En
el pueblo de Nawangran Sobrian, en el norte de Pakistán,
una mujer joven friega tazas y vasos en un charco de agua de
lluvia sucia. En esta región, devastada por el terremoto
del año pasado y gravemente afectada por las inundaciones
y deslizamientos de tierra del último verano, ésta
imagen es frecuente.
“Un año después del terremoto, aunque hay
mucho agua, la mayor parte está contaminada con desechos
y bacterias," explica Edoardo Casetta, coordinador en materia
de agua y saneamiento de la Federación Internacional
en la Provincia de la Frontera del Noroeste (NWFP de sus siglas
en inglés) de Pakistán.
No muy lejos del pueblo, voluntarios y personal de la Media
Luna Roja de Pakistán trabajan para desenterrar un depósito
de agua que resultó cubierto por rocas y barro durante
las repentinas y violentas inundaciones de agosto.
Casi dos meses después, todavía parece que en
la zona se hubiese producido una erupción volcánica:
en los tramos donde bajaron los torrentes de agua, imitando
corrientes de lava fundida, el verde paisaje está marcado
por una ancha franja de rocas y grava angulosas y grisáceas.
De acuerdo con los trabajadores de la Media Luna Roja de Pakistán,
el depósito de agua pronto estará descubierto
y funcionando. Pero sólo con la tecnología no
se logrará garantizar que las personas, como la joven
mujer de Nawangran Sobrian, dejen de recurrir a fuentes de agua
poco seguras para beber y fregar los cacharros.
Igual de importantes que los sistemas de abastecimiento de agua
son el cambio de comportamiento y la formación.
Según Charity Sikamo, una de las delegadas de agua y
saneamiento de la Federación Internacional en la NWFP,
ésta es la razón por la cual la promoción
de la higiene y el saneamiento adecuado son tan importantes.
“Después de que la gente empezó a abandonar
los campamentos y volver a sus hogares, en marzo, nos dimos
cuenta muy pronto de que nuestra labor debía alcanzar
a las comunidades y que debíamos sensibilizarlas respecto
de la importancia de una higiene adecuada,” explica.
“Puede parecer muy elemental, pero muchas personas no
saben que el simple hecho de cocer el agua puede matar las bacterias
y evitar enfermedades,” añade Sikamo. “Además,
educamos a las comunidades acerca de dónde situar las
letrinas y cómo deshacerse de los residuos sólidos,
y animamos a las madres a no permitir que sus hijos jueguen
en los patios en los que haya basura o excrementos.”
Según se ha demostrado, para mejorar la salud y la higiene
es esencial lograr acceder a las mujeres, especialmente en las
zonas rurales profundamente conservadoras.
“Las mujeres son quienes gestionan la vida doméstica,”
observa Sikamo. “Son quienes van en busca de agua y leña,
limpian, cocinan, cuidan de los niños enfermos... Es
lógico que necesitemos su participación.”
A fin de alcanzar a las mujeres y niñas, la Federación
Internacional y la Media Luna Roja de Pakistán decidieron
adoptar un enfoque basado en la comunidad, y trabajan con trabajadoras
de salud autorizadas por el Ministerio de Salud e imparten formación
a equipos locales de promotores de la higiene.
La idea es educar a mujeres, y a hombres, de estas comunidades
para inducir un cambio a nivel de base. Miembros comunitarios
forman comités que actúan como facilitadores –de
confianza y bien acogidos– del cambio de comportamiento.
Los comités transmiten mensajes y enseñanzas de
promoción de la higiene a la comunidad más amplia.
Este concepto no sólo funciona, sino que además
goza de una aceptación cada vez mayor en las zonas afectadas
por el terremoto.
Actualmente, promotores locales de la higiene, apoyados por
especialistas de la Federación, visitan cada dos semanas
pueblos como Nawangran Sobrian y celebran sesiones de preguntas
y respuestas para grupos.
Mientras que las mujeres y niñas se reúnen en
una casa, los hombres y los niños lo hacen en otra y
promotores de la higiene varones les informan sobre el enterramiento
seguro de residuos y la construcción de letrinas.
