Las
51 familias que vienen a instalarse en el nuevo predio de viviendas
de Gurubebille, distrito meridional de Matara, llegan con pocas
pertenencias. Algunas alquilaron pequeños camiones para
transportar sus muebles, plantas en macetas y efectos personales,
pero, la mayoría pudo apretujarse con todas sus pertenencias
en minúsculos taxis de tres ruedas.
La vida no ha sido fácil para muchas de estas familias.
Algunas han pasado estos dos últimos años en exiguos
refugios de madera y otras en casa de parientes. Pero ahora,
su espera terminó.
Hoy en día, el predio de Gurubebille es un hervidero
de actividades donde vehículos y personas se desplazan
por las 26 manzanas de nuevas casas de dos pisos. En una de
ellas, Nethmi de tres años, corre escaleras arriba y
entusiasmada le grita a los padres que quiere la habitación
de la esquina del segundo piso de su nueva casa. Wasantha y
Udeni, sus padres, sonríen satisfechos viendo a su hija
explorar la habitación e ir corriendo a ver la otra que
ya decidió que será la de ellos.
Nethmi tenía sólo un año cuando el tsunami
arrasó la modesta vivienda de su familia y todas sus
pertenencias. “El tsunami se llevó todo”,
comenta Udeni. Después del desastre, estuvieron viviendo
con los abuelos de Nethmi hasta que les asignaron una casa nueva
en el predio de Gurubebille.
A unos metros de la casa Nethmi, los parientes ayudan a la familia
de Lionel a descargar del camión los muebles y demás
artículos del hogar. M. P. Lionel y su familia colocan
rápidamente el mobiliario que lograron recuperar de los
escombros de su vieja casa. La hija de M. P. Lionel ya se puso
a regar una ancha franja de césped plantada a lo largo
del muro de retención que está junto a la nueva
casa mientras su hermano cava hoyos al borde de la propiedad
para plantar árboles jóvenes.
Según Wim Cloots, Coordinador Nacional de la Cruz Roja
de Bélgica–Flandes, el proyecto de viviendas de
Gurubebille ha sido un verdadero esfuerzo de colaboración.
“Este proyecto es un gran ejemplo en lo que se refiere
a combinar la pericia de distintas Sociedades Nacionales de
la Cruz Roja para suplir las necesidades de personas vulnerables
y aportar una verdadera diferencia en su vida”, afirma.
La Cruz Roja de Bélgica–Flandes coordinó
este proyecto y lo financió junto con la Cruz Roja Alemana
y la Cruz Roja Neerlandesa. Por su parte, la Cruz Roja Americana
instaló una red innovadora de agua y saneamiento para
el recinto. A fin de reducir el impacto del nuevo predio de
viviendas en el medio ambiente, las aguas servidas de las 51
casas escurrirán hacia un pantano subsuperficial, creado
artificialmente, donde se plantó una variedad de lechos
de caña que purifica naturalmente esas aguas.
La Cruz Roja de Sri Lanka también apoyó el proyecto
por conducto de su filial de Matara.
La terminación del predio de viviendas de Gurubebille
pone punto final a una operación difícil. En un
determinado momento, la construcción se vio retrasada
casi un mes por la querella relativa a la propiedad de la tierra
presentada en el tribunal local. El procedimiento para verificar
quienes se mudarían a las casas nuevas, procedimiento
cooperativo entre la Cruz Roja y las autoridades locales, también
se atrasó. Además, la Cruz Roja dependía
del gobierno para que el predio se conectara al alcantarillado
principal y la red de electricidad.
“A veces, la gente no tiene en cuenta que estamos construyendo
una comunidad, no sólo viviendas individuales. Estos
incluye redes de caminos, instalaciones de drenaje, muros de
retención y zonas verdes”, señala Cloots.
Casi 75 por ciento de las 760 viviendas que construye la Cruz
Roja y la Media Luna Roja en Matara se ha terminado y entregado
a sus nuevos propietarios. En todo Sri Lanka, la Cruz Roja construyó
o colaboró en la construcción de más de
7.400 casas y otras 12.000 viviendas están en distintas
etapas de construcción.
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La
familia de Lionel, feliz propietaria de una casa nueva
en Gurubebille, no tardó en ocuparse del jardín.
Más de dos años después del tsunami,
51 familias del distrito de Matara, en Sri Lanka meridional,
tienen un nuevo hogar. (p15458)
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Nethmi,
de tres años, duerme en la falda de Udeni, su mamá.
La pequeña tenía sólo un año
cuando el tsunami arrasó la casa y las pertenencias
de su familia. Ahora, gracias a la labor de las Sociedades
Nacionales de la Cruz Roja de Alemania, Bélgica–Flandes,
Estados Unidos, Países Bajos y Sri Lanka, Nethmi
tiene una nueva habitación y su familia un nuevo
comienzo. (p15457)
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“A
veces, la gente no tiene en cuenta que estamos construyendo
una comunidad, no sólo viviendas individuales”,
señala Wim Cloots, Coordinador Nacional de la Cruz
Roja de Bélgica– Flandes. Por ejemplo, además
de construir 26 nuevas casas en Gurubebille, la Cruz Roja
instaló un sistema integral de abastecimiento de
agua y saneamiento. (p15456)
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