Zahid
Akbar tiene tres meses, su mamá y su hermanita de tres
años murieron, y su casa no es más que barro y
escombros. La familia de Zahid es una de las miles que sufren
a causa de las graves inundaciones del monzón que afectaron
a Pakistán en las últimas semanas. Diez personas
murieron en Rashang, pueblo de las altas colinas del valle de
Allai, Provincia de la Frontera Noroccidental (PFNO), donde
vive la familia de Zahid. Desde que comenzara la estación
del monzón en Pakistán, más de 200 personas
murieron en las inundaciones.
Shamsul, el papá de Zahid, que embargado de dolor casi
no puede hablar, cuenta que su familia dormía profundamente
cuando sobrevino el desastre en plena noche del 3 de agosto.
“Me dormí tan rápido que ni siquiera sentí
la tormenta. De pronto, las aguas embistieron la casa y la barrieron
completamente… La presión era tan grande que nos
despidió a gran distancia. Corrí para ponerme
a salvo, pero no sabía donde estaban mi mujer y mi hija”,
recuerda.
Farikhoon, su esposa de 22 años, y Sonia, su hija, perecieron.
Una semana después, permanence sentado, ensimismado y
con la mirada perdida en el vacío, mientras Waliullah
Undu, tío de Zahid, acuna al bebé.
La Media Luna Roja Pakistaní (MLRP) y la Federación
Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja no escatiman esfuerzos para suplir las necesidades de familias
como la de Shamsul.
En varias localidades de la PFNO se distribuyen mantas, tiendas
de campaña, medicamentos y artículos de higiene,
mientras la MLRP coordina con el Comité Internacional
de la Cruz Roja (CICR) su intervención en la zona de
Cachemira administrada por Pakistán.
En Rashang, el pueblo de Zahid, ya hubo una distribución
de suministros de socorro, pero el futuro del bebé es
incierto porque ya no tiene madre ni casa y el invierno está
a punto de llegar. Gran parte del pueblo todavía es un
montón de escombros, remanentes del terremoto de octubre
pasado. En pueblos como éste persiste una enorme necesidad
de asistencia continúa, pues las inundaciones son otro
revés que agrava la vulnerabilidad de la comunidad.
Tras los mortíferos deslizamientos de tierra e inundaciones,
la enfermedad es ahora el mayor peligro. En zonas de Allai y
Batagram hubo brotes de diarrea viral que superaron la capacidad
local.
El hospital del distrito de Batagram sólo tiene capacidad
para 37 camas y era casi imposible atender a los centenares
de pacientes que afluyeron a principios de agosto, pues sufrían
de vómitos y diarrea aguda con la consiguiente deshidratación.
La MLRP, la Federación Internacional y la Cruz Roja Francesa,
que ya trabajaban en Batagram, proporcionaron personal, medicamentos
y tiendas de campaña.
Jos Miesen, Coordinador de Salud de la Federación Internacional,
indicó que, debido a la operación de socorro tras
el terremoto, se disponía de existencias para tratar
esos brotes. De ahí que la Cruz Roja y la Media Luna
Roja hubieran podido intervenir tan rápido.
“El hospital local se debatía para hacer frente
a la situación hospital. Ponían tres pacientes
en una cama, cuando en casos como esos, los enfermos tienen
que estar aislados”, comenta Miesen.
Es difícil determinar con precisión la propagación
del brote, pero tan solo la Federación Internacional
ya trató 989 casos y siguen llegando pacientes.
Mancomunando recursos de los componentes del Movimiento Internacional
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja se ofrecieron los servicios
de ocho médicos, cinco enfermeras, tres farmacéuticos
y dos promotores de salud comunitaria para aliviar la carga
del hospital. También se proporcionaron casi 5.000 kilos
de suministros médicos, incluidos antibióticos,
soluciones de rehidratación oral, perfusiones intravenosas,
jabón, desinfectantes y pastillas de cloruro. Además
de cuatro tiendas de campaña.
Dichos suministros, que se distribuyeron en Allai, Batagram
y Mardan, donde se registraron los brotes, permitirán
purificar agua para 30.000 personas y tratar 1.875 casos graves.
Miesen señala que las graves inundaciones crearon numerosos
problemas y dejaron a las comunidades muy vulnerables.
“Las inundaciones contaminaron el suministro de agua y
la gente se enfermó. Además, los deslizamientos
de tierra y las inundaciones dificultan el acceso a los enfermos”,
explica.
Miesen añade que la prevención es la solución
a largo plazo para acabar con esos brotes. La clave reside en
la instrucción, el acceso al agua potable y el saneamiento,
y buenas condiciones de higiene. Todo ello está previsto
en la operación trienal de la MLRP y la Federación
Internacional tras el terremoto de 2005.
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Distribución
de mantas en Rashang: La MLRP y la Federación Internacional
hacen distribuciones como ésta en el pueblo de
Rashang para ayudar a los damnificados ofreciéndoles
refugio, medicamentos y suministros de socorro. (p14471)
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Zahid,
Waliullah Unda, su tío, y Shamsul Akbar, su papá:
El tío acuna al bebé de tres meses, mientras
su papá, permanece sentado, consumido por el dolor
de haber perdido a su esposa y su hija. (p14474)
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Terreno
de Shamsul Akbar: esto es todo lo que queda de su casa.
(p14473)
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