El
31 de enero, se celebró en Indonesia el Año Nuevo
Islámico. Los musulmanes consideran que este es un período
de solemne reflexión y una oportunidad de compartir momentos
con amigos y familiares. Pero para los habitantes de Aceh que
obran por reconstruir su vida después del tsunami, el
año nuevo también aporta esperanzas de un futuro
más luminoso, gracias a la Cruz Roja y la Media Luna
Roja.
Yusuf, su esposa y sus dos hijos vistieron el colorido traje
tradicional de Aceh y se fueron a festejar el Año Nuevo
Islámico con amigos y vecinos. Para Yusuf, de 46 años,
es momento de reflexionar sobre el pasado y mirar al futuro.
“No es como el año pasado… que estábamos
en estado de shock”, comenta y recuerda la destrucción
causada por el tsunami. Mira a su alrededor y abraza contra
su pecho a su hijo de 12 años. Las lágrimas surcan
sus mejillas mientras describe aquel día en que el mar
se llevó casi todos sus tesoros, entre ellos, tres de
sus hijos. Edificios, casas y árboles fueron destrozados.
Pensé haber oído a mis tres hijas pidiendo ayuda
a gritos, pero no sabía dónde estaban… entonces,
aferré a mis dos hijos más pequeños, mientras
mi esposa luchaba por su vida.”
Más de un año después del tsunami, Yusuf
sigue llorando a sus hijas, pero como llega el Año Nuevo,
se seca las lagrimas y promete amparar y cuidar de su esposa
y sus otros hijos.
Un poco más tarde, se reúne con sus vecinos en
Lampulo, donde una flamante embarcación azul y blanca
con el acertado nombre de Uro Baroe (Nuevo día) espera
suntuosamente en el muelle. Los otros pescadores, que comparten
la propiedad de la embarcación con Yusuf, forman un círculo
para explorar y admirar su preciada nave. Hablan animadamente
de las perspectivas de una buena pesca en alta mar y mayores
ingresos en el futuro.
Pescador experimentado, Yusuf vivía principalmente de
su oficio para asegurar el sustento de su familia y costear
la escolaridad de sus hijos; pero, al igual que su embarcación,
el tsunami hizo añicos sus sueños. Muchas veces,
desde entonces, Yusuf maldijo el mar por la destrucción
que causó a Aceh y su familia. Sin embargo, reconoce
que también es su fuente de ingresos y sabe que la Uro
Baroe le permitirá seguir cuidando de sus seres queridos.
Los demás propietarios de la embarcación también
hablan de pérdidas y desesperación. También
ellos tratan de reconstruir su vida y sus medios de subsistencia
tras haber perdido seres queridos. “Por primera vez, vuelvo
a sentirme vivo. Ahora, podré comprarle ropa a mis hijos
y mandarlos a la escuela”, comenta Martan que perdió
a su esposa en el tsunami.
Yusuf y Martan son dos de los 289 pescadores que se benefician
del Programa marítimo de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja en el que se restituirán 17 embarcaciones tradicionales
de gran tamaño para los damnificados por el tsunami.
Las naves están diseñadas para la pesca en alta
mar y equipadas para capturar enormes atunes, que pueden llegar
a pesar 200 kilos, utilizando líneas y aparejos en lugar
de redes.
Encabezada por la Cruz Roja Belga, esta iniciativa se lleva
a cabo según un esquema de cooperación que también
beneficiará a unos 1.500 familiares de los pescadores.
Antoine Munoz, especialista de pesca que está al frente
de este programa cuyo presupuesto asciende a 900.000 euros,
opina que el proyecto no se limita a reponer embarcaciones.
Su larga experiencia, tras años de trabajo en cooperativas
de pesca de su país, le llevaron a proponer un modelo
similar en Aceh.
“Las embarcaciones son sólo el punto de partida.
Hemos previsto un amplio programa de medios de subsistencia
que beneficiará a más damnificados y ayudará
a reactivar la economía de la comunidad en su conjunto”,
señala Antoine y añade que además de contribuir
a la autosuficiencia de las comunidades, las cooperativas fomentarán
la unidad y el trabajo en equipo de los habitantes, al tiempo
que recuperan la autoestima. “Lo más importante
es que los pescadores comparten la propiedad del proyecto”,
afirma.
Antes del tsunami, muchos barcos pertenecían a un solo
dueño que se quedaba con la mayor parte de los ingresos,
mientras los pescadores ganaban poco más de un dólar
por día. Antoine dice que las cooperativas les permitirán
compartir una embarcación y las ganancias, lo que quintuplicará
sus ingresos.
“Con esta actividad económica en sus manos, los
pescadores y sus familias podrán costearse la seguridad
social, la atención de salud y ahorrar dinero en previsión
de emergencias”, añade.
Yusuf y los demás pescadores que rodean a Antoine asienten
con la cabeza. Una brisa fresca acaricia el rostro de Yusuf
que escruta el mar por largo rato, antes de dirigirse a su embarcación.
“La Uro Baroe es la clave de nuestra nueva esperanza y
nuestra nueva vida. Será un año nuevo feliz, gracias
a la Cruz Roja y la Media Luna Roja”, asegura.
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“Uno
para todos y todos para uno”, grita Antoine para
animar a los voluntarios de la Cruz Roja Indonesia (PMI)
y a los pescadores que empujan la Uro Baroe de 17 metros
de eslora hasta el mar en el día de su lanzamiento,
el 28 de enero de 2006. (p13751)
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Voluntarios
de la Cruz Roja Indonesia (PMI) ayudan a los pescadores
a empujar la gran embarcación hasta el mar. (p13752)
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Los
beneficiarios están contentos de compartir la propiedad
de la embarcación, gracias al Programa marítimo
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. (p13755)
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