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La historia de dos casas
28 de noviembre de 2006
Por Patrick Fuller, responsable de información de la Federación Internacional en Sri Lanka
Hace casi dos años, cuando el tsunami embistió las costas de Sri Lanka, Ernest de Silva, de 63 años, estaba en su casa disfrutando de un partido de cricket que transmitían por televisión. “La gente gritaba por todas partes que la ola se acercaba, pero no hice caso porque me interesaba más el cricket”, cuenta. La segunda ola, enorme y violenta, le arrastró fuera de su casa. Él y su esposa lograron sobrevivir encaramándose a un cocotero.

Actualmente, Ernest da los últimos toques a su nueva casa de Balapitya en el sureño distrito de Galle. Está ocupado supervisando a los carpinteros que colocan los marcos de la puerta y las ventanas. En el patio trasero, hay un gallo joven atado a un arbolito que será el protagonista de la ceremonia de bautizo de la nueva casa. Una vez instalados los marcos, el gallito entrará por la puerta principal y saldrá por la trasera llevándose consigo los malos espíritus que podían haber permanecido allí.

Para Ernest, al igual que para miles de damnificados, esta nueva casa es símbolo de un nuevo comienzo. Llevaba dos años viviendo hacinado en un refugio de madera de cuatro metros cuadrados con su esposa, su hija, su yerno y sus dos nietos. Después del tsunami, la familia se refugió en un templo budista donde permaneció unas semanas. Dependían de la caridad de los monjes y las distribuciones de suministros de socorro que hacían las ONG, las primeras semanas después del desastre.

“Cuando escapamos, no teníamos más que lo puesto. La Cruz Roja nos dio ropa, colchones y sábanas”, recuerda Ernest. Pero no podían quedarse en el templo y un par de semanas después, decidieron volver al terreno donde estaba su casa. Habían quedado sólo los cimientos, el resto se lo había llevado el mar. Los monjes budistas les entregaron chapas de zinc para que construyeran un refugio temporal con los trozos de madera y láminas de plástico que habían logrado recuperar.

Las semanas se convirtieron en meses y Ernest esta cada vez más preocupado por el futuro de su familia y su propia salud. Su casa se encontraba a 65 metros del mar y, por lo tanto, en la zona costera de amortiguación de 100 metros donde el gobierno había prohibido construir. “Nos prometieron una nueva casa a unos kilómetros tierra adentro, pero eso no se concretó. Me subió la presión y mi diabetes empeoró. “No tenía ingresos porque mi tienda también había quedado destrozada.” Poco después, Ernest encontró trabajo a tiempo parcial en el "Tsunami", centro local de apuestas, donde ganaba una comisión de 4-5 dólares por día que apenas le alcanzaba para vivir.

En noviembre del año pasado, cuando el gobierno modificó la política de vivienda, la zona de amortiguación pasó a 45 metros por lo cual, Ernest tenía derecho a recibir un subsidio de 2.500 dólares en cuotas, a medida que fuera terminando los cimientos, las paredes y el techo de la casa. El plan consiste en que otros donantes completen los subsidios del gobierno con una suma equivalente. En el caso de Ernest, la suma fue proporcionada por la Cruz Roja Neerlandesa que también le orientó en la construcción.

“Al principio, no tenía idea de cómo se construía una casa pero los técnicos de la Cruz Roja me ayudan. Vienen todas las semanas para asegurarse que lo esté haciendo bien”. Antes de empezar a construir, el técnico encargado de su caso le ayuda con el plano de base y le indicó la cantidad de arena, cemento, ladrillos y madera que necesitaba para que hiciera el presupuesto. Ernest era libre de contratar a los albañiles, carpinteros y electricistas que quisiera para que le ayudaran a construirla. Dos meses después la casa ya tiene techo y la familia piensa mudarse allí antes de Navidad.

Unos pocos kilómetros más abajo por el camino nos encontramos con Sunil Gayasiris, la construcción de su nueva casa ya alcanzó el nivel del techo y en cuanto reciba la última cuota del subsidio gubernamental, comprará los marcos y bastidores de las ventanas y terminará la instalación eléctrica. Electricista de profesión, Sunil perdió todo en el tsunami. Lo único que pudo salvar fue el refrigerador que había ido a parar al techo de un vecino.

