Los
representantes de 50 Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna
Roja de Europa que participan en la conferencia regional de
Estambul escucharon un vibrante alegato en favor de la reactivación
de una verdadera comunicación entre trabajadores de la
salud y pacientes con tuberculosis para garantizar que se cumpla
el tratamiento. En su discurso, Paul Thorn, de 37 años,
llamó a estrechar la colaboración con las Sociedades
Nacionales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja en cuanto principales
asociadas activas en la atención y prevención
de la tuberculosis a escala comunitaria.
En el discurso también citó fragmentos de la guía
sobre tuberculosis de un sanatorio que, según resulta,
abarca todo lo que es preciso saber, de la ventilación
de las habitaciones a la limpieza de pisos pasando por la frecuencia
con que se permite al paciente salir a caminar y una lista de
juegos, incluidos el ajedrez y el dominó. Paul señaló
que lo que no se explica es cómo lograr que los cuidadores
cambien de actitud y pasen de: “tome sus medicamentos
y haga lo que yo le digo” a “veamos qué podemos
hacer juntos para combatir la enfermedad”.
Paul es coordinador de The Tuberculosis Survival Project, iniciativa
que se puso en marcha en marzo de 2006, en ocasión del
Día Mundial de la Tuberculosis. Este proyecto tiene por
finalidad informar acerca de la TB polifarmacorresistente (MDR-TB
por su sigla en inglés), ofrecer a los pacientes un apoyo
personalizado y alentar a quienes se curaron de la tuberculosis
a ayudar a quienes están en tratamiento.
A los 19 años le diagnosticaron el VIH y tres años
después contrajo la MDR-TB. Paul logró vencerla
y, aunque no habla demasiado de su enfermedad, recuerda muy
bien los meses sombríos que pasó en un hospital
de Londres especializado en el tratamiento de la tuberculosis.
Actualmente, lo que más le importa es proteger a la gente
del sufrimiento que causan el temor, la soledad y el aislamiento
en los pabellones de hospitales como ese.
“El VIH me cayó como una sentencia de muerte pero
jamás en mi vida me sentí tan solo como aquellos
tres meses que, años después, pasé en el
pabellón del hospital. No veía sonreír
a nadie porque las mascarillas de protección cubrían
los rostros y me comunicación con las enfermeras se limitaba
a unas pocas frases secas por día”, recuerda.
Paul Thorn, que lleva 15 años luchando contra la propagación
del sida y la tuberculosis, dice que todavía es difícil
que se escuche a los pacientes de tuberculosis. “Hoy en
día, no son únicamente pobres y marginados quienes
se revuelven en las camas de los hospitales también hay
intelectuales y personas elocuentes.” Pragmático,
sugiere que esas voces pueden ser un arma eficaz en la lucha
contra la enfermedad.
La ciencia médica moderna sabe cómo curar la tuberculosis,
el problema radica en la duración del tratamiento y en
el grado de empeño que requiere cumplirlo. “Se
trata de una enfermedad vieja, muy vieja, pero sigue entre nosotros
en el siglo XXI”, señala.
Completar el tratamiento es esencial no sólo para que
el paciente se cure sino también para prevenir que desarrolle
la MDR-TB, forma de la enfermedad cuyo tratamiento es mucho
más difícil y oneroso. En los países de
Europa central y oriental, las tasas de MDR-TB son tres veces
más altas que en cualquier otra región del mundo.
En 2005, hubo 445.000 nuevos casos y 66.000 muertos en Europa.
De esos nuevos casos, se estima que 14.000 se dieron en adultos
que viven con el VIH y son particularmente vulnerables a esa
enfermedad por el debilitamiento de su sistema inmunitario.
Paul Thorn escribió dos libros Positive careers (Cuidadores
positivos) y TB treatment handbook (Manual de tratamiento de
la tuberculosis) para ayudar a los pacientes a superar las dificultades
con las que puedan tropezar durante el tratamiento. Su participación
en la Alianza Alto a la Tuberculosis en Europa*, en calidad
de miembro del Comité Ejecutivo, le ayudará a
difundir sus ideas para apoyar a quienes viven con el VIH y
la tuberculosis. La meta de Paul es que se restablezca una verdadera
comunicación entre los trabajadores de la salud y sus
pacientes. A su juicio, los problemas sociales no pueden considerarse
personales cuando afectan a comunidades enteras.
Los programas de la Cruz Roja y la Media Luna Roja basados en
la comunidad son eficaces en el control global de la tuberculosis
porque ofrecen acceso a la atención de salud a grupos
marginados y vulnerables, y porque garantizan un índice
más alto de cumplimiento del tratamiento mediante un
enfoque “personalizado” que incluye ayuda alimentaria
y apoyo psicosocial. Pero Paul aspira a que se haga más
y preconiza la asociación y la inclusión.
“Hoy estoy aquí para alentar a las Sociedades Nacionales
de la Cruz Roja y la Media Luna Roja a colaborar más
estrechamente con nosotros. No pido dinero, sino que nos abran
sus casas, que nos ayuden a encontrarnos unos con otros, que
nos nutran para que tengamos una voz unida en la comunidad.
Ayúdennos, trabajando con nosotros, no para nosotros”,
concluyó.
*En octubre de 2006, la Federación Internacional puso
en marcha una nueva asociación para intervenir con más
eficacia frente a la epidemia de tuberculosis en la región.
La Alianza Alto a la Tuberculosis en Europa, integrada por la
OMS y 30 organismos y ONG de primer plano, aboga por medidas
más enérgicas contra la epidemia. Según
el Informe Global de Control de la Tuberculosis de 2007, publicado
por la OMS, la región europea registra la tasa más
baja de detección de los casos más infecciones
(bacilíferos) y la más alta en cuanto al fracaso
del tratamiento.
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En
su discurso, Paul Thorn, de 37 años, llamó
a estrechar la colaboración con las Sociedades
Nacionales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja en cuanto
principales asociadas activas en la atención y
prevención de la tuberculosis a escala comunitaria.
(p15762)
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