Caroline
es una bonita niña de 13 años. Cuando se la ve
bailar con sus amigos de la orquesta del Centro Comunitario
de Atención Infantil de Chisoko, se podría pensar
que no tiene preocupaciones. Sin embargo, en la bella región
de Mwachongo Forest, cerca de Mwanza, en el sur de Malawi, la
tragedia ha golpeado a su familia.
Cuando nos encontramos frente a su casa, a pocos metros del
Centro, los ojos de Caroline se llenan de tristeza, especialmente
cuando empieza a contarnos su historia.
Caroline es uno de los miles de niños del sur de África
conocidos como “huérfanos a causa del SIDA”.
“Soy la más pequeña de una familia con cuatro
hijos”, explica. “Cuando tenía 7 años
perdí a mi madre, y el mes pasado murió mi papá.”
Los hermanos y hermanas mayores de Caroline estudian en un internado
lejos del pueblo o se han casado. Así, Caroline vive
sóla en su casa y debe cuidar de sí misma.
Afortunadamente, la joven, que vive en la indigencia, ha encontrado
ayuda en el Centro Comunitario de Atención Infantil de
Chisoko, dirigido por la Cruz Roja de Malawi con el apoyo de
la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz
Roja y de la Media Luna Roja. El centro tiene capacidad para
750 niños.
Los niños de 1 a 6 años asisten al jardín
de infancia, en donde aprenden el alfabeto y realizan manualidades
y deporte, además de jugar.
También se les aconseja en temas de higiene y prevención,
y se les asesora. Los niños más mayores, como
Caroline, de edades entre 7 y 18 años, pueden acceder
a una ayuda financiera básica, aunque la escuela primaria
en Malawi es gratuita.
“Muchos de los niños que asisten al Centro viven
con el VIH”, nos confía Taonga Nyekanyeka, Jefe
del proyecto de lucha contra el VIH/SIDA de la región
de Mwanza. “Pero para nosotros no cabe la posibilidad
de separarlos de los demás niños. La comunidad
debe mantenerse unida a fin de evitar el rechazo y la discriminación”,
explica.
En el marco del programa de atención domiciliaria, 55
voluntarios de la Cruz Roja de Malawi se turnan para cuidar
a los niños, mientras que 28 visitan a personas que viven
con el SIDA.
“Es importante que los niños se sienten mejor física
y mentalmente gracias a nuestro trabajo”, declara Peter
Chammudzi, uno de los voluntarios que cuidan a los niños
más pequeños.
“Muchos de los niños que asisten al Centro son
huérfanos. Para que sigan una dieta equilibrada, todas
las mañanas les damos un cuenco de papilla de copos de
avena”, añade.
Dados sus limitados medios, la Cruz Roja de Malawi no puede
asegurar el futuro de estos niños por sí sola.
“Pronto terminaré la escuela de enseñanza
primaria, pero no tengo dinero para pagar la escuela de enseñanza
secundaria”, explica preocupada Caroline.
La Cruz Roja de Malawi está estableciendo gradualmente
un programa para financiar las tasas escolares de niños
huérfanos como consecuencia del SIDA.
Lamentablemente, la región de Mwanza no está todavía
incluida dentro del programa, pero es probable que los fondos
lleguen a tiempo para ayudar a Caroline.
Cuando le preguntamos a Carolin qué le gustaría
hacer en el futuro, contesta que quiere ser monja. Evidentemente,
más allá de su fe, Carolin busca también
protegerse de un mundo al que debe hacer frente ella sóla.
“Caroline es una joven valiente, y su lucha diaria contra
las adversidades pone de manifiesto por qué la labor
de la Cruz Roja de Malawi es tan decisiva para el futuro de
este país”, explica el Dr. Mukesh Kapila, Representante
Especial del Secretario General de la Federación para
el VIH/SIDA, que también conversó con Caroline
durante su visita al Centro de Chisoko.
“También muestra por qué debemos acelerar
y ampliar nuestros esfuerzos para reducir la propagación
del VIH y gestionar sus destructivas consecuencias sobre las
familias y comunidades en el sur de África", concluye.
Caroline nos deja para reunirse con su grupo de música
y danza, creado por el Centro. Su nombre es Chisungalalo Band,
que en chechewa, la lengua local, significa “Orquesta
de la felicidad”. Actualmente, este grupo se ha convertido
en su verdadera familia y en uno de sus pocos motivos de alegría.
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Caroline,
de 13 años, ha perdido a su madre y su padre debido
al SIDA. Ahora, está sóla en el pueblo de
Chisoko, en el sur de Malawi. (p14787)
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En
el Centro, Teresia Mawala, de dos años, aprende
ya a ser una buena cocinera. (p14791)
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El
Centro Comunitario de Atención Infantil dirigido
por la Cruz Roja acoge, de lunes a viernes, a 750 personas.
(p14790)

Niños de edades entre 1 y 6 años, algunos
de ellos seropositivos, se reúnen para jugar y
recibir una educación básica. (p14789)
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