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Pakistán: aprovechar la pujanza de las comunidades cuando sobreviene una tragedia
7 de agosto de 2006
Jonathan Walter, redactor del Informe Mundial sobre Desastres
Casi 10 meses después del terremoto que devastó Pakistán septentrional en octubre del año pasado, en la sinuosa carretera de montaña que va de Balakot al pueblo de Old Sanghar aún quedan rastros de deslizamientos de tierra. Peñascos del tamaño de un autobús se ciernen sobre ella, casi a punto de despeñarse, en espera del próximo chaparrón del monzón o la próxima réplica que les haga precipitar.

Cuando se mira la cordillera de 3.000 o 4.000 metros de altura de la Provincia de la Frontera Nororiental de Pakistán, resulta difícil imaginar esa fuerza bruta del sismo capaz de mover montañas.

“Estaba en el campo plantando ajos con mis dos hijos cuando la tierra tembló. Miré hacia atrás y vi que mi casa se había derrumbado. Mi esposo estaba adentro. Pensé para mis adentros: ‘Todo terminó’”, cuenta Saeeda Bibi.

Saeeda siempre vivió en Old Sanghar. Tiene 25 años, está casada y es madre de dos hijos. En septiembre de 2005, tres semanas antes del terremoto, formó parte del grupo de siete mujeres y 18 hombres que participaron en el cursillo de formación de preparación comunitaria en previsión de desastres impartido por la Media Luna Roja Pakistaní (MLRP).

Durante cuatro días, ella y sus compañeros adquirieron conocimientos sobre distintos tipos de desastre, cómo prepararse antes de que ocurran, cómo actuar después y dónde ir a buscar ayuda.

“En 2004, aquí en Balakot hubo un terremoto que dañó mil casas. Inundaciones y deslizamientos de tierra son más comunes todavía. Por lo tanto, teníamos claro que este es un distrito expuesto a desastres”, explica Mufti Mansoor, encargado de gestión de desastres de la filial de la Provincia de la Frontera Nororiental de la MLRP.

A principios de 2005, Mansoor ya tenía previsto establecer una célula de gestión de desastres y un depósito cerca de allí, así como impartir cursillos de preparación en previsión de desastre en los ocho distritos a riesgo de toda la provincia.

Mufti tropezó con una oposición considerable respecto a la participación de mujeres y hombres en su programa de formación. En las regiones montañosas de esta provincia, la gente es muy conservadora.

“Antes de la formación, los vecinos de por aquí me criticaban por ir sola a la ciudad. Llamaron a mi marido para decirle que me lo impidiera, pero él les contestó que podía ir”, cuenta Saeeda.

Por entonces, ni Saeeda ni su marido podían saber que pocas semanas después, los conocimientos que ella había adquirido ayudarían a salvarle la vida a seres queridos y vecinos.

El 8 de octubre, cuando se desencadenó el terremoto, Saeeda encontró inmediatamente un lugar seguro para sus hijos. Luego, vio a su esposo salir ileso de las ruinas de su casa mientras otros supervivientes aturdidos comenzaban a congregarse cerca de un campo de cultivo en terraza. El flanco de la montaña donde está enclavado Old Sanghar es tan angosto que esas terrazas no tienen más de dos o tres metros de ancho.

“Me enteré que mi tío, Naseema Bibi, su mujer, y el bebé de ocho meses habían quedado atrapados entre las ruinas de su casa. Usamos herramientas de labranza y nuestras manos para cavar y sacarlos. La tierra seguía temblando a causa de las réplicas. Cinco horas después, los rescatamos… sobrevivieron los tres”, recuerda Saeeda.

No todos los habitantes del pueblo tuvieron la misma suerte que Naseema. En lo alto de la colina yacen los escombros de la escuela. Páginas de libros de ejercicios desencuadernados siguen temblando en el viento. Un pupitre de madera está enterrado hasta los brazos entre varios pedazos de cemento armado. De las once personas que murieron cuando el terremoto sacudió Old Sanghar, 10 eran escolares de edades comprendidas entre cinco y 15 años que perdieron la vida en pocos segundos.

¿Cómo reaccionó Saeeda frente al desastre? ¿La formación de la Media Luna Roja le ayudó? “Después del terremoto de 2004, no sabíamos qué hacer, pero gracias a la formación, me di cuenta que tenía que rescatar víctimas y movilizar a la gente... así que puse manos a la obra y organicé a otros para que ayudaran”, explica.

Dio agua a los damnificados y retiró el barro de los cadáveres. Le dijo a los vecinos que trajeran mantas y asistió a los heridos. Ayudó a rescatar a algunos escolares y a recuperar los cadáveres de otros. Juntos, Saeeda y sus vecinos salvaron a más de 40 personas atrapadas en sus casas derrumbadas.

“En el cursillo también nos habían hablado de la necesidad de dar apoyo psicológico. Entonces, les pedí que no lloraran y les dije que el desastre no era culpa nuestra”, añade Saeeda.

La ayuda no llegó a Old Sanghar hasta casi 10 días después. Mientras la MLRP y la Federación hacían cuanto podían en otras partes, las comunicaciones con poblados tan apartados estaban cortadas.

A pesar de temperaturas de varios grados bajo cero, la gente dormía al aire libre porque estaba demasiado asustada para aventurarse a entrar en sus casas mientras docenas de replicas seguían sacudiendo la región. Finalmente, Saeeda decidió ir en busca de ayuda.

“Sabía que tenía que comunicar lo que había pasado”, dice. Entonces, se dispuso a partir a pie para dar la alarma. Una vez más, todo el pueblo cuestionó que fuera sola a una ciudad desconocida. No cedió y durante cinco horas entre deslizamientos de tierra y casas destruidas se abrió camino hasta llegar a la oficina de Balakot de la Media Luna Roja.

Gracias a la información vital que dio, la MLRP pudo intervenir y enviar toldos alquitranados, tiendas de campaña, mantas, utensilios de cocina y calentadores a su pueblo.

Está claro que Saeeda Bibi es una mujer excepcional. Lo que aprendió en el cursillo de la MLRP pocas semanas antes del terremoto, le sirvió para aprovechar su capacidad y su energía. La MLRP seguirá impartiendo cursos de preparación en previsión de desastres para movilizar el recurso más eficaz que existe en casos de desastre: la comunidad.
Saeeda Bibi es una mujer excepcional.Tiene 25 años, está casada y es madre de dos hijos. Lo que aprendió en el cursillo de la MLRP pocas semanas antes del terremoto, le sirvió para aprovechar su capacidad y su energía. Juntos, Saeeda y sus vecinos salvaron a más de 40 personas atrapadas en sus casas derrumbadas después del terremoto de 2005. (p14383) (Jonathan Walter)
Saeeda Bibi es una mujer excepcional.Tiene 25 años, está casada y es madre de dos hijos. Lo que aprendió en el cursillo de la MLRP pocas semanas antes del terremoto, le sirvió para aprovechar su capacidad y su energía. Juntos, Saeeda y sus vecinos salvaron a más de 40 personas atrapadas en sus casas derrumbadas después del terremoto de 2005. (p14383) (Jonathan Walter)
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La MLRP seguirá impartiendo cursos de preparación en previsión de desastres para movilizar el recurso más eficaz que existe en casos de desastre: la comunidad. (p14384) (John Tulloch)
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