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Maldivas: ayudar a que cicatricen las heridas
25 de septiembre de 2006
Texto y fotos de Joe Lowry, delegado de información de la Federación Internacional en las Maldivas
Puede que los recuerdos en torno al tsunami de 2004 se estén desvaneciendo a medida que el mundo tiene presentes otros desastres y los periódicos informan sobre nuevas crisis. No obstante, en Maldivas, casi dos años después, la gente que fue testigo del horror aquel día todavía se despierta por las noches literalmente gritando.

Paseando por la mañana temprano por el centro para personas desplazadas de la isla de Ugoofaaru, cuando los niños se preparan para ir a la escuela, las mujeres barren y los hombres conversan sobre los temas del día, parece que uno estuviera en un pueblo cualquiera, en un lugar cualquiera. Pero hay una diferencia: estas personas, unas 1.800, están expectantes, a la espera de formar una nueva comunidad.

A diez minutos en lancha motora por el agua azul, amanece otra comunidad provisional. Trabajadores de toda Asia meridional trabajan duramente para construir un primer grupo de 166 viviendas de un total de 600 financiadas por la Federación Internacional, que alojarán a las personas desplazadas de la isla de Kandholhudhoo actualmente dispersas en diferentes asentamientos en islas cercanas.

Lo que deben tener en abundancia los desplazados internos es paciencia. Pasan mucho tiempo sin hacer nada y esperando recibir noticias. Pero hay poco trabajo, poco espacio y pocas razones por las que sentirse feliz. No obstante, un hombre extraordinario, él mismo desplazado interno, hace lo que puede para borrar las huellas psicológicas, para disminuir la angustia ocasionada por el miedo a perder el hogar, un ser querido o la vida.

Ali Ibrahim, de 53 años y padre de doce niños, es un hakeem, un curandero tradicional cuyos antepasados han ido transmitiendo sus conocimientos de generación en generación. Nos encontramos por casualidad: Un pequeño hombre con un cigarrillo en la boca y gafas de sol violetas sobre su cabeza está arreglando nuestra cerradura. Cuando me dicen que éste es el curandero, me doy la vuelta para ver quién más está en la habitación. Espero ver a un chamán o a un morabito con toga… Ali pone a un lado el destornillador y nos ponemos hablar.

Explica que desde el tsunami hay una gran demanda de sus servicios, especialmente de una poción contra la depresión que prepara con pétalos de rosa y especias. “Aquí hay muchas personas con daños psicológicos. La gente tiene pesadillas y se asusta cuando oye un ruido fuerte. Pero también trato dolores de cabeza, fiebre, infecciones del tracto urinario, cardiopatías, artritis, cortes, fracturas... Reconozco los síntomas en los ojos de las personas, en sus manos y en sus pies.”

Ali trabaja con la medicina contemporánea, y alienta a las personas a hacerse resonancias magnéticas y someterse a tratamientos de alta tecnología, pero también utiliza conjuros, hierbas, otras plantas y especias. Los conjuros, explica, provienen del Corán, pero reconoce que su oficio es mucho más antiguo que el islam.

El Dr. Satyabrata Dash, que dirige el programa de apoyo psicológico de la Cruz Roja Americana en Maldivas, reconoce que los curanderos desempeñan una función positiva en la comunidad, aunque piensa que las hierbas solas no pueden ayudar. “Son muy pocas las raíces y plantas útiles en la medicina psicológica", declara. “No obstante, los curanderos escuchan a las personas y las ayudan a hablar sobre sus problemas. Y eso, indudablemente, ayuda."

El día del tsunami, Ali había salido a pescar cohombros de mar, que han hecho rica a su familia y han permitido a Ali prestar servicios gratuitos. De repente, el sistema de comunicación del barco, con unos fuertes ruidos, emitió la advertencia de que existían graves problemas en su isla de origen, Kandholhudhoo. Una vez en el puerto, algunos supervivientes subieron como pudieron al barco e informaron sobre la calamidad que se estaba produciendo.

