Ver
a Mohadin Musammil y su equipo de voluntarios de la Cruz Roja
reconforta a los damnificados de Pottuvil, Sri Lanka oriental,
pues les recuerda que el drama que viven no ha sido olvidado.
Cada día, en esta zona devastada por el tsunami, se puede
ver a los voluntarios yendo casa por casa con baldes y escaleras.
Su tarea consiste en controlar la calidad del agua y, llegado
el caso, limpiar los pozos de la franja costera de Pottuvil.
Después del tsunami, Musammil encontró trabajo
en la unidad de intervención de urgencia (UIU), especializada
en agua y saneamiento, de la Cruz Roja Sueca que llegó
a Pottuvil el pasado mes de febrero. Ahora, casi 10 meses después,
está al frente del programa de limpieza de pozos que
lleva a cabo la Cruz Roja de Sri Lanka en esa zona.
Musammil vive en el pueblo de Jalaldeen Square, pequeña
comunidad donde el tsunami causó grandes estragos. Antes
era una comunidad muy sólida, pero la mayoría
de los damnificados fue abandonando sus casas en ruinas. La
familia de Musammil es una de las pocas que se quedaron. Viven
en un refugio temporal de madera que construyó una ONG
local cerca de las ruinas de las casas.
Además de sus cinco hijos, Musammil cría a las
tres hijas de su cuñada que pereció en el desastre.
“Es una gran responsabilidad, pero aquí soy uno
de los afortunados, tengo trabajo”, comenta con pesar.
Katarina Ortfelt, Delegada de Agua y Saneamiento, de la Federación
Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja, coordina la labor del equipo de Musammil en el distrito
de Ampara.
“Antes, la mayoría de las familias dependía
enteramente de sus propios pozos de agua, pero después
del tsunami, los niveles de salinidad de las aguas subterráneas
aumentaron tanto que el agua sólo sirve para lavar”,
explica Katarina.
Inicialmente, la Cruz Roja se proponía clorar y limpiar
los pozos que habían resistido al tsunami. Ahora, cada
tres meses, controla los niveles de salinidad de cada pozo de
la zona.
“En los ocho últimos meses, limpiamos más
de 1.300 pozos y los niveles de salinidad bajaron un 50 por
ciento, pero el agua todavía no se puede beber. Necesitamos
que lleguen las lluvias del monzón y se lleven la sal”,
señala Musammil. Los habitantes de Jalaldeen que decidieron
quedarse, ahora dependen del agua potable de una serie de tanques
comunales y de los depósitos plegables diseminados en
torno al pueblo y que abastece la Cruz Roja.
En lo que se refiere al agua, la situación en esta zona
árida siempre ha sido precaria. Después de tres
meses de sequía por año, casi la mitad de los
pozos quedan secos. Esto último, junto con la infraestructura
dañada, la contaminación de los pozos y las personas
desplazadas, creó una enorme necesidad de agua apta para
el consumo a la que debe atender la comunidad humanitaria en
su conjunto.
La Cruz Roja viene prestando ayuda de varias maneras que incluyen
la purificación y distribución de agua a gran
escala; la limpieza de pozos; la construcción y rehabilitación
de letrinas, y la mejora de las redes de abastecimiento de agua.
Las cuatro UIU, especializadas en agua y saneamiento, enviadas
por las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja de Alemania, Francia
e Italia, producen y distribuyen hasta 3.000.000 de litros de
agua potable por semana para unos 50.000 habitantes de los distritos
de Ampara y Batticaloa, al este del país.
“Hay tantas necesidades, que este es uno de los programas
más amplios y ambiciosos de agua y saneamiento llevados
a cabo por la Cruz Roja en un solo país. Abarca dos niveles,
ya que nos ocupamos de los hogares donde distribuimos filtros
de agua y limpiamos los pozos, pero también respaldamos
proyectos de infraestructura de abastecimiento de agua por varios
millones de dólares”, señala Fidel Pena,
Coordinador de Agua y Saneamiento, de la Federación Internacional.
