Nahasu,
de 61 años, y Fauluaro, de 75, amigos íntimos
durante más de 30 años, solían ser vecinos
en la aldea de Hinako, en una pequeña isla al oeste de
Nias, frente a la costa de Sumatra. Cuando el 28 de marzo de
2005 el terremoto de 8,7 grados en la escala de Richter hizo
temblar a Nias y a la pequeña isla en que vivían,
Nahasu y Fauluaro, al igual que otras familias de la aldea,
perdieron sus viviendas y se vieron forzados a alojarse provisionalmente
en tiendas de campaña en aldeas separadas de Sirombu,
un subdistrito de Nias.
Forman parte del primer grupo de familias de Hinako y de otras
zonas devastadas por el terremoto en Nias, que, con la ayuda
de la Cruz Roja Australiana, fueron realojados en una aldea
ubicada sobre una ladera, en Sirombu.
Nahasu y Fauluaro limpian su jardín y se ven francamente
orgullosos de su dúplex.
“Es el mejor regalo que hemos recibido desde que ocurrió
la tragedia”, dicen uno y otro casi al unísono.
“Damos gracias porque Fauluaro y yo sólo estamos
separados por una planta; ahora estamos aún más
unidos de lo que lo estábamos en Hinako”, agrega
Nahasu mientras prepara café.
La casa blanca de concreto y de planta alta mide 68,6 metros
cuadrados, y tiene una sala de estar, dos dormitorios, cocina,
lavabo, lavadero y más espacio al fondo para tener un
pequeño huerto o incluso hacer alguna ampliación.
Hasta el momento, la Cruz Roja Australiana ha construido siete
casas como ésta, esto es, 14 viviendas. En este momento
hay un total de 116 unidades como ésta, o 232 viviendas
más en diversas etapas de construcción en un predio
de casi 50.000 metros cuadrados en Sirombu. La Fundación
Zero to One dirige la construcción el organismo asociado
de la Cruz Roja Australiana en el proyecto.
La Cruz Roja Australiana ha comunicado que el proyecto de viviendas
se financia con donaciones de la población de Australia;
está tratando de terminar tantas viviendas como sea posible
antes de la llegada de la estación de las lluvias. Por
ahora, se han mudado tres familias, y se prevé que otras
hagan lo propio en los próximos días.
Mientras bebe su café, Nahasu sigue contando su historia:
“Perdí la casa que me regaló mi familia;
peor aún, perdí a mi querida esposa, que de esa
casa hizo un hogar”.
“Ojalá mi esposa estuviera viva, podríamos
haber comenzado una nueva vida aquí. Nahasu trata de
contener las lágrimas.
“Esperábamos gustosos la llegada de nuestro 30º
aniversario de bodas el 14 de agosto, pero todos nuestros planes
se fueron con ella.” Finalmente, se echa a llorar; descuelga
una fotografía de su esposa y de su único nieto
de la pared y la aprieta contra su pecho.
“Todavía pude oírla gritar, atrapado en
nuestro dormitorio de la planta alta de la casa. Me aborrezco
por no haber podido ayudar; todo sucedió muy rápido
y no podía llegar a donde estaba ella porque se había
derrumbado una pared que me impedía el paso”, dice
Nahasu mirando fijamente la foto de su mujer, a la que besa
suavemente.
Nahasu es maestro jubilado y tiene cinco hijos adultos que viven
por su cuenta; dice que prefiere vivir solo, lejos de Hinako,
para poder “olvidar” los trágicos recuerdos
del desastre.
“Quiero recordar nuestra vida tal como era antes, llena
de amor y de alegrías sencillas; quiero ver su dulce
cara sonriente y su mirada gentil en cada rincón de esta
habitación. Esta casa será nuestro nuevo hogar.
En mi corazón y en mi mente, mi esposa siempre permanecerá
viva.”
Más tarde, Nahasu sale al modesto jardín que ha
comenzado a arreglar frente a la casa. “A mi mujer le
encantaba la jardinería: todas estas flores son para
ella.”
Fauluaro tiene suerte. No perdió a ningún miembro
de su familia, pero perdió las tres casas que tenía.
“No pasa nada”, dice. “Las casas siempre pueden
reconstruirse, pero la vida de una persona, no. Agradezco a
Dios que todos los miembros de mi familia –mis dos hijos,
mis cinco hijas y mi nieto– están vivos y bien.”
Fauluaro, que vive con su esposa y su nieto en la nueva casa,
se acerca a Nahasu y le pasa el brazo por sobre el hombro.
“Siento mucho lo que ocurrió a mi amigo, Nahasu.
Sin embargo, mi esposa y yo siempre estaremos a su disposición;
podemos comenzar un nuevo hogar, una nueva vida en esta aldea.”
Tandoziduho y Adizawarunu, una pareja que tuvo ocho hijos, cuya
casa de Testua, también ubicada en Sirombu, se derrumbó
a causa del terremoto, dice que están contentos con su
nuevo hogar y agradecen a la Cruz Roja haberles brindado un
refugio confortable.
“No podemos pedir nada más. Con esta casa nos basta
y sobra; ya veremos si la mejoramos un poco y hasta puede que
la ampliemos por detrás para nuestros hijos que van creciendo”,
dice Adizawarunu, sonriendo y dando de mamar a su hija menor.
Adizawarunu agrega, “más importante aún
que tener una casa cómoda es que tenemos muy buenos vecinos.
Nahasu y Faularu están orgullosos de mis hijos, éstos
les llaman “kakek” (abuelo). Aquí nos sentimos
seguros.”
“Extrañamos nuestro gallinero”, señala
Tandozidoho. “Aquí no tenemos lugar suficiente
para criar aves, así que tengo que volver a sembrar y
buscarme cualquier trabajo para alimentar a mi familia”,
agrega Tandozidoho mientras sorbe su café.
En ese momento, la esposa de Fauluaro sale de la cocina con
un plato de sopa caliente, pescado frito, tofu, arroz hervido
y un salsa picante, y coloca todo sobre una gran bandeja para
que almorcemos; por detrás aparecen tres de los hijos
con platos, vasos y una jarra con agua fría.
Almorzamos sentados en el piso de la sala de la casa de Fauluaro,
compartimos buena comida y risas; la población de la
nueva aldea disfrutan de la compañía de los demás
en este nuevo lugar al que consideran suyo.
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Las
casas prefabricadas donadas por la Cruz-Roja Australiana
son ahora el hogar de las familias desplazadas de Nias.
Foto: Mohammad Kholifan y Tessie Usapdin/Federación
Internacional (p13183)
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Nahasu
se acuerada de su mujer cuidando su jardin con esmero
y cariño.
Foto: Mohammad Kholifan y Tessie Usapdin/Federación
Internacional (p13184)
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Los
albañiles trabajan a destajo para terminar un máximo
de casas antes de la llegada de la temporada de lluvias.
Foto: Mohammad Kholifan y Tessie Usapdin/Federación
Internacional (p13185)
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