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Yogyakarta: mantenerse en contacto
24 de mayo de 2007
Federación Internacional en Yogyakarta, Indonesia
Un año después del terremoto de Yogyakarta, cientos de miles de personas reconstruyen sus vidas, rehaciendo lo que tan violentamente resultó destrozado. Para muchos supervivientes, el largo camino hacia la recuperación va acompañado de sentimientos de dolor y pérdida.

Muchas personas perdieron a familiares y amigos en el terremoto. Algunas perdieron la capacidad de andar. Cerca de mil personas sufrieron lesiones medulares, una trágica consecuencia común en casos de terremoto, cuando los edificios se derrumban y aplastan a sus ocupantes.

Phil Vine, de la Federación Internacional, estuvo observando cómo la Cruz Roja Indonesia apoya a un grupo de personas aisladas, discapacitadas a causa del terremoto, a mantener viva la esperanza y relacionarse unas con otras a través de una red de antiguos radioteléfonos.


Como consecuencia del terremoto, estas personas perdieron viviendas, amigos, familiares y la capacidad de andar.

Para muchas de ellas, pensar en suicidarse es normal.

Pero cuando se despiertan por las mañanas encienden un radioteléfono y entran a formar parte de un pequeño grupo de personas conectadas través de una antigua tecnología, lo que les ayuda a mantener viva la esperanza.

La iniciativa fue idea de Pak Tutur, un voluntario de una clínica de fisioterapia de la Cruz Roja Indonesia que ahora coordina el programa. Pak Tutur se había dado cuenta de que muchas personas discapacitadas a las que atendían eran propensas a sufrir depresiones y que algunas pensaban en suicidarse.

“En nuestro primer grupo de 20 pacientes con lesiones en la médula espinal tres han intentado suicidarse. Intentaron cortarse las venas o ingerir un repelente de mosquitos”, explica.

Una de estas personas que han intentado quitarse la vida es Erna. Tiene 26 años, es graduada universitaria e iba a dar clases por vez primera en una escuela, a niños de primer ciclo de enseñanza secundaria, cuando ocurrió el terremoto. Desde entonces, no ha vuelto a caminar.

Gracias a la Cruz Roja Indonesia, Erna posee en su vivienda un radioteléfono y una antena de 12 metros en el exterior, y siempre que lo desea puede conversar con otras siete personas con lesiones medulares que viven en su misma zona.

Pak Tutur opina que para los pacientes es fundamental relacionarse con otras personas que sufren problemas similares y animarse unos a otros para no terminar intentando quitarse, o quitándose, la vida.

Un tema tabú

El terremoto de 6,3 grados de magnitud se cobró 5.749 víctimas mortales y 38.000 heridos, y dejó sin hogar a más de 1,1 millones de personas.

Sin embargo, no existen cifras exactas del número de suicidios atribuibles al desastre. Según Pak Tutur, en Java el suicidio es un tema extremadamente tabú.

“De acuerdo con la fe musulmana, si te suicidas vas directamente al infierno. Que alguien se suicide es una gran vergüenza para la familia.”

A causa del terremoto, cerca de mil personas sufrieron lesiones en la médula espinal. Pak Tutur observa que estas personas son de las más susceptibles a sufrir depresiones profundas.

“Antes del terremoto se movían mucho, tenían trabajo y estaban ocupadas. Ahora sólo están sentadas en casa.”

A través de esta red, los pacientes pueden conversar de forma informal, pero también participan en un programa estructurado: a primera hora de la madrugada se turnan para rezar y a última hora de la tarde para leer del Corán.

Para los pacientes, que no pueden ir a las mezquitas en su silla de ruedas, es una actividad vital.

Más adelante, por la noche, hablan de un tema muy personal. Según Pak Tutur, uno de los temas de conversación más frecuentes entre los hombres es cómo la discapacidad afecta a su capacidad de tener hijos.

“Son capaces de hablar sobre este tema tan delicado porque han llegado a conocerse bien y porque no tienen que mirarse unos a otros mientras conversan", explica.

Esta semana tienen buenas noticias que comentar. Uno de los miembros de la red acaba de conocer que su mujer está embarazada de dos meses.

Erna, graduada universitaria de 26 años resultó aplastada por escombros durante el terremoto del 27 de mayo de 2006 y desde entonces no puede caminar. Desesperada, intentó quitarse la vida. Ahora, gracias a la Cruz Roja Indonesia, posee un radioteléfono que le permite relacionarse con una red de personas discapacitadas como consecuencia del terremoto y mantener el contacto con su comunidad. (p15759)
Erna, graduada universitaria de 26 años resultó aplastada por escombros durante el terremoto del 27 de mayo de 2006 y desde entonces no puede caminar. Desesperada, intentó quitarse la vida. Ahora, gracias a la Cruz Roja Indonesia, posee un radioteléfono que le permite relacionarse con una red de personas discapacitadas como consecuencia del terremoto y mantener el contacto con su comunidad. (p15759)
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Pak Tutur, voluntario de la Cruz Roja Indonesia, opina que para los pacientes es fundamental mantener contacto con otras personas que sufren problemas similares y animarse unos a otros de manera que no terminen intentando quitarse, o quitándose, la vida. (p15760)
Pak Tutur, voluntario de la Cruz Roja Indonesia, opina que para los pacientes es fundamental mantener contacto con otras personas que sufren problemas similares y animarse unos a otros de manera que no terminen intentando quitarse, o quitándose, la vida. (p15760)
Un voluntario de la Cruz Roja Indonesia maneja un radioteléfono. Además de constituir una vía para conversar de forma informal, el programa posee también un componente estructurado. Los participantes se reúnen por la mañana y a última hora de la tarde para rezar y leer del Corán. (p15761)
Un voluntario de la Cruz Roja Indonesia maneja un radioteléfono. Además de constituir una vía para conversar de forma informal, el programa posee también un componente estructurado. Los participantes se reúnen por la mañana y a última hora de la tarde para rezar y leer del Corán. (p15761)
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