"La
Federación Internacional es una verdadera amiga de las
Maldivas", declaró Ahmed Abdullah, Ministro de Agua
y Medio Ambiente, cuando dio la primera palada simbólica
en el suelo arenoso durante la ceremonia inaugural de las obras
de la primer sistema de alcantarillado de la isla de Maafushi.
"Ustedes nos están ayudando a reconstruirnos una
vida mejor y nos han dado nuevas esperanzas. Celebramos este
notable ejemplo de espíritu humanitario que trasciende
todas las fronteras”, añadió.
La minúscula isla de Maafushi, en el Océano Índico,
tiene 1.200 habitantes y fue gravemente castigada por el tsunami
de diciembre de 2004, que obligó a desplazarse a la décima
parte de la población de Maldivas.
Además de destruir casi todos los edificios, la ola destrozó
el pequeño depósito de agua dulce y el rudimentario
sistema de alcantarillado. Hoy, 19 meses después, casi
todas las casas fueron reconstruidas o reemplazadas, 14 de ellas
por la Federación Internacional, y se iniciaron las obras
del nuevo sistema de alcantarillado, financiado conjuntamente
por la Cruz Roja Estadounidense y la Cruz Roja Irlandesa.
Este proyecto forma parte de un programa valorado en 7.500.000
dólares en el que se construirán o repararán
cientos de casas de tres islas que se conectarán al sistema
de alcantarillado. La filial de Hong Kong de la Cruz Roja China
también es asociada en la isla meridional de Gan donde
la Cruz Roja Francesa construye casas para los desplazados por
el tsunami.
"Esta es una verdadera primicia para nosotros. La Federación
ha construido sistemas de alcantarillado municipal, entre otros
en Turquía, después de los terremotos de finales
de la década de 1990, pero esta es la primera vez que
vamos a construir un pequeño pozo de tratamiento de aguas
cloacales como éste en las islas”, comenta Jerry
Talbot, Jefe de la Delegación de la Federación
Internacional en Maldivas.
“Este es el comienzo de una nueva etapa en Maldivas, que
no ha escatimado esfuerzos de recuperación desde el tsunami
de 2004.”
Maafushi tiene tan solo 260 metros de ancho y se puede recorrer
a pie en menos tiempo del que lleva leer este artículo.
El tsunami la sumergió por entero en cinco minutos y
no es sorprendente que algunos residentes mayores, como Aminath
Aboobaker, de 70 años, recuerden aquel día con
lujo de detalles.
"Estaba barriendo las calles cuando oí un cuervo
dar tal graznido que enseguida me di cuenta que algo pasaba”,
recuerda con la mirada fija en el tranquilo mar azul, el mismo
mar que 19 meses atrás sembró tanta destrucción
en la isla.
“Me fui para casa y tuve la impresión que el cuervo
me había seguido... estaba sentada allí y seguía
oyéndolo graznar y graznar. Entonces, sentí que
algo malo iba a suceder, salí corriendo y vi el agua
atravesar los palmares”, cuenta.
“Vi a un niño en la calle y le aferré la
mano. El agua había llegado casi a la mezquita, en medio
de la isla, la ola nos arrastró, pero, por suerte, sólo
hasta la mezquita donde estábamos a salvo. Pocos minutos
después, el agua empezó a bajar.”
Adam Ali, un vecino mayor que ella, estaba trabajando en la
carpintería del centro turístico de una isla cercana,
cuando la ola embistió.
“Nunca lo olvidaré. Había agua por todos
lados. Luego, la marea volvió a subir. Nos dijeron que
no entráramos en ningún edificio porque se nos
podía venir encima. Entonces, nos llegó la noticia
de que nuestra propia isla también había sido
castigada”, cuenta.
“Estaba muy preocupado por mi familia… tengo nueve
hijos y 30 nietos y recién pude conseguir una barca para
volver Maafushi bien entrada la noche. Todos estaban bien y
se ayudaban mutuamente.”
Ambos ancianos dicen que desde el tsunami, las aguas servidas
vuelven a subir a los inodoros y que el agua subterránea,
antes pura y dulce, tiene un gusto salobre y huele mal. Por
eso, están contentos de que hayan empezado las obras
de alcantarillado y agradecidos con los donantes privados que
sufragaron los costos.
En su alocución a los isleños, el Ministro de
Agua y Medio Ambiente se hizo eco de ese “magnánimo
agradecimiento”, pero advirtió que “la luna
de miel había terminado”.
“No podemos seguir buscando y obteniendo ayuda externa.
Tenemos que trabajar duro para abrirnos camino nosotros mismos”,
afirmó Ahmed Abdullah.
El PIB de Maldivas disminuyó de dos tercios en 2005 debido
a la caída de los ingresos que generan la pesca y el
turismo, y al aumento de los gastos.
No obstante, la economía se reactivó considerablemente
en 2006. Se prevé que de aquí a 2010, las islas
recibirán 1.000.000 de turistas y que en 2007, el crecimiento
económico será del 18 por ciento.
La Federación Internacional y seis Sociedades Nacionales
asociadas obran por ayudar al pueblo de Maldivas en el camino
de la recuperación para lo cual apoyan: la construcción
y reparación de infraestructuras y viviendas; proyectos
de agua y saneamiento; sistemas de gestión de desechos,
y actividades relacionadas con los medios de subsistencia, la
gestión de desastres y la labor con los desplazados.
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En
la ceremonia inaugural, Ahmed Abdullah, Ministro de Agua
y Medio Ambiente, y Jerry Talbot, Jefe de la Delegación
de la Federación Internacional en Maldivas, dieron
las simbólicas paladas iniciales de un ambicioso
programa de alcantarillado municipal en cuatro islas de
las Maldivas. (p14498)
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Aminath
Aboobaker, que tiene 70 años y vive en la isla
de Maafushi, sintió que algo malo iba a pasar y
corrió para ponerse a salvo del tsunami. "La
ola nos arrastró, pero, por suerte, sólo
hasta la mezquita donde estábamos a salvo."
(p14499)
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El
sistema suplementario (planta de desalinación)
que instalará la Federación Internacional
en la isla de Thulusdhoo, abastecerá de agua potable
a 5.000 personas. La Cruz Roja Irlandesa es la principal
donante de este programa en el que se instalarán
sistemas de alcantarillado en cuatro de las islas Maldivas.
(p14494)
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Carmel
Dunne, Presidenta de la Cruz Roja Irlandesa, entrega las
llaves de su nueva casa a uno de los felices propietarios
de la isla de Maafushi. Esta es una de las 14 casas que
la Federación Internacional construyó allí
y que estarán conectadas al sistema de alcantarillado
municipal. (p14492)
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Casas
construidas por la Federación Internacional en
la isla de Kudahuvadhoo. Todas se conectarán al
sistema de alcantarillado, financiado por la Cruz Roja
Irlandesa, y contarán con un tanque para almacenar
agua de lluvia.
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