Mientras
comienza el recital de danza, una brisa cálida atraviesa
las ventanas abiertas y trae el aroma del océano que
está a unos 180 metros. Hace dos años, el tsunami
trajo las olas del océano que arrasaron familias y casas
de este pueblo de Dondra, en el extremo meridional de Sri Lanka.
En todo el país hubo más de 35.000 muertos o desaparecidos
y casi medio millón de personas fueron desplazadas por
el desastre de diciembre de 2004.
Hoy, la tristeza y el trauma que invadieron a los habitantes
de Dondra fueron reemplazados por el entusiasmo bullicioso de
la expectativa. Casi 50 familias esperan alegres la próxima
actuación de unas 30 bailarinas de edades comprendidas
entre cinco y 16 años.
"La Cruz Roja y la Media Luna Roja han devuelto la esperanza
a nuestra comunidad. Después de todo lo que perdimos,
mire qué contentos están”, dice R. S. Shanthi,
madre de una de las revoloteantes bailarinas con vestidos brillantes.
Para gente de diversos horizontes, Dondra es hoy su hogar. Diez
familias se instalaron aquí tras haber sido desplazadas
por el tsunami y se reconstruyeron 25 viviendas; el resto de
las casas se mantuvo en pie porque estaba en una colina. Hubo
que reconstruir la mitad del pueblo pero los nuevos vecinos
no se conocían.
Alentados por los equipos del programa de apoyo psicosocial
(PAP) de la Cruz Roja Americana y de la Cruz Roja de Sri Lanka,
estos vecinos van encontrando medios de estrechar lazos en la
nueva comunidad. El objetivo del PAP es ayudarles, sobre todo
a los niños, a superar el trauma emocional que vivieron
en el desastre. Mediante actividades similares se ayuda a otras
60 comunidades de Sri Lanka afectadas por el tsunami y está
previsto llegar a más de 350.000 personas en todo el
país.
"Nuestro primer reto fue encontrar un terreno común.
En medio de tanta diversidad, uno tiene que encontrar algo que
todos valoren... en caso contrario puede ser muy aislado. Estamos
ayudando a abrir líneas de comunicación”,
explica Anjana Dayal, Delegada de la Cruz Roja Americana que
trabaja en el programa de apoyo psicosocial de Sri Lanka.
En el marco de dicho programa, los vecinos, junto con el equipo
de la Cruz Roja Americana, decidieron reconstruir sus vidas
y reavivar su espíritu comunitario a partir del legado
cultural que comparten. Vecinos calificados ofrecieron clases
de danza y manualidades. Los habitantes con formación
oficial de danza, por lo general, jóvenes mayores, ayudaron
a los menores a mantener viva las tradiciones mediante actuaciones
artísticas.
"Me encana enseñar a las niñas a bailar porque
cada día les veo adquirir más confianza en sí
mismas. La posibilidad de actuar y oír los aplausos contribuye
a motivarles para perpetuar esta tradición. Lo que la
Cruz Roja y la Media Luna Roja hacen por nosotros es verdaderamente
magnífico”, comenta Bramitha Kumara, uno de los
instructores.
Christie Getman, Coordinadora del Programa de la Cruz Roja Americana
en Sri Lanka, reconoce que el recorrido ha sido rudo para esta
comunidad, pero, según ella, se va avanzando.
"Actividades del programa de apoyo psicosocial, como ésta
de Dondra, van más allá de las danzas de las niñas.
Uno puede medir la resiliencia de la gente por su sentido del
espíritu comunitario. Esta comunidad, tan castigada por
el tsunami, actualmente, va camino a la recuperación",
añade.
Estas actividades no sólo permiten a los habitantes de
Dondra mantener vivas sus tradiciones, también les ayuda
a crear lazos. “Ahora nos sentimos mucho más unidos
que antes del tsunami," dice Shanthi y los demás
asienten con la cabeza.
El público se arremolina para mirar a las niñas
que ensayan la sincronización de los movimientos mientras
otras marcan el ritmo con palmas. El recital terminó
pero siguen bailando. La esperanza es palpable en sus rostros
y en el ánimo de esta comunidad que se reconstruye y
se reinventa en cada uno de sus niños.
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Los
vestidos de estas pequeñas bailarinas de Sri Lanka
fueron hechos a mano con telas proporcionadas por la Cruz
Roja Americana. (p15544)
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Las
bailarinas interpretan la ceremonia tradicional de las
velas para dar la bienvenida a los invitados. (p15545)
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R.
Bramitha Kumara, uno de los instructores locales, interpreta
una danza tradicional de Sri Lanka. (p15546)
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