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Butet no hace falta recordarle el día en que el tsunami
arrasó su barrio. Esta muchacha no olvidará nunca
la pérdida de su madre, su padre y una hermana. Pero
cuando mira para afuera, desde su casucha de Banda Aceh, a cuatro
kilómetros del mar, ve por encima de su cabeza, la mole
de un barco de 3.600 toneladas.
Hasta el 26 de diciembre era una central flotante, anclada mar
adentro, que producía electricidad para Banda y alrededores.
Aquel día el tsunami la arrastró tierra adentro
y la depositó en el distrito de Butet de Punge. A su
paso aplastó las viviendas y, desde entonces, Punge vive
a su sombra.
Un año después, Butet y su otra hermana viven
en una casucha de dos habitaciones fabricada con desechos del
tsunami. El techo es de chapa y tiene tantos agujeros que en
esta estación en la que llueve a cántaros, el
lugar parece un colador patas arriba. Butet no tiene demasiado,
pero lo poco que tiene está empapado.
No se conoce la cifra exacta de quienes sufren tales privaciones,
pero son miles. Tal vez, algunos estén incluidos en la
última cifra de desplazados internos que asciende a 192.000
y otros no. De ahí que para la Federación Internacional
de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja sea prioritario
mejorar su situación, así como la de otros 67.500
damnificados de Aceh que siguen alojados en tiendas de campaña.
Frente a la casucha, se está instalando una unidad de
refugio transitorio de estructura metálica donde las
hermanas estarán más cómodas hasta que
se les entregue una vivienda permanente.
Esta es una de las 20.000 unidades diseñadas especialmente
para el programa de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja que
se instalarán por todo Aceh y Sumatra Norte, de aquí
a marzo de 2006, para que miles de damnificados que siguen alojados
en tiendas de campaña y refugios de fortuna se instalen
allí y vivan en condiciones decentes. Estas unidades
livianas de 26 m2, algunas de las cuales ya se ven en la isla
de Nias, en distintos lugares de Banda Aceh y en el distrito
Aceh Besar, se pueden transportar con facilidad e instalar rápidamente.
Tenían que ser livianas porque hasta muchas de las zonas
más afectadas habrá que transportarlas en barcazas
y desembarcarlas con facilidad cualesquiera que sean las condiciones.
La Federación costea los gastos de fabricación
y transporte, y confía la instalación a sus asociados
operativos de Aceh, ya sean Sociedades Nacionales de la Cruz
Roja y de la Media Luna Roja u otros organismos de socorro que
se encargan de preparar el terreno en las comunidades y contratar
a trabajadores locales, también remunerados por la Federación,
para que las instalen con ayuda de los futuros residentes. Las
Naciones Unidas prestan asistencia en la coordinación.
Contribuyendo a suplir las necesidades de refugios temporales
más firmes en toda la zona afectada, la Federación
espera alentar a los organismos a seguir centrándose
en la entrega de buenas viviendas permanentes a la mayor brevedad.
Ahora, el programa se ampliará para ayudar a otros damnificados
que viven en condiciones precarias en espera de viviendas permanentes.
Al anunciar esta decisión, la Federación informó
que tras la primera fase por un valor de 100 millones de dólares,
también era preciso abordar las dificultades de quienes
viven en barracas o en casa de familiares.
La Federación seguirá verificando la situación
para responder a las necesidades cambiantes. Según los
últimos datos, 15.000 familias siguen viviendo en barracas
y muchas más en casas de vecinos y familiares. “En
primer lugar, debemos trasladar a quienes están alojados
en tiendas de campaña porque viven en pésimas
condiciones, pero quienes viven en barracas o en casas de familia
también sufren. El hacinamiento, en particular, puede
crear tensiones e incomodidad y, a raíz de ello, ya es
evidente algún movimiento de las familias de acogida
a las barracas. Debemos seguir muy de cerca esta cuestión.
