Los
martillos marcan un ritmo sostenido en Akaraipattu, donde se
están construyendo docenas de casas nuevas cerca de una
de las playas más espectaculares e incontaminadas de
Sri Lanka. A pesar de su belleza, hace dos años, estas
playas del distrito oriental de Ampara fueron teatro de devastación
cuando sobrevino el tsunami. La franja costera de Ampara sufrió
de pleno el tsunami. Murieron más de 10.400 personas
y más de 21.000 casas fueron dañadas o destruidas.
A lo largo de la costa de Sri Lanka habrá que reconstruir
98.000 casas en total.
Dos años después, hay signos de recuperación
por todas partes. Familias como la de Naheems están al
frente del esfuerzo de reconstrucción. A. C. Naheem,
que se gana la vida preparando y vendiendo dulces, habla de
la construcción de un muro externo con el equipo de albañiles
que contrató para que le ayuden a reconstruir su casa.
Fatima, su esposa, vigila de cerca a cinco de sus nueve hijos
que juegan en el patio.
“Después que perdimos la casa, vivimos en la mezquita
de la ciudad y, luego, nos mudamos a un edificio del Estado
junto con docenas de familias, pero nos fuimos de allí
por el hacinamiento y porque no había instalaciones básicas.
El año pasado nos mudamos varias veces de una casa alquilada
a otra y, finalmente, logramos reparar los daños de nuestra
casa lo suficiente como para poder volver a vivir en ella”,
cuenta Fatima.
La familia Naheems está reconstruyendo con apoyo de la
segunda fase del programa gubernamental impulsado por los propietarios,
financiado en buena parte con el aporte de 10 millones de dólares
de la Cruz Roja Sueca. En diciembre pasado hubo un cambio de
política y la zona de amortiguación delimitada
por el gobierno pasó de 200 a 100 metros. Esto supuso
que los Naheems –al igual que otras 12.000 familias que
vivían en las costas de Sri Lanka– pudieran volver
y reconstruir sus casas. Estas última se encuentran a
menos de 100 metros del mar y, por lo tanto, los propietarios
reunían las condiciones para solicitar el subsidio gubernamental
que les ayuda a comprar materiales de construcción y
emplear trabajadores artesanales como albañiles y carpinteros.
En la casa de al lado, el hijo y la nieta de dos años
arrastran de la mano a Rosabebe Pakeer mientras recorre su nueva
casa que está casi terminada y se alza en el mismo predio
que la casa anterior. Ella charla con algunos trabajadores e
inspecciona cómo avanza el revoque de las paredes.
“Después del tsunami vivimos un tiempo en un refugio
de madera y laminas de plástico. Mis hijos estaban siempre
enfermos. Me sentía tan frustrada y deprimida por todo
eso que no aguanté más y me fui, abandoné
a mi familia por un tiempito”, cuenta Rosabebe.
Luego volvió a vivir con su familia en una casa alquilada
que no tiene ventanas, agua corriente ni instalaciones sanitarias.
La familia estuvo en la casa nueva para ir a buscar agua y usar
el baño. “Estaremos tan bien cuando terminemos
de construir la casa y podamos, finalmente, instalarnos”,
dice con una sonrisa cansada.
Los fondos proporcionados por la Cruz Roja Sueca se utilizarán
para ayudar a miles de familias de varias comunidades del Este
y el Sur del país a reconstruir o reparar sus casas dañadas.
En Akaraipattu, algunos propietarios que beneficiaron de subsidios
del gobierno recibieron subsidios complementarios de otros donantes
como la Cruz Roja Alemana que también presta apoyo y
orientación técnica a aquellas familias que poco
saben de proyectos de construcción.
Más al norte, a lo largo de la costa, se encuentra la
ciudad de Saintamaruthu donde la Cruz Roja Australiana ofrece
subsidios suplementarios a 300 familias en el marco de la Asociación
de Recuperación y Reconstrucción Comunitarias.
Se trata de una alianza única en su género integrada
por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz
Roja y de la Media Luna Roja, la Cruz Roja de Sri Lanka y ONU-Hábitat.
Dicha asociación se creó para capacitar a los
vecinos de comunidades que participan en la reconstrucción
de sus casas a fin de que contraten mano de obra local para
trazar los planos, administrarlas y construirlas. La asistencia
técnica está a cargo de los asociados de la Cruz
Roja y la Media Luna Roja y ONU-Hábitat que cuenta con
técnicos y constructores calificados en todas las obras.
La Cruz Roja de Sri Lanka dispone de movilizadores comunitarios
que trabajan con las comunidades para ayuda en la reconstrucción
de la infraestructura y la recuperación de medios de
subsistencia.
Saintamaruthu es un hervidero de actividad. Cader tiene un negocio
de té en la playa y, por el momento, ha terminado de
construir dos habitaciones de su casa. “Estoy construyendo
por pisos y pieza por pieza. Me enteré donde ofrecen
las mejores condiciones y, entonces, compro la grava en Ampara
y los ladrillos vienen de Saintamaruthu. Así puedo ahorrar
lo suficiente para construir otro dormitorio.”
Desde el tsunami, el Movimiento Internacional de la Cruz Roja
y de la Media Luna construyó o financió la construcción
de más de 6.000 casas; 5.500 en el marco del programa
impulsado por los propietarios. El objetivo es apoyar la construcción
de unas 30.000 casas de aquí a 2008.
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Un
albañil monta uno de los muros de la futura casa
de la familia Naheems en Akkaraipattu, en el oriente deSri
Lanka. Los Naheems están construyendo su nueva
casa con el apoyo de la fase dos del programa de reconstrucción
impulsado por los propietarios que el gobierno de Sri
Lanka conduce y en el que la Cruz Roja Sueca contribuye
con unos 10 millones de dólares EE.UU.. (p15199)
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Dos años después del tsunami, los signos
de la recuperación son visibles por todos los lados.
Muchas familias, como la Naheems estan al frente de este
trabajo de reconstrucción. (p15198)
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Dos
años después del tsunami,el Movimiento Internacional
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja contribuye financieramente
en la reconstrucción de las cerca de 5,000 casas
que participan en el programa de reconstrucción
impulsado por propietarios. En el horizonte del 2008,
la meta deseada es contribuir en la reconstrcción
de casí 30,000 hogares. (p15197)
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