En
muchos sentidos, la recuperación de Tailandia después
del desastre del tsunami de diciembre de 2004 ha sido excepcional.
Por lo pronto, la industria turística se ha recuperado:
el centro de investigación Kasikorn Research Center estima
que, desde 2005, el número de personas que ha visitado
las regiones del país afectadas por el tsunami se ha
incrementado en cerca de un 90 por ciento.
No obstante, sigue habiendo señales que recuerdan la
tragedia. En toda la costa se han colocado carteles que avisan
"Zona de peligro de tsunami", y más de 50 torres
de alerta temprana se elevan por encima de playas inmaculadas
y pueblos de pescadores.
Cerca de uno de estos pueblos, Ban Naem Khem, se está
construyendo un cementerio para víctimas del tsunami.
Será el lugar en el que finalmente descansarán
las víctimas anónimas que no han podido identificarse:
trabajadores sin registrar de países vecinos y víctimas
de los pueblos de la zona.
En la esquina más alejada se está añadiendo
la última pieza a una enorme escultura de una ola que
se alza sobre diez columnas de cemento gris oscuro. Detrás
de la escultura se sitúan dos edificios para la celebración
de ceremonias de cualquier religión.
“Queremos que este lugar pertenezca a todos”, declara
el teniente coronel de policía Annuchit Boonyapatipask,
que dirige el trabajo en el centro de identificación
de víctimas del tsunami (Tsunami Victim Identification
Center). “Por ello la pared alrededor del cementerio es
baja, para que la gente pueda mirar hacia dentro, y por las
noches las luces permanecerán encendidas."
Detrás del cementerio, sencillas lápidas de cemento
esperan a ser marcadas con un número correspondiente
a un cuerpo sin identificar. En total se han enterrado en este
lugar 410 cuerpos. Su ADN está registrado, y a cada cuerpo,
introducido en un ataúd de aluminio, se le ha implantado
un microchip para poderlo exhumar más tarde si se obtienen
resultados en la labor de identificación.
“Para nosotros, el tsunami no ha terminado. Nuestra labor
continúa”, observa Annuchit Boonyapatipask.
Aunque no han participado en la identificación de víctimas
llevada a cabo por el Gobierno, la Cruz Roja y la Media Luna
Roja han ayudado a algunas familias a traer los cuerpos de sus
familiares de vuelta a su lugar de origen. Para algunas familias,
los costos del desplazamiento a las provincias afectadas por
el tsunami para recuperar los cuerpos de sus seres queridos
resultan prohibitivos.
En diciembre de 2005, la Cruz Roja Finlandesa, en cooperación
con el equipo finlandés de identificación de víctimas
de desastres, se comprometió a brindar ayuda financiera
para la repatriación y entierro de víctimas del
tsunami cuyas familias no pudieran hacer frente a los costos
de desplazamiento y transporte.
La ayuda cubría el desplazamiento de los parientes más
cercanos de la víctima. En total, la ayuda de la Cruz
Roja Finlandesa ha permitido transportar de vuelta a su lugar
de origen más de 100 cuerpos.
“Debemos recordar que muchas de estas familias resultaron
doblemente afectadas por el desastre", explica Henna Korta,
coordinadora de la Cruz Roja Finlandesa en Tailandia. “No
sólo perdieron a un ser querido; además, la persona
que estaba fuera, muy frecuentemente era quien mantenía
a la familia. Por ello requieren ayuda financiera, y éste
es un tema en el que podemos ayudar.”
En Tailandia, como en otros países afectados por el tsunami,
la Cruz Roja y la Media Luna Roja ayudan a las comunidades no
sólo a recuperarse del tsunami, sino también a
prepararse para futuros desastres.
En Phuket, a través de la campaña “Disaster
Safety Mind” (“Un espíritu de seguridad frente
a desastres"), organizada por la Cruz Roja Tailandesa y
la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz
Roja y de la Media Luna Roja, se está sensibilizando
al público en torno a los desastres naturales, acerca
de qué pueden hacer las personas y comunidades para reducir
su impacto.
En una de las seis grandes carpas montadas en un campo de deportes,
está reunida una multitud de niñas escolares.
Frente a sus amigas, que no paran de reírse, la joven
Keysorn está acabando de aplicar técnicas de reanimación
a un maniquí de prácticas de primeros auxilios.
“Bueno, me ha costado un poco”, dice Keysorn, riéndose
y tratando de pasar inadvertida. “Pero debemos practicar.
Un día mi sobrino casi murió ahogado en una piscina,
y fui yo quien le salvé la vida.”
Wantanee Kongsomboon, subdirectora de la oficina de socorro
y salud de la Cruz Roja Tailandesa, está encantada de
tener esta oportunidad para sensibilizar a los jóvenes
en materia de desastres.
“Antes, muchos tailandeses creían que los grandes
desastres ocurrían sólo en lugares lejanos, pero
el tsunami les ha hecho cambiar de opinión”, añade.
“La educación en primeros auxilios para niños
forma parte de esta preparación necesaria. En efecto,
hay quienes no desean que se les recuerde el desastre, pero
si podemos salvar vidas debemos salvarlas.”
|
 |
 |
|
Keysorn,
riéndose, participa en un curso de primeros auxilios
en el marco de la campaña “Disaster Safety
Mind”. Esta iniciativa, organizada por la Cruz Roja
Tailandesa y la Federación Internacional, contribuye
a sensibilizar en torno a los desastres naturales, acerca
de qué pueden hacer las personas y comunidades
para reducir su impacto. (p15270)
|
|
|
|
|
 |
|
En
las provincias del sur de Tailandia sigue habiendo señales
que recuerdan el tsunami. En toda la costa se han colocado
carteles de alerta, como éste en Phang Nga, y más
de 50 torres de alerta temprana se elevan por encima de
playas inmaculadas y pueblos de pescadores. (p15272)
|
|
 |
|
“Queremos
que este lugar pertenezca a todos”, declara el teniente
coronel de policía Annuchit Boonyapatipask, que
dirige el trabajo en el centro de identificación
de víctimas del tsunami (Tsunami Victim Identification
Center). Esta escultura se alza por encima del cementerio
de víctimas del tsunami, el lugar en el que finalmente
descansarán las víctimas anónimas
de la tragedia que no han podido identificarse. (p15295)
|
|