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La movilización comunitaria y de voluntarios demuestran su eficacia en la operación de socorro del terremoto de Yogyakarta

14 de junio de 2006
por Gilles Lordet, Federación Internacional
Yogyakarta, 13 de junio de 2006 – “Primero fueron unos estruendos como los de un avión en el despegue. Después se produjo un fuerte terremoto, seguido por temblores durante decenas de segundos,” explica el Sr. R. Armuzi, un habitante de Yogyakarta de 56 años. El terremoto que el sábado 29 de mayo sacudió la provincia de Yogyakarta parece haber sido discriminatorio en su destrucción. Yogyakarta, el centro administrativo de la provincia y la capital cultural de Indonesia, no muestra apenas huellas del desastre. Sólo sufrieron daños importantes los barrios del sur de la ciudad.

Sin embargo, los distritos de Bantul, situado a unos 10 km al sudoeste de la ciudad universitaria más importante, y Klaten, a media hora de viaje por carretera en dirección este, resultaron muy gravemente afectados. Las dos terceras partes de las víctimas mortales procedían de estos dos distritos.

En la pequeña localidad de Garanguru, en las afueras de Klaten, los vecinos se ayudaron mutuamente a sacar a las víctimas de entre los escombros. Se organizaron puestos de primeros auxilios, denominados “posko”, a fin de centralizar la distribución de alimentos y agua, garantizar un racionamiento equitativo, cuantificar los heridos y muertos, y evaluar los daños. El “gotong royong”, que en javanés significa “solidaridad” y que es una especie de tradición comunitaria de asistencia mutua, muestra con claridad que la eficacia de las respuestas en casos de emergencia es máxima cuando la propia población del lugar participa en los primeros auxilios.

“Los antiguos vecinos han formado grupos y ahora varias familias duermen en una misma tienda de campaña. Además, se han establecido cocinas comunitarias en las que las mujeres preparan comidas para todos. Nadie ha quedado desatendido”, declara uno de los líderes vecinales, el Sr. Sumarjo, quien dirige un "posko” de la localidad. Las instalaciones son muy básicas. El puesto de primeros auxilios está hecho con una simple lona. Cuando vienen de visita representantes de las autoridades o de asociaciones de donantes, se cubre el suelo con esterillas. La información sobre los daños y las familias afectadas se anota en pequeños trozos de papel. Delante del puesto, un trozo de tela con las palabras “puesto de primeros auxilios, terremoto”, escritas en grandes letras, informa a la gente de que aquí se le puede auxiliar.

“Obtenemos ayuda del exterior, principalmente paquetes de alimentos”, añade el Sr. Sumarjo. “Y cuando nos visitan representantes de organizaciones humanitarias les comunicamos qué necesitamos. Ha resultado destruida prácticamente la totalidad de las 160 viviendas del pueblo y han muerto 8 personas. Pero todos los supervivientes reciben ayuda. No se ha olvidado a nadie en todo el pueblo,” asegura Peter.

Los voluntarios de la Cruz Roja Indonesia
La Cruz Roja Indonesia ha realizado un trabajo particularmente eficiente de movilización de personal. “Empezamos a evacuar víctimas en la mañana del desastre,” afirma Rachmat, un voluntario de 23 años de Klaten. “A última hora de la tarde de ese mismo día preparamos refugios provisionales con lonas impermeables, especialmente frente a los hospitales, a los que había acudido la mayoría de la gente. Terminamos de trabajar cerca de las 4 de la madrugada, repartiendo sábanas.”

La Cruz Roja Indonesia fue capaz de actuar con tanta eficacia porque habían acudido masivamente a la zona afectada voluntarios indonesios de todos los lugares del archipiélago. Nono, que coordina las operaciones en Klaten, es de la filial de la Cruz Roja Indonesia de Kalimantan; Juli, un médico que dirige una unidad móvil de salud, es nativo de Bali; y Parangadi, que supervisa la distribución de alimentos, es de Java Central. La Cruz Roja Indonesia recurrió a su red de filiales locales esparcidas por todo el país.

Además, pudo aprovechar equipos que ya se habían movilizado en la preparación para la erupción del Monte Merapi, el volcán localizado el norte de Yogyakarta que lleva emitiendo señales de peligro desde hace ya varios meses.

Las cocinas comunitarias constituyen un buen ejemplo de esta movilización comunitaria anónima. En Bantul, jóvenes estudiantes voluntarios de la Cruz Roja realizan ingentes esfuerzos para preparar 500 comidas diarias destinadas a los supervivientes, los voluntarios y los pacientes del hospital de campaña. En total, 10 cocinas comunitarias localizadas en la zona azotada por el terremoto preparan 15.000 comidas al día y esperan poder alimentar a 100.000 personas durante los próximos días.

Situación médica controlada
El pequeño hospital de campaña montado por la Cruz Roja Noruega detrás de las oficinas de la Cruz Roja Indonesia en Bantul permanece plenamente ocupado. “Cuatro días después del desastre todavía estamos ingresando como media a 150 pacientes cada día. Están ocupadas las 60 camas,” declara Edward, un cirujano voluntario de la Cruz Roja Indonesia. “Somos 7 especialistas, 10 médicos de medicina general y 50 enfermeras, y todos trabajamos sin pausa. El quirófano ha permanecido abierto desde el martes. Lo que más vemos son fracturas, piernas rotas, magulladuras y heridas. Muchas personas se han abierto un brazo o una pierna.”

