Yogyakarta,
13 de junio de 2006 – “Primero fueron unos estruendos
como los de un avión en el despegue. Después se
produjo un fuerte terremoto, seguido por temblores durante decenas
de segundos,” explica el Sr. R. Armuzi, un habitante de
Yogyakarta de 56 años. El terremoto que el sábado
29 de mayo sacudió la provincia de Yogyakarta parece
haber sido discriminatorio en su destrucción. Yogyakarta,
el centro administrativo de la provincia y la capital cultural
de Indonesia, no muestra apenas huellas del desastre. Sólo
sufrieron daños importantes los barrios del sur de la
ciudad.
Sin embargo, los distritos de Bantul, situado a unos 10 km al
sudoeste de la ciudad universitaria más importante, y
Klaten, a media hora de viaje por carretera en dirección
este, resultaron muy gravemente afectados. Las dos terceras
partes de las víctimas mortales procedían de estos
dos distritos.
En la pequeña localidad de Garanguru, en las afueras
de Klaten, los vecinos se ayudaron mutuamente a sacar a las
víctimas de entre los escombros. Se organizaron puestos
de primeros auxilios, denominados “posko”, a fin
de centralizar la distribución de alimentos y agua, garantizar
un racionamiento equitativo, cuantificar los heridos y muertos,
y evaluar los daños. El “gotong royong”,
que en javanés significa “solidaridad” y
que es una especie de tradición comunitaria de asistencia
mutua, muestra con claridad que la eficacia de las respuestas
en casos de emergencia es máxima cuando la propia población
del lugar participa en los primeros auxilios.
“Los antiguos vecinos han formado grupos y ahora varias
familias duermen en una misma tienda de campaña. Además,
se han establecido cocinas comunitarias en las que las mujeres
preparan comidas para todos. Nadie ha quedado desatendido”,
declara uno de los líderes vecinales, el Sr. Sumarjo,
quien dirige un "posko” de la localidad. Las instalaciones
son muy básicas. El puesto de primeros auxilios está
hecho con una simple lona. Cuando vienen de visita representantes
de las autoridades o de asociaciones de donantes, se cubre el
suelo con esterillas. La información sobre los daños
y las familias afectadas se anota en pequeños trozos
de papel. Delante del puesto, un trozo de tela con las palabras
“puesto de primeros auxilios, terremoto”, escritas
en grandes letras, informa a la gente de que aquí se
le puede auxiliar.
“Obtenemos ayuda del exterior, principalmente paquetes
de alimentos”, añade el Sr. Sumarjo. “Y cuando
nos visitan representantes de organizaciones humanitarias les
comunicamos qué necesitamos. Ha resultado destruida prácticamente
la totalidad de las 160 viviendas del pueblo y han muerto 8
personas. Pero todos los supervivientes reciben ayuda. No se
ha olvidado a nadie en todo el pueblo,” asegura Peter.
Los voluntarios de la Cruz Roja Indonesia
La Cruz Roja Indonesia ha realizado un trabajo particularmente
eficiente de movilización de personal. “Empezamos
a evacuar víctimas en la mañana del desastre,”
afirma Rachmat, un voluntario de 23 años de Klaten. “A
última hora de la tarde de ese mismo día preparamos
refugios provisionales con lonas impermeables, especialmente
frente a los hospitales, a los que había acudido la mayoría
de la gente. Terminamos de trabajar cerca de las 4 de la madrugada,
repartiendo sábanas.”
La Cruz Roja Indonesia fue capaz de actuar con tanta eficacia
porque habían acudido masivamente a la zona afectada
voluntarios indonesios de todos los lugares del archipiélago.
Nono, que coordina las operaciones en Klaten, es de la filial
de la Cruz Roja Indonesia de Kalimantan; Juli, un médico
que dirige una unidad móvil de salud, es nativo de Bali;
y Parangadi, que supervisa la distribución de alimentos,
es de Java Central. La Cruz Roja Indonesia recurrió a
su red de filiales locales esparcidas por todo el país.
Además, pudo aprovechar equipos que ya se habían
movilizado en la preparación para la erupción
del Monte Merapi, el volcán localizado el norte de Yogyakarta
que lleva emitiendo señales de peligro desde hace ya
varios meses.
Las cocinas comunitarias constituyen un buen ejemplo de esta
movilización comunitaria anónima. En Bantul, jóvenes
estudiantes voluntarios de la Cruz Roja realizan ingentes esfuerzos
para preparar 500 comidas diarias destinadas a los supervivientes,
los voluntarios y los pacientes del hospital de campaña.
En total, 10 cocinas comunitarias localizadas en la zona azotada
por el terremoto preparan 15.000 comidas al día y esperan
poder alimentar a 100.000 personas durante los próximos
días.
