Daba
la impresión que los niños querían destrozar
el aula. Sacudían pupitres y zarandeaban mesas con tanta
fuerza que algunos, prácticamente, se desvencijaban.
En el aula, el maestro les animaba y, entonces, sacudían
y zarandeaban todo con más ímpetu. Pero aquí,
en este lugar donde la tierra tiembla, no hace falta alentarles
demasiado. Estaban haciendo el simulacro de un terremoto. El
último, había sido el fin de semana anterior.
Este ejercicio forma parte de la lección que la Cruz
Roja Indonesia (PMI) incorporó en el programa de la escuela
primaria de Krueng Raya, pequeña comunidad de la costa
septentrional de Aceh, la región más castigada
por el tsunami del Océano Índico de hace casi
dos años. En lugar del curso de matemáticas previsto,
los niños adquirían nociones sobre desastres.
El maestro hizo una seña, el ruido cesó y se refugiaron
bajo los pupitres que habían intentado demoler. Permanecieron
allí un minuto; luego, salieron y volvieran a sacudir
y zarandear el mobiliario hasta que el aula fue evacuada.
En el patio de la escuela, los niños rían y gritaban,
pero la lección era asunto serio. La escuela es nueva.
Hace dos años, cuando el tsunami demolió la mayor
parte de Krueng Raya, la vieja escuela fue arrasada al igual
que otras 2.239 de Aceh.
Hoy, muchos otros peligros acechan a los niños. El análisis
llevado a cabo por la Cruz Roja y la Media Luna en 63 pueblos
de esta provincia del extremo norte de Sumatra y en la isla
de Nias revela que están cercados por los desastres.
Se detectaron múltiples peligros. La tala ilegal y la
explotación irresponsable de canteras causan deslizamientos
de tierra. Por la mala construcción de los edificios,
la precariedad de la infraestructura, la ignorancia, la falta
de protección de costas y terraplenes, estas comunidades
están expuestas a terremotos, tsunamis y erosión
de las costas. La falta de refugios y vías de escape
agrava los peligros.
Altas mareas y ríos obstruidos empeoran las inundaciones.
La escasez de agua potable, la insuficiencia de riego de los
arrozales y la disminución de bosques hacen que las estaciones
sean más largas y secas, y las sequías más
severas. La falta de servicios médicos y los pocos conocimientos
de la comunidad exacerban la malaria, la diarrea, las enfermedades
de la piel y la tuberculosis.
El análisis confirma las enormes proporciones de un reto
de varios años en Aceh y destaca la insistencia de la
Federación Internacional en que la reducción del
riesgo a largo plazo forme parte de la programación del
desarrollo mundial. Años de desarrollo pueden ser barridos
o aniquilados en cuestión de minutos. En ninguna otra
parte es tan evidente como en Indonesia donde ha habido una
media de 2,75 desastres diarios en 12 meses.
La preparación para desastres y la reducción del
riesgo constituyen el núcleo de las operaciones de recuperación
tras el tsunami que llevan a cabo la Cruz Roja y la Media Luna
Roja. En Aceh, al igual que en el resto del país, la
Federación Internacional apoya el programa de la PMI
sobre reducción del riesgo basada en la comunidad.
Dicha Sociedad Nacional inició la primera fase del sistema
de alerta temprana en todo Aceh para que las alertas gubernamentales
lleguen a las comunidades vulnerables a través de la
red de radio de la Cruz Roja. Pero eso no bastará para
proteger la provincia de los desastres. Hace falta un cambio
de mentalidad en las comunidades y, a tales efectos, la PMI
capacitó a miembros del personal y voluntarios para que
instruyan más acerca de los desastres y la consiguiente
preparación.
Este análisis de 63 pueblos es fruto de autoevaluaciones
comunitarias. Orientados por la Cruz Roja, los vecinos se sentaron
a conversar, cartografiaron los peligros que les acechan e intercambiaron
ideas sobre lo que se podría hacer al respecto. A partir
de esas constataciones se estableció un plan de acción
que se pondrá en marcha en 2007. Las medidas previstas
abarcan planes de contingencia en cada pueblo, equipos de acción
comunitaria, trazado de vías de escape y creación
de resguardos.