“Gracias a estas sesiones somos conscientes de que debemos
limpiar nuestras viviendas y letrinas periódicamente,”
declara Shahjehan Bibi, una señora mayor del pueblo.
“Sé que los gérmenes transmiten enfermedades
y que si me lavo con regularidad tendré una vida más
sana,” añade.
Sikamo observa que durante un reciente brote de diarrea acuosa
aguda, este tipo de conocimientos ha contribuido a evitar que
muchas personas enfermaran.
“Nos dimos cuenta de que en donde habíamos realizado
actividades de promoción de la higiene había menos
casos de diarrea… Aunque es posible que no podamos cuantificar
el resultado global de nuestros esfuerzos hasta dentro de uno
o dos años, empezamos a ver señales de éxito
tangibles."
Durante los últimos seis meses, además de promover
la higiene, se ha estado haciendo especial hincapié en
la instalación de letrinas familiares y “baños
rurales” apropiados desde el punto de vista cultural.
Después del desastre, los hombres y niños se lavaban
frecuentemente en el río o en la mezquita, pero las mujeres
no tenían a donde ir. Ahora, los servicios para mujeres
les ofrecen un lugar para bañarse a solas.
Según Eduardo Casetta, en comparación con la situación
de hace un año las comunidades han avanzado enormemente.
Entonces, casi todas las fuentes de agua, incluidas las fuentes
naturales, estaban contaminadas y, según se estimó,
el 80 a 90 % de las letrinas existentes habían resultado
destruidas, lo que obligaba a las personas a utilizar, en su
lugar, patios, arbustos y campos.
Inmediatamente después del desastre, la Federación
Internacional desplegó en las devastadas ciudades de
Batagram y Balakot dos unidades de intervención de urgencia
(ERU de sus siglas en inglés) con capacidad para purificar
240.000 litros de agua al día cada una de ellas, a fin
de abastecer de agua a un total de aproximadamente 40.000 personas.
Las UIU, financiadas con el apoyo de las Sociedades de la Cruz
Roja Alemana, Austríaca y Sueca, y del Servicio de Ayuda
Humanitaria de la Comisión Europea (ECHO de sus siglas
en inglés), suministraron agua potable a comunidades
vulnerables durante los primeros seis meses después del
desastre.
Además, después del terremoto se distribuyeron
a familias alrededor de 200.000 estuches de aseo con compresas,
cepillos de dientes, champú, cortaúñas,
jabón de baño y jabón líquido.
“Durante la fase de emergencia, nuestra labor en materia
de higiene, agua potable y saneamiento estuvo muy orientada
a la práctica y resultó extremadamente eficaz,"
explica Casetta.
“Ahora nos basamos en los buenos resultados obtenidos
y hemos adoptado un enfoque que promueve la participación,
para así alentar a las comunidades a que decidan por
sí mismas cómo desean mejorar su situación
de salud y qué tipo de instalaciones necesitan... Y así
es exactamente como debe ser."
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Un
año después del terremoto del 8 de octubre,
no es raro ver a mujeres fregando los cacharros en charcos
y ríos contaminados con suciedad y bacterias. (p14728)
(Fotografía: John Tulloch)
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Después
del terremoto, la Federación Internacional envió
a Pakistán dos unidades de intervención
de urgencia que proporcionaron 240.000 litros de agua
al día a alrededor de 40.000 personas durante un
período de seis meses. (Fotografía: Gerald
Czech)
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En
agosto, durante unas repentinas y violentas inundaciones,
un depósito de agua que se había terminado
de construir recientemente cerca de la ciudad de Balakot
resultó enterrado por rocas y barro. (p14726) Fotografía:(John
Tulloch)
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Sadia
Tanveer (izquierda) y Nadia Sayeed (derecha), promotoras
de la higiene, utilizan ilustraciones para hacer preguntas
a las mujeres sobre cómo es correcto, y como no,
fregar los cacharros. (p14727) (Fotografía: John
Tulloch)
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