El
nacimiento de un niño siempre trae nuevas responsabilidades.
En el pueblo de Abala Sani es tradicional celebrar la llegada
de un bebé con un festín y sacrificar un cordero
para darle una buena bienvenida.
Ahora bien, Inoussa Oursouba, campesino cuya esposa acababa
de dar a luz un varón, su décimo hijo, esa tradición
le ponía en aprietos porque las finanzas familiares estaban
prácticamente agotadas y no podía permitirse comprar
un cordero.
“El año pasado la cosecha fue muy mala. Este año
ni siquiera pudimos comprar semillas de caupí y de mijo.
Hasta tuve que pedir dinero prestado para comprar alimentos.”
“Así que para comprar el cordero, le tuve que pedir
a un amigo que me prestara más dinero.”
En Níger muchas familias atraviesan una situación
precaria porque la cosecha de 2004 fue muy escasa debido a la
sequía y la plaga de langostas. El precio de los cereales
aumentó 80 por ciento. Para comprar víveres y
semillas, los campesinos empezaron a vender el ganado y otros
bienes tales como utensilios de cocina, ropa, alhajas, pero
el precio del ganado se vino abajo, y dejó a las familias
con muy poco por sus bienes tan preciados.
Inoussa Oursouba cuenta que fue a pie hasta el mercado de Dogondoutchi,
275 kilómetros al sur, donde vendió una vaca por
la suma irrisoria de 70.000 francos CFA (menos de 130 dólares).
Con esa cantidad sólo pudo comprar semillas de mijo y
no su mezcla preferida de semillas de mijo y cupí que
se pueden plantar en el mismo campo.
El futuro de su familia se anunciaba sombrío, pero un
programa de la Cruz Roja le da esperanzas. Además de
distribuir alimentos a niños desnutridos y sus familias
aquejadas por la hambruna en el Sahel, la Federación
Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja se propone atender las necesidades de seguridad alimentaria
a más largo plazo tanto en Níger como en Burkina
Faso, Malí y Mauritania. Junto con la Cruz Roja Nigerina,
también está evaluando las ventajas de las distribuciones
en efectivo, los bancos de cereales, los programas ganaderos
y otros proyectos para restablecer la capacidad de resistencia
de las familias.
A fin de romper el círculo de la pobreza y mejorar la
cosecha de este año, la Cruz Roja Nigerina, con apoyo
de la Federación Internacional, distribuyó 10
toneladas de semillas de cupí a unas 3.000 familias de
la provincia de Tahoua, al norte de la capital, que es una de
las más pobres del país. En julio, cada familia
recibió 30 kilos de semillas, lo que le permitió
plantar una hectárea que producirá casi 100 kilos
de cupí.
Las semillas fueron distribuidas por diez voluntarios de la
Cruz Roja en los pueblos que, según una evaluación
del gobierno, eran los que necesitaban más ayuda de urgencia,
indicó Issa Mano, Director del Ministerio de Agricultura
en Tahoua.
“La idea era ayudar a los productores ofreciéndoles
semillas. Afortunadamente, nos reunimos con representantes de
la Cruz Roja y les pedimos que nos prestaran asistencia para
ayudar a los campesinos”, añadió Issa Mano.
Bachir Andillo, voluntario de la Cruz Roja Nigerina, dice que
se optó por el cupí porque crece más rápido
que el mijo o el sorgo.
“Nos centramos principalmente en hogares encabezados por
mujeres o personas mayores porque son las más necesitados
y no pueden costearse las semillas. La necesidad es inmensa,
de manera que tenemos que seleccionar. En algunos pueblos sólo
pudimos ofrecer semillas a quienes estaban en peor situación,
pero en otros, todo el mundo recibió semillas.”
Ahora bien, limitarse a distribuir semillas no basta para asegurar
el futuro de la gente.
Los campesinos dependen exclusivamente de la lluvia, porque
no hay ningún sistema de riego. En este período
de crecimiento, prácticamente, no llovió; de ahí
que a finales de julio, los campesinos aún no hubieran
podido plantar todas las semillas.
Aboubakar Malik, otro campesino de Abala Sani, piensa que esta
temporada cada vez más seca retrasará la cosecha:
“Este último mes, en esta zona no ha llovido. Por
lo tanto, la cosecha que normalmente es a finales de septiembre,
recién se hará a finales de octubre.”
Actualmente, los precios de los cereales están por las
nubes, pero justo antes de la cosecha se desplomarán.
Entonces, los campesinos tendrán que encontrar la manera
de guardar los cereales hasta que los precios vuelvan a subir,
pero a muchos, el hambre les obligará a vender a bajo
precio.
Inoussa Oursouba comenta que a su familia las semillas de la
Cruz Roja le llegaron justo a tiempo. Ahora, sólo le
queda esperar que la cosecha sea abundante.
Cuando le preguntan que hará si la cosecha vuelve a ser
mala se encoge de hombros. La familia Oursouba no tiene más
nada que vender, así que, probablemente, emigre, tal
vez a Côte d’Ivoire. Es muy común que para
sobrellevar las crisis, los campesinos terminen por irse a otro
país en busca de trabajo. “Pero en realidad nadie
quiere dejar su tierra”, afirma Inoussa.
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| Cuatro
de los hijos de Aboubakar Malik, campesino de Abala Sani,
están en Côte d’Ivoire. Si no les puede
mandar algún dinero, él también tendrá
que irse a trabajar allí. (p13427)
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| El
año pasado, los 10 acres de tierra de cultivo que
Inoussa heredó de su padre fueron devastados por
la plaga de langostas. (p13426)
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