El programa en las escuelas figura entre los primeros puntos
del orden del día, no sólo para que sean más
seguras sino también para que los niños sirvan
de guía a sus familias en lo que respecta a los desastres.
Los pobres y los menesterosos son los más vulnerables,
pues sobre ellos se ciernen ciclos de peligros. A lo largo de
la costa de Aceh Besar, que hoy el mar acaricia idílicamente,
agricultores y pescadores hablan de una vida marcada por el
riesgo. Antes del tsunami hubo décadas de peligro, afirman.
El terremoto de 1984, deslizamientos de tierra y temporales
destructivos, por no hablar de las altas marejadas anuales que
destruyen tierras de cultivo y estanques de piscicultura, la
malaria recurrente, la diarrea endémica y las fiebres
durante la estación de lluvias.
Detrás de ellos, las abruptas montañas. Frente
a ellos el centelleante Océano Índico. Literalmente,
están entre la espada y la pared.
La Cruz Roja les ayudó a establecer calendarios de desastres.
No pueden pronosticar un terremoto, pero conocen el esquema:
entre diciembre y marzo puede haber graves tormentas y entre
julio y septiembre, olas enormes. También saben que en
la estación de lluvias puede haber deslizamientos de
tierra.
El dirigente de un pueblo del subdistrito de Leupung mira hacia
las colinas y dice: “Allí arriba teníamos
campos y jardines. A veces, hay quienes quieren extender sus
tierras de cultivo. No son ricos. No se les puede reprochar.
Pero cuando se talan grandes árboles, aumenta el peligro
de deslizamientos de tierra.”
Desde que se cartografiaran los riesgos, se ha prohibido el
desmonte allí donde pueda suponer un peligro para las
casas. La mentalidad ha empezado a cambiar. El dirigente comenta
que los flancos de las colinas se podrían estabilizar
plantando árboles y arbustos de raíces extendidas.
Mejor aún, prosigue, si esos árboles y arbustos
dieran frutos aumentarían los ingresos de los agricultores.
Harun Al Rashid, Delegado de Gestión de Desastres de
la Federación Internacional, estima que “el reto
consiste en lograr que la reducción del riesgo forme
parte de la cultura. Se necesita motivación. Es preciso
que la gente entienda que gracias a lo que hace puede ofrecerle
una vida mejor a sus hijas e hijos.”
Al Rashid habla por experiencia propia, ya que participó
en el programa de preparación en previsión de
desastres de la Media Luna Roja de Bangladesh que ha salvado
millones de vidas a lo largo de la Bahía de Bengala.
Iniciado tras el ciclón devastador de 1970, dicho programa
incluyó la construcción de refugios anticiclones
y la puesta en marcha de sistemas de alerta temprana y preparación
para desastres a escala comunitaria.
Desde entonces, el número de muertos disminuyó
considerablemente. El ciclón de 1970 se había
cobrado más de 30.000 vidas, pero en los ciclones de
proporciones similares de 1997 y 1998 hubo 111 y 19 muertos
respectivamente.
Un ciclón fue el punto decisivo en Bangladesh. El tsunami
debe serlo en Aceh. Los peligros naturales no tienen por qué
convertirse en desastres.
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Leyendo
sobre preparación para desastres. Algo mucho más
irresistible que las matemáticas. (p15253)
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Todo
es ojos y oídos en la clase de la Cruz roja. Las
catástrofes no son teóricas. (p15254)
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Una
atentísima audiencia para los dibujos animados
en clase. Unas animaciones con mucho y serio mensaje.
(p15255)
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Encontrar
protección en la clase, los escolares encuestran
el ejercicio muy divertido, pero es cosa muy seria. (p15251)
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| El
programa de preparación para desastres en las escuelas
figura entre los primeros puntos del orden del día,
no sólo para que sean más seguras sino también
para que los niños sirvan de guía a sus
familias en lo que respecta a los desastres. (p15257) |
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