“Mis
abuelos vivieron para contar el smong de 1907 y, por eso, sobrevivimos
al terremoto y el tsunami del año pasado”, cuenta
Jairman, de 49 años, maestro principal de la Escuela
Sekolah Menengah Petama (SMP) de la isla de Simeuleu, al recordar
cómo él y su familia se salvaron de los tsunamis
que arrasaron la isla.
Smong, que quiere decir tsunami u ola gigante en el idioma local,
se ha vuelto un término común en cada hogar de
Simeuleu, sobre todo, después de los dos tsunamis que
azotaron la isla en espacio de tres meses (26 de diciembre de
2004 y 28 de marzo de 2005). Mientras huían corriendo
para salvarse, todos los isleños gritaban smong, smong,
smong.
Después del tsunami de 1907 en el que, según los
isleños, hubo muchos muertos y cientos de casas fueron
destruidas, Smong era un cuento muy popular que se contaba a
los niños a la hora de dormir.
Los padres se lo contaban a sus hijos para enseñarles
a detectar los signos precursores en caso de que hubiera otro
smong. El cuento se fue transmitiendo de generación en
generación y, hoy en día, los damnificados afirman
que les salvó la vida.
A diferencia de muchas otras zonas de Sumatra donde los tsunamis
se cobraron miles de vidas, sólo ocho habitantes de Simeuleu
perecieron en el desastre de marzo de 2005.
“Podrían haber muerto muchos más, si nuestros
antepasados no nos hubieran legado el cuento del Smong en el
que se describen los signos precursores y todo el mundo recuerda.
Cuando sobrevino el terremoto, inmediatamente lo recordé
y, desde ese momento, tuve la impresión de escuchar la
voz de mi abuela”, explica Jairman y cita lo que ella
le decía: “Después del terremoto mira el
mar; cuando las aguas se retiran, después viene el smong.
No esperes un segundo y corre para salvar tu vida.”
“Cuando las aguas empezaron a retirarse, salimos corriendo
con mi familia a terrenos más altos sin llevarnos nada.
Todos huimos a la montaña. En el tsunami de este año
no murió nadie, pero el mar se tragó las 40 casas
de mi pueblo”, añade Jairman.
La familia de Jairman vivía en Linggi, un pueblo situado
al pie de la montaña. Al igual que sus vecinos, ahora,
viven en un centro temporal de Upper Linggi. “Aún
estamos bastante asustados para volver. Todavía no. La
experiencia del tsunami fue demasiado fuerte para asumirla y
aquí sigue habiendo réplicas de vez en cuando”,
dice Jairman y sacude la cabeza.
La isla de Simeuleu – dividida en ocho subdistritos, incluido
el de Sinabang, la capital – cuenta con unos 80.000 habitantes
para quienes Smong no es sólo un cuento sino una herramienta
tradicional y eficaz de alerta temprana que todos, incluso los
niños, conocen muy bien y a la que atienden con la debida
seriedad.
“Queremos seguir transmitiendo ese saber. Aquí
en nuestra escuela, los 28 maestros incluyen el cuento Smong
de 1907 en los cursos de historia para asegurarse de que los
alumnos conozcan bien esta cuestión importante”,
prosigue Jairman mientras señala las aulas.
De hecho, si se le pregunta sobre el smong a algún de
los 415 alumnos de la escuela SMP responderá algo así:
“Ah, si el smong... un tsunami con olas más altas
que los árboles. Nuestros padres y maestros nos lo contaron.
Todo nuestros amigos también conocen ese cuento.”
En Salur, que se dice fue uno de los pueblos más castigados
por el tsunami de 1907, donde hubo muchos muertos y la mezquita
más alta y más antigua de Simeuleu fue totalmente
destruida, todo el mundo tiene algo que contar sobre el smong.
Al oírnos hablar del tema, Muin, un pescador, nos señala
las ruinas de la mezquita. “Este es el mismo terreno donde
estaba la mezquita más alta y más antigua de Simeuleu.
Después de que fuera derribada en 1907, se reconstruyó,
pero en el terremoto de 2002 se derrumbó y, este año,
otra vez. Así, que tendremos que volver a construirla.”
Muin se encoge de hombres, abre sus brazos y añade: “No
ha problema, lo haremos una y otra vez, si hay que hacerlo.”
El pescador nos muestra una tumba cerca de la mezquita que tiene
grabada la fecha 27-3-1907. “Aquí está enterrada
una de las víctimas del tsunami de 1907 que como ven,
también fue en marzo.”
Emiamin, de 70 años, recuerda que un día antes
del terremoto, búfalos, cabras y vacas se comportaron
de manera extraña y corrieron a la montaña, en
lugar de quedarse cerca de la playa como lo hacen cada tarde.
Además, el canto de los pájaros era mucho más
estridente que de costumbre.
