Aceh
occidental – En este día de Ramadán, hay
una niña y una docena de niños en el orfanato
de Suchi Hati; los demás, casi 150 niñas y niños,
fueron a pasar con sus parientes el mes de ayuno musulmán.
Los que se quedaron aquí, sólo pueden contar unos
con otros y no tienen más que la tienda de campaña
que sirve de orfanato en esta ciudad de la costa occidental
de la provincia de Aceh, Indonesia.
La mayoría de los chicos duerme hasta bien pasado el
mediodía. No es la pereza “proverbial” de
la adolescencia, están cansados porque durante el Ramadán
tienen que orar de madrugada y a altas horas de la noche. La
Cruz Roja Española puede testimoniar que aunque tengan
motivos de sobra para renunciar y echarse al abandono, distan
de ser perezosos.
Hasta hace siete días, el orfanato, cuyo nombre en indonesio
significa corazón puro, era un conjunto de tiendas de
campaña destartaladas y agujereadas situado al borde
de un enorme campamento de personas desplazadas por el tsunami.
Niñas y niños dormían en esterillas de
paja extendidas en el suelo sobre láminas de plástico.
Quienes se ocupaban de los niños utilizaban un rincón
de la tienda para cocinar. Cada cual se las arreglaba como podía.
“Al principio, después que el tsunami destruyera
el edificio del orfanato, había una situación
de emergencia. Por eso, nos alegraba saber que, por lo menos,
podríamos dormir sin correr el riesgo de empaparnos.
Para nosotros era suficiente”, comenta el Sr. Dahlianas,
Director del orfanato.
En los meses en que se estaban echando los cimientos del nuevo
edificio del orfanato, no paró de llover y el viento
siguió soplando. Las tiendas de campaña, que eran
tan solo un refugio de emergencia, comenzaron a combarse y llenarse
de agujeros. El terreno donde estaban los niños se convirtió
en un lodazal.
En las noches tormentosas, cuando la lluvia se filtraba por
el techo, inundaba la zanja en torno de la tienda de campaña
y se deslizaba por todos lados, algunos niños tomaban
sus esterillas y se iban a la mezquita que está cerca.
Una vez allí, las ponían en el duro piso de mármol
y trataban de dormir hasta la hora de las oraciones matinales
y las clases.
“Intentaban seguir llevando la vida de siempre”,
comenta el Sr. Dahlianas.
Hace un par de meses, cuando la Cruz Roja Española y
la Cruz Roja Indonesia se enteraron de lo que pasaba, convencieron
a una mujer de que les prestara un terreno para instalar un
nuevo campamento, justo al lado de donde se está construyendo
el orfanato. También obtuvieron la autorización
de una mezquita para reconstruir algunas dependencias anexas
y que sirvieran temporalmente de dormitorio para las niñas
de otro orfanato en condiciones similares.
La Cruz Roja Española empezó a abastecer de agua
potable y a construir instalaciones sanitarias, pocos días
después del tsunami y el gran empeño siguiente
era reconstruir viviendas permanentes. Pero, en los últimos
meses, la Cruz Roja Española y la Federación Internacional
constataron que cuestiones como la propiedad de los terrenos
y la escasez de materiales comprometían los proyectos
de reconstrucción de todos los organismos de ayuda. Los
damnificados tendrían que esperar más de lo previsto
para recibir sus nuevas viviendas y, por lo tanto, había
que hacer algo por su bienestar y su seguridad durante esa espera.
Entonces, la Cruz Roja Española y la Federación
Internacional empezaron a buscar soluciones a este problema
general. “Consideramos que era una situación de
emergencia”, señala Miguel Urquía, Delegado
de la Cruz Roja Española. La Federación Internacional,
envió 27.000 tiendas de campaña familiares, nuevas
y más grandes, para reemplazar las que se habían
deteriorado o eran inadecuadas. Además, la Federación
y la ONU establecieron un grupo de trabajo interinstitucional
que se ocupó de planificar la adquisición, distribución
e instalación de más de 15.000* refugios temporales
de estructura metálica (los primeros llegarán
al país, a principios de noviembre).
