Es
gente de todas las profesiones y condiciones sociales, jóvenes
y mayores, mujeres y hombres, todos ellos unidos por un fuerte
deseo: ayudar a aliviar el sufrimiento humano, salvar vidas
y mejorar las vidas.
Son los voluntarios de la Cruz Roja Indonesia (Palang Merah
Indonesia – PMI – en indonesio) en la provincia
indonesia de Aceh, héroes olvidados como Athinas y Suherman
que pondrían a prueba y demostrarían su coraje
y dedicación inquebrantables en el potente tsunami de
diciembre de 2004.
Suherman, de 18 años, fue uno de sólo unos pocos
cientos de personas que sobrevivieron cuando el tsunami destrozó
Calang, un subdistrito de Aceh. Dice que su experiencia en la
fase posterior al tsunami y la atroz devastación que
presenció le empujaron a hacerse voluntario en la Cruz
Roja Indonesia.
“Recuperar cientos de cuerpos era como recoger hojas secas
en la playa; era espantoso,” recuerda, todavía
visiblemente afectado por la experiencia. “Todo Calang
se convirtió prácticamente en un pueblo fantasma.”
“Incluso no podíamos localizar nuestro pueblo”,
añade Suherman, que después del tsunami, como
muchos supervivientes, corrió con su familia a las zonas
altas y permaneció allí durante dos semanas.
Suherman nos cuenta que se emocionó al enterarse de que
la mayoría de los voluntarios de la Cruz Roja Indonesia
que recuperaban cuerpos, atendían a los heridos y suministraban
ayuda de socorro habían perdido ellos mismos a familiares.
Sin embargo, a pesar de su propio sufrimiento, eran capaces
de ayudar; trabajaban sin aflojar el ritmo, haciendo caso omiso
de su propio dolor. “Eso realmente me tocó aquí”,
observa, señalando su corazón. “Me convertí
en uno de ellos antes de saberlo.”
Suherman es uno de los más de 600 voluntarios entregados
que han recibido certificados de agradecimiento de la Cruz Roja
Indonesia y la Federación Internacional por su duro trabajo
y su dedicación durante la operación de socorro
posterior al tsunami.
“Esto es algo que realmente siempre significará
mucho para mí”, declara, mirando con orgullo su
certificado. “Será un recuerdo de las caras sonrientes
de nuestros beneficiarios, que nos han infundido ánimos
durante toda la operación. No hay duda de que voy a continuar
siendo voluntario de la Cruz Roja, con o sin desastre.”
Athinas, desde 1999 miembro del grupo de voluntarios especialmente
formados de la Cruz Roja Indonesia (conocido como SATGANA),
es otra orgullosa receptora de un certificado de agradecimiento
de la Cruz Roja. Cuando la ola azotó Aceh, fue una de
las primeras movilizadas; organizó a otras personas para
que ayudaran a recuperar cuerpos, asistió a heridos y
suministró ayuda de socorro a los afectados.
Pero su experiencia en primera línea de la acción
humanitaria en Aceh es anterior al desastre del tsunami. En
2003, Athinas, enfermera, viuda y madre de dos hijos, fue arrestada
y encarcelada durante tres meses por tratar a una persona herida
en el largo conflicto que afecta a esta región.
“Una de las partes en el conflicto me acusó de
pertenecer a la resistencia. A pesar de mis esfuerzos para explicar
la naturaleza de nuestra labor, los principios e imparcialidad
de la Cruz Roja, así como la misión humanitaria
de la Cruz Roja Indonesia, me metieron en la cárcel.”
Pero ni esta experiencia, ni la pérdida de su esposo
durante el conflicto, hicieron flaquear su determinación.
“Incluso la muerte de mi marido no me impidió seguir
ayudando a cualquiera que resultara herido en los enfrentamientos,
independientemente de a qué parte perteneciera.”
Athinas dice que su experiencia en la cárcel potenció
adicionalmente su coraje y su deseo de servir en épocas
de crisis. “La Cruz Roja se ha convertido en mi filosofía
de vida. Respondo espontáneamente a desastres y emergencias.”
Los voluntarios de la Cruz Roja en Aceh –voluntarios como
Suherman y Athinas– comparten un hilo común en
las historias que cuentan, los riesgos que narran, y la alegría
que les produce servir a sus comunidades. Ahora, muchos de ellos
poseen un valiosísimo certificado, un simple pero apreciado
testimonio de agradecimiento en nombre de miles y miles de personas
a las que han ayudado. Ellos, por su parte, dan testimonio del
espíritu humanitario imperante en el corazón del
Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja.
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Suherman,
de 18 años, fue uno de sólo unos pocos cientos
de personas que sobrevivieron cuando el tsunami destrozó
Calang, un subdistrito de Aceh. Dice que su experiencia
en la fase posterior al tsunami y la atroz devastación
que presenció le empujaron a hacerse voluntario
en la Cruz Roja Indonesia. (p15168)
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Cuando
el tsunami azotó Aceh, Athinas fue una de las primeras
movilizadas; organizó a otras personas para que
ayudaran a recuperar cuerpos, asistió a heridos
y suministró ayuda de socorro a los afectados.
“La Cruz Roja se ha convertido en mi filosofía
de vida. Respondo espontáneamente a desastres y
emergencias”, declara. (p15167)
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Los
voluntarios de la Cruz Roja en Aceh comparten un hilo
común en las historias que cuentan, los riesgos
que narran, y la alegría que les produce servir
a sus comunidades. Para reconocer su excepcional labor
en la fase posterior al tsunami, la Cruz Roja Indonesia
y la Federación Internacional han entregado a cientos
de ellos certificados de agradecimiento. (p15171)
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