“Le dije a mi familia que algo andaba mal. De pronto,
me vino a la mente un recuerdo de susto. Me di cuenta que eran
los mismos signos precursores que nos describían nuestros
abuelos sobre el smong. Entonces, aquí, todos estábamos
alerta y sin perder un segundo huimos a la montaña.
Mudi, de 25 años, otro vecino de Salur, cuenta que cuando
vio que las aguas se retiraban después del terremoto,
llamó a sus padres y sus hermanas y se fueron corriendo
a terrenos más altos. “Era el signo del smong”,
acota Mudi y recuerda lo que le habían contado sus amigos.
Emiamin, Mudi y el resto de los 647 habitantes de Salur dicen
que se quedaron seis meses en la montaña por miedo de
que se repitiera la tragedia. Sólo volvieron al pueblo
después del Ramadan para reconstruir sus casas y tratar
de salir adelante.
En el pueblo de Desa Lauke, subdistrito de Simeuleu Tengah,
Rusiani de 30 años y madre de tres hijos cuenta que antes
de la tragedia, ella y otros vecinos notaron que las olas eran
más fuertes e irregulares que de costumbre. Al darse
cuenta que pasaba algo raro, reunió a sus tres hijos
y también se fueron a terrenos más altos.
Puede que a los habitantes de Simeuleu, sus antepasados les
contaran otros cuentos, pero el del Smong siempre será
el que mejor recuerden, pues no se trata de un cuento más,
pues enseña a reconocer esos signos precursores que hacen
la diferencia entre la vida y la muerte.
La preparación en previsión de desastres, basada
en la sensibilización de la comunidad y sistemas de alerta
temprana, es prioritaria para la Federación Internacional
de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
De hecho, en las zonas devastas por el tsunami, la Federación,
en cooperación con la Cruz Roja Indonesia (PMI), amplió
su programa comunitario en dicha esfera.
En centros de alojamiento temporal, escuelas y comunidades,
el equipo de voluntarios de la PMI proyecta un nuevo vídeo
de dibujos animados sobre preparación en previsión
de desastres en el que se recalca que reconocer y divulgar los
signos precursores de distantes calamidades es fundamental y
se subraya la importancia de la intervención en casos
de desastre, la protección del medio ambiente y los primeros
auxilios. Aunque este programa está destinado principalmente
a los niños, los mayores también aprecian el dibujo
animado.
Además, la Cruz Roja ha ampliado la formación
de voluntarios y dirigentes comunitarios a quienes imparte cursos
de gestión de desastre. Una vez terminados los cursos,
unos y otros integran los equipos comunitarios de intervención,
preparados a entrar inmediatamente en acción si sobreviene
un desastre. Dicha formación abarca: ejercicios de rescate
y evacuación; primeros auxilios; atención de salud
de urgencia; apoyo psicosocial y organización comunitaria.
Familiarizados con los signos precursores de los desastres,
sobre todo el smong, los damnificados traumatizados por el tsunami
vuelven a reunirse en la playa como de costumbre para disfrutar
de la fresca brisa del mar y el suave murmullo de las olas en
compañía de los búfalos echados tranquilamente
en la arena, pero siempre guardan en un rincón de su
memoria el cuento del Smong que ha salvado incontables vidas
y lo seguirá haciendo ahora y siempre.
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Jairman,
maestro principal de la Escuela Sekolah Menengah Petama
(SMP) de la isla de Simeuleu, Indonesia, incluye el cuento
Smong en el curso de historia para que las nuevas generaciones
aprendan a reconocer los signos precursores de ese desastre.
Foto: Teresita P. Usapdin/Federación Internacional
(p13636)
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Los
alumnos de la escuela SMP saben muy bien qué es
el smong: un tsunami con olas más altas que los
árboles.
Foto: Teresita P. Usapdin/Federación Internacional
(p13640)
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Emiamin,
de 70 años, recuerda que los búfalos y otros
animales se comportaban en forma extraña el día
antes del tsunami, los mismos signos precursores de smong
que le habían contado sus abuelos. Cuando los habitantes
de Simeuleu ven a los búfalos echados tranquilamente
en la playa, saben que no les acecha ningún peligro.
Foto: Teresita P. Usapdin/Federación Internacional
(p13637)
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En
este terreno se alzaba la mezquita más alta y más
antigua de Simeuleu. Reconstruida por primera vez después
el terremoto y el tsunami de 1907, el terremoto de 2002
la derrumbó y se volvió a construir, pero
el terremoto y el tsunami de este año volvieron
a acabar con ella. Los habitantes están dispuestos
a reconstruirla una vez más.
Foto: Teresita P. Usapdin/Federación Internacional
(p13639) |
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Un
habitante de Salur muestra la tumba donde yace una de
las víctimas del tsunami de 1907.
Foto: Teresita P. Usapdin/Federación Internacional
(p13638) |
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