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La muerte y la enfermedad rondan a los damnificados por las inundaciones en Pakistán
14 de agosto de 2006
John Tulloch, Coordinador de Comunicaciones de la Federación Internacional en Rashang, PFNO
Zahid Akbar tiene tres meses, su mamá y su hermanita de tres años murieron, y su casa no es más que barro y escombros. La familia de Zahid es una de las miles que sufren a causa de las graves inundaciones del monzón que afectaron a Pakistán en las últimas semanas. Diez personas murieron en Rashang, pueblo de las altas colinas del valle de Allai, Provincia de la Frontera Noroccidental (PFNO), donde vive la familia de Zahid. Desde que comenzara la estación del monzón en Pakistán, más de 200 personas murieron en las inundaciones.

Shamsul, el papá de Zahid, que embargado de dolor casi no puede hablar, cuenta que su familia dormía profundamente cuando sobrevino el desastre en plena noche del 3 de agosto.

“Me dormí tan rápido que ni siquiera sentí la tormenta. De pronto, las aguas embistieron la casa y la barrieron completamente… La presión era tan grande que nos despidió a gran distancia. Corrí para ponerme a salvo, pero no sabía donde estaban mi mujer y mi hija”, recuerda.

Farikhoon, su esposa de 22 años, y Sonia, su hija, perecieron. Una semana después, permanence sentado, ensimismado y con la mirada perdida en el vacío, mientras Waliullah Undu, tío de Zahid, acuna al bebé.

La Media Luna Roja Pakistaní (MLRP) y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja no escatiman esfuerzos para suplir las necesidades de familias como la de Shamsul.
En varias localidades de la PFNO se distribuyen mantas, tiendas de campaña, medicamentos y artículos de higiene, mientras la MLRP coordina con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) su intervención en la zona de Cachemira administrada por Pakistán.

En Rashang, el pueblo de Zahid, ya hubo una distribución de suministros de socorro, pero el futuro del bebé es incierto porque ya no tiene madre ni casa y el invierno está a punto de llegar. Gran parte del pueblo todavía es un montón de escombros, remanentes del terremoto de octubre pasado. En pueblos como éste persiste una enorme necesidad de asistencia continúa, pues las inundaciones son otro revés que agrava la vulnerabilidad de la comunidad.

Tras los mortíferos deslizamientos de tierra e inundaciones, la enfermedad es ahora el mayor peligro. En zonas de Allai y Batagram hubo brotes de diarrea viral que superaron la capacidad local.

El hospital del distrito de Batagram sólo tiene capacidad para 37 camas y era casi imposible atender a los centenares de pacientes que afluyeron a principios de agosto, pues sufrían de vómitos y diarrea aguda con la consiguiente deshidratación.

La MLRP, la Federación Internacional y la Cruz Roja Francesa, que ya trabajaban en Batagram, proporcionaron personal, medicamentos y tiendas de campaña.

Jos Miesen, Coordinador de Salud de la Federación Internacional, indicó que, debido a la operación de socorro tras el terremoto, se disponía de existencias para tratar esos brotes. De ahí que la Cruz Roja y la Media Luna Roja hubieran podido intervenir tan rápido.

“El hospital local se debatía para hacer frente a la situación hospital. Ponían tres pacientes en una cama, cuando en casos como esos, los enfermos tienen que estar aislados”, comenta Miesen.

Es difícil determinar con precisión la propagación del brote, pero tan solo la Federación Internacional ya trató 989 casos y siguen llegando pacientes.

Mancomunando recursos de los componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja se ofrecieron los servicios de ocho médicos, cinco enfermeras, tres farmacéuticos y dos promotores de salud comunitaria para aliviar la carga del hospital. También se proporcionaron casi 5.000 kilos de suministros médicos, incluidos antibióticos, soluciones de rehidratación oral, perfusiones intravenosas, jabón, desinfectantes y pastillas de cloruro. Además de cuatro tiendas de campaña.

Dichos suministros, que se distribuyeron en Allai, Batagram y Mardan, donde se registraron los brotes, permitirán purificar agua para 30.000 personas y tratar 1.875 casos graves.

Miesen señala que las graves inundaciones crearon numerosos problemas y dejaron a las comunidades muy vulnerables.

“Las inundaciones contaminaron el suministro de agua y la gente se enfermó. Además, los deslizamientos de tierra y las inundaciones dificultan el acceso a los enfermos”, explica.

Miesen añade que la prevención es la solución a largo plazo para acabar con esos brotes. La clave reside en la instrucción, el acceso al agua potable y el saneamiento, y buenas condiciones de higiene. Todo ello está previsto en la operación trienal de la MLRP y la Federación Internacional tras el terremoto de 2005.
Distribución de mantas en Rashang: La MLRP y la Federación Internacional hacen distribuciones como ésta en el pueblo de Rashang para ayudar a los damnificados ofreciéndoles refugio, medicamentos y suministros de socorro. (p14471)
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