Situación médica controlada
El pequeño hospital de campaña montado por la
Cruz Roja Noruega detrás de las oficinas de la Cruz Roja
Indonesia en Bantul permanece plenamente ocupado. “Cuatro
días después del desastre todavía estamos
ingresando como media a 150 pacientes cada día. Están
ocupadas las 60 camas,” declara Edward, un cirujano voluntario
de la Cruz Roja Indonesia. “Somos 7 especialistas, 10
médicos de medicina general y 50 enfermeras, y todos
trabajamos sin pausa. El quirófano ha permanecido abierto
desde el martes. Lo que más vemos son fracturas, piernas
rotas, magulladuras y heridas. Muchas personas se han abierto
un brazo o una pierna.”
“Además, contamos con 11 ambulancias que circulan
por los pueblos destruidos para recoger a los heridos",
añade Yas, médico de medicina general. “Cuando
llegamos a un pueblo preguntamos por los heridos graves y hacemos
un diagnóstico para determinar si el paciente correspondiente
debe ser hospitalizado.”
Según el Ministerio de Asuntos Sociales, más de
33.200 personas han resultado heridas graves y casi 13.000 heridas
leves. La fase de emergencia médica en la que es posible
salvar vidas ha concluido. Con frecuencia, en situaciones como
esta, los hospitales permanecen repletos porque muchas personas
no saben a dónde dirigirse. No obstante, la situación
está controlada, según aseguran las autoridades,
que también insisten en que se necesitan equipos médicos
y, aún más importante, artículos ortopédicos.
Tareas urgentes
Latifur Rahman, Jefe de Operaciones de la Federación
Internacional en Yogyakarta, explica: “Las dos prioridades
para las próximas semanas son proporcionar refugio y
asegurar unas condiciones de higiene adecuadas.
Hemos distribuido ya 2.800 tiendas de campaña y 70.000
lonas impermeables a más de 35.000 beneficiarios, pero
siguen sin cubrirse muchísimas necesidades.” Frédéric
Blas, Responsable de Operaciones encargado del refugio provisional,
opina que resultará difícil distribuir material
de socorro y alimentos dado que los daños se han producido
en un área muy extensa. “Han sido precisamente
los innumerables pueblecitos alrededor de las principales ciudades
los que han resultado más gravemente afectados. Y con
frecuencia, estos pueblos están en zonas remotas de difícil
acceso. Es muy poco probable que tengamos que hacer frente a
personas desplazadas agrupadas en campamentos. La gente desea
permanecer en su comunidad, cerca de sus antiguas viviendas.”
De acuerdo con las primeras observaciones del equipo de agua
y saneamiento de la Federación, parece que la población
azotada por el terremoto puede acceder a agua. Los pozos superficiales
que las familias construyen en sus huertas parecen funcionar
adecuadamente. Sin embargo, han resultado destruidos muchos
retretes y duchas. Por ello, la Cruz Roja prevé construir
lo antes posible letrinas. Según el Gobierno, se necesitan
15.000 estructuras sanitarias. La Cruz Roja Española
ha empezado ya a construir ocho letrinas y cuatro duchas en
el campo de fútbol de Bantul, mientras que la Cruz Roja
ha establecido un puesto en Gantinwarno, cerca de Klaten.
En su primera evaluación, el Ministerio de Asuntos Sociales
estima que han muerto 6.300 personas. Han resultado completamente
destruidas aproximadamente 67.000 viviendas y gravemente dañadas
otras 72.000, lo que ha dejado sin hogar a al menos 200.000
personas. Además, han sido dañados o destruidos
cientos de edificios públicos. Durante los próximos
días, la Federación prevé brindar asistencia
a 10.000 familias en los siguientes ámbitos: asistencia
médica, agua, infraestructura de salud, refugio, alimentos
y equipos para las personas desplazadas.
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En
la pequeña localidad de Garanguru, en las afueras
de Klaten, los vecinos se ayudaron mutuamente a sacar
a las víctimas de entre los escombros. (p14113)
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El
Sr. Sumarjo dirige un "posko” de la localidad.
Se organizaron puestos de primeros auxilios, denominados
“posko”, a fin de centralizar la distribución
de alimentos y agua, garantizar un racionamiento equitativo,
cuantificar los heridos y muertos, y evaluar los daños.
(p14117)
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Las
cocinas comunitarias constituyen un buen ejemplo de esta
movilización comunitaria anónima. En Bantul,
jóvenes estudiantes voluntarios de la Cruz Roja
realizan ingentes esfuerzos para preparar 500 comidas
diarias destinadas a los supervivientes, los voluntarios
y los pacientes del hospital de campaña. (p14112)
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Un
hospital en Bantul. Con frecuencia, en situaciones como
esta, los hospitales permanecen repletos porque muchas
personas no saben a dónde dirigirse. (p14111)
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