Han
pasado seis meses desde el devastador terremoto que se cobró
más de 73.000 vidas y dejó sin techo a más
de 3.500.000 personas en Pakistán septentrional. Muchos
damnificados que habían huido de las montañas
tras el desastre han vuelto y otros han emprendido la ardua
tarea de reconstruir sus vidas destrozadas.
El camino de la recuperación es largo y queda mucho por
hacer, pero se espera que con apoyo de la Cruz Roja y de la
Media Luna Roja, las futuras comunidades sean más resilientes
en el futuro y que servicios esenciales como los de educación,
atención de salud, agua y saneamiento estén bien
implantados.
Desde el terremoto del 8 de octubre de 2005, la Media Luna Roja
Pakistaní (MLRP) y la Federación Internacional
consiguieron prestar asistencia a millares de personas de algunos
de los pueblos más apartados de Pakistán septentrional,
lo que les salvó la vida.
La semana pasada, en una de las mayores operaciones de transporte
aéreo de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, se distribuyeron
casi 100 toneladas de suministros de socorro y artículos
de recuperación a 500 familias del valle de Khagan, región
lejana del norte de Islamabad, rodeada de montañas cubiertas
de nieve.
En los seis últimos meses, rara vez se pudo llegar por
tierra a este valle debido a las copiosas nevadas y los deslizamientos
de tierra. El mal tiempo también dificultó el
envío de helicópteros a la zona.
Los habitantes dicen que, después del desastre, la Federación
Internacional es la única gran organización humanitaria
que logró prestar una ayuda significativa a sus comunidades.
En el marco de dicha operación, la MLRP con apoyo de
la Federación Internacional, organizó docenas
de vuelos en helicóptero para distribuir suministros
esenciales como baldes, mantas, faroles de kerosene chapas de
hierro acanaladas y cajas con herramientas y material para reparar
refugios a unas 3.500 damnificados de la región.
Rashid Ahmad, uno de los 30.000 habitantes del valle, afirma
que la asistencia constante que prestaron la Cruz Roja y la
Media Luna Roja fue crucial.
“Las primeras semanas después del terremoto, tuvimos
que valernos por nosotros mismos y servirnos de nuestro instinto
de supervivencia porque estuvimos muy solos. Luego, a mediados
de diciembre, vinieron voluntarios de la MLRP con tiendas de
campaña y suministros que nos ayudaron a pasar el invierno”,
comenta este joven de 28 años.
Con la llegada de la primavera, las laderas aterrazadas se pintaron
de verde y según Rashid, ahora, la prioridad absoluta
de los damnificados es reconstruir sus casas y retomar la vida
de antes.
Los residentes de Khagan habitan en katchas, viviendas tradicionales
de piedra y madera, y están acostumbrados al rigor de
las condiciones de vida; pero, el terremoto de una intensidad
de 7,6 en la escala de Richter, supuso un reto suplementario.
Aún hoy se sienten réplicas y la inestabilidad
de muchas casas y muchos edificios impide que se pueda habitar
o trabajar en ellos.
Hasta la fecha, la MLRP y la Federación Internacional
distribuyeron 500 cajas para reparar refugios y más de
5.000 chapas de hierro acanaladas a los damnificados de la región
que transportaron todo hasta sus casas por estrechos senderos
de montaña, ya fuera en jeep, a lomo de mula o en sus
propios hombros.
Cada familia recibió 10 chapas de hierro acanaladas para
techar o revestir los lados de los refugios y una caja para
hacer reparaciones que contiene una pala, un hacha, un martillo,
una sierra, clavos, ganchos y alambre.
“Puede parecer elemental, pero cuando una casa sufrió
enormes daños, estos materiales y herramientas son de
suma utilidad”, comenta Syed Ali Hassan, Jefe de Operaciones
de la filial de la Provincia de la Frontera Noroccidental de
la MLRP.
“Ofrecer estos medios de reconstrucción es el primer
paso para restablecer las comunidades… y ese será
el objetivo de nuestros esfuerzos en los próximos meses
e incluso años”, añade.
Con la primavera llega la época de plantar y los habitantes
de Khagan también están ansiosos por recuperar
sus medios de subsistencia y cultivar sus pequeñas parcelas.
“Ahora tenemos herramientas para reparar nuestras casas,
pero también queremos volver a trabajar; por eso, necesitamos
semillas y formación en oficios como la carpintería”,
asevera Rashid.
En el marco del llamamiento revisado y el plan de acción
para Pakistán, la Federación Internacional incluyó
un programa trienal, con un presupuesto de 227 millones de francos
suizos (172 millones de dólares o 145 millones de euros),
para ayudar a comunidades apartadas como las de Khagan a recobrar
los medios de subsistencia, reparar y reconstruir infraestructuras
imprescindibles y prestar servicios de salud, educación
y apoyo psicosocial a los damnificados por el terremoto.
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Syed
Ali Hassan, de la Media Luna Roja Pakistaní (cerca
de la izq.) conversa con Rashid Ahmad (centro) y otros
vecinos de Kaghan sobre las necesidades de la región
en lo que se refiere a la recuperación. (p13889)
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Asif
Alisiddiqua, voluntario de la Media Luna Roja Pakistaní,
ayuda a los vecinos a cargar chapas de hierro acanaladas
en el jeep que las transportará a lo alto de las
montañas del valle de Kaghan. (p13892)
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Las
chapas de hierro galvanizado se utilizan para reforzar
y aislar las tradicionales katchas y los refugios comunitarios
de piedra y madera. (p13886)
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Entrega
de suministros de socorro en un punto de distribución
a campo abierto. Cada familia recibe siete mantas, varios
mantones, alambre, un cubo y un farol de kerosene, así
como una caja de herramientas y materiales para reparar
refugios, de la Media Luna Roja Pakistaní. (p13887)
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Cada
caja contiene una pala, un hacha, un martillo, una sierra,
clavos y ganchos que se utilizan para reparar viviendas
dañadas y construir nuevas casas.(p13884)
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