Coquito
se fue a España hace casi dos años, cuando fue
adoptado por una familia española. Tenía cuatro
años y había vivido tres años con la Cruz
Roja. Desde entonces, siempre que pasa un avión, sus
hermanos y hermanas gritan “adiós, adiós
Coquito” y agitan sus manos con entusiasmo.
La Cruz Roja Panameña dirige este hogar para niños
abandonados o bajo protección de edades entre 0 y 4 años
desde 1964, cuando el Gobierno le cedió las instalaciones.
No obstante, el programa en sí mismo se puso en marcha
hace casi 80 años.
“En los años 1930 y 1940, en Panamá no existían
hogares para niños abandonados y desnutridos,”
explica Irene Barria. “Por ello, la Cruz Roja Panameña
empezó a hacerse cargo de ellos. A medida que se fue
corriendo la voz, empezamos a tener tantos niños necesitados
que el Gobierno finalmente nos cedió un espacio para
ellos.”
Actualmente viven en este hogar 20 niños. Reciben comida,
ropa, atención de salud y educación. Y lo más
importante es que reciben cariño. 23 empleados, incluidos
enfermeras, maestros y cocineros, trabajan con ellos.
Algunos niños llegan al hogar con problemas nutricionales
y enfermedades respiratorias, y la mayoría de ellos están
faltos de afecto. “Algunos necesitan tiempo para establecer
una relación estrecha con nosotros,” explica Rosemarie
Villareal, una de las enfermeras de día. “Pero
todos ansían recibir cariño y sentirse aceptados.”
Cada niño es diferente. Su carácter y sus necesidades
son diferentes, y todos llegan al hogar con un pasado propio,
a pesar de su corta edad.
Cuando llegan se les somete a un control médico exhaustivo,
y después se les revisa periódicamente. Todo recién
llegado cambia la dinámica del grupo, por lo que el reajuste
es continuo.
Lo mejor para estos niños es que se les adopte, y la
Cruz Roja Panameña realiza enormes esfuerzos para encontrarles
una familia.
“A veces tenemos éxito, pero no con la frecuencia
que desearíamos,” explica Irene Barria, directora
del hogar. “Algunos niños tienen una discapacidad,
lo que dificulta su adopción. A veces es la mera cantidad
de papeleo que hay que solucionar la que representa un obstáculo.
Muchas parejas desean adoptar y algunas lo consiguen. Pero otras
se rinden ante la burocracia.”
Los niños mayores a los que no se encuentra familia se
llevan a otros hogares dirigidos por organizaciones como Hogar
Malambo y Aldeas Infantiles SOS.
“Las familias adoptivas deben ser muy especiales, pues
estos niños son muy especiales,” dice Rosemarie.
“Los hemos visto dar sus primeros pasos, decir sus primeras
palabras y, a veces, dar o incluso recibir su primer abrazo.
Es difícil dejarles marchar, pero sabemos que estarán
mejor con sus nuevos padres.”
“Acabamos de recibir noticias y fotos de Coquito,”
continúa Rosemarie, sonriendo. “Está muy
bien con su nueva familia y pronto vendrán todos a visitarnos.”
A lo largo de los años, la Cruz Roja Panameña
ha recibido para este hogar fondos y donativos de la Federación
Internacional, de la Cruz Roja Española y de muchos donantes
privados. Ahora está buscando un nuevo lugar, con un
jardín en el que los niños puedan tomar contacto
con la naturaleza y disfrutar de algo más de espacio.
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La
Cruz Roja Panameña dirige este hogar para niños
abandonados o bajo protección de edades entre 0
y 4 años desde 1964, cuando el Gobierno le cedió
las instalaciones. (p14721)
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lo largo de los años, la Cruz Roja Panameña
ha recibido para este hogar fondos y donativos de la Federación
Internacional, de la Cruz Roja Española y de muchos
donantes privados. Ahora está buscando un nuevo
lugar, con un jardín en el que los niños
puedan tomar contacto con la naturaleza y disfrutar de
algo más de espacio. (p14724)
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Actualmente
viven en este hogar 20 niños. Reciben comida, ropa,
atención de salud y educación. (p14720)
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