Los
voluntarios están siempre en primera fila de las operaciones
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y el programa de recuperación
de Sri Lanka tras el tsunami no es excepción. Casi un
año y medio después del devastador tsunami de
Asia, centenares de voluntarios de la Cruz Roja de Sri Lanka
siguen trabajando con las comunidades afectadas, lo que demuestra
que sus competencias son cruciales para el proceso de recuperación
del país.
Cuando el tsunami arrasó casi dos tercios de la franja
costera de Sri Lanka, más de 5.000 voluntarios de la
Cruz Roja de todo el país se movilizaron para ayudar
en las tareas de rescate de damnificados, recuperación
de cadáveres y distribución de alimentos, ropa,
tiendas de campaña y otros suministros de socorro.
Actualmente, los voluntarios siguen colaborando en casi todas
las actividades del programa de recuperación que llevan
a cabo la Cruz Roja y la Media Luna Roja, incluidos los primeros
auxilios y la atención de salud basada en la comunidad.
Además, participan en varias tareas que son nuevas para
la Cruz Roja de Sri Lanka como prestar apoyo psicosocial en
las comunidades damnificadas, controlar y sanear pozos, purificar
y distribuir agua, evaluar necesidades y apoyar iniciativas
relacionadas con los medios de subsistencia.
“El trabajo es duro, pero también muy satisfactorio
cuando uno ve la sonrisa en el rostro de quienes agradecen a
la Cruz Roja. Al tener la posibilidad de aportar cambios y esperanza
en la vida de la gente, siento que mi labor es útil”,
dice Kathija, voluntaria de la Cruz Roja de Sri Lanka que trabaja
en un proyecto de medios de subsistencia en Ampara.
A veces no es fácil porque los voluntarios no son acogidos
con los brazos abierto. Kathija recuerda que una viuda la echó,
cuando golpeó a su puerta durante una encuesta de hogares.
“Me contó que varias personas habían venido
a verla, pero que ninguna había vuelto para ayudarla.
Después, me echó y me dijo que no volviera nunca
más”, explica Kathija.
Pero ella sí que volvió y, poco a poco, se fue
granjeando la confianza de aquella mujer tras repetirle una
y otra vez que la Cruz Roja quería verdaderamente ayudar.
“Le ofrecimos una moledora para que hiciera harina y,
hoy en día, es una de las partidarias más entusiastas
de la Cruz Roja”, añade Kathija.
Muchos voluntarios fueron afectados directamente por el tsunami
y siguen viviendo en refugios instalados en los campamentos
de transición. Trabajar con las comunidades afectadas
les hace sentir útiles y les ayuda a sobreponerse de
su propia tragedia personal.
Subatheepan, que trabaja en el programa de apoyo psicosocial
que la Cruz Roja Danesa lleva a cabo en Kalmunai, es uno de
esos voluntarios.
“Perdí a mi madre en el tsunami. Entonces, pienso
que puedo entender mejor lo que siente la gente con quien trabajo
porque yo también sé lo que es perder a un ser
querido”, comenta Subatheepan.
“Creo que eso me ayudó a comprender las necesidades
de la gente y responder a ellas. También me ayuda a sobrellevar
la pérdida de mi madre”, añade.
Mohideen Muzamil es otro voluntario que ahora forma parte del
personal de la Cruz Roja de Sri Lanka. Primero fue reclutado
en Pottuvil por la Unidad de Intervención de Urgencia
de la Cruz Roja Sueca para servir de intérprete. Un año
y medio después, coordina el proyecto de control y saneamiento
de pozos que puso en marcha la Federación en dicha localidad.
“Perdí mi casa en el tsunami, pero mi trabajo en
la Cruz Roja me dio la oportunidad de volver a empezar y la
satisfacción de saber que estoy contribuyendo a la recuperación
de mi propia comunidad”, afirma.
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Kathija
(a la izquierda) y una de sus colegas hablan con una damnificada
que se beneficia del programa de recuperación de
los medios de subsistencia de la Cruz Roja de Sri Lanka
en Kalmunai, en el este de Sri Lanka. (p13986)
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Subatheepan
habla con beneficiarios que viven en refugios temporarios
en Kalmunai, en el distrito de Ampara. (p13922)
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