Han
transcurrido seis meses desde el devastador terremoto que el
27 de mayo sacudió la antigua ciudad indonesia de Yogyakarta
dejando un saldo de cerca de 6.000 víctimas mortales
y más de 38.000 heridos. El terremoto produjo una destrucción
generalizada y dejó sin hogar a más de 1 millón
de personas. Ahora, gracias a la Cruz Roja Indonesia y a la
Federación Internacional, está en marcha la reconstrucción
de viviendas, incluidas viviendas de bambú resistentes
a terremotos.
Desde que ocurriera el desastre, la Cruz Roja Indonesia y la
Federación Internacional han suministrado socorro –como
colchones, alimentos, lonas impermeables y artículos
de higiene– a casi 120.000 familias. Además, siguen
distribuyendo artículos de socorro a personas vulnerables
amenazadas por lluvias monzónicas e inundaciones.
En el marco del programa de recuperación inicial de la
Federación Internacional, se han terminado más
de 4.000 viviendas de bambú en las zonas de Gantiwarno
y Dlingo. El programa se está extendiendo a otros distritos,
en los que se prevé construir en breve hasta 6.000 viviendas.
“El enfoque que aplicamos en Yogyakarta para la recuperación
inicial, ha demostrado ser altamente eficaz”, observa
Oeystein Larsen, Jefe de la subdelegación de la Federación
Internacional en la zona afectada por el terremoto. “Desde
los primeros momentos de la operación de emergencia sabíamos
que debíamos implicar directamente a los supervivientes
en la reconstrucción de sus vidas y comunidades.”
Dicho enfoque, que incluyó la consulta a los supervivientes
y que permitió a éstos asumir una responsabilidad
directa en la distribución de fondos y materiales para
la reconstrucción, ha permitido a las personas, como
a Sukismanto y su familia, tener un tejado sobre sus cabezas
antes de lo esperado.
Perderlo todo
La vivienda de Sukismanto quedó reducida a escombros
por el terremoto, y su familia acabó viviendo bajo una
lona impermeable durante mes y medio. Su mujer, Rupbinem, y
sus dos hijos fueron rescatados por unos vecinos, después
de que el terremoto los dejara enterrados bajo los escombros.
Rupbinem, que tenía fracturada una pierna, fue trasladada
a un centro de salud cercano, pero también éste
había resultado destruido por el terremoto.
Sukismanto recuerda cómo pensó que lo había
perdido todo. Sus pertenencias, enterradas bajo los polvorientos
escombros, apenas podían utilizarse una vez fueron recuperadas.
Tuvo que gastar lo que había ahorrado trabajando como
obrero y tejiendo esteras de bambú. Tenía que
ocuparse de una esposa herida y alimentar a toda su familia,
habiéndose quedado sin recursos.
Ni siquiera podía ir a trabajar, porque hubiese supuesto
dejar a su esposa y sus pequeños hijos solos. “Los
primeros días fueron durísimos”, declara.
La familia recibió ayuda de socorro de la Cruz Roja Indonesia,
además de algo de ayuda del gobierno. Un equipo médico
móvil de la Cruz Roja se ocupó de Rupbinem, a
la que atendía periódicamente. Junto con la Federación
Internacional, la Cruz Roja Indonesia ha ayudado a la familia
a reconstruir una vivienda de bambú y, así, a
tener un sólido techo sobre sus cabezas. Y lo hicieron
con la ayuda de una película.
Bambú y cuerda
Durante las últimas semanas se ha mostrado a miles de
familias que viven en tiendas de campaña y edificios
afectados por el terremoto un vídeo de la Cruz Roja que
explica a los supervivientes cómo construir viviendas
de estilo tradicional suficientemente sólidas como para
resistir a otro terremoto.
Están construidas en su totalidad con materiales locales
económicos, como bambú y cuerda, y cada una cuesta
el equivalente a alrededor de 185 francos suizos (150 dólares
EE. UU./118 euros).
El secreto del diseño resistente a terremotos estriba
en prescindir de clavos. Se perforan unos agujeros en el bambú
y, con la ayuda de un martillo, se introducen unos pernos de
madera para unir las ensambladuras. Posteriormente, éstas
se atan fuertemente con cuerda. El resultado es una estructura
flexible en la que el bambú ni se astilla ni se parte.
