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Terremoto de Pakistán: la vida retoma su curso normal en valles y pueblos apartados
23 de mayo de 2006
Karl Schuler, Cruz Roja Suiza, Provincia de la Frontera Noroccidental
Con la llegada de un tiempo más caluroso, muchos damnificados por el terremoto del año pasado en Pakistán volvieron a sus pueblos aún en ruinas. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja sigue apoyando a la Media Luna Roja Pakistaní que presta atención de salud a los supervivientes y les ayuda en la reconstrucción.

El río Indus atraviesa un estrecho cañón y luego se ensancha a medida que se aproxima al puente colgante que está cerca del pueblo de Jambera, Provincia de la Frontera Noroccidental de Pakistán.

Allí donde la corriente no es tan fuerte, los niños juegan en el agua, algunos reman sentados en neumáticos y otros se zambullen para pescar truchas.

Ante ese jubiloso bullicio resulta difícil pensar que hace seis meses, un terremoto asoló la zona y dejó un saldo de más de 73.000 muertos y 3.500.000 personas sin techo.

En la mezquita del pueblo, que sufrió grandes daños, el nasim, jefe del pueblo, anuncia por altoparlante, la llegada del equipo médico de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Este último instala su tienda de campaña en la plaza del pueblo. El dispensario fue destruido por el terremoto y habrá que reconstruirlo.

Desde noviembre de 2005, un médico, dos enfermeras y dos especialistas en vacunación han venido cada semana a Jambera, distrito de Besham, para atender a los habitantes. Se estima que casi 10.000 personas viven en los alrededores de este pueblo que se extiende a lo largo del río y en caseríos diseminados por las escarpadas laderas de las montañas.

Esta mañana, el equipo vacuna a 50 niños pequeños y examina a otros 90 pacientes. Conforme a las costumbres tradicionales, las mujeres son atendidas en la tienda de campaña; los hombres y los niños en el “ambulatorio” al aire libre.

Disentería, sarpullidos y trastornos de las vías respiratorias son los problemas más comunes que presentan los damnificados por el terremoto. El Dr. Hayat Ali Shah explica que el equipo “no se limita a dar medicamentos”, también instruye a la gente sobre buenas prácticas de higiene tales como hervir el agua que va a consumir.

Las tuberías por donde pasaba el agua desde un manantial de la montaña hasta el pueblo fueron dañadas y el agua aún está contaminada. Los técnicos hidráulicos de la Federación Internacional, las repararán en las próximas semanas.

La Federación Internacional también formó dos equipos médicos que recorren toda la zona de Besham y visitan ocho pueblos periódicamente.
Anne-Marie Delaney, Coordinadora del Proyecto, señala que las dos unidades tendrán que seguir trabajando hasta 2008 porque reconstruir la infraestructura de salud llevará bastante tiempo.

“Trabajamos con nuestros homólogos pakistaníes para mejorar la salud de niños y mujeres. La educación para la salud y la formación de trabajadoras de la salud son dos elementos esenciales de nuestras actividades”, explica.

La tradición dicta que mujeres y niñas sean examinadas por otras mujeres; de ahí que las voluntarias y las trabajadoras de la salud cumplan una función clave para garantizar que todos los damnificados por el terremoto tengan acceso a la atención médica.

En las laderas escarpadas de las montañas que rodean el valle de Allai, los cultivos de cereales en terraza ofrecen toda una paleta de verdes. El paisaje está salpicado de damascos y cerezos en flor.

A la distancia, los niños que vigilan una manada de cabras y ovejas, entonan una dulce canción de pastores. El deslizamiento de terreno causado por las recientes lluvias torrenciales bloqueó el sendero habitual y, entonces, tenemos que recorrer a pie los últimos kilómetros. La subida es agotadora.

Luego, por encima del siguiente montón de rocas despuntan las casas del pueblo de Pashtoo, diseminadas aquí y allá. Sólo unos pocos edificios resistieron al terremoto. Los damnificados aprovecharon las paredes que seguían en pie y usaron toldos y chapas acanaladas para instalar refugios de fortuna que les ayudaran a pasar el invierno.

Con la llegada de la primavera, las familias que habían encontrado refugio en algún campamento al pie de las montañas también volvieron a las alturas del valle. Por todas partes, hay habitantes atareados en cortar bloques de piedra para reparar las viviendas.

Jhangir Asslam y sus cinco hijos se preparan para reconstruir su hogar.

Hasta la fecha, recibieron 25.000 rupias, unos 500 francos suizos, en el marco del programa de reconstrucción estatal, impulsado por los propietarios. Las autoridades prometieron una ayuda individual de 175.000 rupias en total a los beneficiarios de este programa para que puedan reconstruir sus viviendas.

“Queremos tener un techo para el próximo invierno”, explica Jhangir. En el refugio construido en su propia parcela podrá asegurar el sustento de su familia, gracias a algunas vacas.

En marzo, el equipo de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja estacionado en Banna, pueblo principal del valle de Allai, amplió la distribución de chapas acanaladas y herramientas para reparar refugios. En los seis primeros meses después del terremoto, casi 14.000 familias recibieron esta clase de ayuda.

Los materiales de techado, proporcionado por la Cruz Roja Suiza, serán muy útiles durante el denominado período de transición de la primavera al verano. En julio, cuando empiece la temporada del monzón, refugios temporarios protegerán a los habitantes de las inclemencias del tiempo hasta que se construyan más viviendas permanentes.
A más largo plazo, la Cruz Roja y la Media Luna Roja también tiene previsto invertir en la promoción de la atención de salud y la formación de voluntarios como ya se hace en el distrito de Besham.
Habitantes que transportan hasta el pueblo, chapas de hierro corrugado distribuidas por la Cruz Roja. Durante los monzones que empiezan en julio, refugios temporarios protegerán a los habitantes de las inclemencias del tiempo hasta que se construyan más viviendas permanentes.
Habitantes que transportan hasta el pueblo, chapas de hierro corrugado distribuidas por la Cruz Roja. Durante los monzones que empiezan en julio, refugios temporarios protegerán a los habitantes de las inclemencias del tiempo hasta que se construyan más viviendas permanentes. (p14046)
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