“Además, contamos con 11 ambulancias que circulan por los pueblos destruidos para recoger a los heridos", añade Yas, médico de medicina general. “Cuando llegamos a un pueblo preguntamos por los heridos graves y hacemos un diagnóstico para determinar si el paciente correspondiente debe ser hospitalizado.”

Según el Ministerio de Asuntos Sociales, más de 33.200 personas han resultado heridas graves y casi 13.000 heridas leves. La fase de emergencia médica en la que es posible salvar vidas ha concluido. Con frecuencia, en situaciones como esta, los hospitales permanecen repletos porque muchas personas no saben a dónde dirigirse. No obstante, la situación está controlada, según aseguran las autoridades, que también insisten en que se necesitan equipos médicos y, aún más importante, artículos ortopédicos.

Tareas urgentes
Latifur Rahman, Jefe de Operaciones de la Federación Internacional en Yogyakarta, explica: “Las dos prioridades para las próximas semanas son proporcionar refugio y asegurar unas condiciones de higiene adecuadas.

Hemos distribuido ya 2.800 tiendas de campaña y 70.000 lonas impermeables a más de 35.000 beneficiarios, pero siguen sin cubrirse muchísimas necesidades.” Frédéric Blas, Responsable de Operaciones encargado del refugio provisional, opina que resultará difícil distribuir material de socorro y alimentos dado que los daños se han producido en un área muy extensa. “Han sido precisamente los innumerables pueblecitos alrededor de las principales ciudades los que han resultado más gravemente afectados. Y con frecuencia, estos pueblos están en zonas remotas de difícil acceso. Es muy poco probable que tengamos que hacer frente a personas desplazadas agrupadas en campamentos. La gente desea permanecer en su comunidad, cerca de sus antiguas viviendas.”

De acuerdo con las primeras observaciones del equipo de agua y saneamiento de la Federación, parece que la población azotada por el terremoto puede acceder a agua. Los pozos superficiales que las familias construyen en sus huertas parecen funcionar adecuadamente. Sin embargo, han resultado destruidos muchos retretes y duchas. Por ello, la Cruz Roja prevé construir lo antes posible letrinas. Según el Gobierno, se necesitan 15.000 estructuras sanitarias. La Cruz Roja Española ha empezado ya a construir ocho letrinas y cuatro duchas en el campo de fútbol de Bantul, mientras que la Cruz Roja ha establecido un puesto en Gantinwarno, cerca de Klaten.

En su primera evaluación, el Ministerio de Asuntos Sociales estima que han muerto 6.300 personas. Han resultado completamente destruidas aproximadamente 67.000 viviendas y gravemente dañadas otras 72.000, lo que ha dejado sin hogar a al menos 200.000 personas. Además, han sido dañados o destruidos cientos de edificios públicos. Durante los próximos días, la Federación prevé brindar asistencia a 10.000 familias en los siguientes ámbitos: asistencia médica, agua, infraestructura de salud, refugio, alimentos y equipos para las personas desplazadas.
En la pequeña localidad de Garanguru, en las afueras de Klaten, los vecinos se ayudaron mutuamente a sacar a las víctimas de entre los escombros. (p14113)
En la pequeña localidad de Garanguru, en las afueras de Klaten, los vecinos se ayudaron mutuamente a sacar a las víctimas de entre los escombros. (p14113)
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El Sr. Sumarjo dirige un "posko” de la localidad. Se organizaron puestos de primeros auxilios, denominados “posko”, a fin de centralizar la distribución de alimentos y agua, garantizar un racionamiento equitativo, cuantificar los heridos y muertos, y evaluar los daños. (p14117)
El Sr. Sumarjo dirige un "posko” de la localidad. Se organizaron puestos de primeros auxilios, denominados “posko”, a fin de centralizar la distribución de alimentos y agua, garantizar un racionamiento equitativo, cuantificar los heridos y muertos, y evaluar los daños. (p14117)
Las cocinas comunitarias constituyen un buen ejemplo de esta movilización comunitaria anónima. En Bantul, jóvenes estudiantes voluntarios de la Cruz Roja realizan ingentes esfuerzos para preparar 500 comidas diarias destinadas a los supervivientes, los voluntarios y los pacientes del hospital de campaña. (p14112)
Las cocinas comunitarias constituyen un buen ejemplo de esta movilización comunitaria anónima. En Bantul, jóvenes estudiantes voluntarios de la Cruz Roja realizan ingentes esfuerzos para preparar 500 comidas diarias destinadas a los supervivientes, los voluntarios y los pacientes del hospital de campaña. (p14112)
Un hospital en Bantul. Con frecuencia, en situaciones como esta, los hospitales permanecen repletos porque muchas personas no saben a dónde dirigirse. (p14111)
Un hospital en Bantul. Con frecuencia, en situaciones como esta, los hospitales permanecen repletos porque muchas personas no saben a dónde dirigirse. (p14111)
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