Ahora, Kandholhudhoo está abandonada, de hecho destrozada por el tsunami. Nos dirigimos a la isla con Ali, y con un maestro del lugar, Ahmed, y su hijo Rifhan. Desde el mar, la vista es impresionante. La nueva escuela de cuatro pisos le confiere la apariencia de un paisaje urbano. En la costa se ha puesto en marcha una empresa de procesamiento de peces, que se trasladará junto con los desplazados internos a un nuevo lugar en Dhuvaafaru, donde la Federación está construyendo las viviendas.

Pero esas son las únicas señales de vida. Muchos edificios antiguos resultaron hechos pedazos por el tsunami, y los más nuevos han empezado a deteriorarse. Sobre la pared de la escuela, un eslogan dice (con cierta burla, teniendo en cuenta quién es nuestro compañero de viaje): “Una manzana al día mantiene alejado el médico”. Por el patio, lleno de plantas, están dispersos libros escolares y listas de clase.

Para Ahmed, que el día anterior había ido a ver el lugar donde tomará forma su nueva vida, es un momento de verdaderas emociones encontradas. “Es triste,” masculla en inglés, “tan triste”. Después, ya en dhivehi, reconoce que la vida en su isla natal era dura. Había poco sitio, la isla estaba superpoblada y no había verdaderas expectativas para sus hijos.

El curandero está de acuerdo. El día anterior ha recogido en Dhuvaafaru unas plantas que sirven para curar enfermedades hepáticas. En la antigua isla, que tenía poca vegetación, éstas plantas eran muy escasas. “Aquí, la vida va a estar bien,” observa el curandero. “Nuestra gente será feliz.”
Ali Ibrahim es un curandero tradicional cuyos antepasados han ido transmitiendo sus conocimientos de generación en generación. Desde el tsunami, hay una gran demanda de sus servicios, especialmente de una poción contra la depresión que prepara con pétalos de rosa y especias. “Aquí hay muchas personas con daños psicológicos. La gente tiene pesadillas y se asusta cuando oye un ruido fuerte. (p14689)
Ali Ibrahim es un curandero tradicional cuyos antepasados han ido transmitiendo sus conocimientos de generación en generación. Desde el tsunami, hay una gran demanda de sus servicios, especialmente de una poción contra la depresión que prepara con pétalos de rosa y especias. “Aquí hay muchas personas con daños psicológicos. La gente tiene pesadillas y se asusta cuando oye un ruido fuerte. (p14689)

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La isla abandonada de Kandholhudhoo. Desde el mar, la vista es impresionante. La nueva escuela de cuatro pisos le confiere la apariencia de un paisaje urbano. En la costa se ha puesto en marcha una empresa de procesamiento de peces, que se trasladará junto con los desplazados internos a un nuevo lugar en Dhuvaafaru, donde la Federación está construyendo las viviendas. (p14687)
La isla abandonada de Kandholhudhoo. Desde el mar, la vista es impresionante. La nueva escuela de cuatro pisos le confiere la apariencia de un paisaje urbano. En la costa se ha puesto en marcha una empresa de procesamiento de peces, que se trasladará junto con los desplazados internos a un nuevo lugar en Dhuvaafaru, donde la Federación está construyendo las viviendas. (p14687)

Ahora, Kandholhudhoo está abandonada, de hecho destrozada por el tsunami. Muchos edificios antiguos resultaron hechos pedazos por el tsunami, y los más nuevos han empezado a deteriorarse. (p14688)
Ahora, Kandholhudhoo está abandonada, de hecho destrozada por el tsunami. Muchos edificios antiguos resultaron hechos pedazos por el tsunami, y los más nuevos han empezado a deteriorarse. (p14688)

A diez minutos en lancha, amanece otra comunidad provisional. Trabajadores de toda Asia meridional trabajan duramente para construir un primer grupo de 166 viviendas de un total de 600 financiadas por la Federación Internacional, que alojarán a las personas desplazadas de la isla de Kandholhudhoo, actualmente dispersas en diferentes asentamientos en islas cercanas. (p14686)
A diez minutos en lancha, amanece otra comunidad provisional. Trabajadores de toda Asia meridional trabajan duramente para construir un primer grupo de 166 viviendas de un total de 600 financiadas por la Federación Internacional, que alojarán a las personas desplazadas de la isla de Kandholhudhoo, actualmente dispersas en diferentes asentamientos en islas cercanas. (p14686)

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