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Malawi: Caroline, de 13 años, está sóla en el mundo
13 de octubre de 2006
Jean-Luc Martinage, Chisoko Malawi
Caroline es una bonita niña de 13 años. Cuando se la ve bailar con sus amigos de la orquesta del Centro Comunitario de Atención Infantil de Chisoko, se podría pensar que no tiene preocupaciones. Sin embargo, en la bella región de Mwachongo Forest, cerca de Mwanza, en el sur de Malawi, la tragedia ha golpeado a su familia.

Cuando nos encontramos frente a su casa, a pocos metros del Centro, los ojos de Caroline se llenan de tristeza, especialmente cuando empieza a contarnos su historia.

Caroline es uno de los miles de niños del sur de África conocidos como “huérfanos a causa del SIDA”. “Soy la más pequeña de una familia con cuatro hijos”, explica. “Cuando tenía 7 años perdí a mi madre, y el mes pasado murió mi papá.”

Los hermanos y hermanas mayores de Caroline estudian en un internado lejos del pueblo o se han casado. Así, Caroline vive sóla en su casa y debe cuidar de sí misma.

Afortunadamente, la joven, que vive en la indigencia, ha encontrado ayuda en el Centro Comunitario de Atención Infantil de Chisoko, dirigido por la Cruz Roja de Malawi con el apoyo de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. El centro tiene capacidad para 750 niños.

Los niños de 1 a 6 años asisten al jardín de infancia, en donde aprenden el alfabeto y realizan manualidades y deporte, además de jugar.

También se les aconseja en temas de higiene y prevención, y se les asesora. Los niños más mayores, como Caroline, de edades entre 7 y 18 años, pueden acceder a una ayuda financiera básica, aunque la escuela primaria en Malawi es gratuita.

“Muchos de los niños que asisten al Centro viven con el VIH”, nos confía Taonga Nyekanyeka, Jefe del proyecto de lucha contra el VIH/SIDA de la región de Mwanza. “Pero para nosotros no cabe la posibilidad de separarlos de los demás niños. La comunidad debe mantenerse unida a fin de evitar el rechazo y la discriminación”, explica.

En el marco del programa de atención domiciliaria, 55 voluntarios de la Cruz Roja de Malawi se turnan para cuidar a los niños, mientras que 28 visitan a personas que viven con el SIDA.

“Es importante que los niños se sienten mejor física y mentalmente gracias a nuestro trabajo”, declara Peter Chammudzi, uno de los voluntarios que cuidan a los niños más pequeños.

“Muchos de los niños que asisten al Centro son huérfanos. Para que sigan una dieta equilibrada, todas las mañanas les damos un cuenco de papilla de copos de avena”, añade.

Dados sus limitados medios, la Cruz Roja de Malawi no puede asegurar el futuro de estos niños por sí sola. “Pronto terminaré la escuela de enseñanza primaria, pero no tengo dinero para pagar la escuela de enseñanza secundaria”, explica preocupada Caroline.

La Cruz Roja de Malawi está estableciendo gradualmente un programa para financiar las tasas escolares de niños huérfanos como consecuencia del SIDA.

Lamentablemente, la región de Mwanza no está todavía incluida dentro del programa, pero es probable que los fondos lleguen a tiempo para ayudar a Caroline.

Cuando le preguntamos a Carolin qué le gustaría hacer en el futuro, contesta que quiere ser monja. Evidentemente, más allá de su fe, Carolin busca también protegerse de un mundo al que debe hacer frente ella sóla.

“Caroline es una joven valiente, y su lucha diaria contra las adversidades pone de manifiesto por qué la labor de la Cruz Roja de Malawi es tan decisiva para el futuro de este país”, explica el Dr. Mukesh Kapila, Representante Especial del Secretario General de la Federación para el VIH/SIDA, que también conversó con Caroline durante su visita al Centro de Chisoko.

“También muestra por qué debemos acelerar y ampliar nuestros esfuerzos para reducir la propagación del VIH y gestionar sus destructivas consecuencias sobre las familias y comunidades en el sur de África", concluye.

Caroline nos deja para reunirse con su grupo de música y danza, creado por el Centro. Su nombre es Chisungalalo Band, que en chechewa, la lengua local, significa “Orquesta de la felicidad”. Actualmente, este grupo se ha convertido en su verdadera familia y en uno de sus pocos motivos de alegría.
Caroline, de 13 años, ha perdido a su madre y su padre debido al SIDA. Ahora, está sóla en el pueblo de Chisoko, en el sur de Malawi. (p14787)
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