La
primera en acoger a un bebé que llora, darle un juguete
a un niño, ofrecerle un poco de descanso a la madre,
el primer rostro simpático, la primera palabra amable,
el primer vaso de agua. Estos son algunos motivos por los que
miles de personas que huyeron del Líbano a Chipre recordarán
a la Cruz Roja Chipriota.
A medida que los pacificadores de la ONU iban llegando al Líbano
meridional, y los evacuados volvían a su casa, los voluntarios
de la Cruz Roja Chipriota retomaban el curso de su propia vida.
Cuando estalló la crisis de Oriente Medio, respondieron
masivamente al llamado de ayuda y se encargaron de acoger y
reconfortar a más de 16.000 personas, es decir, el equivalente
de casi 10 por ciento de la población de Chipre.
Cientos de voluntarios chipriotas instalaron puestos de socorro
en los puertos de Larnaca y Limassol, y los aeropuertos Larnaca
y Pafos por donde pasarían quienes huían de la
guerra.
Esos puestos funcionaban las 24 horas y los siete días
de la semana. Algunos días hubo hasta 10.000 llegadas
y salidas.
“Los voluntarios, que estaban muy bien organizados, cumplían
su labor con entusiasmo y dedicación. Hubo muchos casos
conmovedores”, comenta Tore Svenning de la Federación
Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja.
Muchos evacuados eran niños que recibieron un apoyo y
una atención especiales de los voluntarios que distribuyeron
22.560 potes de alimentos para niños, 1.000 juguetes
y 15.122 barras de chocolate, sin olvidar 600 cepillos de dientes.
Algunos niños estaban solos.
“Una niña, de unos 12 años, llegó
sola porque su madre no quería partir del Líbano
sin su esposo. Un voluntario de la Cruz Roja le presto un teléfono
móvil para que llamara a los padres y la sonrisa de la
niña iluminó todo el local.”
De hecho, uno de los servicios más apreciados fue el
de llamadas telefónicas gratuitas. La Cruz Roja Chipriota
aportó los teléfonos móviles y las compañías
de telecomunicaciones ofrecieron comunicaciones sin cargo.
Algunos habían perdido a toda la familia en el bombardeo.
Tore Svenning recuerda: “Un joven libanés de 22
años llegó de Siria. El único pariente
que le quedaba era un hermano que vive en Suecia. Un voluntario
lo llevó a su casa para que se diera un baño,
descansara un poco y comiera algo.”
También se había previsto la presencia de equipos
multilingües de voluntarios en estaciones cercanas a los
puestos de control de pasaportes. En esas estaciones había
sillas de ruedas a disposición de enfermos y ancianos.
Eso fue muy importante porque muchos evacuados eran extranjeros
que estaban en el Líbano por motivos laborales o familiares.
La Cruz Roja Chipriota también les prestó apoyo,
en muchos casos, en estrecho contacto con la Sociedad Nacional
de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja del respectivo país
y contando con la asistencia de la Federación Internacional.
En otro plano, la Cruz Roja Chipriota también ayudó
a la Defensa Civil en cuatro campamentos instalados en la escuela
Vergina y el Centro Atlético Zenon de Larnaca y en Achna
Dasaki, donde se alojaba temporalmente a los repatriados hasta
que volvían a su propio país. La Cruz Roja Chipriota
proporcionó meriendas y refrescos, así como jabón,
champú y toallas para una ducha rápida.
Incluso ahora, se siguen recibiendo donaciones y los voluntarios
clasifican ropa en caso de que vuelva a hacer falta, ya sea
para quienes llegan a Chipre o por solicitud de la Cruz Roja
Libanesa o el Gobierno del Líbano. Los voluntarios de
la Cruz Roja Chipriota recibieron y siguen recibiendo elogios
y agradecimientos, no sólo de quienes se repatriaron
por voluntad propia, sino también de embajadas y gobiernos
de otros países. Todos ellos, al igual que las autoridades
de Chipre, saben que en el aspecto humanitario de la operación
pueden contar con la Cruz Roja, lo que les permite atender más
otros aspectos.
La Cruz Roja Chipriota no forma parte de la Federación
Internacional, pero es una Sociedad Nacional debidamente constituida
conforme a los estatutos de la Cruz Roja y cuya labor se rige
estrictamente por los Principios Fundamentales del Movimiento
Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
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La
primera en acoger a un bebé que llora, darle un
juguete a un niño, ofrecerle un poco de descanso
a la madre, el primer rostro simpático, la primera
palabra amable, el primer vaso de agua. Estos son algunos
motivos por los que miles de personas que huyeron del
Líbano a Chipre recordarán a la Cruz Roja
Chipriota. (p14536)
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Muchos
evacuados eran niños que recibieron un apoyo y
una atención especiales de los voluntarios que
distribuyeron 22.560 potes de alimentos para niños,
1.000 juguetes y 15.122 barras de chocolate, sin olvidar
600 cepillos de dientes. Algunos niños estaban
solos. (p14538)
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