendrán que ser realojados en alguna otra parte.

Pero antes de que comience la construcción, el siguiente paso será realojar provisionalmente a la población en otro campamento cercano que también dirige la SLRT. Los ingenieros consultores supervisarán el lugar, terminarán de confeccionar el proyecto arquitectónico y, después, se construirá una casa modelo cuya conclusión se espera para octubre.

Al mismo tiempo, se empezarán a sacar a licitación los contratos para las empresas que se encargarán de la construcción de los edificios, lo cual supone calcular el volumen y los costos de materiales como ladrillos, arena y madera.

Esta es la primera misión de Brigit en el extranjero con la CR de Bélgica-Flandes, un desafío muy distinto al que realizaba en Anveres como arquitecta de proyectos de gran escala, como apartamentos con servicios para los ancianos, reconstrucción de hospitales y viviendas sociales:

«Lo que es distinto no es el trabajo, sino el entorno, porque aquí las cosas tienden a ir más lentamente. Pensé que, como mujer, encontraría difícil trabajar en el mundo de la construcción aquí, pero el trato es bastante similar al que recibo en Bélgica».

La CR de Bélgica-Flandes ha presupuestado cuatro millones de euros para el programa de realojamiento y construcción en Sri Lanka, que se extenderá a cuatro campamentos de Weligama y a dos de Dikwella, al sur de la ciudad de Matara. Además de viviendas familiares, el equipo también se encargará de reconstruir el Hospital del Distrito en Weligama, así como un dispensario en el pueblo de Mirissa, situado a unos pocos kilómetros en la costa, un proyecto cuyo costo total asciende aproximadamente a 500.000 euros.

La Sección flamenca de la Cruz Roja de Bélgica, que forma parte de la Cruz Roja belga, ha ofrecido 1.750.000 euros para un programa de construcción que será gestionado por la Sección francesa de la CR de Bélgica, que actualmente construye viviendas en el norte del país, en las ciudades costeras de Beruwala y Kalutara.

Han pasado ocho meses desde que golpeó el tsunami, y las tareas de reconstrucción avanzan con mayor rapidez. «Durante los primeros meses, la Cruz Roja se centró prioritariamente en ofrecer atención sanitaria de emergencia, suministrar material para los refugios y objetos de uso doméstico a quienes lo habían perdido todo» -explica Peter-.

«Dependemos del Gobierno por lo que respecta a la provisión de tierras para la construcción, así que cuando nos dieron los primeros lotes de tierra en julio, ya estábamos listos para actuar con rapidez».

El objetivo de la Cruz Roja de Bélgica-Flandes es la construcción de 300 casas, que formarán parte de un esfuerzo más amplio de reconstrucción, coordinado por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, la cual prevé construir 15.000 viviendas para los supervivientes del tsunami.
A exactamente las 10.58 de la mañana, las fundaciones de las nuevas casas son cementadas.
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Foto: Patrick Fuller/Federación Internacional (p13231)

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