Junio
marcó un nuevo comienzo para B. Jothimuni y su familia.
Después que el tsunami destruyera su casa de seis habitaciones
frente a la playa en la comunidad pesquera deTallala en el sur
de la isla, vivieron en una pequeña cabaña de
dos habitaciones que les había proporcionado una organización
no gubernamental. El 16 de junio, la familia se instaló
en una nueva casa de dos dormitorios, 500 metros tierra adentro,
construida por la Cruz Roja de Sri Lanka y la Federación
Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja.
Las pocas pertenencias de la familia – cuatro sillas de
plástico, cacerolas, colchones y alguna ropa –
se cargaron como se pudo en un minúsculo taxi de tres
ruedas, rumbo a la nueva casa. Hicieron un segundo viaje para
llevar un enorme refrigerador que dominaba en el refugio y que,
ahora, instalaron en la nueva cocina.
“Es lo único que salvamos de nuestra vieja casa
y repararlo me costó medio mes de sueldo” explica
Jothimuni que también perdió su empleo porque
el tsunami acabó con el hotel donde trabajaba de guardia
de seguridad.
A pesar del nuevo entorno, las habitudes no se pierden de un
día para otro. Acostumbrada a hacer cola para recibir
la ración de agua del tanque comunal, Omali, la hija
adolescente de Jothimuni, abre la canilla de la cocina y llena
baldes de agua, olvidando que, gracias a la Cruz Roja Americana,
su nueva casa está conectada a la red de agua corriente.
“Ahora lo que importa es que tenemos a nuestros amigos
y vecinos de nuevo con nosotros. En el refugio no había
privacidad porque estaba sobre el terreno del hospital. Ahora
me siento segura”, dice Omali.
Su nueva casa es una de las 18 construidas en una urbanización
de Kanankewatte, en el distrito meridional de Matara, que queda
cerca de la casa que perdieron y todos los vecinos pertenecen
a la misma comunidad. Cada casa tiene dos dormitorios, cocina,
un cuarto de baño exterior y una pequeña veranda.
Para Ravi Nishantha, ingeniero de construcción de la
Federación Internacional, terminar las obras en el plazo
establecido supuso un reto de talla.
“Era un terreno de selva escarpado que exigió mucha
preparación”, explica. La licitación pública
de consultores y contratistas, así como la verificación
de los beneficiarios de las viviendas atrasaron la construcción
unos meses.
“En cierta medida, edificar es la parte fácil,
pero estamos reconstruyendo comunidades enteras, lo que incluye
infraestructuras como caminos y redes de abastecimiento de agua
y electricidad”, añade Nishantha.
Uno de los vecinos de Jothimuni es T.H. Upali que perdió
su hijo mayor, su embarcación y sus aparejos de pesca.
“Tengo que alquilar un bote y darle 20 por ciento de mis
ingresos al propietario. Antes del tsunami, yo empleaba a 28
personas.”
Padmalata, su esposa, está ansiosa de embarcarse en una
nueva aventura empresarial.
“Voy a preparar bocados como rollitos de pescado y tallarines
de arroz para vender en las tiendas. En el refugio no podía
hacerlo porque la cocina era antihigiénica y la lluvia
se colaba por el techo.”
Una vez terminadas las casas, la Federación seguirá
prestando apoyo a comunidades como la de Kanankewatte.
“Aplicamos un método que incluye medios de subsistencia.
La microfinanza, es decir, ofrecer dinero en efectivo a aquellas
familias que tengan dificultades para acceder al crédito
podría ser lo más indicado a fin de permitirles
recobrar cierto grado de seguridad económica”,
señala Marc Fumeaux, Coordinador de la Federación
Internacional en cuanto a recuperación de los medios
de subsistencia.
Por todo Sri Lanka, se puede ver que el programa de viviendas
del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja va avanzando. Se edificarán más de 8.000
viviendas en 71 lugares. Más de 2.350 están en
construcción y se han terminado más de 200.
“Tuvimos que adaptarnos”, explica Al Panico, Jefe
de la Delegación de Sri Lanka de la Federación
Internacional. En principio se pensaba construir en sitios nuevos.
Ahora, conforme a un cambio de la política gubernamental,
la Federación Internacional ayuda a las familias a reconstruir
su propia casa junto con la Asociación de Recuperación
y Reconstrucción Comunitarias, de la cual también
forman parte la Cruz Roja de Sri Lanka, el Banco Mundial y UN-HABITAT.
Las primeras donaciones para 300 familias del distrito de Ampara
comenzarán en julio.
“Actualmente, más personas optan por volver a su
antigua casa. El programa de vivienda impulsado por los propietarios
no sólo es más efectivo en función de los
costos también permite que las comunidades desempeñen
un mayor papel en la reconstrucción”, indica Panico.
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Urbanización
de viviendas permanentes de la Federación Internacional
y la Cruz Roja de Sri Lanka en Kanankewatte, Matara. Aquí,
la Federación Internacional construyó 18
casas. (p14167)
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Tamborileros
kandyan encabezan la procesión de representantes
oficiales camino a la ceremonia de inauguración
de la urbanización de Kanankewatte. (p14168)
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Jothimuni
con Charlotte, su esposa, y Omali su hija, frente a la
nueva casa que les ofreció la Federación
Internacional en Kanankewatte, Matara. (p14169)
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Upali
y su familia fuera del refugio temporal erigido sobre
los cimientos de su antigua casa de Tallala en Sri Lanka
meridional. (p14170)
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Upali
llave en mano de la nueva casa que le proporcionó
la Federación Internacional en Kanankewatte. (p14171)
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