Para
Sarfaraz Reematullah, el regreso desde Sudáfrica a su
pueblo natal en Pakistán llegó inesperadamente.
“No puedo creer lo que estoy viendo”, dice señalando
hacia las montañas que se alzan en torno a la ciudad
de Balakot.
Nació y se crió en Mange, un pequeño pueblo
a cinco kilómetros de Balakot. Durante un tiempo, este
maestro estuvo trabajando en Sudáfrica.
“Cuando supe del terremoto volví lo antes que puede.
Por suerte, mi madre, mis tres hermanos y mi hermana están
vivos y están bien. Perdimos la casa, pero lo más
importantes es estar vivos”, afirma Sarfaraz Reematullah.
Nos encontramos cerca del río. Hay gente lavando ropa.
Hay más tiendas de campaña, pero no en cantidad
suficiente para todos.
El río es sinónimo de supervivencia para la gran
cantidad de habitantes de decenas de pueblos montañosos
que se vinieron al valle.
“En mi pueblo, se quedaron sólo dos familias”,
señala Sarfaraz Reematullah.
Se estima que murieron 7.000 de los 30.000 habitantes de Balakot.
En algunas partes de la ciudad aún flota la pestilencia
de la muerte. Pasará tiempo antes que se puedan retirar
los pesados bloques de piedra y cemento, y recuperar los cadáveres
que yacen bajo los escombros.
Pero los habitantes de Balakot no están solos. La Media
Luna Roja Pakistaní invirtió todos sus recursos
en la operación de socorro y cuenta con la ayuda de más
de 100 delegados de otras 25 Sociedades Nacionales de la Cruz
Roja y de la Media Luna Roja, coordinada por la Federación
Internacional.
Balakot es el destino principal de los camiones de la Media
Luna Roja que transportan artículos de socorro. Quienes
viven lejos, en pueblos incomunicados, van a pie hasta allí
para procurarse suministros esenciales.
En Balakot, presta servicios una unidad de intervención
de urgencia (UIU) de la Cruz Roja Española, especializada
en atención de salud, que tiene capacidad para atender
a 30.000 pacientes en los tres próximos meses.
Además, la UIU de agua y saneamiento de la Cruz Roja
Austriaca y la Cruz Roja Sueca, cada día potabiliza agua
para 40.000 personas, transporta 75.000 litros y construye letrinas
para 40.000 personas.
Hoy en Balakot hay un gran gentío, a pesar de los edificios
derrumbados que nunca más alojarán a alguien,
a pesar de los parques y jardines destrozados, a pesar de los
árboles caídos y de la desesperación.
Ciudad donde no queda una sola casa en pie, Balakot bulle de
gente. Esta semana, abrió la primera tienda, pequeña
señal que la vida va volviendo a la normalidad, si eso
significa algo después de un desastre de tales proporciones.
Cuando perdieron sus casas, los damnificados como los familiares
de Sarfaraz Reematullah, bajaron de las montañas en busca
de agua y suministros de socorro.
Al otro lado del puente, está el camino que lleva a la
montaña por la parte derecha del valle. Hace una semana,
era impracticable. Hoy, se ven coches que suben lentamente y
desparecen detrás de las colinas. Día tras día
mejora el acceso a los pueblos más lejanos, pero es una
carrera contrarreloj y contra el invierno.
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“No
puedo creer lo que estoy viendo”, dice señalando
hacia las montañas que se alzan en torno a la ciudad
de Balakot. (p13414)
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Balakot
es el destino principal de los camiones de la Media Luna
Roja que transportan artículos de socorro.(p13413)
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En
Balakot, presta servicios una unidad de intervención
de urgencia (UIU) de la Cruz Roja Española, especializada
en atención de salud, que tiene capacidad para
atender a 30.000 pacientes en los tres próximos
meses.(p13412)
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Al
otro lado del puente, está el camino que lleva
a la montaña por la parte derecha del valle. (p13411)
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