Casi
10 meses después del terremoto que devastó Pakistán
septentrional en octubre del año pasado, en la sinuosa
carretera de montaña que va de Balakot al pueblo de Old
Sanghar aún quedan rastros de deslizamientos de tierra.
Peñascos del tamaño de un autobús se ciernen
sobre ella, casi a punto de despeñarse, en espera del
próximo chaparrón del monzón o la próxima
réplica que les haga precipitar.
Cuando se mira la cordillera de 3.000 o 4.000 metros de altura
de la Provincia de la Frontera Nororiental de Pakistán,
resulta difícil imaginar esa fuerza bruta del sismo capaz
de mover montañas.
“Estaba en el campo plantando ajos con mis dos hijos cuando
la tierra tembló. Miré hacia atrás y vi
que mi casa se había derrumbado. Mi esposo estaba adentro.
Pensé para mis adentros: ‘Todo terminó’”,
cuenta Saeeda Bibi.
Saeeda siempre vivió en Old Sanghar. Tiene 25 años,
está casada y es madre de dos hijos. En septiembre de
2005, tres semanas antes del terremoto, formó parte del
grupo de siete mujeres y 18 hombres que participaron en el cursillo
de formación de preparación comunitaria en previsión
de desastres impartido por la Media Luna Roja Pakistaní
(MLRP).
Durante cuatro días, ella y sus compañeros adquirieron
conocimientos sobre distintos tipos de desastre, cómo
prepararse antes de que ocurran, cómo actuar después
y dónde ir a buscar ayuda.
“En 2004, aquí en Balakot hubo un terremoto que
dañó mil casas. Inundaciones y deslizamientos
de tierra son más comunes todavía. Por lo tanto,
teníamos claro que este es un distrito expuesto a desastres”,
explica Mufti Mansoor, encargado de gestión de desastres
de la filial de la Provincia de la Frontera Nororiental de la
MLRP.
A principios de 2005, Mansoor ya tenía previsto establecer
una célula de gestión de desastres y un depósito
cerca de allí, así como impartir cursillos de
preparación en previsión de desastre en los ocho
distritos a riesgo de toda la provincia.
Mufti tropezó con una oposición considerable respecto
a la participación de mujeres y hombres en su programa
de formación. En las regiones montañosas de esta
provincia, la gente es muy conservadora.
“Antes de la formación, los vecinos de por aquí
me criticaban por ir sola a la ciudad. Llamaron a mi marido
para decirle que me lo impidiera, pero él les contestó
que podía ir”, cuenta Saeeda.
Por entonces, ni Saeeda ni su marido podían saber que
pocas semanas después, los conocimientos que ella había
adquirido ayudarían a salvarle la vida a seres queridos
y vecinos.
El 8 de octubre, cuando se desencadenó el terremoto,
Saeeda encontró inmediatamente un lugar seguro para sus
hijos. Luego, vio a su esposo salir ileso de las ruinas de su
casa mientras otros supervivientes aturdidos comenzaban a congregarse
cerca de un campo de cultivo en terraza. El flanco de la montaña
donde está enclavado Old Sanghar es tan angosto que esas
terrazas no tienen más de dos o tres metros de ancho.
“Me enteré que mi tío, Naseema Bibi, su
mujer, y el bebé de ocho meses habían quedado
atrapados entre las ruinas de su casa. Usamos herramientas de
labranza y nuestras manos para cavar y sacarlos. La tierra seguía
temblando a causa de las réplicas. Cinco horas después,
los rescatamos… sobrevivieron los tres”, recuerda
Saeeda.
No todos los habitantes del pueblo tuvieron la misma suerte
que Naseema. En lo alto de la colina yacen los escombros de
la escuela. Páginas de libros de ejercicios desencuadernados
siguen temblando en el viento. Un pupitre de madera está
enterrado hasta los brazos entre varios pedazos de cemento armado.
De las once personas que murieron cuando el terremoto sacudió
Old Sanghar, 10 eran escolares de edades comprendidas entre
cinco y 15 años que perdieron la vida en pocos segundos.
¿Cómo reaccionó Saeeda frente al desastre?
¿La formación de la Media Luna Roja le ayudó?
“Después del terremoto de 2004, no sabíamos
qué hacer, pero gracias a la formación, me di
cuenta que tenía que rescatar víctimas y movilizar
a la gente... así que puse manos a la obra y organicé
a otros para que ayudaran”, explica.
Dio agua a los damnificados y retiró el barro de los
cadáveres. Le dijo a los vecinos que trajeran mantas
y asistió a los heridos. Ayudó a rescatar a algunos
escolares y a recuperar los cadáveres de otros. Juntos,
Saeeda y sus vecinos salvaron a más de 40 personas atrapadas
en sus casas derrumbadas.
“En el cursillo también nos habían hablado
de la necesidad de dar apoyo psicológico. Entonces, les
pedí que no lloraran y les dije que el desastre no era
culpa nuestra”, añade Saeeda.
La ayuda no llegó a Old Sanghar hasta casi 10 días
después. Mientras la MLRP y la Federación hacían
cuanto podían en otras partes, las comunicaciones con
poblados tan apartados estaban cortadas.
A pesar de temperaturas de varios grados bajo cero, la gente
dormía al aire libre porque estaba demasiado asustada
para aventurarse a entrar en sus casas mientras docenas de replicas
seguían sacudiendo la región. Finalmente, Saeeda
decidió ir en busca de ayuda.
“Sabía que tenía que comunicar lo que había
pasado”, dice. Entonces, se dispuso a partir a pie para
dar la alarma. Una vez más, todo el pueblo cuestionó
que fuera sola a una ciudad desconocida. No cedió y durante
cinco horas entre deslizamientos de tierra y casas destruidas
se abrió camino hasta llegar a la oficina de Balakot
de la Media Luna Roja.
Gracias a la información vital que dio, la MLRP pudo
intervenir y enviar toldos alquitranados, tiendas de campaña,
mantas, utensilios de cocina y calentadores a su pueblo.
Está claro que Saeeda Bibi es una mujer excepcional.
Lo que aprendió en el cursillo de la MLRP pocas semanas
antes del terremoto, le sirvió para aprovechar su capacidad
y su energía. La MLRP seguirá impartiendo cursos
de preparación en previsión de desastres para
movilizar el recurso más eficaz que existe en casos de
desastre: la comunidad.
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Saeeda
Bibi es una mujer excepcional.Tiene 25 años, está
casada y es madre de dos hijos. Lo que aprendió
en el cursillo de la MLRP pocas semanas antes del terremoto,
le sirvió para aprovechar su capacidad y su energía.
Juntos, Saeeda y sus vecinos salvaron a más de
40 personas atrapadas en sus casas derrumbadas después
del terremoto de 2005. (p14383) (Jonathan Walter)
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La
MLRP seguirá impartiendo cursos de preparación
en previsión de desastres para movilizar el recurso
más eficaz que existe en casos de desastre: la
comunidad. (p14384) (John Tulloch)
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