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La Cruz Roja sigue atendiendo las necesidades de agua en Sri Lanka
1 de noviembre de 2005
Por Patrick Fuller desde Sri Lanka
Ver a Mohadin Musammil y su equipo de voluntarios de la Cruz Roja reconforta a los damnificados de Pottuvil, Sri Lanka oriental, pues les recuerda que el drama que viven no ha sido olvidado. Cada día, en esta zona devastada por el tsunami, se puede ver a los voluntarios yendo casa por casa con baldes y escaleras. Su tarea consiste en controlar la calidad del agua y, llegado el caso, limpiar los pozos de la franja costera de Pottuvil.

Después del tsunami, Musammil encontró trabajo en la unidad de intervención de urgencia (UIU), especializada en agua y saneamiento, de la Cruz Roja Sueca que llegó a Pottuvil el pasado mes de febrero. Ahora, casi 10 meses después, está al frente del programa de limpieza de pozos que lleva a cabo la Cruz Roja de Sri Lanka en esa zona.

Musammil vive en el pueblo de Jalaldeen Square, pequeña comunidad donde el tsunami causó grandes estragos. Antes era una comunidad muy sólida, pero la mayoría de los damnificados fue abandonando sus casas en ruinas. La familia de Musammil es una de las pocas que se quedaron. Viven en un refugio temporal de madera que construyó una ONG local cerca de las ruinas de las casas.

Además de sus cinco hijos, Musammil cría a las tres hijas de su cuñada que pereció en el desastre. “Es una gran responsabilidad, pero aquí soy uno de los afortunados, tengo trabajo”, comenta con pesar.

Katarina Ortfelt, Delegada de Agua y Saneamiento, de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, coordina la labor del equipo de Musammil en el distrito de Ampara.

“Antes, la mayoría de las familias dependía enteramente de sus propios pozos de agua, pero después del tsunami, los niveles de salinidad de las aguas subterráneas aumentaron tanto que el agua sólo sirve para lavar”, explica Katarina.

Inicialmente, la Cruz Roja se proponía clorar y limpiar los pozos que habían resistido al tsunami. Ahora, cada tres meses, controla los niveles de salinidad de cada pozo de la zona.

“En los ocho últimos meses, limpiamos más de 1.300 pozos y los niveles de salinidad bajaron un 50 por ciento, pero el agua todavía no se puede beber. Necesitamos que lleguen las lluvias del monzón y se lleven la sal”, señala Musammil. Los habitantes de Jalaldeen que decidieron quedarse, ahora dependen del agua potable de una serie de tanques comunales y de los depósitos plegables diseminados en torno al pueblo y que abastece la Cruz Roja.

En lo que se refiere al agua, la situación en esta zona árida siempre ha sido precaria. Después de tres meses de sequía por año, casi la mitad de los pozos quedan secos. Esto último, junto con la infraestructura dañada, la contaminación de los pozos y las personas desplazadas, creó una enorme necesidad de agua apta para el consumo a la que debe atender la comunidad humanitaria en su conjunto.

La Cruz Roja viene prestando ayuda de varias maneras que incluyen la purificación y distribución de agua a gran escala; la limpieza de pozos; la construcción y rehabilitación de letrinas, y la mejora de las redes de abastecimiento de agua. Las cuatro UIU, especializadas en agua y saneamiento, enviadas por las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja de Alemania, Francia e Italia, producen y distribuyen hasta 3.000.000 de litros de agua potable por semana para unos 50.000 habitantes de los distritos de Ampara y Batticaloa, al este del país.

“Hay tantas necesidades, que este es uno de los programas más amplios y ambiciosos de agua y saneamiento llevados a cabo por la Cruz Roja en un solo país. Abarca dos niveles, ya que nos ocupamos de los hogares donde distribuimos filtros de agua y limpiamos los pozos, pero también respaldamos proyectos de infraestructura de abastecimiento de agua por varios millones de dólares”, señala Fidel Pena, Coordinador de Agua y Saneamiento, de la Federación Internacional.

