Con
la llegada de un tiempo más caluroso, muchos damnificados
por el terremoto del año pasado en Pakistán volvieron
a sus pueblos aún en ruinas. La Federación Internacional
de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja sigue
apoyando a la Media Luna Roja Pakistaní que presta atención
de salud a los supervivientes y les ayuda en la reconstrucción.
El río Indus atraviesa un estrecho cañón
y luego se ensancha a medida que se aproxima al puente colgante
que está cerca del pueblo de Jambera, Provincia de la
Frontera Noroccidental de Pakistán.
Allí donde la corriente no es tan fuerte, los niños
juegan en el agua, algunos reman sentados en neumáticos
y otros se zambullen para pescar truchas.
Ante ese jubiloso bullicio resulta difícil pensar que
hace seis meses, un terremoto asoló la zona y dejó
un saldo de más de 73.000 muertos y 3.500.000 personas
sin techo.
En la mezquita del pueblo, que sufrió grandes daños,
el nasim, jefe del pueblo, anuncia por altoparlante, la llegada
del equipo médico de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja. Este último instala su tienda de campaña
en la plaza del pueblo. El dispensario fue destruido por el
terremoto y habrá que reconstruirlo.
Desde noviembre de 2005, un médico, dos enfermeras y
dos especialistas en vacunación han venido cada semana
a Jambera, distrito de Besham, para atender a los habitantes.
Se estima que casi 10.000 personas viven en los alrededores
de este pueblo que se extiende a lo largo del río y en
caseríos diseminados por las escarpadas laderas de las
montañas.
Esta mañana, el equipo vacuna a 50 niños pequeños
y examina a otros 90 pacientes. Conforme a las costumbres tradicionales,
las mujeres son atendidas en la tienda de campaña; los
hombres y los niños en el “ambulatorio” al
aire libre.
Disentería, sarpullidos y trastornos de las vías
respiratorias son los problemas más comunes que presentan
los damnificados por el terremoto. El Dr. Hayat Ali Shah explica
que el equipo “no se limita a dar medicamentos”,
también instruye a la gente sobre buenas prácticas
de higiene tales como hervir el agua que va a consumir.
Las tuberías por donde pasaba el agua desde un manantial
de la montaña hasta el pueblo fueron dañadas y
el agua aún está contaminada. Los técnicos
hidráulicos de la Federación Internacional, las
repararán en las próximas semanas.
La Federación Internacional también formó
dos equipos médicos que recorren toda la zona de Besham
y visitan ocho pueblos periódicamente.
Anne-Marie Delaney, Coordinadora del Proyecto, señala
que las dos unidades tendrán que seguir trabajando hasta
2008 porque reconstruir la infraestructura de salud llevará
bastante tiempo.
“Trabajamos con nuestros homólogos pakistaníes
para mejorar la salud de niños y mujeres. La educación
para la salud y la formación de trabajadoras de la salud
son dos elementos esenciales de nuestras actividades”,
explica.
La tradición dicta que mujeres y niñas sean examinadas
por otras mujeres; de ahí que las voluntarias y las trabajadoras
de la salud cumplan una función clave para garantizar
que todos los damnificados por el terremoto tengan acceso a
la atención médica.
En las laderas escarpadas de las montañas que rodean
el valle de Allai, los cultivos de cereales en terraza ofrecen
toda una paleta de verdes. El paisaje está salpicado
de damascos y cerezos en flor.
A la distancia, los niños que vigilan una manada de cabras
y ovejas, entonan una dulce canción de pastores. El deslizamiento
de terreno causado por las recientes lluvias torrenciales bloqueó
el sendero habitual y, entonces, tenemos que recorrer a pie
los últimos kilómetros. La subida es agotadora.
Luego, por encima del siguiente montón de rocas despuntan
las casas del pueblo de Pashtoo, diseminadas aquí y allá.
Sólo unos pocos edificios resistieron al terremoto. Los
damnificados aprovecharon las paredes que seguían en
pie y usaron toldos y chapas acanaladas para instalar refugios
de fortuna que les ayudaran a pasar el invierno.
Con la llegada de la primavera, las familias que habían
encontrado refugio en algún campamento al pie de las
montañas también volvieron a las alturas del valle.
Por todas partes, hay habitantes atareados en cortar bloques
de piedra para reparar las viviendas.
Jhangir Asslam y sus cinco hijos se preparan para reconstruir
su hogar.
Hasta la fecha, recibieron 25.000 rupias, unos 500 francos suizos,
en el marco del programa de reconstrucción estatal, impulsado
por los propietarios. Las autoridades prometieron una ayuda
individual de 175.000 rupias en total a los beneficiarios de
este programa para que puedan reconstruir sus viviendas.
“Queremos tener un techo para el próximo invierno”,
explica Jhangir. En el refugio construido en su propia parcela
podrá asegurar el sustento de su familia, gracias a algunas
vacas.
En marzo, el equipo de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
estacionado en Banna, pueblo principal del valle de Allai, amplió
la distribución de chapas acanaladas y herramientas para
reparar refugios. En los seis primeros meses después
del terremoto, casi 14.000 familias recibieron esta clase de
ayuda.
Los materiales de techado, proporcionado por la Cruz Roja Suiza,
serán muy útiles durante el denominado período
de transición de la primavera al verano. En julio, cuando
empiece la temporada del monzón, refugios temporarios
protegerán a los habitantes de las inclemencias del tiempo
hasta que se construyan más viviendas permanentes.
A más largo plazo, la Cruz Roja y la Media Luna Roja
también tiene previsto invertir en la promoción
de la atención de salud y la formación de voluntarios
como ya se hace en el distrito de Besham.
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Habitantes
que transportan hasta el pueblo, chapas de hierro corrugado
distribuidas por la Cruz Roja. Durante los monzones que
empiezan en julio, refugios temporarios protegerán
a los habitantes de las inclemencias del tiempo hasta
que se construyan más viviendas permanentes. (p14046)
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Estas
niñitas de Pashtoo, valle de Allai, también
esperan con ansia que empiece la reconstrucción.
(p14042)
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Los
niños son quienes más sufren de la falta
de higiene y agua potable. Los equipos médicos
móviles instruyen a la gente para que hierva el
agua que va a consumir. (p14043)
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De
regreso a su pueblo en ruinas, los hombres de Pashtoo
ponen manos a la obra. En los seis primeros meses después
del terremoto, 14.000 familias recibieron herramientas
y chapas acanaladas de la Federación Internacional.
(p14039)
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En
el pueblo de Jambera, el Dr. Hayat Ali Shah venda el pie
de un paciente en el “ambulatorio” al aire
libre instalado por el equipo médico móvil
de la Media Luna Roja. (p14040)
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