Davis
Chimuzumazi es un joven del pueblo de Kanthungo, a unos 150
km al norte de Lilongwe, la capital de Malawi. Para acceder
a este remoto pueblo, aislado del progreso urbano, debe hacerse
un largo viaje por una carretera llena de baches.
Sin embargo, en este viernes de octubre, Davis y otros cientos
de habitantes de pueblos vecinos esperan pacientemente su turno
en el lugar donde la Cruz Roja de Malawi está distribuyendo
alimentos.
“En 2004 y 2005 nuestra región se vio afectada
por una larga sequía y, aunque la situación haya
mejorado, el hambre sigue siendo un problema", explica
Obed Mwambakulu, Responsable del proyecto de la Cruz Roja de
Malawi.
Para promover que sea la propia comunidad quien aborde sus necesidades,
la Cruz Roja de Malawi, con ayuda de la Federación Internacional
de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, ha convencido
a Davis y a los demás habitantes experimentados para
que, a cambio de un saco de maíz y guisantes, trabajen
durante unas horas en la construcción de viviendas. Es
lo que se denomina un programa de “alimentos por trabajo”.
Nos encontramos con Davis justo antes de que reciba el valioso
saco y nos cuenta su historia.
“Tengo 17 años y me convertí en el nuevo
cabeza de familia por necesidad. Primero murió mi madre,
en 1999, y después mi padre, en 2001. A los 12 años
tuve que abandonar los estudios para ocuparme de mis cuatro
hermanas, todas ellas más jóvenes que yo”,
explica.
Desde entonces, Davis ha trabajado en el campo para tratar de
cubrir las necesidades de su familia. Sus abuelos todavía
viven, pero son muy mayores y ya no pueden ayudarle.
“Nuestros estómagos están vacíos
muchas veces, y pasamos hambre con frecuencia”, nos cuenta
con dignidad, con voz tranquila. Cuando le preguntamos cómo
ve el resto de su vida, contesta:
"No veo un futuro. Mi preocupación es evitar que
mi familia muera de hambre”, confiesa, echando una mirada
protectora a una de sus hermanas, que se ha unido a nosotros.
La Cruz Roja de Malawi no puede hacer milagros para ayudar a
Davis. No obstante, en este remoto lugar en donde ninguna otra
organización está presente de manera permanente,
Davis recibe ayuda alimentaria y asesoramiento de voluntarios
de su propia comunidad.
La presencia de la Cruz Roja constituye un consuelo real para
este joven y sus hermanas que, de lo contrario, estarían
totalmente abandonados a sus propios recursos. Si llueve abundantemente,
el hambre disminuirá, y el proyecto asegurará
la construcción de viviendas.
Para apoyar la labor de la Cruz Roja de Malawi y de otras nueve
Sociedades Nacionales de África meridional, la Federación
ha lanzado un nuevo plan quinquenal cuyo objetivo es fortalecer
no sólo la prevención del VIH/SIDA, sino también
el seguimiento y el tratamiento de enfermos de SIDA y de los
aproximadamente 500.000 huérfanos como consecuencia de
esta enfermedad que viven en esta región.
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Después
de que murieran sus padres, Davis (en la imagen con una
de sus hermanas), de 17 años, se convirtió
por necesidad en cabeza de una familia de cuatro huérfanos.
(p17871)
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En
el pueblo de Kanthungo, aislado en una región de
matorral, todos manifiestan su alegría durante
la distribución de los sacos de alimentos. (p14870)
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La
Cruz Roja de Malawi ha invitado a personas experimentadas
a dedicar parte de su tiempo a la construcción
de viviendas a cambio de ayuda alimentaria. (p14862)
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