Dos kilómetros tierra adentro, la mayoría de los
damnificados que abandonaron la costa siniestrada, actualmente,
vive en los campamentos temporales que se alzan a ambos lados
del camino. Instalados en terrenos baldíos, ahora e parecen
pequeños pueblos con almacenes, huertos y servicio de
autobuses. Cada mañana llega un camión cisterna
de la Cruz Roja a abastecer el tanque de 10.000 litros de agua
que se encuentra al borde del camino. Poco después, hay
una multitud de mujeres de los campamentos que esperan en torno
a la canilla para llenar sus baldes. Esa es sólo una
de las muchas paradas del camión cisterna que cada pocas
horas regresa a la planta potabilizadora para volver a cargar.
Situada al borde de un lago pintoresco, cerca de Tirrukkovil,
en esta planta potabilizadora de la Cruz Roja Alemana, se bombea
el agua a tanques de 70.000 litros donde es tratada con sulfato
de aluminio. Después de un par de horas el agua está
depurada; entonces, se transvasa a otros dos tanques de depósito
donde se clora y luego se bombea a los camiones cisterna que
esperan. La planta a está a cargo de Gottfried Stauffer,
Delegado de Agua y Saneamiento de la Cruz Roja Alemana.
“Todos los días abastecemos a unas 1.200 familias
de seis campamentos temporales de la zona. Otras organizaciones
también mandan camiones cisterna; por lo tanto, distribuimos
una media de 120.000 a 150.000 litros de agua por día”,
indica Gottfried.
Desde diciembre, la Cruz Roja viene abasteciendo de agua a miles
de personas de nueve distritos de Sri Lanka, afectados por el
tsunami. “Esta necesidad persistirá hasta que mejore
la calidad del agua de los pozos comunitarios y la gente se
mude a viviendas permanentes que dispondrán de abastecimiento
de agua potable”, señala Fidel Pena. En cuanto
a la solución a largo plazo, el Movimiento Internacional
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja ayudará a reparar
la infraestructura de agua y saneamiento que existía
antes del tsunami, mejorará algunas instalaciones y construirá
otras.
El 23 de agosto de 2005, la Federación y la Cruz Roja
de Sri Lanka firmaron un acuerdo con el gobierno para construir
la infraestructura de abastecimiento de agua en los distritos
de Ampara, Galle, Hambantota, Jaffna, y Matara, lo que costará
unos 38.000.000 de francos suizos (30.000.000 de dólares
o 24.700.000 euros). Según los términos de ese
acuerdo, la primera etapa consiste en un proyecto de agua y
saneamiento a gran escala en el distrito de Galle que beneficiará
a más de 5.500 personas y empleará a más
de 60 miembros del personal de la Junta de Agua durante dos
años.
Estos proyectos de infraestructura a gran escala no sólo
beneficiarán a las comunidades directamente afectadas
por el tsunami, pues es importante que no se creen desigualdades
entre la franja costera, siniestrada por el tsunami, y las zonas
adyacentes donde también puede haber altos índices
de vulnerabilidad. Muy pronto, comenzarán las obras previstas
en el proyecto de mejoramiento de la red de abastecimiento de
agua de Pottuvil, pero por el momento, la labor de voluntarios
como Musammil sigue siendo esencial.
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Mohadin
Musammil adoptó a las hijas de su cuñada
que pereció en el tsunami.
Foto: Patrick Fuller/Federación Internacional (p13410)
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Musammil
y su equipo limpiaron más de 1.300 pozos de la
zona de Pottuvil.
Foto: Patrick Fuller/Federación Internacional (p13408)
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En
la planta de la Cruz Roja Alemana instalada en Tirrukkovil
se potabilizan entre 120.000 y 150.000 litros de agua
por día.
Foto: Patrick Fuller/Federación Internacional (p13409)
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Los
damnificados alojados en el campamento temporal de Komari
dependen de las distribuciones diarias de agua que hace
la Cruz Roja.
Foto: Patrick Fuller/Federación Internacional (p13407) |
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