Las estadísticas no lo dicen todo”, declaró
Arnulv Torbjornsen, Jefe de la Delegación de Indonesia
de la Federación.
Torbjornsen añadió que el objetivo de la Federación
es que los damnificados vuelvan al lugar donde vivían.
“Dado que todavía no está claro cuando se
terminarán de construir las viviendas permanentes, decidimos
ampliar el programa de refugio transitorio en la medida en que
lo permiten los recursos. Nadie debería permanecer por
mucho tiempo en refugios de emergencia. La gente debe poder
reconstruir su vida y no podrá comenzar a hacerlo hasta
que no vuelva a su respectiva comunidad. Estos refugios ofrecerán
esa posibilidad a muchos damnificados.”
La Cruz Roja Canadiense instalará 1.600 unidades; la
primera se montó en el pueblo de Meunasah Kulam, Aceh
Besar. Desde su tienda de campaña, Mardiah observaba
como se iba levantando su vivienda temporal. Ella perdió
familiares y su casa en el tsunami, pero al ver a los vecinos
instalar las unidades de estructura metálica, sonreía.
Según le comentó a un periodista, viviendo en
una tienda de campaña se sentía como “una
pulga en un sombrero”.
Jean Pierre Taschereau, que está al frente del programa
de la Cruz Roja Canadiense en Aceh Besar, considera que estos
refugios supondrán una mejora significativa de la situación
de los damnificados. “Por empezar, las nuevas viviendas
no se inundarán cuando llueva y las condiciones sanitarias
mejorarán muchísimo.”
Lo mismo se piensa en Nias – que también fue gravemente
afectada por el terremoto del pasado 28 de marzo – donde
la semana pasada, la Federación y la Cruz Roja Indonesia
instalaron 64 de estas unidades. En Kampung Pande, a las afueras
de Banda Aceh, Pak Irdus, líder del pueblo, afirmó
que los primeros refugios les daban esperanzas. El tsunami se
llevó 350 de los 500 hogares de este pueblo, así
como todas las viviendas, las tiendas y los estanques de peces.
El Banco Asiático de Desarrollo construirá viviendas
permanentes y sistemas de agua y saneamiento, pero, mientras
tanto, la organización Servicios de Socorro Católicos
supervisa las instalaciones de los refugios en calidad de asociada
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Unas 52 familias dejarán
las tiendas de campaña para alojarse allí.
“Aunque no sea una vivienda definitiva, supone una gran
mejora respecto a lo que teníamos. Ahora, podemos mirar
al futuro con mayor certidumbre. Es un buen ejemplo de cooperación
interinstitucional”, comentó Pak Irdus.
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Reunión
de vecinos de Nias para organizar la instalación
de los refugios transitorios que acaban de recibir.
Foto: Corinne Treherne/Federación Internacional
(p13655)
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La
unión hace la fuerza como lo demuestran las mujeres
de Nias para habérselas con el material de sus
nuevos refugios. Diseñadas especialmente para Indonesia,
estas unidades se montan con facilidad.
Foto: Corinne Treherne/Federación Internacional
(p13656)
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En
pleno trabajo en Meunasah Kulam. La gente debe poder reconstruir
su vida y no podrá comenzar a hacerlo hasta que
no vuelva a su respectiva comunidad. Estos refugios ofrecerán
esa posibilidad.
Foto: Corinne Treherne/Federación Internacional
(p13658)
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Mardiah
frente al refugio que le están instalando en Aceh
Besar. Ya no tendrá que seguir viviendo en una
tienda de campaña y en su nueva casa estará
más cómoda. Por empezar, no se inundará.
Foto: Corinne Treherne/Federación Internacional
(p13659) |
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Todos
en fila en un pueblo de Nias esperando que se den los
últimos retoques. Llevó menos de un día
instalar la estructura de acero galvanizado. En espera
de una vida mejor, los habitantes de Nias tendrán
más comodidad hasta que se terminen de construir
las viviendas permanentes.
Foto: Corinne Treherne/Federación Internacional
(p13660) |
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