Un
año después del terremoto de Yogyakarta, cientos
de miles de personas reconstruyen sus vidas, rehaciendo lo que
tan violentamente resultó destrozado. Para muchos supervivientes,
el largo camino hacia la recuperación va acompañado
de sentimientos de dolor y pérdida.
Muchas personas perdieron a familiares y amigos en el terremoto.
Algunas perdieron la capacidad de andar. Cerca de mil personas
sufrieron lesiones medulares, una trágica consecuencia
común en casos de terremoto, cuando los edificios se
derrumban y aplastan a sus ocupantes.
Phil Vine, de la Federación Internacional,
estuvo observando cómo la Cruz Roja Indonesia apoya a
un grupo de personas aisladas, discapacitadas a causa del terremoto,
a mantener viva la esperanza y relacionarse unas con otras a
través de una red de antiguos radioteléfonos.
Como consecuencia del terremoto, estas personas perdieron viviendas,
amigos, familiares y la capacidad de andar.
Para muchas de ellas, pensar en suicidarse es normal.
Pero cuando se despiertan por las mañanas encienden un
radioteléfono y entran a formar parte de un pequeño
grupo de personas conectadas través de una antigua tecnología,
lo que les ayuda a mantener viva la esperanza.
La iniciativa fue idea de Pak Tutur, un voluntario de una clínica
de fisioterapia de la Cruz Roja Indonesia que ahora coordina
el programa. Pak Tutur se había dado cuenta de que muchas
personas discapacitadas a las que atendían eran propensas
a sufrir depresiones y que algunas pensaban en suicidarse.
“En nuestro primer grupo de 20 pacientes con lesiones
en la médula espinal tres han intentado suicidarse. Intentaron
cortarse las venas o ingerir un repelente de mosquitos”,
explica.
Una de estas personas que han intentado quitarse la vida es
Erna. Tiene 26 años, es graduada universitaria e iba
a dar clases por vez primera en una escuela, a niños
de primer ciclo de enseñanza secundaria, cuando ocurrió
el terremoto. Desde entonces, no ha vuelto a caminar.
Gracias a la Cruz Roja Indonesia, Erna posee en su vivienda
un radioteléfono y una antena de 12 metros en el exterior,
y siempre que lo desea puede conversar con otras siete personas
con lesiones medulares que viven en su misma zona.
Pak Tutur opina que para los pacientes es fundamental relacionarse
con otras personas que sufren problemas similares y animarse
unos a otros para no terminar intentando quitarse, o quitándose,
la vida.
Un tema tabú
El terremoto de 6,3 grados de magnitud se cobró 5.749
víctimas mortales y 38.000 heridos, y dejó sin
hogar a más de 1,1 millones de personas.
Sin embargo, no existen cifras exactas del número de
suicidios atribuibles al desastre. Según Pak Tutur, en
Java el suicidio es un tema extremadamente tabú.
“De acuerdo con la fe musulmana, si te suicidas vas directamente
al infierno. Que alguien se suicide es una gran vergüenza
para la familia.”
A causa del terremoto, cerca de mil personas sufrieron lesiones
en la médula espinal. Pak Tutur observa que estas personas
son de las más susceptibles a sufrir depresiones profundas.
“Antes del terremoto se movían mucho, tenían
trabajo y estaban ocupadas. Ahora sólo están sentadas
en casa.”
A través de esta red, los pacientes pueden conversar
de forma informal, pero también participan en un programa
estructurado: a primera hora de la madrugada se turnan para
rezar y a última hora de la tarde para leer del Corán.
Para los pacientes, que no pueden ir a las mezquitas en su silla
de ruedas, es una actividad vital.
Más adelante, por la noche, hablan de un tema muy personal.
Según Pak Tutur, uno de los temas de conversación
más frecuentes entre los hombres es cómo la discapacidad
afecta a su capacidad de tener hijos.
“Son capaces de hablar sobre este tema tan delicado porque
han llegado a conocerse bien y porque no tienen que mirarse
unos a otros mientras conversan", explica.
Esta semana tienen buenas noticias que comentar. Uno de los
miembros de la red acaba de conocer que su mujer está
embarazada de dos meses.
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Erna,
graduada universitaria de 26 años resultó
aplastada por escombros durante el terremoto del 27 de
mayo de 2006 y desde entonces no puede caminar. Desesperada,
intentó quitarse la vida. Ahora, gracias a la Cruz
Roja Indonesia, posee un radioteléfono que le permite
relacionarse con una red de personas discapacitadas como
consecuencia del terremoto y mantener el contacto con
su comunidad. (p15759)
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Pak
Tutur, voluntario de la Cruz Roja Indonesia, opina que
para los pacientes es fundamental mantener contacto con
otras personas que sufren problemas similares y animarse
unos a otros de manera que no terminen intentando quitarse,
o quitándose, la vida. (p15760)
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| Un
voluntario de la Cruz Roja Indonesia maneja un radioteléfono.
Además de constituir una vía para conversar
de forma informal, el programa posee también un
componente estructurado. Los participantes se reúnen
por la mañana y a última hora de la tarde
para rezar y leer del Corán. (p15761) |
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