Se estima que las familias que reciben apoyo para construir
estas viviendas invierten entre un 30 a 100 % adicional de dinero
propio –en comparación con los costos inicialmente
previstos para la construcción– para así
adaptar las viviendas a sus necesidades específicas,
p. ej. particiones, instalación eléctrica, balcones
y cocinas.
Bu Narni, de 45 años y habitante de Towangasan, un pueblo
del distrito de Klaten, declara estar muy contenta por tener
una vivienda de bambú. Viuda, con dos hijas en edad escolar
y un hijo recién casado, quiere invertir todo el dinero
que gana en la educación de sus hijas. Cuando le preguntamos
sobre la posibilidad de construir una casa estable de ladrillos,
dice que su alojamiento de bambú “es, a partir
de ahora, suficientemente bueno”.
“Este alojamiento de bambú será un lugar
seguro para mi familia”, añade su vecino, Jawar
Di, apoyado en su muleta delante de su nuevo hogar.
Conocimientos y preparación
Entretanto, Sukismanto y su familia hacen frente a muchos problemas.
Los dos niños, de cinco y ocho años de edad, necesitan
uniformes y libros para ir a la escuela. Además, Sukismanto
debe pagar las tasas escolares para que sus hijos sean admitidos,
pero dice que, sencillamente, no puede con todo.
No obstante, ahora que tienen un alojamiento donde vivir, espera
poder volver a trabajar y a ganar dinero para su familia.
"El tema del alojamiento ya no me preocupa”, dice
Sukismanto. “Ahora puedo salir más fácilmente
a buscar trabajo.”
Sukismanto piensa que los conocimientos que le ha transmitido
la Cruz Roja Indonesia para construir su vivienda también
le serán útiles en su ámbito de trabajo,
y ya ha empezado a tejer nuevamente esteras de bambú.
“Es esencial ayudar a las personas afectadas a retomar
lo antes posible sus actividades normales generadoras de ingresos”,
explica Oeystein Larsen.
Además de la ayuda en la reconstrucción, la Federación
Internacional y la Cruz Roja Indonesia han prestado a miles
de supervivientes apoyo psicosocial, a fin de ayudarles a aceptar
la muerte de sus seres queridos y la realidad de haber perdido
sus viviendas y medios de subsistencia.
Después del terremoto se han limpiado 1.500 pozos con
escombros y contaminados con bacterias, y se ha vacunado contra
el tétano y el sarampión a decenas de miles de
supervivientes.
Además, voluntarios de la Cruz Roja Indonesia han llevado
a cabo actividades para sensibilizar a los habitantes de pueblos
respecto de la gripe aviar y, a través de una emisión
de radio semanal de la Cruz Roja dirigida a 500.000 personas,
se están abordando problemas de salud, como el riesgo
que conlleva utilizar asbesto en la construcción, y el
tema de la preparación para la temporada de lluvias.
“Nuestro objetivo es muy simple”, dice Larsen. “Cuanto
más sana y segura una comunidad, tanto más resistente
será frente a futuros desastres.”
Pienso que el ejemplo de Yogyakarta muestra perfectamente cómo
un apoyo adecuado, combinado con el simple acto de confiar en
las comunidades y personas para saber qué es lo que realmente
quieren y necesitan, a la larga les ayuda a ser más fuertes
y a vivir mejor”, añade.
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Miles
de familias que viven en tiendas de campaña y edificios
afectados por el terremoto un vídeo de la Cruz
Roja que explica a los supervivientes cómo construir
viviendas de estilo tradicional suficientemente sólidas
como para resistir a otro terremoto. (p15103)
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Están
construidas en su totalidad con materiales locales económicos,
como bambú y cuerda, y cada una cuesta el equivalente
a alrededor de 185 francos suizos (150 dólares
EE. UU./118 euros). (p15102)
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El
secreto del diseño resistente a terremotos estriba
en prescindir de clavos. Se perforan unos agujeros en
el bambú y, con la ayuda de un martillo, se introducen
unos pernos de madera para unir las ensambladuras. (p15101)
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"El
tema del alojamiento ya no me preocupa”, dice Sukismanto.
“Ahora puedo salir más fácilmente
a buscar trabajo.” (p15104)
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