Al igual que Ernest, Sunil estuvo viviendo con Madhuka, su esposa y Sunil, su hijo de cinco años, en un pequeño refugio de madera, instalado cerca del terreno de su casa. “No veo la hora de salir de este refugio. En la temporada del monzón el agua de la lluvia corre por el camino principal y llega hasta el frente de la cabaña. Además, estamos demasiado cerca de la playa y, por la noche, el ruido de las olas asusta a mi hijo”, dice Madhuka. Ella y Sunil empezaron a construir la casa en septiembre y esperan poder terminarla a principios de diciembre.

Navindra y Romesh, voluntarios de la Cruz Roja, están allí para controlar que todo vaya bien. Junto con los funcionarios del Departamento de Relaciones con los Beneficiarios que fueron destacados a esta zona, los voluntarios organizan reuniones quincenales para hablar de lo que se va avanzando con las familias que participan en el programa de construcción impulsado por los propietarios.

Kanthi Hewakankege, jefe de dicho departamento, señala que el objetivo de esas reuniones es propiciar la cooperación entre hogares. “No dictamos cátedra, simplemente, alentamos a la gente a compartir experiencias e intercambiar información. Los beneficiarios se reúne y se pasan datos sobre los constructores que conviene utilizar y los proveedores que ofrecen grandes descuentos si compran los materiales en grupo”, explica Kanthi.

Durante esas reuniones se visitan las casas, se dan consejos y, en algunos casos, se hacen críticas. “Me di cuenta que había cometido un error, cuando mi vecino me señaló que no había construido un muro de apoyo en una parte de mi casa. Me alegra haber reconocido el error a tiempo porque si no, las paredes no hubieran aguantado el peso del techo”, cuenta Sunil.

Desde diciembre de 2004, el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en su conjunto ha financiado parcial o totalmente la construcción de 5.013 viviendas en Sri Lanka; otras 6.159 están en construcción y se prevé que en 2008 habrá construido casi 30.000.

La Cruz Roja Sueca contribuye con 10 millones de dólares EE.UU. de un total de 25 millones de dólares EE.UU. de la promesa de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja para apoyar el programa de”enfoque de asistencia impulsado por propietarios” del gobierno de Sri Lanka. Estos fondos ayudaran a cerca de 10.000 familias a reconstruir sus hogares. A fecha de hoy unas 7.184 familias han recibido subvenciones para reconstrucción de sus hogares en el sur y el este de Sri Lanka.

Ernest de Silva y su familia en el pequeño refugio temporal de madera donde vivieron estos dos últimos años. “Cuando escapamos, no teníamos más que lo puesto. La Cruz Roja nos dio ropa, colchones y sábanas”, recuerda Ernest. (p15005)
Ernest de Silva y su familia en el pequeño refugio temporal de madera donde vivieron estos dos últimos años. “Cuando escapamos, no teníamos más que lo puesto. La Cruz Roja nos dio ropa, colchones y sábanas”, recuerda Ernest. (p15005)

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Ernest de Silva ayuda al carpintero a instalar el marco de una ventana de su nueva casa. “Al principio, no tenía idea de cómo se construía una casa pero los técnicos de la Cruz Roja me ayudan. Vienen todas las semanas para asegurarse que lo esté haciendo bien”, añade Ernest. Él y su familia se mudarán a la nueva casa antes de Navidad. (p15009)
Ernest de Silva ayuda al carpintero a instalar el marco de una ventana de su nueva casa. “Al principio, no tenía idea de cómo se construía una casa pero los técnicos de la Cruz Roja me ayudan. Vienen todas las semanas para asegurarse que lo esté haciendo bien”, añade Ernest. Él y su familia se mudarán a la nueva casa antes de Navidad. (p15009)

Navindra y Romesh, voluntarios de la Cruz Roja, charlan con Sunil Gayasiri, Madhuka, su esposa, y Sunil, el hijo de la pareja, en la nueva casa de la familia que pronto estará terminada. Los voluntarios ayudan a organizar reuniones quincenales para hablar de lo que se va avanzando. En esas reuniones, las familias que participan en el programa de construcción impulsado por los propietarios compartan experiencias y conocimientos. (p15007)
Navindra y Romesh, voluntarios de la Cruz Roja, charlan con Sunil Gayasiri, Madhuka, su esposa, y Sunil, el hijo de la pareja, en la nueva casa de la familia que pronto estará terminada. Los voluntarios ayudan a organizar reuniones quincenales para hablar de lo que se va avanzando. En esas reuniones, las familias que participan en el programa de construcción impulsado por los propietarios compartan experiencias y conocimientos. (p15007)

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