Dos kilómetros tierra adentro, la mayoría de los damnificados que abandonaron la costa siniestrada, actualmente, vive en los campamentos temporales que se alzan a ambos lados del camino. Instalados en terrenos baldíos, ahora e parecen pequeños pueblos con almacenes, huertos y servicio de autobuses. Cada mañana llega un camión cisterna de la Cruz Roja a abastecer el tanque de 10.000 litros de agua que se encuentra al borde del camino. Poco después, hay una multitud de mujeres de los campamentos que esperan en torno a la canilla para llenar sus baldes. Esa es sólo una de las muchas paradas del camión cisterna que cada pocas horas regresa a la planta potabilizadora para volver a cargar.

Situada al borde de un lago pintoresco, cerca de Tirrukkovil, en esta planta potabilizadora de la Cruz Roja Alemana, se bombea el agua a tanques de 70.000 litros donde es tratada con sulfato de aluminio. Después de un par de horas el agua está depurada; entonces, se transvasa a otros dos tanques de depósito donde se clora y luego se bombea a los camiones cisterna que esperan. La planta a está a cargo de Gottfried Stauffer, Delegado de Agua y Saneamiento de la Cruz Roja Alemana.

“Todos los días abastecemos a unas 1.200 familias de seis campamentos temporales de la zona. Otras organizaciones también mandan camiones cisterna; por lo tanto, distribuimos una media de 120.000 a 150.000 litros de agua por día”, indica Gottfried.

Desde diciembre, la Cruz Roja viene abasteciendo de agua a miles de personas de nueve distritos de Sri Lanka, afectados por el tsunami. “Esta necesidad persistirá hasta que mejore la calidad del agua de los pozos comunitarios y la gente se mude a viviendas permanentes que dispondrán de abastecimiento de agua potable”, señala Fidel Pena. En cuanto a la solución a largo plazo, el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja ayudará a reparar la infraestructura de agua y saneamiento que existía antes del tsunami, mejorará algunas instalaciones y construirá otras.

El 23 de agosto de 2005, la Federación y la Cruz Roja de Sri Lanka firmaron un acuerdo con el gobierno para construir la infraestructura de abastecimiento de agua en los distritos de Ampara, Galle, Hambantota, Jaffna, y Matara, lo que costará unos 38.000.000 de francos suizos (30.000.000 de dólares o 24.700.000 euros). Según los términos de ese acuerdo, la primera etapa consiste en un proyecto de agua y saneamiento a gran escala en el distrito de Galle que beneficiará a más de 5.500 personas y empleará a más de 60 miembros del personal de la Junta de Agua durante dos años.

Estos proyectos de infraestructura a gran escala no sólo beneficiarán a las comunidades directamente afectadas por el tsunami, pues es importante que no se creen desigualdades entre la franja costera, siniestrada por el tsunami, y las zonas adyacentes donde también puede haber altos índices de vulnerabilidad. Muy pronto, comenzarán las obras previstas en el proyecto de mejoramiento de la red de abastecimiento de agua de Pottuvil, pero por el momento, la labor de voluntarios como Musammil sigue siendo esencial.
Mohadin Musammil adoptó a las hijas de su cuñada que pereció en el tsunami.
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Foto: Patrick Fuller/Federación Internacional (p13410)

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Musammil y su equipo limpiaron más de 1.300 pozos de la zona de Pottuvil.
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Foto: Patrick Fuller/Federación Internacional (p13408)

En la planta de la Cruz Roja Alemana instalada en Tirrukkovil se potabilizan entre 120.000 y 150.000 litros de agua por día.
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Foto: Patrick Fuller/Federación Internacional (p13409)

Los damnificados alojados en el campamento temporal de Komari dependen de las distribuciones diarias de agua que hace la Cruz Roja.
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Foto: Patrick Fuller/Federación Internacional (p13407)
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