Dos
meses después del terremoto devastador del 27 de mayo
en la antigua ciudad indonesia de Yogyakarta, la actividad sísmica
volvió a sacudir la isla de Java.
El 17 de julio, un terremoto de una magnitud de 7,7 en las costas
de Java meridional causó un tsunami que dejó un
saldo de 637 muertos y obligó a decenas de miles de personas
a abandonar su casa. Luego, hubo réplicas de ese sismo
en las islas de Bali y Sulawesi.
La Cruz Roja Indonesia, PMI como se le llama allí, intervino
inmediatamente después del tsunami; prestó asistencia
médica y proporcionó alimentos, agua potable y
refugio de emergencia a miles de personas de Java meridional.
Entretanto, casi a 200 kilómetros, en Yogyakarta, la
PMI señala que, actualmente, urge construir refugios
más seguros para los damnificados por ese desastre en
el que murieron 5.800 personas y 1,17 millones se quedaron sin
techo.
La Cruz Roja Indonesia, con apoyo de la Federación Internacional
y junto con otros organismos de ayuda, distribuyó tiendas
de campaña y toldos alquitranados que se espera suplan
las necesidades más inmediatas de los damnificados en
agosto.
Aun así, preocupa a la PMI que esta clase de refugios
de fortuna no resista a las próximas lluvias del monzón
que comenzarán en pocas semanas. Es más, la humedad
acrecienta el riesgo de que los damnificados contraigan enfermedades
de las vías respiratorias u otras como la malaria y la
fiebre dengue que son endémicas en la región.
Ante ese peligro, la Cruz Roja Indonesia se propone asegurar
que las familias estén bien preparadas para la estación
del monzón mediante una iniciativa de adquisición
comunitaria que se llevará a cabo según el tradicional
sistema de autoayuda vecinal, denominado gotong royong.
La idea es simple: se pide a las comunidades vulnerables que
determinen sus necesidades esenciales, incluidos materiales
y herramientas de construcción y, a cambio, la PMI les
ofrece asistencia técnica y financiera para que empiecen
a reconstruir.
Este proyecto piloto e innovador, que cuenta con el apoyo de
la Federación Internacional y de voluntarios de las universidades
locales, tiene por finalidad ofrecer ayuda directa a quienes
más la necesitan, es decir, los damnificados que siguen
viviendo en tiendas de campaña o bajo toldos y aquellos
que duermen a la intemperie.
Los voluntarios universitarios también ofrecerán
apoyo y asesoramiento para construir refugios más seguros
y realizar tareas de desescombro en condiciones de seguridad.
La meta es ayudar a 17.000 familias a guarecerse – por
ejemplo, construir una habitación seca y segura en lo
que queda de una casa destruida – antes de las lluvias
de septiembre.
“Para los estudiantes y conferenciantes, esto forma del
proceso de educación. Aquí tenemos la posibilidad
de ejercitar la parte derecha del cerebro para aprender la empatía
y la ética”, comenta el Dr. Slamet Sarwono, Presidente
de la Universidad Atma Jaya.
A mediados de julio, equipos de voluntarios universitarios,
formados por la PMI, empezaron a hacer evaluaciones minuciosas
de las necesidades de las comunidades vulnerables de los subdistritos
de Dlingo y Gantiwarno en la zona de Klaten devastada por el
terremoto. En total, abarcarán 23 comunidades en las
próximas semanas.
Mbak Novi, una de los 120 estudiantes que participan en la iniciativa,
es de Bantul, una de las ciudades más castigadas por
el sismo.
“Mi hermano falleció en el terremoto, así
que yo también me vi afectada”, dice.
Mbak formará parte de los voluntarios que recorrerán
los pueblos de los alrededores de Yogyakarta para recabar información
y saber cuantas familias necesitan apoyo para reforzar o consolidar
sus refugios de emergencia antes del monzón.
Una vez terminado este proceso de “cartografía”,
cada comunidad designará un representante financiero
y el dinero se transferirá directamente a la cuenta bancaria
de la comunidad. Estudiantes universitarios y voluntarios locales
de la PMI ayudarán a preparar los estados financieros.
Luego, las comunidades dividirán estos recursos para
ayudar a las familias más vulnerables. La transparencia
financiera será asegurada mediante informes en los que
se detallará la cantidad de dinero asignado a cada rubro
y cuantos refugios se mejoraron.
Esta clase de programa de recuperación también
tiene en cuenta la cultura local y se ajusta a las costumbres
y los mecanismos utilizados que se basan en la ayuda recíproca
entre amigos y vecinos.
“El proceso faculta a las comunidades para que decidan
por sí mismas los recursos que necesitan”, indica
Bill Marsden, asesor de recuperación temprana de la Federación
Internacional en Java.
“Este enfoque centrado en la comunidad, según el
cual, la gente compra materiales locales y trabaja junta en
la reconstrucción, también ayuda a los damnificados
a sobreponerse mejor de las pérdidas sufridas.”
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Rescatados
de los escombros, los bienes materiales de una familia
de Gantiwarno. (p14325)
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Este
padre de Gantiwarno dice que quiere asegurarse que su
familia disponga de una habitación seca y segura
donde dormir cuando lleguen las lluvias. (p14324)
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La
tienda de campaña proporcionada por la Federación
Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media
Luna Roja se instala en el sitio donde estaba la casa
de una familia de Gantiwarno. (p14323)
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La
Cruz Roja Indonesia imparte formación a voluntarios
universitarios sobre medidas de seguridad en tareas de
desescombro y construcción de refugios. (p14326)
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