La Cruz Roja Española ya puso en marcha su propio proyecto
local para proporcionar planos y materiales de construcción
de módulos de alojamiento temporal a 900 familias que
actualmente viven en tiendas de campaña. Dichos módulos
se instalarán en terrenos prestados por pueblos o propietarios
de los alrededores.
En cuanto al orfanato de Suchi Hati, la Cruz Roja Española
construyó letrinas y duchas, cavó un pozo, instaló
tanques de agua y está construyendo una cocina y una
sala de reuniones de madera. Además, instaló nuevas
tiendas de campaña con tarima de madera, sobretecho de
plástico impermeable y cumbrera de madera donde se alojarán
los niños.
Se trataba de que lo niños dispusieran de un campamento
cómodo y seguro cuando empezaran las clases a finales
de septiembre. Los delegados y el personal de la Cruz Roja estaban
tan entusiasmados y comprometidos con el proyecto que un fin
de semana, Urquía encontró a una docena de ellos
trabajando en el campamento en sus horas de descanso.
Pero no eran los únicos; Urquía cuenta que los
chicos del orfanato, todos los días iban en bicicleta
al nuevo sitio para ver a los constructores.
“Un día, se aparecieron en las obras con pequeños
martillos y serruchos. Juntaron restos de madera, se sentaron
y empezaron a cortar y martillar”, añade.
Marlina Cut, Encargada del proyecto de la Cruz Roja Española,
dice que dentro de poco, los chicos empezarán a fabricar
mesas, roperos, sillas y bancos para su nuevo hogar.
“Son muy trabajadores. Fabricaron soportes para tender
ropa y los bastidores de sus propios cuartos en las tiendas
de campaña”, puntualiza Marlina.
“Teníamos que organizarnos”, dice Karim de
17 años que aspira a ser funcionario del Estado algún
día.
“Necesitamos escritorios para estudiar y estanterías
para la ropa”.
Salvo la ropa que llevaban puesta, estos chicos perdieron todo
en el tsunami, y sólo una tarea fortuita les salvó
la vida. En la mañana del 26 de diciembre, los maestros
habían decidido que niñas y niños limpiaran
el terreno del orfanato. Cuando sobrevino el terremoto, los
maestros los reunieron a todos y cuando oyeron que se acercaba
la ola, les dijeron que corrieran a refugiarse en la mezquita.
En ese momento, el director estaba en la ciudad y la ola lo
atrapó, pero logró nadar hasta el orfanato para
ayudar a los niños. Sólo uno de ellos no alcanzó
a escapar, pero el Sr. Dahlianas perdió a tres de sus
cuatros hijos que estaban en su casa.
El rostro afable del Sr. Dahlianas se ensombrece cuando habla
de esa pérdida y se le humedecen los ojos. Prosigue diciendo
que nunca consideró la posibilidad de dejar su trabajo
con los niños. “Ahora, me siento más cerca
de ellos; antes del tsunami sufrían y después
sufrieron más.”
Algunos habían perdido al padre, a la madre, o a ambos,
antes del tsunami y otros estaban en el orfanato porque la familia
es demasiado pobre para nutrirlos. Algunos perdieron a toda
la familia en el desastre. El Sr. Dahlianas dice que, a menudo,
los chicos cuentan cómo murieron sus padres.
“La situación sigue siendo dura. Antes, tenían
su propia cama y su propio cuarto. Ahora tienen que vivir en
tiendas de campaña. Pero, aún así, se sienten
mejor porque están bien alimentados, tienen buenas tiendas
de campaña con piso de madera, mejor saneamiento y electricidad,
así como actividades en qué ocuparse. De pronto,
llegó la Cruz Roja Española con la buena misión
de instalarnos aquí”, añade el Sr. Dahlianas.
