Inevitablemente,
los desastres castigan mucho más a las personas vulnerables.
Es probable que ancianos, enfermos, pobres y discapacitados
–todos aquellos que tienen una capacidad limitada para
desenvolverse con los retos cotidianos– se sientan totalmente
postrados cuando sobreviene un desastre.
En la ciudad de Yogyakarta, Java, esta triste realidad se repitió
una y otra vez tras el terremoto del 27 de mayo de 2006.
“Mandiri” es una comunidad de personas discapacitadas
que viven y trabajan juntas a las afueras de Yogyakarta: fabrican
juguetes para niños y estatuillas religiosas con papel
y madera.
Mandiri significa libre de los demás.
Los integrantes de la cooperativa tienen diversas discapacidades
y unos se desplazan con muletas y otros en sillas de ruedas.
Uno de ellos tiene la habilidad de sostener una figura de madera
del pesebre con un pie y tallarla con una sola mano. En torno
a ellos los más chicos, sin discapacidades, que les ayudan
y juegan entre los juguetes. Antes del terremoto, el negocio
era verdaderamente próspero y exportaban a Australia,
Canadá y Malasia.
Pero el seísmo destruyó el taller de la cooperativa
y las viviendas de sus integrantes que estaban cerca, reduciendo
la empresa a un montón de escombros.
Lo más trágico fue la muerte de uno de los 15
integrantes de la cooperativa que tenía 31 años.
“Perdimos a un amigo y pensábamos que el terremoto
había acabado con el negocio”, cuenta Tarjono Slamet,
coordinador del grupo, que perdió una pierna y tiene
una mano deformada a raíz de un accidente de trabajo
en el que fue electrocutado.
“Entonces, hubiéramos vuelto a perder nuestra independencia.”
Pero el empeño indoblegable de los integrantes de la
comunidad Mandiri y el apoyo de organizaciones como la Federación
Internacional permitieron volver a vislumbrar esa independencia.
Puesto que se habían quedado sin techo, inicialmente,
se instalaron en tiendas de campaña y refugios temporales
construidos en los terrenos del taller arruinado.
El taller fue reconstruido por una ONG y, en los últimos
meses, la Cruz Roja Neerlandesa ofreció financiar las
instalaciones.
“Antes del terremoto hubieran podido enriquecerse con
los clientes nacionales e internacionales pero los perdieron
porque no podían completar la línea de abastecimiento”,
señala Paul Van Der Laan de la Cruz Roja Neerlandesa.
Gracias a su actitud positiva y su fuerza de voluntad, añade,
la cooperativa sólo necesita algún material de
apoyo que les ayude a recuperar la situación que tenían
antes del terremoto.
“Lo único que necesitan es asistencia para el local,
la maquinaria y materias primas para tres meses. No será
una intervención larga”, explica Van Der Laan.
El pensamiento de la comunidad ya está puesto en el futuro,
un optimismo que tal vez fuera impensable en las semanas y meses
siguientes al desastre. Pak Slamet y los integrantes de Mandiri
esperan incluso que personas discapacitadas de otras partes
de Java vengan a unirse a ellos.
“Ahora, podemos permitirnos sonreír un poquito
porque la Cruz Roja nos ayuda”, comenta Pak Slamet.
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Mandiri
es una comunidad de personas discapacitadas que viven
y trabajan juntas a las afueras de Yogyakarta: fabrican
juguetes para niños y estatuillas religiosos con
papel y madera. Antes del terremoto, el negocio era verdaderamente
próspero y exportaban a Australia, Canadá
y Malasia. (p15764)
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| El
taller y las viviendas de Mandiri fueron diezmadas por
el terremoto del 27 de mayo de 2006, pero el empeño
indoblegable de los integrantes de la cooperativa, conjugado
con algún apoyo de la Cruz Roja Indonesia (PMI),
la Federación Internacional y la Cruz Roja Neerlandesa,
hizo que la recuperación de la comunidad haya avanzado
bastante. (p15763)
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