En
el trópico, las precipitaciones nocturnas no son excepción.
Siempre comienzan por lloviznas que apenas se oyen y luego,
en un santiamén, llueve a cántaros.
Cuando la lluvia golpea en el techo de las tiendas de campaña
del campamento de Tanjung Harapan en Meulaboh, al oeste de Sumatra,
ese redoble ensordecedor despierta a Irawati de 25 años.
No puede volver a conciliar el sueño ni impedirse escrutar
la oscuridad y el temor la va invadiendo. La experiencia de
haber sobrevivido al tsunami, indudablemente la marcó,
pero por suerte, su esposo y sus dos hijos se salvaron y están
bien.
A veces, siente una enorme gratitud porque conoce mucha gente
cuya vida fue destrozada. Sin embargo, la lucha por la supervivencia
dista de haber terminado.
Por eso, le cuesta sustraerse de lo que tanto le preocupa.
Naturalmente, desea con todas sus fuerzas una nueva casa, al
igual que la mayoría de los pescadores y pescaderos del
campamento, pero sabe muy bien que lo más urgente es
la tienda de campaña que aloja temporalmente a la familia.
No se trata tan solo de una tienda de campaña sino de
una que tienda raída. Poquito a poco, los agujeros se
multiplican en la lona alquitranada que parece estar a punto
de rasgarse. ¿Qué sucederá, cuando empiece
a llover días enteros?
Afortunadamente, familias como la de Irawati tienen ayuda a
mano. A pocos kilómetros de allí, un poco más
tarde, ese mismo día, un camión blanco M6 todo
terreno espera una vez más su carga. Esta vez, tres voluntarios
de la Cruz Roja Indonesia, (Palang Merah Indonesia, PMI) cargaron
una a una 50 tiendas de campaña resistentes para familias
que estaban en el depósito y se disponen a partir.
Cuando Saifuddin, uno de los voluntarios encargados de la distribución,
se sube al camión, verifica que lleva consigo las fichas
de registro. A media que el vehículo avanza lentamente
por las calles de Meulaboh llenas de gente, se tiene la impresión
que se trata de una misión como cualquier otra, pero
no es así.
De hecho, es una carrera contrarreloj, pues como la estación
del monzón se avecina, la PMI y la Federación
Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja se proponen reemplazar 27.000 tiendas viejas por nuevas
dondequiera que haga falta y las necesidades son enormes.
Nueve meses después del tsunami, más de 150.000
damnificados de Aceh siguen viviendo en barracas y tiendas de
campaña.
“La situación es muy grave y aunque la PMI y la
Federación no administran ningún campamento, esta
gente tiene derecho a recibir asistencia. Por lo tanto, supervisamos
de cerca sus condiciones de vida”, explica Nazri Zakaria,
Delegado de Socorro de la Federación, mientras conversa
con el director del campamento en espera de que llegue el camión.
En una tienda cercana hay seis mujeres sentadas que observan
todos sus movimientos. Son de distinta edad y se visten diferente,
pero comparten el trágico destino de haberse quedado
viudas y tratar de seguir adelante con su vida, lo mejor que
pueden.
En el caso de Omallah Keumala, eso implica fabricar líneas
de pesca. Con delicadeza toma un señuelo azul, lo coloca
en la punta de un hilo de plástico y lo pasa unos segundos
sobre una vela para pegarlo. Luego, lo examina minuciosamente
y lo coloca en la pila que irá a vender al mercado, trabajo
con el que ganará unas 20.000 rupias por semana, es decir,
dos dólares.
“Esta es la única seguridad que tengo”, dice
antes de empezar otra línea de pesca.
Mientras los adultos, poco a poco, intentan encarar un futuro
incierto, los niños del campamento despliegan sus sueños.
“Me gustaría ser estrella de cine”, dice
Dek Joul, una niña de 8 años, esbozando una tímida
sonrisa, pero esa timidez es engañosa porque en unos
momentos interpretará a la princesa acompañada
por sus criadas en la Danza Ranueb Lampuan, gracioso espectáculo
en medio del estrecho y polvoriento camino del campamento atestado
de gente.
Mientras la música se apaga, Ramlah, una mujer de 60
años, se abre tranquilamente camino entre el gentío.
Todavía le duele todo el cuerpo de las magulladuras que
sufrió cuando el agua la arrastró aquel día
que jamás olvidará, el día que perdió
a toda su familia.
Se dirige a la distribución de tiendas de campaña,
una nueva tienda es un pequeño consuelo, pues sus días
transcurren en medio del pesar y la soledad. Como dice con toda
franqueza: “No tengo nada. Me alegra cualquier cosa que
recibo. La elección está totalmente en sus manos.”
Por lo menos, Ramlah y su vecina Irawati, junto con su familia,
podrán dormir tranquilas en las nuevas tiendas de campaña.
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Las
tiendas de campaña que albergan a las familias
afectadas por el tsunami están raídas. Poquito
a poco, los agujeros se multiplican en la lona alquitranada
que parece estar a punto de rasgarse.
Foto: Þorkell Þorkelsson/Federación
Internacional (p13316)
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Tres
voluntarios de la Cruz Roja Indonesia (PMI) descargan
una tras otra del camión blanco M6 todoterreno,
50 tiendas de campaña resistentes que se disponen
a entregar a las familias necesitadas.
Foto: Þorkell Þorkelsson/Federación
Internacional (p13312)
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Saifuddin,
uno de los voluntarios de distribución, se sube
al camión y verifica que lleva consigo las fichas
de registro. La PMI y la Federación Internacional
de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
se proponen reemplazar las tiendas de campaña viejas
por nuevas dondequiera que haga falta y las necesidades
son enormes.
Foto: Þorkell Þorkelsson/Federación
Internacional (p13317)
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Nueve
meses después del tsunami más de 150.000
damnificados de Aceh siguen viviendo en barracas y tiendas
de campaña.
Foto: Þorkell Þorkelsson/Federación
Internacional (p13315) |
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Ramlah
es una de las tantas personas que perdieron a toda su
familia en el tsunami. Para esta mujer de 60 años,
una nueva tienda de campaña es un pequeño
consuelo, pues sus días transcurren en medio del
pesar y la soledad.
Foto: Þorkell Þorkelsson/Federación
Internacional (p13318) |
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