Al anochecer de otro día de Ramadán, los chicos
de Suchi Hati visitaron las duchas de cabinas de zinc. Poco
después, una sirena les advirtió que se había
terminado el ayuno y podían beber agua de papaya y comer
una especie de torta de manteca de maní. Luego, se precipitaron
a una de las nuevas tiendas grandes para rezar las oraciones
vespertinas.
Después de las oraciones, los chicos mostraron el mobiliario
que habían fabricado con restos de madera. Está
muy bien hecho y algunos muebles incluso tienen bisagras y pomos
de metal. Los chicos, que aprendieron en el taller de carpintería
del viejo orfanato, dicen que seguirán fabricando muebles,
así tendrán algo para vender y ganarse la vida
cuando sean mayores.
En las nuevas tiendas grandes, la ropa de los chicos está
doblada en estanterías o colgada en perchas de manera
que, a simple vista, resulta insólitamente pulcra. Pero
si se mira más de cerca, se descubre que algunos muebles
están adornados con recortes de papel aluminio o garabateados
de guitarras eléctricas con el nombre y el distintivo
de sus grupos de rock favoritos.
Después de todo, son muebles de adolescentes.
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Este
chico, hijo del director del orfanato de Suchi Hati, perdió
a sus tres hermanos en el tsunami. Después del
desastre, su padre nadó hasta el orfanato para
ayudar a rescatar a los niños sin saber que ya
se les había puesto a salvo en una mezquita cercana,
mientras que sus hijos no lograron salir de su casa antes
que llegara la ola. El director dice que ahora se siente
más cerca de los niños que “sufrían
antes del tsunami y después sufrieron más.”
Foto: Virgil Grandfield/Federación Internacional
(p13422)
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Miguel
Urquía, delegado, y Cut Lina, encargada de proyectos,
de la Cruz Roja Española, visitan el predio de
la mezquita donde se repararán algunas dependencias
anexas para alojar a las niñas hasta que se reconstruya
el orfanato. La Cruz Roja Española lleva a cabo
proyectos destinados a ofrecer refugio temporal a los
niños de dos orfanatos y a más de 800 familias
de esta zona de la costa occidental de la provincia de
Aceh.
Foto: Virgil Grandfield/Federación Internacional
(p13421)
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Los
chicos del orfanato de Suchi Hati fabricaron mueblos con
los restos de madera que quedaron del campamento construido
por la Cruz Roja Española que dispone de un nuevo
pozo, letrinas, duchas, una cocina y una sala de reunión,
y comprende cuatro tiendas de campaña grandes con
tarimas y sobretecho de plástico impermeable para
cobijar a los niños de la lluvia. Las letras que
pintaron en este pequeño cuadro son las siglas
de la Cruz Roja Indonesia y la Cruz Roja Española.
Foto: Virgil Grandfield/Federación Internacional
(p13424)
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Este
chico estaba en el orfanato de Suchi Hati antes del tsunami
porque sus padres no podían permitirse mandarlo
a la escuela. Después del desastre, caminó
dos días sin comer ni beber para ir hasta su pueblo
y saber que había sido de ellos. Estuvo días
buscándolos y durmiendo por las noches en el bosque
cercano al pueblo. Los cadáveres de sus padres,
hermanos y el resto de su familia extendida no se encontraron.
Cuando cumpla 18 años tendrá que dejar el
orfanato.
Foto: Virgil Grandfield/Federación Internacional
(p13425) |
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Primeras
oraciones vespertinas después del ayuno. Durante
el mes del Ramadán, las escuelas cierran y la mayoría
de los niños del orfanato se van a pasarlo a casa
de algún familiar. La niña y los niños
que se quedaron no tienen ningún pariente. La Cruz
Roja Española hace un esfuerzo especial que va
más allá de su habitual programa de reconstrucción
a largo plazo, para mejorar las condiciones de vida en
el refugio temporal de estos niños y los de otro
orfanato cercano. La mayoría son huérfanos
a causa de accidentes, enfermedades, el conflicto armado
de tantos años en Aceh, y algunos a causa del tsunami.
Foto: Olav A. Saltbones/Federación Internacional
(p-IDN0736)
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