Imagine
haber vivido el tsunami y que haya dejado 290.000 metros cúbicos
como un recuerdo constante, un obstáculo a la recuperación
y un peligroso riesgo para la salud. Sería un reto enorme
para cualquier país, pero sobre todo para Maldivas cuyo
territorio abarca 1.100 islas desperdigadas por más de
800 kilómetros.
El tsunami dejó montones de desechos en Maldivas –tales
como, vidrios rotos, ácido de batería y materiales
de los edificios destruidos– que pueden causar numerosos
problemas de salud. La incidencia de lesiones y enfermedades
puede ser alta en el caso de los niños porque les encanta
jugar en esos montones grandes y coloridos.
La basura de la costa atrae ratas y mosquitos, portadores de
la fiebre dengue, problema que aumenta en forma sostenida: los
niños representan el 65 por ciento de los casos. Una
vez que sustancias químicas y metales pesados se filtran
en la tierra, contaminan el agua y los peces, alimento básico
y principal fuente de ingresos.
Shakeela Ibrahim, coordinadora del puesto de salud de la isla
Fulidhoo, indica que estos problemas se abordan gracias a los
11.300.000 francos suizos de una iniciativa conjunta de la Cruz
Roja Australiana y la Cruz Roja Canadiense.
“Lo que está haciendo la Cruz Roja es muy importante.
Ahora que tenemos centros de gestión de desechos, debemos
informar sobre la prevención de enfermedades”,
añade.
En 74 islas de Maldivas, la Cruz Roja Australiana y la Cruz
Roja Canadiense están construyendo dichos centros para
garantizar que los desechos dejados por el tsunami se eliminen
sin dañar el medio ambiente y, a la vez, poner en marcha
un sistema de gestión de desechos sólidos de la
basura doméstica.
“Ayudamos a iniciar rápidamente un programa de
gestión sostenible de desechos a más largo plazo
en Maldivas. Queda mucho por hacer, pero es estimulante participar
en la labor de terreno”, comenta Donna Chanda, Jefa de
la Delegación de la Cruz Roja Canadiense.
En siete de las islas más castigadas se ha terminado
la enorme labor de desescombro y se han hecho planes para hacer
lo mismo en otras 67. Hasta la fecha, se eliminaron 12.600 metros
cúbicos de los escombros y desechos peligrosos que dejara
el tsunami.
Las trituradoras de cada centro reducen la acumulación
de desechos orgánicos que representa el 60 por ciento
de la basura de las islas y el resto se utiliza para fabricar
compost. La capacitación de la mano de obra local forma
parte del proyecto para instruir sobre el nuevo sistema.
Para apoyar estas actividades, Shakeela y otros 11 voluntarios
locales impartieron cursos de gestión de desastres en
asociación con la Cruz Roja. Se capacita a grupos de
voluntarios locales que hacen recorridos puerta por puerta para
distribuir bolsas y etiquetas autoadhesiva con la consigna “Reduce,
vuelve a usar, recicla” impresa en divehi, el idioma local.
Tanya Grygaski, Delegada de la Cruz Roja Canadiense, entregó
a Abdullahi Jaleel, jefe adjunto de la isla, el certificado
de traspaso oficial del centro de Fulihdoo con las instrucciones
de funcionamiento y, a la comunidad, las herramientas necesarias
para que siga operando.
“Es muy gratificante trabajar en un proyecto como éste
en el cual se participa en cada etapa y se puede ver el resultado
directo en la comunidad”, asevera Tanya.
El impulso generado por el proyecto no pasó desapercibido
a otros organismos de financiación. La Unión Europea,
mediante enlaces con el Banco Mundial, confirma los planes de
asignar casi 3.800.000 francos suizos al sector de gestión
de desechos sólidos de Maldivas.
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(p14882)
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Antes
(p14882) y después. Ejemplo del resultado del programa
de gestión de desechos que lleva a cabo la Cruz
Roja en la isla de Guraidhoo, Maldivas. (p14883)
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Shakeel,
voluntaria local, durante un recorrido puerta por puerta
para instruir a los habitantes sobre gestión de
desechos. (p14884)
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Tanya
Grygaski, Delegada de la Cruz Roja Canadiense, entrega
a Abdullahi Jaleel, jefe adjunto de la isla, las instrucciones
de funcionamiento del centro de Fulihdoo. (p14885)
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